Archivo de la etiqueta: roma

Alcántara, en Cáceres

Nos vamos hoy a zonas de fronteras, de ríos, y de puentes, que los tres conceptos van de la mano con frecuencia. Alcántara se encuentra en la provincia de Cáceres, muy próximo a la frontera con Portugal. Es tan famoso su puente romano que, por ejemplo, no conocemos el llamado Puente de Segura, también romano, situado sobre el río Erjas, afluente del Tajo. Un puente que, en cualquier otra localidad, sería protagonista.

De Caligatus – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1750532

De la misma época es el puente de Alcántara, cuya magnitud y esbeltez han dado fama mundial a esta villa.

De Caligatus – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1750532

Siendo paso estratégico, fue protagonista en varias guerras, y en ocasiones alguno de sus arcos derribado para impedir el paso. Os quiero contar una anécdota preciosa, acaecida durante el cerco de Alcántara en la época de los Reyes Católicos: llegó a los oídos del rey Alfonso V de Portugal -que se encontraba cercando Alcántara- que el puente iba a ser destruido por los españoles, para impedir el paso. El buen rey portugués levantó el cerco y prometió al enemigo dar un rodeo, ya que «no quería que el reino de Castilla se quedara con aquel edificio menos».

Puentes, sí. Pero también un pequeño templo romano, también casas señoriales y castillo. También dólmenes. Y también un testimonio asombroso: el Bronce de Alcántara, la Tabula Alcantarensis. Cuenta ese bronce que el pueblo indígena de los seanocos se rindió a los romanos, que se llevaron prisioneros y animales, y dejaron el resto para que siguiera funcionando como hasta entonces: campos, leyes y construcciones.

Un destino casi obligado, Alcántara. ¿No os parece?

El túnel de Montefurado, en Quiroga (Lugo)

El oro de esa bonita zona fronteriza entre el este de Galicia y el oeste de León era muy apreciado por los romanos, que usaron todos sus conocimientos científicos e ingenieriles para conseguirlo.

Tenemos un buen ejemplo en Las Médulas, en donde usaron una técnica (ruina montium) consistente en agujerear la montaña y luego introducir agua a presión, facilitando así el proceso de encontrar oro. De aquellos métodos nos queda ahora un paisaje único.

Pero volvamos al túnel del que se quiere ocupar este post. El Sil llega, cargado de oro, y forma un meandro al encontrarse con una pared que no puede atravesar. Los romanos decidieron furar el monte para obligar al agua a ir por el camino fácil y desecar el meandro, convirtiendo la labor de recoger el oro en mucho más sencilla. Adicionalmente, tomaron las medidas adecuadas para que las aguas volvieran a su cauce cuando a ellos les pluguiera.

Así que, si visitáis la zona, os recomiendo acercaros a este rincón y observar ese túnel, hecho por esforzados obreros, que sirvió para que Roma pudiera presumir, en forma de joyas y ornamentos, de la belleza y de la riqueza que se encontraban en los confines de su imperio.

De Ramon Piñeiro – originally posted to Flickr as «MONTEFURADO» Túnel ROMANO – Quiroga – Lugo, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9609190

Ad calendas graecas

Esto es, «hasta las calendas griegas». Pero, ¿qué son las calendas? Los romanos se referían con ese término al primer día de cada mes (sus meses no eran exactamente como los nuestros, y además fueron variando, cambiando número de meses y duración de cada mes a lo largo del tiempo). Con ese nombre de «calendas», decía, se indicaba el primer día de cada mes.

Y la expresión que nos ocupa, ¿de dónde viene, qué significa? Bien: las calendas fueron un invento romano, y los griegos no tenían calendas. Así que decir que algo no sucederá hasta las calendas griegas significa que eso no va a pasar nunca. Según nos cuenta Suetonio -historiador romano- esta frase la decía con frecuencia el emperador Augusto.

El Juramento de los Horacios / Le Serment des Horaces, de Jacques-Louis David

Al comienzo todo era felicidad: los Horacios, de Roma, estaban fuertemente emparentados con los Curiacios, habitantes de la cercana ciudad de Alba Longa. Uno de los Horacios estaba casado con la Curiacia Sabina. Y Camila, de la familia de los Horacios, estaba prometida con un Curiacio.

No duró mucho la felicidad, puesto que se declaró la guerra entre Alba Longa y Roma. Y en lugar de ser una guerra al uso, se decidió que tres hombres de cada ciudad lucharan a muerte. Ya os podéis imaginar que el destino quiso que los elegidos fueran los tres hermanos Horacios y los tres hermanos Curiacios. Jacques-Louis David nos muestra el momento en los que el padre entrega las armas a los Horacios y los tres Horacios realizan el juramento. A la derecha vemos (y casi oímos) los lamentos de las mujeres: de derecha a izquierda podemos ver a Camila Horacio (prometida de un Curiacio, según hemos visto), apoyando su mano sobre el hombro de Sabina Curiacio (esposa de un Horacio). Un poco más atrás podemos ver a los hijos de Sabina siendo consolados por el aya.

De Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson – KwHkqyZxc2i04A en el Instituto Cultural de Google resolución máxima, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=21977949

Y con esto, señores, damos por comenzado el Neoclasicismo. El cuadro se conserva en el Museo del Louvre. Como supongo que cuando lo veáis y contéis esta bonita historia (narrada en la obra Horacio, de Pierre Corneille) os preguntarán que quién triunfó, os lo cuento:

La batalla comenzó mal, muy mal, para los Horacios. Tan mal que los dos primeros muertos fueron Horacios. Pero hablamos de clasicismo, de neoclasicisimo y de épica: acabó venciendo el Horacio, que regresó triunfante y alabado por todos… por casi todos: su hermana Camila le reprocha la muerte de su prometido. Horacio mata a su propia hermana, y tenemos algún dibujo de David sobre este tema:

De Jacques-Louis David – [1], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3677305

El rapto de Proserpina, de Bernini

Proserpina (Perséfone para la mitología griega) es una niña que, mientras estaba a orillas del lago Pergusa, es raptada por Plutón (Hades). Como castigo, la madre de la niña, Ceres (Deméter), diosa de la cosecha, castiga al mundo con una terrible sequía. Tras negociaciones al más alto nivel (entre dioses, se entiende), Plutón cede y permite que la niña regrese seis meses cada año.

En la coqueta Galleria Borghese, en Roma, se puede admirar una obra de Bernini en la que nos muestra el momento del rapto. El mármol convertido en carne.

De Alvesgaspar - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=43569138
De Alvesgaspar – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=43569138
De Architas - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=70353757
De Architas – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=70353757