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The Artist Is Present, de Marina Abramović

Es imposible desligar la palabra performance de la artista serbia (yugoslava cuando nació) Marina Abramović. Quizá no la más espectacular, pero sí una de las más conocidas, es la que llevó a cabo en el MoMA en 2010: durante ocho horas diarias -los viernes más- permanecía sentada en una silla, recibiendo a los visitantes que quisieran establecer contacto visual con ella.

De Shelby Lessig – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=12134088

Y hay dos comentarios que quiero hacer sobre esa performance.

El primero tiene relación con cómo se preparó Abramović: tuvo que preparar su cuerpo para no necesitar ingerir ni expulsar nada durante esas horas. Para ello estableció un plan de hidratación nocturno: cada 45 minutos (durante la noche) bebía agua, hasta las 6:30, momento en el que se levantaba, se daba un baño y a las 7:00 tomaba su último vaso de agua. A continuación tomaba arroz con lentejas y una taza de té negro. La hora anterior al comienzo de la performance diaria la dedicaba a visitar el baño cuatro veces durante los primeros cuarenta y cinco minutos y a sentarse los últimos quince, esperando al primer visitante.

Durante las semanas que duró la obra no establecía comunicación con nadie, más allá de las personas imprescindibles. Todo es parte de su total concentración en su trabajo.

Mi otro comentario tiene relación con su encuentro con Ulay. Habían sido pareja en el pasado y se cuenta que no se habían vuelto a encontrar desde entonces. Saltaron chispas -de las bonitas- en aquel encuentro. Aquí os lo dejo:

La teoría del paréntesis (de El País)

El periódico El País, en un proyecto realizado por Podium Podcast, y creado por Juan Diego Quesada y Fernando Peinado, ha preparado tres audios de enorme valor documental (valor que se acrecentará con el tiempo, sin lugar a dudas) sobre cómo esta pandemia de coronavirus golpeó, en marzo de 2020, a las residencias de ancianos.

Tres audios que os recomiendo escuchar, y que tenéis en varias plataformas. Los comparto en YouTube, por facilidad para vosotros.

COVID 19, de Marwan

Antes,
a todo joven poeta
que osaba
asomarse a un cuaderno
para lanzar, un rato después,
piedras de juventud
contra toda cabeza visible del sistema,
le soltaban
la misma basura de siempre:
«sois una generación
nacida sobre sábanas de seda,
no habéis tenido
que luchar por nada,
no sabéis del hambre
ni las guerras,
no habéis leído libros prohibidos
a la luz de una vela,
no conocéis el sufrimiento».

Aquí tenemos nuestra guerra,
nuestro búnker,
la ansiedad entre paredes,
los abrazos pospuestos,
la fatal incertidumbre por los padres,
el temor sin apellidos,
los muertos que no velaron,
el trabajo que se fuga entre las manos.

Y antes:
los bolsillos aullando,
las viviendas de centímetros cuadrados,
el gris perpetuo de las chimeneas,
los parquímetros sin alma,
el país del bienestar desnucado en el telediario de las 3.

Ya hemos pasado por esto,
ya tenemos,
joder,
nuestro país deshecho entre las manos.

¿Podemos usar ya nuestra rabia?
¿nos hemos graduado?
¿tenemos ya por fin derecho a la rebeldía?


No conocía a este poeta, tuve la suerte de escucharlo el otro día… y este poema dedicado a los jóvenes (realmente, a los jóvenes de todas las épocas, porque estoy seguro de que han pasado por situaciones similares) me ha fascinado.

Las cosas y el amor ¿hacia ellas?

Es tan triste el amor a las cosas… las cosas no saben que uno existe.

Jorge Luis Borges

Lo cual no está en contradicción con las sensaciones bonitas que podemos vivir gracias a las cosas: ese coche que nos ha llevado a mil sitios, la casa que vio cómo comenzábamos nuestra vida en común, la casa que vio nacer a Dani, la casa que vio nacer a Irene…

No son incompatibles

Bien sabéis quienes me seguís y leéis que soy persona que valora emociones, sentimientos y sensaciones. Y que aplaudo cuando un maestro o un médico es capaz de acercarse al corazón del alumno o del paciente.

Pero nunca debemos olvidar que 1) no están preparados para eso y 2) no es su misión. Pueden hacer daño -queriendo hacer el bien-, ya que no son psicólogos.

Su primera misión es, efectivamente, hacer su trabajo: trasmitir conocimientos y curar, respectivamente. Sin que ninguna de ambas cosas esté en contradicción con ser persona, respetar sentimientos, alentar a aprender (el maestro) y a tener una vida sana (el médico).

Se me ha ido la mente a esos maestros rurales de hace un siglo. Quizá si estamos hoy aquí es porque ellos hicieron ayer su trabajo.

Y vuelvo a repetir, por si se me malinterpreta: los alumnos son personas, los pacientes son personas. Y puede que en muchos casos el maestro y el médico sean los únicos humanos sanos en su vida.

Misma pasión

La futbolista del Real Madrid Misa Rodríguez publicó un bonito tweet, con dos fotografías, una suya y otra de Marco Asensio, también futbolista del Real Madrid (masculino). El texto: Misma pasión, indicando que no había diferencias a la hora del esfuerzo, del sufrimiento o del júbilo.

Las críticas y los ataques llegaron enseguida, y Misa optó por eliminar el mensaje.

Y frente a aquello (que representa a una parte de los hombres), esto (que representa a otra parte): varios futbolistas y ex futbolistas del Real Madrid (y también de otros equipos) replicaron el mensaje de Misa, dejando bien claro que, por supuesto, misma pasión.

Podríamos destacar ese lado negativo de que «hasta que no lo dice un hombre, no se le da valor»; no quiero hacerlo hoy, pero, si es cierto, digamos más y mejores cosas.