Archivo de la categoría: Reflexiones

La guerra no tiene glamour

No es rara la intención de querer dotar a las guerras de un encanto, de un glamour y de una magia de la que no gozan. Cuando en la película Saving Private Ryan del gran director Steven Spielberg se presenta a los soldados acercándose a las playas para desembarcar, pueden verse mareos, vómitos y, en resumen, miedo. Eso es lo que quería transmitir Spielberg: la guerra no tiene glamour en absoluto.

No es el único creador, desde luego, que ha luchado por mostrarnos eso: la canción-denuncia “Querida Milagros” de Manolo García, el “Tristes armas si no son las palabras” de Miguel Hernández o incluso esa canción de campamento de “Mi amigo José” son más muestras de lo mismo.

Presentar la guerra como algo glamouroso es irresponsable es falso y es sobre todo, criminal.

Tristes armas, si no son las palabras.

Venres, de Santiago Freire y Dani Padrón

Venres (en gallego, pero también disponible en las otras lenguas de esta bonita y diversa península) es un cuento escrito por Santiago Freire e ilustrado por Dani Padrón en el que se nos muestra la historia de Robinson Crusoe… desde el punto de vista de su amigo Vernes/Viernes.

Es una auténtica delicia, y una crítica de las que nos hacen mejorar. Crítica hacia nuestra sociedad, que siempre nos viene bien. Tendréis que leer el libro para que consideréis qué inferiores nos consideran aquellos indígenas (y quizá ellos tendrán que leer la otra versión).

También nos hace reflexionar sobre lo mucho que nos costaría desenvolvernos en un ambiente completamente natural, sin nuestras comodidas habituales.

Un libro genial, querido Santi.

Lugar equivocado y lugar adecuado

Me ha llegado hoy (Gracias, GeMMa), esta bonita reflexión. No se trata de hacer un análisis de precios, sino de quedarnos con el mensaje:

Esta botella de agua vale 0,20 céntimos en el supermercado, si la compras en el gimnasio vale 0,75 céntimos y si la pides en un bar te costará 1,5 euros. Pero si la pides en un avión puede llegar a costarte hasta 4,5 euros o más.

Es la misma botella, con el mismo agua, sólo cambia su valor dependiendo del sitio en el que estés. Así que la próxima vez que pienses que no vales nada, a lo mejor sólo se trata de que estás en el sitio equivocado.

Piensa en ello…

O monte das aras, de Santiago Cortegoso

Hoy os invito a viajar al pasado y a recorrer la historia, descubriendo que lo que nos oprime y lo que nos emociona no ha variado tanto a lo largo y ancho de los siglos.

De la mano de un pastor de cabras subiremos el monte de O Facho, y mientras lo acompañamos en la búsqueda de sus cabras perdidas nos encontraremos con bodas, cortejos, ofrendas y dioses. Y aprenderemos respeto por la naturaleza, respeto por las personas y respeto por las ideas.

La obra se representa, pues, por la ruta hacia la cima. Comienza en la base del camino y -no quiero entrar en detalles, porque creo que perdería encanto- y vamos disfrutando de las diferentes escenas.

La obra es de Santiago Cortegoso, a partir de una idea de Lois Soaxe; Lois Soaxe, al que conocíamos por su extraordinario papel como Pedro Barba en María Soliña, es aquí sobre todo pastor: Serafín busca sus cabras perdidas y nos guía a todos. Antía Costas también lo borda de principio a fin (qué pena no poder contaros con más detalle, pero es que tenéis que verla en directo) y nos deja claro qué significa la igualdad y qué significa el respeto. Y, finalmente, Omar Ferrín, absolutamente brillante en su interpretación (y otra vez me fastidia no poder contaros más). La compañía Teatro de Ningures -ya mítica en el mundillo teatral- es la que se encuentra detrás de este proyecto.

En resumen, si tenéis la suerte de estar por esta zona un día de representación (suelen ser a finales de octubre-comienzos de noviembre, por lo que vemos), no os la perdáis. Vais a disfrutarla y a pasar un rato maravilloso.

Bestias y caballeros

Suele decirse que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por bestias y que el rugby es un deporte de bestias jugados por caballeros.

Como aficionado al fútbol que soy, me encantaría que este deporte de caballeros fuera jugado por caballeros. Y eso implica no fingir lesiones, respetar al contrario, al árbitro y al público. Y no olvidar que hablamdo de jugar. Nada más. Y nada menos.

Gallinas

Como mínimo, para reflexión:

"Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel. 

Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llenó para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas al intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en la casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté a uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí.

Antes era un hombre.
Ahora soy un propietario".

-"Gallinas", del anarquista Rafael Barrett, Paraguay, 1910.

Malentendiendo el feminismo

Como sabéis, el feminismo es una corriente que busca algo tan razonable como la igualdad entre hombres y mujeres. Nada que parezca ilógico (lo único ilógico es que haya que luchar por ello a estas alturas).

Tengo la percepción de que se busca es igualdad masculinizando a las mujeres en lugar de feminizando a los hombres. Las tareas, modos y costumbres tradicionalmente asociadas a hombres (agresividad, trabajar fuera, prioridad del trabajo por encima del cuidado) son las que ganan peso y prioridad; por su parte, las asociadas tradicionalmente a mujeres (fundamentalmente los cuidados) pasan a un segundo plano.

No sé. Tengo la sensación de que estamos igualando por abajo y de que nos estamos alejando mucho de aquello que nos hace humanos.

Reflexión sobre el éxito en Los Miserables (de Victor Hugo)

Con pocos escritores me siento tan cómodo como con Victor Hugo: disfruté hasta el extremo su libro Nuestra Señora de París, y estoy disfrutando al mismo nivel Los Miserables. En este me he encontrado esta sensata y certera disertación sobre el éxito. Fijaos:

Dicho sea de paso, el éxito es una cosa bastante fea. Su falso parecido con el mérito engaña a los hombres de tal modo que para la multitud, el triunfo tiene casi el mismo rostro que la superioridad. El éxito, ese Menecmo del talento, tiene una víctima a quien engaña, y es la Historia. Juvenal y Tácito son los únicos que de él murmuran. En nuestros días ha entrado de sirviente en casa del éxito una filosofía casi oficial que lleva la librea de su amo y hace el oficio de lacayo en la antesala. Medrad: ésta es la teoría. Prosperidad supone capacidad. Ganad la lotería, y sois un hombre hábil. Quien medra es venerado. Naced de pie: todo consiste en esto. Aprovechad la ocasión y medrar y tendréis lo demás; sed afortunado y os creerán grande. Fuera de cinco o seis excepciones inmensas, que son el orgullo y la luz de un siglo, la admiración contemporánea no es sino miopía: se toma el similor por el oro: no importa que uno sea advenedizo si lega a su objeto primero. El vulgo es un viejo Narciso que se adora a sí mismo, y que aplaude todo lo vulgar. Esa facultad enorme por la cual un hombre es Moisés, Esquillo, Dante, Miguel Ángel o Napoleón, la multitud la concede por unanimidad y por aclamación a quien alcanza su fin, sea en lo que quiera. Que un notario se transforme en diputado; que un falso Corneille haga el Tiridate, que un eunuco llegue a poseer un harén; que un militar adocenado gane por casualidad una batalla decisiva de una época; que un boticario invente las suelas de cartón para el ejército del Sambret-Meuse y adquiera, con el cartón vendido por suela, cuatrocientas mil libras de renta; que un buhonero se case con la usura y tenga de ella por hijos siete y ocho millones de francos; que un predicador gerundiano llegue a ser obispo; que a un mayordomo de buena casa, al salir del servicio se le haga ministro de Hacienda, no importa: los hombres llaman a esto genio, lo mismo que llaman Belleza a la figura de Mosquetón, y Majestad a la tiesura de Claudio.

Confunden con las constelaciones del firmamento las huellas estrelladas que dejan en el cieno blando de un lodazal las patas de los gansos. 

Para reflexionar. Mucho.

El saco de melones y el saco de harina

Mi madre siempre me dice que las personas podemos ser sacos de melones o sacos de harina. Y que hay que procurar ser siempre sacos de melones.

El saco de melones hace mucho ruido al vaciarse, pero una vez se ha vaciado no queda nada dentro. En cambio, el saco de harina es muy suave y silencioso en su vaciado. Pero siempre queda harina adherida a la tela del saco.

Procuremos ser sacos de melones.

Te quiero, mamá. Gracias por esta y por otras muchas lecciones.