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El trozo de madera

Un bello poema, atribuido al francés Arthur Rimbaud, nos cuenta la historia de un trozo de madera, apilado con sus compañeros para arder durante el frío invierno.

El trozo de madera descubre que está llamado a ser violín, y comienza a dudar de si debe intentarlo o no. Le asaltan los miedos y las vergüenzas de ser violín y sonar mal -seguramente surgirán rápidamente los de la banda del telodije-, pero, al menos, lo habrá intentado.

¿Y si un trozo de madera descubre que es un violín?

Arthur Rimbaud

¿Quieres mejorar en cualquier disciplina?

Lo primero, trabájala, porque ya sabes que el trabajo gana al talento si el talento no trabaja lo suficiente. Así que, tengas o no talento para esa disciplina, trabaja. Equivócate. Acierta. Equivócate. Trabaja.

Intenta ser cada día un 1% mejor que el día anterior. Eso hará que al cabo de un año seas un (1.01)^365 mejor. Y eso es mucho, es más de 30 veces mejor que lo que eras al principio. El trabajo diario y constante es muy enriquecedor y da muy buenos resultados.

Feminista y nigeriano

Como supongo que muchos sabréis, en España (no solamente en España, pero hablo de lo que conozco) ha existido desde siempre la tradición de hacer fiestas con animales: cabras, pavos, gallinas, toros; sobre todo, toros. Y no solamente en el formato corrida de toros, también en los llamados encierros (en donde un toro o un grupo de toros se suelta por las calles, en una ruta que generalmente acaba en una plaza de toros). No es popular o tradicional en toda España, sino que hay zonas en donde no existe la tradición y zonas en las que está completamente arraigada.

Estamos en una época en la que, por suerte, se está comprendiendo que hacer una fiesta de la muerte y del dolor quizá no esté bien; pero también estamos en una época en la que, por desgracia, muchos valores y derechos en los que se ha avanzado están siendo cuestionados por un sector de la población.

Y, según leo, han confluido los factores negativos en una corrida de toros: la propia corrida de toros, el racismo (con un toro llamado nigeriano) y el machismo (con un toro llamado feminista).

No sé si pretendíais hacer una gracia pero, desde luego, os habéis retratado.

Cinco cosas bonitas

Ayer leí, en el siempre interesante muro de Facebook de Rosa Alonso Cano, una sugerencia que me ha parecido adecuada, inteligente y beneficiosa: pensar cada día en cinco cosas bonitas que hayan pasado ese día. Y al día siguiente otra vez (cinco cosas bonitas distintas).

Creo que es una idea que nos va a hacer darnos cuenta de que podemos lograr que este mundo sea muy bonito. Porque recordemos que no vemos el mundo como es, lo vemos como somos.

Gracias, Rosa.

Héroes

Hoy se ha celebrado la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, marcada de principio a fin -como supondréis o sabréis- por esta pandemia que nos asuela. De no ser por mi querida hermanita, se me habría pasado por alto (la ceremonia, no los Juegos), así que hemos podido disfrutarla.

Y me ha emocionado hasta la lágrima ver los últimos relevos de esa antorcha olímpica que nos trae el sol de Atenas. Dos de esos relevos, especialmente:

Uno, formado por una pareja de profesionales de la sanidad. Mi pensamiento vuela hacia aquellos que dieron su vida (o aquellos que no dudaron en ir a trabajar aunque su vida pudiera estar en riesgo), a quienes cuidaron a los seres queridos que sufrieron gravemente esta pandemia, a todos los profesionales sanitarios, a la tía Luci y a Inés Lobeira, y a todos los médicos, enfermeras y demás personal sanitario que en el mundo han sido. Héroes.

El otro, formado por un grupo de estudiantes. Aquí mi pensamiento va, lógicamente, a estos pequeños grandes héroes que se han marcado un curso en unas condiciones durísimas. Aleixo, Ana, Lucas, Irene, Dani. Héroes.

Héroes. En esos últimos relevos habéis estado vosotros.

Iqbal Masih, un espartaco de nuestro tiempo

Iqbal era un niño pakistaní que, con solamente cuatro años de edad, fue vendido (cedido, se dice) a un fabricante de alfombras a cambio de un préstamo de 600 rupias. Trabajaba encadenado al telar, en interminables jornadas, siendo muy valoradas las alfombras que sus manos tejían.

Cuando tenía diez años consiguió escapar, ponerse en contacto con la policía gracias al sindicato Bhatta Mazdoor Mahaz, y así cerrar la fábrica (el dueño fue condenado). A partir de ese momento, hizo de su vida una cruzada en contra del trabajo infantil.

Ya no temo al patrón, él me teme a mí.

Iqbal Masih

Iqbal quería ser abogado y su labor sirvió para liberar a tres mil niños esclavos. Tras recibir amenazas durante semanas, fue asesinado de un disparo, cuando solamente tenía doce años, en abril de 1995.

No podemos llegar a ser como Iqbal, pero sí podemos rechazar productos realizados por niños esclavos y hacer presión a las marcas para que luchen activamente contra la esclavitud y el trabajo infantil.

https://nation.com.mx/tecnologia/iqbal-masih-el-nino-esclavizado-que-se-fugo-y-libero-a-miles-de-ninos-de-ser-explotados/

2021 nos recuerda a 1941

Me encuentro leyendo estos días el libro Los niños de Irena (Tilar J. Mazzeo), que nos cuenta la historia de Irena Sendler, salvadora de miles de niños durante la Segunda Guerra Mundial. Otro día os hablaré más de ella, pero hoy quiero compartir esta página, que me ha hecho pensar que este 2021 tiene demasiado de aquel 1941: la posibilidad de la agresión por la calle si no vas con la pareja aceptable, el hecho de que haya personas señaladas para recibir palizas (y esa parte de la población que mira para otro lado) y, finalmente, esa epidemia y su cuarentena.

El piropo

El escenario lo conocemos bien: alguien (generalmente un hombre) ve a una persona (generalmente una mujer) y se ve con todo el derecho del mundo a opinar sobre su cuerpo, sobre si su vestido deja mucho a la vista o a la imaginación, sobre si sus ojos son de este u otro color, sobre su pelo, sobre sus deseos.

Y lo conocemos bien porque está más que normalizado: si nadie te pide tu opinión, quizá no sea necesario darla. Si una mujer quiere ir vestida como le dé la gana –no hay vestidos indecentes, hay miradas indecentes-, subir una foto a instagram como le place o poner de foto de perfil la que más le gusta, no tiene por qué recibir la opinión de ningún baboso. Las mujeres -su cuerpo, sus deseos- no son un territorio que debamos conquistar (cuántas veces se ha usado esa palabra). Es muy corto el camino entre la justificación de un piropo y la justificación de cosas peores. Y hoy, más que nunca, debemos estar alertas. Como hombres, debemos replantearnos esos derechos que creíamos tener si queremos una sociedad mejor.

El piropo, de Xavier Miserachs

Os recomiendo este hilo de @Pombeitor, en donde lo desarrolla mucho mejor que yo.