Tengo una infección en la oreja izquierda

No, no soy yo quien la tiene. Ni soy yo quien dijo esta frase a su médico. Ni tiene mucho mérito decirla. La frase la dijo Michael Kearny. Y quizá pienses que eso, en sí mismo, tampoco lo convierte en meritorio.

Michael comenzó a hablar a la edad de cuatro meses. Y aquel dolor de oídos que lo llevó al pediatra sucedió cuando el niño tenía seis meses. Y fue ahí cuando soltó la perla.

Cuatro meses más tarde aprendió a leer. Y contando con cuatro años consiguió la máxima calificación en el programa de la John Hopkins para matemáticos precoces… sin haber estudiado específicamente para el examen.

Nacido en 1984, ha estudiado Química, Antropología, Bioquímica e Informática.

La tragedia del niño lobo español

Nuestro protagonista, Marcos, nació en un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba, llamado Añora. Tras emigrar con sus padres a Madrid, su madre falleció (Marcos tenía tres años entonces). El padre se casó de nuevo, y la madrastra (no solamente pasa esto en los cuentos, por desgracia) lo maltrataba con crueldad.

La familia se desplazó poco después a un pueblo de Sierra Morena (Fuencaliente) y cuando Marcos Rodríguez Pantoja tenía siete años, su padre lo vendió a un rico hombre de la zona, que acabó ¿regalándolo? a un cabrero, para que le ayudara (y, en un futuro, para que fuera su sustituto). Sin embargo, el cabrero murió, y nuestro niño se quedó abandonado en la sierra. Ahí se hizo amigo de los lobos y aprendió a comportarse como uno de ellos.

Cuando contaba unos dieciocho años, la Guardia Civil lo encontró y capturó. Fue llevado por la fuerza a Fuencaliente y allí se encontró con su padre. Tras once años sin ver a su hijo, aquel ¿padre? le reprochó haber perdido la chaqueta.

Ni que decir tiene que la adaptación de este joven a la sociedad fue costosa y dura. Y resulta significativo que aún ahora, que vive en Rante, una aldea orensana, siga prefiriendo la vida con los animales que con las personas.

Su vida se ha estudiado y descrito en tesis doctorales, películas y documentales. Cuando lo llevaron, como parte de un documental, a una zona habitada por lobos, supo llamarlos y mostrarse sumiso con ellos, para ser parte de su manada.

Quizá tengamos que replantearnos el dicho latino de «El hombre es un lobo para el hombre».

Somos racistas

Hemos visto todos la escena. Si no la habéis visto (y queréis hacerlo) no os costará esfuerzo alguno encontrarla en las redes. En la BBC entrevistaban al experto en relaciones internacionales y profesor universitario Robert Kelly. En un momento de la entrevista entra un pequeño corriendo y, tras él, una mujer con rasgos orientales. E inmediatamente -viva nuestro racismo- interpretamos que es su asistenta/sirvienta.

Pues no: es su esposa. Pero todas las personas a las que he preguntado (me incluyo) asumimos que era parte del personal de servicio por ser oriental.

Qué poco nos cuesta ser racistas (o machistas), debido a que vivimos en una sociedad que lo es, nos guste o no. Debemos estar muy atentos para no caer en los micro (o macro) racismos y machismos.

Ritmo 0, 1974

En 1974, la artista serbia Marina Abramović realizó, en el Studio Morra de Nápoles (Italia), su performance más conocida (y posiblemente la que más nos cuenta sobre el ser humano). La performance comenzó a las 20:00. Sobre la mesa, 72 objetos que el público asistente podía usar a su antojo. Los objetos se podían clasificar en objetos potencialmente de placer (plumas, flores, peine, libro) y objetos potencialmente de dolor (martillo, clavos, cuchillas, una pistola cargada). La artista se comprometía a asumir toda la responsabilidad de lo que allí sucediera y a adoptar una actitud completamente pasiva durante las siguientes seis horas. Ella sería una muñeca en manos del público.

La actitud del público durante la primera mitad de la performance fue tímida: se acercaban, le ofrecían flores, le daban un beso… Sin embargo, poco a poco comenzaron a manipular a la artista: le obligaban a adoptar posturas, a sostener objetos y la acabaron poniendo sobre una mesa, clavándole un cuchillo en la mesa entre sus piernas. Poco a poco la actitud del público se iba haciendo más demencial: le arrancaron la ropa, le clavaron las espinas de las flores en su cuerpo, con una cuchilla le hicieron un corte en el cuello y bebieron su sangre, e incluso apuntaron hacia su cabeza con la pistola cargada (esto provocó algunas peleas entre los asistentes, y la intervención del comisario de la exposición, que lanzó la pistola por una ventana).

Marina Abramovic : Rhythm 0 (1974)

Cuando se cumplieron las seis horas pactadas y Marina volvió a convertirse en una persona, los asistentes, tan activos hasta ese momento, fueron incapaces de mirarla a los ojos y se fueron de la sala lo antes posible. La artista nos indicó que cuando fue al baño y se vio al espejo, le habían aparecido canas.

Hemos comentado largamente esta historia en casa y, aunque había leído mucho sobre esta famosa performance, no he escuchado mejor análisis que el de Clara: en un mundo acostumbrado a premios y castigos, en una sociedad que «educa» a sus hijos usando premios y castigos, en cuanto desaparece la amenaza del castigo surge la verdadera educación que tenemos dentro. Este experimento (junto con el famoso de Millman, citado más abajo) nos debería hacer reflexionar sobre cómo ayudar a nuestros pequeños a ser personas.

Gracias, Clara.

El Madrid fabricando antimadridismo

Se han oído muchas críticas -incluyendo la mía- acerca del fichaje de Lopetegui, seleccionador nacional de España hasta hace unos días, por el Real Madrid; también las ha habido por su destitución, un par de días antes de comenzar el Mundial, y a raíz de ese mismo hecho (el acuerdo entre el Real Madrid y Julen Lopetegui entraría en vigor tras el Mundial, no durante ni antes). Y se ha dicho que claro, que qué maneras, y que cuánto antimadridismo genera este Madrid. Y desde luego, a mí no me ha gustado que esto no se hubiera aplazado unas semanas (aunque entiendo las razones de unos y de otros).

Un buen y sabio amigo me comentó que si en lugar del Real Madrid hubiese sido otro equipo -el Betis fue el que mencionamos en la conversación- esto no habría tenido ninguna trascendencia. Y yo, que en ese momento estaba indignado con Madrid y Julen, tuve que darle la razón. Todo lo que el Real Madrid hace se magnifica. Y esa magnificación es entendible, todo hay que decirlo.

Y para muestra, tres botones:

  1. 15 de agosto de 1997. El Barça ficha a Rivaldo en el último día de plazo, ya terminando la pretemporada, dejando al Deportivo sin su máxima estrella y sin posibilidad de realizar nuevos fichajes.
  2. verano de 2013. El Celta acaba de fichar a su nuevo entrenador, Luis Enrique. El Barça -según la prensa, así que esto quizá deba quedar en la categoría de rumores- intenta ficharlo ese mismo verano, sin éxito. Meses después, y sin haber terminado la temporada (esto es habitual en todos los clubes y no escandaliza a nadie), Barça y Luis Enrique negocian el fichaje.
  3. enero de 2016. Augusto es uno de los puntales del Celta de Berizzo. El Atlético de Madrid de Simeone ve como uno de sus centrocampistas, Tiago Mendes, se lesiona. Así que el Atlético de Madrid ficha a Augusto a mitad de temporada, provocando (o al menos coincidiendo con) una pequeña crisis de juego (y resultados) en el Celta.

Comparado con esas tres muestras, que no son las únicas, el hecho de que el Madrid haya negociado con Julen Lopetegui su fichaje tras el Mundial me parece, de verdad, peccata minuta. ¿Qué opináis? Encantado de leer objeciones a mis argumentos, ya sabéis.

El regalo de la diversidad

En los últimos días se ha manifestado el racismo que existe en muchos españoles. Me duele decir que tenemos muchísimo que cambiar, que reeducar y que mejorar en este campo. Y me duele porque España, que es a su vez una preciosa mezcla de razas y culturas, ha sido desde hace más de un siglo país de inmigrantes, a América primero (gracias, Argentina; gracias, México; gracias, Venezuela; gracias a los demás), a Europa después (gracias, Suiza; gracias, Alemania; gracias, Francia).

¿De verdad nos cuesta ver la riqueza que es el regalo de estar en contacto con muchas culturas?

La edad óptima para tener hijos

La teoría que aquí expongo es mía, no está basada en ninguna evidencia científica y, en cierto modo, es más ocurrencia que teoría.

Mi principal argumento es que la edad óptima para que una mujer tenga un hijo es aquella que coincide con el mejor momento de su vida. Hace miles de años, cuando la esperanza de vida no iba mucho más allá de los treinta años, las mujeres tenían hijos a los quince años. Y a esos quince años estaban en absoluta plenitud, plenitud que les permitía cuidar de sus hijos y cuidar de su -anciana- madre, de treinta años.

Poco a poco, por suerte, la esperanza de vida ha ido aumentando. Si ahora, que la esperanza de vida en los países desarrollados ronda los ochenta años, nuestras mujeres tuvieran hijos a los quince años, tendrían que cuidar de sus ancianas madres… a los sesenta y cinco. Edad que, desde luego, no permite un cuidado óptimo. Así que, gradualmente, y con cierto retraso sobre el aumento de la esperanza de vida, la edad óptima para tener hijos se va situando en los cuarenta años, edad a la que se puede criar a los hijos y cuidar de la madre.

¿Qué opináis?

El placer de la lectura

Hoy os presento un experimento que me ha parecido precioso. Una chica se sienta a leer un fragmento de un libro. Tranquilamente. Mientras avanza en la lectura, es estimulada sexualmente (de forma oculta para el espectador), y el camino por el libro se entrecruza con el camino hacia el orgasmo.

Como no podía ser de otro modo, este experimento ha sido criticado. Y ha sido criticado por querer etiquetarse como arte. Para mí, desde luego, sí es arte. Es arte porque habla del placer y porque produce placer en quienes lo vemos. Es arte porque no deja al espectador indiferente. Es arte porque es original.

Personalmente, me encantan dos cosas: la primera es que, por mucho que la protagonista quiera abstraerse del placer que la está transportando al orgasmo, no puede; la segunda es que se entrecruzan dos bonitos placeres: la lectura y el sexo. ¿Quién da más?

Este experimento es del cineasta y fotógrafo Clayton Cubitt.

Y sí, es posible

Minhaj Gedi Farah tenía siete meses cuando llegó, desnutrido y enfermo, al hospital del IRC en Dadaab. Tres meses de cuidados, varias transfusiones, y un complejo alimenticio obraron el milagro.

Minhaj Gedi Farah (del blog Thoughts on the passing scene)

Obviamente, salvar a un niño desnutrido no es acabar con el hambre en el mundo. Pero debería ayudar a convencernos de que sí, es posible.

El paso a la madurez de los indios Cherokee

El paso de la niñez a la madurez siempre ha sido importante en todas las culturas. En el caso de los indios Cherokee se sometía al futuro adulto a una dura prueba:

Su padre lo llevaba al bosque, al atardecer. Tras vendarle los ojos y sentarlo en una piedra, se despedían. El niño no podía sacarse la venda hasta que los primeros rayos de sol llegaran. Debía pasar las horas escuchando los ruidos de la noche, sin duda acrecentados por la imaginación. Quizá algún animal se acercara a curiosear, quizá la noche fuera especialmente fría o húmeda, pero en ningún caso podría quitarse la venda.

Cuando llega la mañana y el ya adulto se quita la venda. ¿Sabéis qué es lo primero que ve?

Por supuesto, a su padre, que había pasado la noche velando, pendiente de que a su niño no le sucediera nada.

Gracias a Bety, que me contó esta bonita historia, y a mis padres, siempre pendientes de que a su niño no le suceda nada 😉