Archivo de la categoría: Antropología

Necesitamos ser escuchados

El periodista de El País Fernando Peinado -de quien ya hemos hablado en este blog- cometió ayer un error precioso: básicamente nos dijo a todo Twitter que quería hablar con nosotros en privado.

Peinado se corrigió rápidamente, pero nos dejó el regalo de su error: el tweet recibió -sigue recibiendo- miles de respuestas, retweets y likes.

Vivimos en tiempo en los que hablar es gratis. Pero ser escuchados, amigos, ser escuchados es algo que no tiene precio.

Feminista y nigeriano

Como supongo que muchos sabréis, en España (no solamente en España, pero hablo de lo que conozco) ha existido desde siempre la tradición de hacer fiestas con animales: cabras, pavos, gallinas, toros; sobre todo, toros. Y no solamente en el formato corrida de toros, también en los llamados encierros (en donde un toro o un grupo de toros se suelta por las calles, en una ruta que generalmente acaba en una plaza de toros). No es popular o tradicional en toda España, sino que hay zonas en donde no existe la tradición y zonas en las que está completamente arraigada.

Estamos en una época en la que, por suerte, se está comprendiendo que hacer una fiesta de la muerte y del dolor quizá no esté bien; pero también estamos en una época en la que, por desgracia, muchos valores y derechos en los que se ha avanzado están siendo cuestionados por un sector de la población.

Y, según leo, han confluido los factores negativos en una corrida de toros: la propia corrida de toros, el racismo (con un toro llamado nigeriano) y el machismo (con un toro llamado feminista).

No sé si pretendíais hacer una gracia pero, desde luego, os habéis retratado.

Mazinger Z y la mitología clásica

Quienes disfrutamos en nuestra niñez de Mazinger Z y además tenemos la suerte de disfrutar con el conocimiento de la mitología griega vamos a encontrar en este proyecto de investigación de Eva María Valero Carou, en el I.E.S. Infanta Elena (Jumilla), en el que comparan dioses, héroes, bestias mecánicas y lugares de Mazinger Z con su contraparte mitológica. Gracias a este vídeo, en el que se puede ver un resumen de dicho trabajo, presentado excelentemente por la propia autora y por la tutora Ana María Zamora Manzanares, podemos acercarnos a este planteamiento. Es un vídeo sumamente enriquecedor y que os recomiendo ver.

Para Dani.

El velatorio de Manuel de Senín, de José María Castroviejo

Mi muy querido abuelo, tras sus intensas jornadas de pesca o de trabajo en defensa de los derechos de los marineros, recogía en lo que acabaron siendo sus memorias los detalles, las curiosidades y las dificultades que adornaban su día a día.

Su nieto, mi también muy querido primo Luis, convirtió esos documentos en un libro imprescindible. Y lo adornó con un delicioso prólogo que nos dibuja, con un par de pinceladas, una familia y una vida enteras. Y en ese prólogo se hace referencia a una historia que mi abuelo solía contar en las largas y oscuras noches de invierno y que su nieto Luis tuvo ocasión de escuchar en muchas ocasiones: la estremecedora historia del velatorio de Manuel de Senín.

En la búsqueda del relato llegué hasta la Universidad de Trieste y, en concreto, a la doctora Sara Farenzena, que escribió una Tesis sobre Castroviejo y que, amabilísimamente, me hizo llegar el relato.

Relato que forma parte de un conjunto, bajo el nombre de El pálido visitante. Manuel de Senín es un hombre malvado y poco querido; tras un asesinato en la aldea, y viendo que todas las miradas acusatorias se dirigen a él, decide irse. Tiempo después, retorna y, al poco, fallece. Y nadie quiere ir a su velatorio (en Galicia, y en muchos otros sitios, se velaba al muerto en el propio hogar, hasta hace muy poco). La viuda, más por imagen que por amor, consigue que tres amigos de la bebida y el juego la acompañen en la noche en vela. Y la interacción con el muerto no os la desvelo, espero que sepáis disculparme.

Muchas gracias, Sara, por tu disposición y colaboración.

Este post lo dedico a Jose y a Rosana, dignos hijos de su padre Luis (qué orgulloso estaba siempre de vosotros). Un besiño.

Panteón de la familia Castroviejo, exterior de la iglesia de San Juan de Tirán, en Moaña

Boomers, millenials y demás

Cada vez se utilizan más estos términos para clasificarnos según nuestro año de nacimiento. Incluso a veces se usan como insulto o como encasillamiento del que no se puede salir y que condiciona nuestros actos y reacciones.

Repasemos hoy esa clasificación (veréis que hay algún solapamiento):

  • Generación Perdida: nacidos entre 1883 y 1900. Se le da este nombre por el espíritu errante de muchos supervivientes de la Gran Guerra.
  • Generación GI, Generación de la Segunda Guerra Mundial o Generación Grandiosa: nacidos entre 1901 y 1927. Reciben este nombre porque, pese (o gracias a) haber vivido la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, fueron capaces de tener una edad adulta muy correcta.
  • Generación silenciosa: nacidos entre 1928 y 1945. Reciben este nombre porque -quizá tras venir de épocas tan complicadas- no eran muy dados a expresar sus opiniones en públicos: consideraban más prudente no hablar.
  • Baby boomers: nacidos entre 1946 y 1964. Este tiene un nombre de explicación fácil: nacieron en una época de alta tasa de natalidad.
  • Generación X: nacidos entre 1965 y 1980. Una generación que creció casi sin adultos (en comparación con los anteriores) y con gran indefinición (de ahí el uso de la incógnita para definirlos).
  • Millennials o Generación Y: nacidos entre 1980 y 2000. Es la generación que veía un vínculo con el nuevo milenio puesto que acababan la secundaria en torno al año 2000.
  • Centennials, iGen o Generación Z… y otros cuantos nombres más: nacidos entre 1995 y 2005. No está claro todavía ni qué nombre deben recibir.
  • Generación Alfa: nacidos entre 2010 y 2025. Primera generación nacida íntegramente en el siglo XXI. Alfa, primera letra del alfabeto griego.

Orgullosos de nosotros mismos

Este virus no se mueve, sino que lo movemos. Así que hemos sido nosotros los causantes de la propagación de la pandemia. Nosotros, los que nos hemos ido de cañas cuando lo más prudente era quedarse en casa porque claro, hay que seguir viviendo (cuando eso a lo que ayudaba era a seguir muriendo). Nosotros hemos sido los que nos hemos encontrado excusas para saltarnos confinamientos. Nosotros hemos sido los que nos hemos colado para conseguir vacunarnos antes que otros que lo necesitaban más. Nosotros, los que nos hemos dedicado a destruir y criticar.

Pero cuando dentro de unos siglos nos estudien, verán que aquella generación, cuando llegó el momento de vacunar, decidió que primero se vacunarían los ancianos, antes que los jóvenes, que los ricos o que los mandatarios. Y ahí encontraremos un motivo por el que estar más que orgullosos de nosotros mismos.

No es su vestido, es tu mirada

No hay vestidos indecentes, hay miradas indecentes.

Pasa demasiado a menudo: la mujer (suele ser una mujer) lleva el vestido que le apetece, con el escote que quiere, con la falda tan corta como quiere; el hombre (suele ser un hombre) no evita ni puede evitar un comentario (que nadie le ha pedido) sobre ese vestido.

Y no hay nada erróneo ni indecente ni provocativo en la prenda: el único error está en tu mirada.

¿Están a gusto con nosotros?

No, no me estoy refiriendo a nada trascendente. Solamente a un pequeño detalle que nos puede informar de si esa persona con la que estamos charlando quiere ir dando por concluida la conversación o no.

Fijémonos en sus pies.

Si están apuntando hacia nosotros, la conversación puede continuar. Si están apuntando en dirección a “me voy”… es que quiere irse. Vayamos dando por concluida la charla.

Ay, el lenguaje no verbal y la gran cantidad de información que nos aporta.

¿A quién atendemos? (¿A quién dejamos sin atender?)

Que la primera pregunta implica la segunda, que es realmente la importante. He pensado en esto especialmente durante esta pandemia, y como los ingenieros de telecomunicaciones sabemos un poquito de Teoría de Colas, le he dado unas cuantas vueltas.

Tenemos, digamos, cien pacientes que requieren atención… pero solamente podemos atender a ochenta. ¿Qué hacemos con los veinte restantes, cómo gestionamos esto?

Una aproximación razonable es atender por orden de gravedad/urgencia. Primero atendemos a los más graves. Posible problema: los graves se nos mueren por estar graves, los menos graves se convierten en graves por no estar atendidos.

Otra opción es la contraria a la anterior: atendamos primero a los menos graves. Así que esos se salvarán con gran seguridad. Y, con la misma gran seguridad, los más graves se morirán.

La opción que antes conseguiría atender a todos consiste en ordenar a los pacientes por menor tiempo de atención requerido (quizá equivalente a la anterior).

Y, finalmente, hay otras opciones que se han sugerido en estos tiempos, algunas muy similares a las anteriores:

  • Atender primero a los que tienen más probabilidades de sobrevivir.
  • No dar atención a un tipo de pacientes (provenientes de residencias, mayores de una determinada edad, con otras patologías graves).

Para no encontrarnos en estas terribles tesituras, hay que intentar por todos los medios que el sistema sanitario no se desborde con las medidas que ya todos conocemos: distancia, mascarilla, minimizar el tiempo en espacios cerrados, limpieza de manos.