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Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique

La elegía de las elegías, esta obra del siglo XV, una de las cumbres de la poesía y literatura españolas, recogen el pesar por la muerte y la admiración por la vida del maestre Don Rodrigo, padre de Jorge Manrique.

Quinientos años después, alguno de sus versos, verdaderos cofres de sabiduría, ha pasado a la cultura popular:

cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado,
fue mejor.

No me resisto a no copiar aquí la primera copla, de la que forman parte los versos anteriores. La fugacidad de la vida, la serenidad ante ello, recogidas en unas pocas líneas:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

En la tercera copla se recoge también ese hecho inexcusable de la muerte, al que deben -al que debemos- enfrentarnos todos:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

No pretendo, al menos en este post, al menos hoy, completar un comentario de texto sobre las Coplas, aunque bien lo merecen, y no descarto hacerlo en un futuro.

Pero por favor, volved a ellas, que siempre tienen mucho que enseñarnos. Forman un breve libro que debe estar siempre en nuestras bibliotecas, aunque solamente sea por las muchas veces que la vida se toca con la muerte.

Versos haré, de Guilhem de Poitiers y José Ignacio Cordero

Hoy os voy a contar la terrible aventura que un buen hombre sufrió en sus recorridos por el Limousin, con unos cuantos ingredientes muy interesantes: la capacidad de narrar historias de Guilhem de Poitiers, la magia de José Ignacio Cordero, la picardía y el mal actuar de un par de mujeres, las andanzas de los caminantes y un poco -o un mucho- de sexo.

Versos haré, que el sueño va
venciéndome y me tumbo al sol.
Mujeres hay de mala fe,
y os diré cuáles:
las que un amor de hombre de pro
lo hacen achares.
No es gran pecado que mujer
a hombre de bien le dé su amor;
pero, si es fraile o clerigón,
ya es indecente
y habría que, con un tizón,
quemarle el dengue.

Esos versos, preámbulo de la aventura que vamos a descubrir, dejan bien claro que las malas de esta historia van a ser ellas. Una historia que comienza con un caminante encontrándose con dos mujeres:

Por Francia, allá del Lemosin,
con mi esclavina, solo, a pie,
topé con la mujer de Andrés
    y la de Amando;
con cortesía y devoción
    me saludaron.

Cuando ellas se dan cuenta (o él les hace creer, que todo es posible) que es mudo…

Dice la una en su latín:
“Peregrino, guardeos Dios.
De buen arnaz me parecéis
por lo presente;
mas por el mundo andar se ve
tan mala gente”.
Oiréis lo que le respondí:
que no solté ni fu ni fa
ni cucú dije, ni tras-tras,
sino tan solo
“Babaribol, babaribol,
balbulibobo”.

…urden un plan para su placer a costa del buen caminante:

“Hermana,” dice a Herminia Inés
lo que buscamos, velo aqui” .
“Hay que albergarlo, hermana, sí,
que a fe que es mudo:
nuestro asunto jamás por él
lo sabrá el mundo”.

Plan que ponen en práctica con notable éxito, pero antes es necesario comprobar si es verdad que es mudo:

Bajo el manto una me metió,
y en su cuarto, junto al hogar,
me fue, sabedlo, santo y bien:
viva la llama,
y de grado me calenté –
con buenas brasas .
Perdiz me dieron a comer,
que a bien que hubo más de dos ,
sin cocinero o ministril,
solos yo y ellas;
fue bueno el vino, blanco el pan,
mucha pimienta.
“Hermana, este hombre astuto es,
finge, por dárnosla, no hablar.
traigamos al momento aquí
al gato rojo,
que al punto hará que hable, si es
que es mentiroso”.
Por el mal bicho fue la Inés.
grande era y bigotudo asaz,
de que entre nos lo vi. me entró
susto tan grande
que a poco si perdí el valor
y los alardes.

Una vez comprobado, pasan a lo previsto:

Tras bien beber y bien comer,
por mor de ellas me desnudé,
me echan el gato por detrás,
traidor maligno;
me lo arrastran del costillar
hasta el tobillo;
por el rabo le tiran, y él
araña como Fierabrás;
llagas me hicieron más de cien
en ese trance;
mas no me muevo yo ni un tris,
así me maten.
"Hermana," dice a Herminia Inés
"es mudo: bien se deja ver"-
"Hermana, al baño hay que avivar
y al regodeo".

Nos cuenta el buen trovador cuántos días y cuántas veces:

Días ocho estuve y aún más
en tal rodeo.
Las jodí veces las que oiréis,
ciento ochenta y ocho en total,
que por poco rompo el arnés
y la correa
y no os cuento el mal que de allí
me traje en prenda.

Y aquí llega el momento sublime de la venganza; muy felices se las prometían Inés y Herminia, contando con que su fechoría jamás sería conocida:

De mañana juglar irás
con mis versos en el zurrón
derecho a la mujer de Andrés
y a la de Amando
y les dirás que por favor
maten al gato.

El grupo Espliego, en su disco Cortes de Amor, nos regala esta joya (y otras muchas más). Os recomiendo escucharlo, os va a encantar.

Sedia-mi eu na ermida de San Simón

A mediados del siglo XIX, en Roma, en la Biblioteca Apostólica Vaticana, fue descubierto por Fernando Wolf un códice de más de doscientas hojas con cantigas gallegoportuguesas. Y, entre ellas, esta joya de Mendiño, del que no tenemos nada más:

Sedia-mi eu na ermida de San Simion
e cercaram-mi as ondas, que grandes son;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Estando na ermida, ante o altar,
(e) cercaron-mi as ondas grandes do mar;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas, que grandes son;
non ei (i) barqueiro nen remador;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas grandes do mar;
non ei (i) barqueiro, nen sei sei remar;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Non ei (i) barqueiro nen remador;
morrerei, fremosa, no mar maior;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Non ei (i) barqueiro, nen sei remar;
morrerei fremosa no alto mar;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Allí, en el corazón de la Ciudad Eterna, unos versos nos recordaban lo que sintió un monje de hace casi mil años en una pequeña isla en la más bonita de las rías.

Un soneto me manda hacer Violante, de Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Este conocidísimo poema del fénix de los ingenios es una muestra -para mí, asombrosa- de un dominio total sobre el lenguaje y sobre la poesía: escribe un soneto en el que se describe cómo es un soneto. Disfrutémoslo mucho.

A Margarita Debayle, de Rubén Darío

Margarita, está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento: 
Margarita, te voy a contar 
un cuento: 

Esto era un rey que tenía 
un palacio de diamantes, 
una tienda hecha de día 
y un rebaño de elefantes, 
un kiosko de malaquita, 
un gran manto de tisú, 
y una gentil princesita, 
tan bonita, 
Margarita, 
tan bonita, como tú. 

Una tarde, la princesa 
vio una estrella aparecer; 
la princesa era traviesa 
y la quiso ir a coger. 

La quería para hacerla 
decorar un prendedor, 
con un verso y una perla 
y una pluma y una flor. 

Las princesas primorosas 
se parecen mucho a ti: 
cortan lirios, cortan rosas, 
cortan astros. Son así. 

Pues se fue la niña bella, 
bajo el cielo y sobre el mar, 
a cortar la blanca estrella 
que la hacía suspirar. 

Y siguió camino arriba, 
por la luna y más allá; 
más lo malo es que ella iba 
sin permiso de papá. 

Cuando estuvo ya de vuelta 
de los parques del Señor, 
se miraba toda envuelta 
en un dulce resplandor. 

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? 
te he buscado y no te hallé; 
y ¿qué tienes en el pecho 
que encendido se te ve?». 

La princesa no mentía. 
Y así, dijo la verdad: 
«Fui a cortar la estrella mía 
a la azul inmensidad». 

Y el rey clama: «¿No te he dicho 
que el azul no hay que cortar?. 
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... 
El Señor se va a enojar». 

Y ella dice: «No hubo intento; 
yo me fui no sé por qué. 
Por las olas por el viento 
fui a la estrella y la corté». 

Y el papá dice enojado: 
«Un castigo has de tener: 
vuelve al cielo y lo robado 
vas ahora a devolver». 

La princesa se entristece 
por su dulce flor de luz, 
cuando entonces aparece 
sonriendo el Buen Jesús. 

Y así dice: «En mis campiñas 
esa rosa le ofrecí; 
son mis flores de las niñas 
que al soñar piensan en mí». 

Viste el rey pompas brillantes, 
y luego hace desfilar 
cuatrocientos elefantes 
a la orilla de la mar. 

La princesita está bella, 
pues ya tiene el prendedor 
en que lucen, con la estrella, 
verso, perla, pluma y flor. 

* * * 

Margarita, está linda la mar, 
y el viento 
lleva esencia sutil de azahar: 
tu aliento. 

Ya que lejos de mí vas a estar, 
guarda, niña, un gentil pensamiento 
al que un día te quiso contar 
un cuento.

Este precioso poema de Rubén Darío fue compuesto expresamente para Margarita, una niña que vivía en donde él estaba pasando unos días. Según me contaron -o según recuerdo- fue un poema de despedida. Me maravilla.

No sono do cuco novo

Hoy comparto con vosotros esta joya de Álvaro Cunqueiro; otro poema más descubierto gracias a Amancio Prada.

Leed y escuchad qué belleza:

No sono do cuco novo
Hai un namoro namoro,
Cu-có de alba lixeira,
Cu-có para o vento tolo.

Ai o noivado do cuco,
Namoro de gaita fina!
Na romería do sono
Romeiras de follas vivas.

Romeira unha estrela verde,
Romeira unha rá noviña,
Romeira unha frol tremante,
Romeira unha pomba fría.

Veredas de namorar
Quen as vende, quen as merca,
Na feira do seu noivado
O Cu-có soña de seda,
Veredas de namorar.

Ai o noivado do cuco,
Sono de soñar cancións,
Auga corrente romeira
Lindeiros que deixa o sol.

¿Por qué Neruda eligió ese nombre?

Como todos sabéis, Pablo Neruda es el seudónimo de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto. ¿Por qué eligió un seudónimo? ¿Por qué Neruda?

Al parecer, un seudónimo para que su padre -que no quería que se dedicara a escribir- no se enterara. Y eligió Neruda por ser un nombre que encontró en una revista (era también un escritor, checo, pero nuestro protagonista de hoy no sabía la profesión del auténtico Neruda).

La memoire et la mer, de Léo Ferré

Léo Ferré era un poeta (y cantautor) monegasco al que descubrí por la bonita vía de Amancio Prada, en su disco Vida de artista, en donde Amancio versiona, recompone y canta algunos de los poemas de Ferré.

Léo Ferré, Fête du PSU, Parc de La Courneuve, 1973

El poema La memoria y el mar -no es la primera vez que hablamos en este blog de esa maravilla- pertenece a ese grupo, y me resulta absolutamente fascinante. Quizá gran parte de la fascinación que ejerce sobre mí se debe a lo mucho que me queda por entender del poema -para mí, complejísimo. Diría que es necesario conocer bien a Léo Ferré y a su poesía (y también conocer bien el idioma francés) para poder extraer conclusiones del poema. Os dejo a continuación esos versos, y las versiones de ambos cantantes:

La marée, je l'ai dans le cœur
Qui me remonte comme un signe
Je meurs de ma petite sœur
De mon enfant et de mon cygne
Un bateau, ça dépend comment
On l'arrime au port de justesse
Il pleure de mon firmament
Des années lumières et j'en laisse
Je suis le fantôme jersey
Celui qui vient les soirs de frime
Te lancer la brume en baiser
Et te ramasser dans ses rimes
Comme le trémail de juillet
Où luisait le loup solitaire
Celui que je voyais briller
Aux doigts du sable de la terre
Rappelle-toi ce chien de mer
Que nous libérions sur parole
Et qui gueule dans le désert
Des goémons de nécropole
Je suis sûr que la vie est là
Avec ses poumons de flanelle
Quand il pleure de ces temps-là
Le froid tout gris qui nous appelle
Je me souviens des soirs là-bas
Et des sprints gagnés sur l'écume
Cette bave des chevaux ras
Au ras des rocs qui se consument
Ô l'ange des plaisirs perdus
Ô rumeurs d'une autre habitude
Mes désirs dès lors ne sont plus
Qu'un chagrin de ma solitude
Et le diable des soirs conquis
Avec ses pâleurs de rescousse
Et le squale des paradis
Dans le milieu mouillé de mousse
Reviens fille verte des fjords
Reviens violon des violonades
Dans le port fanfarent les cors
Pour le retour des camarades
Ô parfum rare des salants
Dans le poivre feu des gerçures
Quand j'allais, géométrisant
Mon âme au creux de ta blessure
Dans le désordre de ton cul
Poissé dans Les draps d'aube fine
Je voyais un vitrail de plus
Et toi fille verte, mon spleen
Les coquillages figurant
Sous les sunlights cassés liquides
Jouent de la castagnette tant
Qu'on dirait l'Espagne livide
Dieux des granits, ayez pitié
De leur vocation de parure
Quand le couteau vient s'immiscer
Dans leur castagnette figure
Et je voyais ce qu'on pressent
Quand on pressent l'entrevoyure
Entre les persiennes du sang
Et que les globules figurent
Une mathématique bleue
Dans cette mer jamais étale
D'où me remonte peu à peu
Cette mémoire des étoiles
Cette rumeur qui vient de là
Sous l'arc copain où je m'aveugle
Ces mains qui me font du fla-fla
Ces mains ruminantes qui meuglent
Cette rumeur me suit longtemps
Comme un mendiant sous l'anathème
Comme l'ombre qui perd son temps
À dessiner mon théorème
Et sous mon maquillage roux
S'en vient battre comme une porte
Cette rumeur qui va debout
Dans la rue, aux musiques mortes
C'est fini, la mer, c'est fini
Sur la plage, le sable bêle
Comme des moutons d'infini
Quand la mer bergère m'appelle

Fuente: Musixmatch
Léo Ferré – La mémoire et la mer (Audio Officiel)
La memoria y el mar – Amancio Prada – Vida de artista

Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández

Estamos en la Prisión Provincial de Torrijos, a mediados de 1939. Llega una carta de Josefina Manresa destinada a uno de los prisioneros, en donde le cuenta, entre otras desgracias, la difícil situación que están viviendo ella y el hijo de ambos, y que solamente tienen pan y cebolla para comer.

La desesperación del prisionero se transforma, como siempre, en creatividad, belleza y poesía. Y escribe las Nanas de la cebolla, una obra inmortal para su hijo y esposa.

Disfrutad de su belleza, por favor:

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
East facade of the Fundacion Fausta Elorz building, at 51 Calle del Conde de Penalver (street) in Salamanca district in Madrid (Spain). Projected in 1909 by Daniel Zavala Alvarez, and built from 1910 to 1914.

COVID 19, de Marwan

Antes,
a todo joven poeta
que osaba
asomarse a un cuaderno
para lanzar, un rato después,
piedras de juventud
contra toda cabeza visible del sistema,
le soltaban
la misma basura de siempre:
«sois una generación
nacida sobre sábanas de seda,
no habéis tenido
que luchar por nada,
no sabéis del hambre
ni las guerras,
no habéis leído libros prohibidos
a la luz de una vela,
no conocéis el sufrimiento».

Aquí tenemos nuestra guerra,
nuestro búnker,
la ansiedad entre paredes,
los abrazos pospuestos,
la fatal incertidumbre por los padres,
el temor sin apellidos,
los muertos que no velaron,
el trabajo que se fuga entre las manos.

Y antes:
los bolsillos aullando,
las viviendas de centímetros cuadrados,
el gris perpetuo de las chimeneas,
los parquímetros sin alma,
el país del bienestar desnucado en el telediario de las 3.

Ya hemos pasado por esto,
ya tenemos,
joder,
nuestro país deshecho entre las manos.

¿Podemos usar ya nuestra rabia?
¿nos hemos graduado?
¿tenemos ya por fin derecho a la rebeldía?


No conocía a este poeta, tuve la suerte de escucharlo el otro día… y este poema dedicado a los jóvenes (realmente, a los jóvenes de todas las épocas, porque estoy seguro de que han pasado por situaciones similares) me ha fascinado.