Archivo de la categoría: Poesía

Isla de San Simón, en Redondela

No es una sola isla, sino dos islas unidas por un puente, además de algún islote. San Simón y Santo Antón, que así se llaman esas dos islas principales.

Se encuentra en la parte más interior de la ría de Vigo y en ellas se respira belleza, historia (no siempre bella) y literatura.

Meendiño, poeta del siglo XIII del que prácticamente solo tenemos unos versos, pero los suficientes, por fortuna, para que nos llegara ese Sediame eu na ermida de San Simón. Lugar de privilegio, pues, para la isla en el mundo de la poesía.

Fue también lazareto en donde se recluían quienes padecían enfermedades contagiosas. Y fue campo de concentración durante el franquismo, lugar de duelo, injusticia e impotencia. Existe un proyecto para que la memoria y el recuerdo nos permitan avanzar hacia un futuro en el que nunca se repitan tales barbaridades.

Si estáis o venís por la zona, es un destino que os encantará.

De juantiagues – Islas de San Simón y San Antón, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=41953810

Romance del enamorado y la muerte, de Juan del Encina

Este romance, del que ya hemos hablado en este blog, nos ha llegado con diferentes versiones, pero invariable en musicalidad, encanto y mensaje. El original (quizá el original) es de Juan del Encina.

Nos habla de lo inevitable de la muerte, de la infinita importancia del amor (tengo una hora de vida, la dedico a mi amada). Me encanta especialmente -sin ser lo principal del poema- ese fragmento en el que la amada le dice que no es aún la hora convenida y que sus padres están en casa y despiertos, haciendo ver que si lo segundo no se cumpliera, poco importaría la hora.

Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
—¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
—¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
—Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.

La guerra no tiene glamour

No es rara la intención de querer dotar a las guerras de un encanto, de un glamour y de una magia de la que no gozan. Cuando en la película Saving Private Ryan del gran director Steven Spielberg se presenta a los soldados acercándose a las playas para desembarcar, pueden verse mareos, vómitos y, en resumen, miedo. Eso es lo que quería transmitir Spielberg: la guerra no tiene glamour en absoluto.

No es el único creador, desde luego, que ha luchado por mostrarnos eso: la canción-denuncia “Querida Milagros” de Manolo García, el “Tristes armas si no son las palabras” de Miguel Hernández o incluso esa canción de campamento de “Mi amigo José” son más muestras de lo mismo.

Presentar la guerra como algo glamouroso es irresponsable es falso y es sobre todo, criminal.

Tristes armas, si no son las palabras.

Construçao, de Chico Buarque

Pese a ser una obra de 1971, la he descubierto hace solamente unos meses, gracias a que alguien en Twitter la comentó con motivo del cumpleaños de Chico Buarque.

Una obra maestra, una denuncia social y una muestra maravillosa de habilidades lingüísticas es lo que se encuentra en este conjunto de (sobre todo) cuartetos de versos dodecasílabos terminados (casi) siempre en palabras esdrújulas.

Por favor, leed y escuchad esta maravilla:

Amou daquela vez como se fosse a última
Beijou sua mulher como se fosse a última
E cada filho seu como se fosse o único
E atravessou a rua com seu passo tímido

Subiu a construção como se fosse máquina
Ergueu no patamar quatro paredes sólidas
Tijolo com tijolo num desenho mágico
Seus olhos embotados de cimento e lágrima

Sentou pra descansar como se fosse sábado
Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe
Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago
Dançou e gargalhou como se ouvisse música

E tropeçou no céu como se fosse um bêbado
E flutuou no ar como se fosse um pássaro
E se acabou no chão feito um pacote flácido

Agonizou no meio do passeio público
Morreu na contramão atrapalhando o tráfego

Amou daquela vez como se fosse o último
Beijou sua mulher como se fosse a única
E cada filho seu como se fosse o pródigo
E atravessou a rua com seu passo bêbado

Subiu a construção como se fosse sólido
Ergueu no patamar quatro paredes mágicas
Tijolo com tijolo num desenho lógico
Seus olhos embotados de cimento e tráfego

Sentou pra descansar como se fosse um príncipe
Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo
Bebeu e soluçou como se fosse máquina
Dançou e gargalhou como se fosse o próximo

E tropeçou no céu como se ouvisse música
E flutuou no ar como se fosse sábado
E se acabou no chão feito um pacote tímido

Agonizou no meio do passeio náufrago
Morreu na contramão atrapalhando o público

Amou daquela vez como se fosse máquina
Beijou sua mulher como se fosse lógico
Ergueu no patamar quatro paredes flácidas
Sentou pra descansar como se fosse um pássaro

E flutuou no ar como se fosse um príncipe
E se acabou no chão feito um pacote bêbado
Morreu na contramão atrapalhando o sábado
Por esse pão pra comer, por esse chão pra dormir

A certidão pra nascer e a concessão pra sorrir
Por me deixar respirar, por me deixar existir
Deus lhe pague

Pela cachaça de graça que a gente tem que engolir
Pela fumaça e desgraça que a gente tem que tossir
Pelos andaimes pingentes que a gente tem que cair
Deus lhe pague

Pela mulher carpideira pra nos louvar e cuspir
E pelas moscas bicheiras a nos beijar e cobrir
E pela paz derradeira que enfim vai nos redimir
Deus lhe pague

(Fuente: MusicMatch)

Como mi admirado Miguel me comentó sobre esta canción: ritmo alegre, melodía triste. Qué combinación.

¿Qué son los versos de cabo roto o versos de pies cortados?

Son un tipo de versos en los que faltan todas las sílabas a partir de la última tónica. El nombre de «versos de cabo roto» se lo dio Miguel de Cervantes:

Soy  Rocinante  el  famo(so)  
bisnieto  del  gran  Babie(ca)  
por  pecados  de  flaque(za)  
fui  a  poder  de  un  don  Quijo(te)

En la novela La pícara Justina (atribuida a Francisco López de Úbeda) se les da el nombre de «versos de pies cortados»; tenemos aquí otro ejemplo:

Yo  soy  due(ña)  
Que  todas  las  aguas  be(be)  
Escuch(a)  que  quier(o)  pintá(r)  
Un  mapamund(i)  generá(l)  

De  montañé(ses)  y  asturiá(nos)  
Desde  el  cocó(te)1
  hasta  el  zapá(to)  

El Cántico Espiritual, documental

Bien sabéis quienes me seguís y leéis de mi afición, pasión y admiración por esta cumbre de la poesía universal: el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz.

Hay un documental, de los muchos que he visto sobre el tema, que me resulta especialmente recomendable, quizá por lo diferente y poco ortodoxo. Un documental del programa La mitad invisible.

https://www.rtve.es/play/videos/la-mitad-invisible/mitad-invisible-cantico-espiritual-san-juan-cruz/1236485/

Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique

La elegía de las elegías, esta obra del siglo XV, una de las cumbres de la poesía y literatura españolas, recogen el pesar por la muerte y la admiración por la vida del maestre Don Rodrigo, padre de Jorge Manrique.

Quinientos años después, alguno de sus versos, verdaderos cofres de sabiduría, ha pasado a la cultura popular:

cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado,
fue mejor.

No me resisto a no copiar aquí la primera copla, de la que forman parte los versos anteriores. La fugacidad de la vida, la serenidad ante ello, recogidas en unas pocas líneas:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

En la tercera copla se recoge también ese hecho inexcusable de la muerte, al que deben -al que debemos- enfrentarnos todos:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

No pretendo, al menos en este post, al menos hoy, completar un comentario de texto sobre las Coplas, aunque bien lo merecen, y no descarto hacerlo en un futuro.

Pero por favor, volved a ellas, que siempre tienen mucho que enseñarnos. Forman un breve libro que debe estar siempre en nuestras bibliotecas, aunque solamente sea por las muchas veces que la vida se toca con la muerte.

Versos haré, de Guilhem de Poitiers y José Ignacio Cordero

Hoy os voy a contar la terrible aventura que un buen hombre sufrió en sus recorridos por el Limousin, con unos cuantos ingredientes muy interesantes: la capacidad de narrar historias de Guilhem de Poitiers, la magia de José Ignacio Cordero, la picardía y el mal actuar de un par de mujeres, las andanzas de los caminantes y un poco -o un mucho- de sexo.

Versos haré, que el sueño va
venciéndome y me tumbo al sol.
Mujeres hay de mala fe,
y os diré cuáles:
las que un amor de hombre de pro
lo hacen achares.
No es gran pecado que mujer
a hombre de bien le dé su amor;
pero, si es fraile o clerigón,
ya es indecente
y habría que, con un tizón,
quemarle el dengue.

Esos versos, preámbulo de la aventura que vamos a descubrir, dejan bien claro que las malas de esta historia van a ser ellas. Una historia que comienza con un caminante encontrándose con dos mujeres:

Por Francia, allá del Lemosin,
con mi esclavina, solo, a pie,
topé con la mujer de Andrés
    y la de Amando;
con cortesía y devoción
    me saludaron.

Cuando ellas se dan cuenta (o él les hace creer, que todo es posible) que es mudo…

Dice la una en su latín:
“Peregrino, guardeos Dios.
De buen arnaz me parecéis
por lo presente;
mas por el mundo andar se ve
tan mala gente”.
Oiréis lo que le respondí:
que no solté ni fu ni fa
ni cucú dije, ni tras-tras,
sino tan solo
“Babaribol, babaribol,
balbulibobo”.

…urden un plan para su placer a costa del buen caminante:

“Hermana,” dice a Herminia Inés
lo que buscamos, velo aqui” .
“Hay que albergarlo, hermana, sí,
que a fe que es mudo:
nuestro asunto jamás por él
lo sabrá el mundo”.

Plan que ponen en práctica con notable éxito, pero antes es necesario comprobar si es verdad que es mudo:

Bajo el manto una me metió,
y en su cuarto, junto al hogar,
me fue, sabedlo, santo y bien:
viva la llama,
y de grado me calenté –
con buenas brasas .
Perdiz me dieron a comer,
que a bien que hubo más de dos ,
sin cocinero o ministril,
solos yo y ellas;
fue bueno el vino, blanco el pan,
mucha pimienta.
“Hermana, este hombre astuto es,
finge, por dárnosla, no hablar.
traigamos al momento aquí
al gato rojo,
que al punto hará que hable, si es
que es mentiroso”.
Por el mal bicho fue la Inés.
grande era y bigotudo asaz,
de que entre nos lo vi. me entró
susto tan grande
que a poco si perdí el valor
y los alardes.

Una vez comprobado, pasan a lo previsto:

Tras bien beber y bien comer,
por mor de ellas me desnudé,
me echan el gato por detrás,
traidor maligno;
me lo arrastran del costillar
hasta el tobillo;
por el rabo le tiran, y él
araña como Fierabrás;
llagas me hicieron más de cien
en ese trance;
mas no me muevo yo ni un tris,
así me maten.
"Hermana," dice a Herminia Inés
"es mudo: bien se deja ver"-
"Hermana, al baño hay que avivar
y al regodeo".

Nos cuenta el buen trovador cuántos días y cuántas veces:

Días ocho estuve y aún más
en tal rodeo.
Las jodí veces las que oiréis,
ciento ochenta y ocho en total,
que por poco rompo el arnés
y la correa
y no os cuento el mal que de allí
me traje en prenda.

Y aquí llega el momento sublime de la venganza; muy felices se las prometían Inés y Herminia, contando con que su fechoría jamás sería conocida:

De mañana juglar irás
con mis versos en el zurrón
derecho a la mujer de Andrés
y a la de Amando
y les dirás que por favor
maten al gato.

El grupo Espliego, en su disco Cortes de Amor, nos regala esta joya (y otras muchas más). Os recomiendo escucharlo, os va a encantar.

Sedia-mi eu na ermida de San Simón

A mediados del siglo XIX, en Roma, en la Biblioteca Apostólica Vaticana, fue descubierto por Fernando Wolf un códice de más de doscientas hojas con cantigas gallegoportuguesas. Y, entre ellas, esta joya de Mendiño, del que no tenemos nada más:

Sedia-mi eu na ermida de San Simion
e cercaram-mi as ondas, que grandes son;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Estando na ermida, ante o altar,
(e) cercaron-mi as ondas grandes do mar;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas, que grandes son;
non ei (i) barqueiro nen remador;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas grandes do mar;
non ei (i) barqueiro, nen sei sei remar;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Non ei (i) barqueiro nen remador;
morrerei, fremosa, no mar maior;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Non ei (i) barqueiro, nen sei remar;
morrerei fremosa no alto mar;
¡eu atendendo o meu amigo,
eu atendendo o meu amigo!

Allí, en el corazón de la Ciudad Eterna, unos versos nos recordaban lo que sintió un monje de hace casi mil años en una pequeña isla en la más bonita de las rías.

Un soneto me manda hacer Violante, de Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aún sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Este conocidísimo poema del fénix de los ingenios es una muestra -para mí, asombrosa- de un dominio total sobre el lenguaje y sobre la poesía: escribe un soneto en el que se describe cómo es un soneto. Disfrutémoslo mucho.