Archivo de la categoría: Poesía

Belmonte (Cuenca)

Viajamos a la provincia de Cuenca, a la localidad de Belmonte, cuna -entre otros- de Fray Luis de León, decíamos ayer.

El monumento que más destaca es su castillo, de mediados del siglo XV, y en cuya construcción trabajó Juan Guas. Ha sido un castillo utilizado, cuidado y restaurado durante siglos, y nos cuentan que su visita es más que recomendable. Por desgracia, cuando visitamos Belmonte, no pudimos entrar.

Otro edificio capital en esta localidad es su colegiata gótica, con su magnífica sillería del coro. Esta colegiata fue levantada sobre una iglesia visigótica.

El llamado alcázar viejo, palacio del infante Don Juan Manuel (no el poeta), recientemente restaurado, es ahora un hotel en el que podemos alojarnos, y se ha incluido como parte de la Ruta de Don Quijote, ruta turística y literaria que recorre varios lugares de la novela de Cervantes.

Resumiendo: Belmonte debe ser marcado en nuestro mapa de lugares que hay que visitar. Muy recomendable para un fin de semana; seguro que los niños (y sus papas) disfrutan de castillos, palacios y -cómo no- gastronomía.

Laguna Negra de Urbión, en Vinuesa (Soria)

Y en la laguna sin fondo
que guarda bien los secretos,
con una piedra amarrada a los pies
tumba le dieron.

La tierra de Alvargonzález, Antonio Machado

Esta laguna de origen glacial está en Vinuesa, en la sierra de los Picos de Urbión, en un paraje más propio del norte de Europa que de la Península Ibérica: alta montaña, haya, pino albar, roble albar. En su entorno habitan zorros, corzos y jabalíes.

Su nombre proviene del color que toman sus aguas al reflejar las montañas que la rodean. Este lugar y su entorno merecen ser visitados y son garantía de una excursión estupenda para toda la familia.

No quiero terminar sin hacer alusión a un hecho que nos sucedió hace casi un par de décadas. Estábamos planteando retornar de La Rioja a Madrid pasando por la Laguna Negra. Cuando se lo comentamos a nuestros amigos arnedanos, nos respondieron del siguiente modo:

¡Qué decís? ¿Es que no sabéis que, de noche, la Laguna llama?

De Triedros – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37148207

El susurro de abejas que sonaba

En el silencio sólo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba.

Garcilaso de la Vega, Égloga III

Esta aliteración que nos regala el poeta toledano es una de las más conocidas y brillantes -si no la más- que nos ofrece la rica literatura castellana. Solamente escuchando ese par de versos podemos escuchar también a esas abejas de las que nos habla esa égloga.

Cuando la tormenta pase

El Facebook de Pilar Curro está siempre lleno de cosas bonitas (no podía ser de otro modo, ya que tanto ella como su familia están llenos de belleza). He encontrado allí esta joya, escrita, al parecer, durante la epidemia de peste de 1800. He buscado más información y es un poema reciente, escrito por Kitty O’Meara y publicado en su blog en marzo de 2020. He vuelto a buscar más información y… parece que es un poema de Alexis Valdés, también de marzo de 2020. (Y no, tampoco es de Benedetti, como se ha dicho también). Centrémenos en el poema y en su bello mensaje, más que en el autor, ya que parece tan difícil aclararlo:

Cuando la tormenta pase
y se amansen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.
Con el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.

Y le daremos un abrazo
al primer desconocido
y alabaremos la suerte
de conservar un amigo.

Y entonces recordaremos
todo aquello que perdimos
y de una vez aprenderemos
todo lo que no aprendimos.

Ya no tendremos envidia
pues todos habrán sufrido.
Ya no tendremos desidia,
seremos más compasivos.

Valdrá más lo que es de todos
que lo jamás conseguido.
Seremos más generosos
y mucho más comprometidos

Entenderemos lo frágil
que significa estar vivos.
Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.

Extrañaremos al viejo
que pedía un peso en el mercado,
que no supimos su nombre
y siempre estuvo a tu lado.

Y quizás el viejo pobre
era Dios disfrazado.
Nunca preguntaste el nombre
porque estabas apurado.

Y todo será un milagro.
Y todo será un legado.
Y se respetará la vida,
la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos vuelvas mejores,
como nos habías soñado.

Quiero besarte la risa

El comienzo de este post no es nada nuevo, para nuestra desgracia. Todos hemos oído hablar de la Generación del 27, ese periodo cumbre (junto con otros muchos) de nuestra literatura: Pedro Salinas, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, León Felipe, Miguel Hernández. Un ejército de gigantes de la pluma. Y lo que no es nada nuevo es que no nos choque nada en ese listado. No veis nada raro, ¿verdad?

Yo tampoco.

Tampoco… hasta que descubrí este maravilloso trabajo de Sheila Blanco: Cantando a las poetas del 27. Y te invito a que te acerques a esa poesía. Quizá lo harás con el mismo prejuicio con el que te asomas a un partido de fútbol femenino. E imagino que con el mismo prejuicio con el que nuestros padres o abuelos acudían a una consulta en donde, en lugar de el doctor estaba la doctora. Pero acércate, no te vas a arrepentir. Mira qué belleza tan absoluta:

Quiero besarte la risa
y sus notas cristalinas;
colgándome de los labios
parecerán campanillas;
quiero besarte la luz
que brota de tus pupilas.

Josefina Romo Arregui

Y por si fuera poco, el próximo día 25 (25 de noviembre de 2020, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer), Sheila Blanco nos ofrecerá un concierto online con estos poemas a los que puso música (o, como diría Amancio Prada, extrajo la música que tenían). Si os interesa, podéis conseguir vuestras entradas en Escenario Virtual (enlace al pie).

Y un pequeño bonus, un pequeño experimento que debería hacernos reflexionar. Si a la hora de citar a poetas del 27 nos citaran solamente a Carmen Conde, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, Elisabeth Mulder, Pilar de Valderrama, Margarita Ferreras, Josefina Romo Arregui, Dolores Catarinéu… sí que nos chocaría algo en el listado, ¿verdad? Queridos amigos, cuánto vamos a ganar cuando consigamos la igualdad de verdad.

El éxito

Reírse a menudo y amar mucho;
ganarse el respeto de las personas inteligentes y el afecto de los niños;
conseguir la aprobación de los críticos honestos
y soportar la traición de los falsos amigos;
apreciar la belleza;
descubrir lo mejor de los demás;
dar lo mejor de uno mismo sin esperar nada a cambio;
mejorar el mundo un poquito con un hijo sano, un alma rescatada, un trozo de jardín o una condición social redimida;
haber jugado y reído con entusiasmo y cantado con exaltación;
saber que alguien ha sido más feliz porque usted ha vivido;
esto es haber triunfado.

(Ralph Waldo Emerson)

Romance del enamorado y la muerte

Conocí este romance gracias a Clara y a Amancio Prada, mediante un fabuloso disco que me regaló hace ya casi veinte años. Recuerdo perfectamente que vinieron a cenar unos amigos… y les puse este romance. Y lo disfrutamos juntos, claro, porque cuando acercas la poesía a un alma bella se vuelve aún más bella (el alma, pero también la poesía). Somos así por estos lares, aunque en aquel entonces los lares no eran mi querida Moaña, sino nuestro querido Pozuelo.

Fijaos qué belleza:

https://youtu.be/U6RPC_zTObY

A Margarita Debayle

Este poema del poeta nicaragüense Rubén Darío me fascina desde que lo conocí (gracias a Fabián) y -lógicamente- siempre lo relacionaré con mi inteligente, simpática, ocurrente, bondadosa y adorada hija Irene. Para ella es.

A MARGARITA DEBAYLE

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes.

Un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a tí.
Cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso del papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?»

La princesa no mentía,
y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad.»

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura! ¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar.»

Y dice ella: «No hubo intento:
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté.»

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver.»

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí.»

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesa está bella,
pues ya tiene el prendedor,
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento

Ya que lejos de mí vas a estar
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Para Irene.

El niño yuntero

Ayer se celebró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una lacra que está lejos de verse erradicada. Por suerte, es cada vez menos habitual en muchos países. Hace casi un siglo, Miguel Hernández, el poeta pastor, creo este estremecedor poema, en el que acertadamente deposita en los adultos la responsabilidad de acabar con ese abuso.

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Este poema fue musicado por Serrat en 1972. Os dejo también un vídeo con la canción.