Archivo de la categoría: Educación

Calendario Científico Escolar

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas nos ofrece un calendario en el que se indican las efemérides científicas más importantes de cada día.

El calendario puede descargarse de forma gratuita en formato A3 y A4. Adicionalmente, existe un canal de Telegram en el que se nos informa diariamente de dichas efemérides, una cuenta de Twitter dedicada y también se ha preparado un calendario integrable con Google Calendar para poder visualizarlas en el propio calendario.

Se han distribuido ejemplares impresos pero, por más fortuna que desgracia, la demanda ha sido muy superior a la oferta. Seguro que en próximas ediciones se solventa o reduce esa diferencia.

Esta edición es fruto del Instituto de Ganadería de Montaña (centro mixto del CSIC y de la Universidad de León), y ha sido coordinado por Pablo G. Toral y en él han colaborado, además, Fátima García Doval, Antonella Della Badia, ALLA, Benita Marcos Cordero, Pablo Rodríguez Ros, Llúcia Ribot Lacosta, Jesús Fernández-Bayo, Ainhoa Valldecabres, Xesús Mosquera Carregal, Cristina Naya Riveiro, Manuel Herrador, Marta Macho Stadler, Unidad de Cultura Científica del IGME, Gonzalo Hervás y Pilar Frutos.

Guía para la ventilación en aulas, del CSIC

Nuestro querido Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha elaborado esta guía de ventilación de las aulas con una serie de recomendaciones sencillas e interesantes.

El resumen de la guía, si no te la lees entera (y deberías, si este tema te interesa) es: 1) exterior mejor que interior y 2) ventilación, ventilación, ventilación. Como referencia, se necesita que del exterior entren (y, por lo tanto, salgan) 14 litros por persona y segundo (esto equivale, aproximadamente, a unas 5-6 renovaciones de aire por hora para un aula de 100m2, con 25 estudiantes.

En general, si tenemos la opción de tener puertas enfrentadas a las ventanas, abriendo ventanas y puertas podemos conseguir la ventilación necesaria.

En el documento existe también un apartado destinado a explicar cómo verificar, usando medidores de CO2, si la solución elegida nos ofrece la renovación necesaria.

Me he enterado de la existencia de esta guía gracias al programa Tarde lo que tarde (RNE), de Julia Varela. ¡Gracias!

Cobra Kai, en Netflix

Esta serie se sitúa unas tres décadas después (algo más) de los acontecimientos que nos contaba Karate Kid. Los protagonistas de aquel histórico combate y han continuado sus vidas: Daniel Larusso tiene un exitoso negocio de venta de coches; Johnny Lawrence es un fracasado -según los criterios de nuestra sociedad, se entiende- que intenta reencaminar su vida personal y profesional abriendo un dojo de karate.

Es una serie, de la que ya tenemos disponibles tres temporadas maravillosas, con constantes referencias a aquella época de Karate Kid, con muchos actores en común (todos los principales, salvo el entrañable señor Miyagi). También es obligatorio destacar el maravilloso trabajo de los jóvenes. En general, un elenco que lo borda: Ralph Macchio, William Zabka, Xolo Maridueña, Martin Kove, Mary Mouser, Tanner Buchanan, Courtney Henggeler, Jakob Bertrand.

Se tocan temas que me parecen muy interesantes para cualquier adolescente -no solo para adolescentes-, como las relaciones personales, las artimañas profesionales, el acoso, la violencia, la venganza, el perdón y el crecimiento personal. Y valoro especialmente que los personajes nos ofrezcan todos sus perfiles: ni los buenos tienen siempre una conducta intachable, ni los malos carecen de capacidad de actuar bien. La vida misma.

Esta creación de Josh Heald, Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg es, en resumen, una producción que considero muy recomendable y que puede generar debates muy interesantes con nuestros hijos.

Rutinas que nos dan alas

Con mucha relación con un post reciente, en el que hablaba de los beneficios de la falta de libertad (es necesario leer el post para entender esto, advierto), quiero hoy hablar de los beneficios de las rutinas.

Establecer una rutina nos ayuda a ser más productivos, a ser mejores e incluso a gozar de más tiempo libre. Por contra, parar una rutina positiva puede hacernos no solamente perder el ritmo -obvio-, sino también evitar que volvamos a recuperarlo.

Con un par de ejemplos me explico mejor: cada día publico un post, desde hace aproximadamente un año. Cuando en otras ocasiones he intentado algo parecido, e incluso tras hilar muchos días haciéndolo, parar implicaba, casi, abandonar.

Con las tareas del trabajo que pueden resultarme más costosas hago también lo mismo: establezco una rutina que me ayuda a realizarlas. A ser posible, las coloco al inicio del día, de forma que cuando el mundo se pone en marcha yo ya tengo hechas mis tareas más engorrosas.

Felices buenas rutinas, amigos.

Propósitos de año nuevo

Antes de comenzar, quiero desearos a todos un año felicísimo. Este 2020 nos ha enseñado mucho, y de veras espero que cuando acabe esto (ojalá sea en el año 2021), seamos mejores.

Así que mis propósitos de este año van encaminados a ser mejor y a ayudar a hacer mejores a quienes me rodean.

  • un post al día: me ha encantado el reto, lo he cumplido, y quiero seguir haciéndolo.
  • inglés y francés: estudio diario. Este es otro reto que he conseguido y que quiero mantener. Todos los días, aprender o practicar un poquito de ambos idiomas. Si además puedo dar un salto cualitativo, mejor que mejor.
  • chino, árabe, sueco, navajo: al menos dos días por semana, quiero aprender un poquito de estos idiomas. En el 2020, sin ser un reto planeado, me he acercado a esos idiomas, quiero continuar.
  • proyectos propios: me gustaría retomar o poner en marcha al menos dos proyectos.
  • comercio local: es mi gran espinita y me la quiero sacar. Veo desde hace más de dos décadas cómo el comercio local está paralizado viendo cómo los grandes se llevan el trozo grande del pastel. Pondré mi granito de arena para enriquecer a ese comercio local, principalmente al de mi entorno.

Feliz año 2021, amigos.

Siempre el mismo examen

En la carrera, ya en ese último año el que hemos -o eso creíamos- visto de todo, en la asignatura de Cibernética, teníamos un profesor que siempre ponía el mismo examen. Y, además, lo decía al comienzo del curso. La pregunta -única- del examen era la siguiente:

Cuéntame todo lo que sepas de la asignatura.

Solamente había una diferencia y una falta de certidumbre: el tiempo que el profesor dejaba para resolver tal pregunta, porque no es lo mismo que tengas media hora para responder que que tengas cinco horas.

Y, con eso, el profesor podía saber perfectamente tu dominio de esa materia.

El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón

Nunca había leído nada de este autor, y ha sido precisamente en el año de su fallecimiento cuando me he acercado por vez primera a su obra. Gracias a mi hijo Dani: era una de las lecturas propuestas para este curso en su asignatura de Literatura y me lo recomendó. Y acepté su recomendación.

Es una obra para un público “juvenil”, si es que existen obras de ese tipo (el propio Ruiz Zafón huía de ese tipo de etiquetas), y nos describe las aventuras de una familia que, por culpa de la guerra (Segunda Guerra Mundial), decide mudarse a un tranquilo pueblo costero. Allí comienzan a suceder una serie de acontecimientos extraños que desembocan en un desenlace (al menos para mí, que hace mucho que no soy público juvenil), inesperado. He disfrutado leyendo este libro, y creo que eso es siempre el mejor cumplido que puede hacerse.

Más allá del argumento y de los sucesos extraños, hay algo que me ha encantado del libro: el uso tan maravilloso que hace del lenguaje. En estos tiempos en los que tendemos a simplificar al máximo lo que ofrecemos a nuestros jóvenes, tratándolos como si fueran tontos y logrando que no se ofendan por ello, El Príncipe de la Niebla no escatima detalles, adjetivos y expresiones que otros considerarían inapropiados para estas edades en las que juegan a juegos de mayores de 18 pero huyen de libros para mayores de 8.

Porque la única forma de subir una escalera es haciendo que cada escalón esté un poco más alto que el anterior.

Doy las gracias a Dani y a Patricia, su profesora de Lengua y Literatura, por haberme acercado esta obra.

Limitaciones que regalan libertad

Quiero compartir con vosotros un par de situaciones que aparentemente encierran sendas contradicciones. Pero no es así.

La primera tiene relación con mi trabajo. Durante años (muchos) trabajé de lunes a domingo, porque veía que si no no podría abarcar el trabajo (de hecho, así era en muchas ocasiones). Hace un par de años, por prescripción familiar, dejé de trabajar los fines de semana. Y lo hemos agradecido todos: familia, yo a nivel individual, proyectos… e incluso clientes. Lo que logré limitando mi tiempo fue mejorar mi organización y aumentar mi tranquilidad.

La segunda tiene relación con este blog: me marque dedicar los lunes a algún tema relacionado con educación, crianza, aprendizaje; me marque dedicar los miércoles a algún tema relacionado con el arte. Esta aparente limitación provoca que los lunes y los miércoles sean los días en los que menos siento esa falta de ideas que a veces nos acecha.

En resumen: ponernos obligaciones o límites nos puede proporcionar libertad y tiempo.

La wikiversidad

Bajo el paraguas de la Wikipedia han surgido multitud de proyecto usando su misma filosofía -y, en muchos casos, el mismo software. Recientemente he conocido este que os presento hoy, la Wikiversidad, una plataforma educativa. En ella se pueden crear, desarrollar, alojar y encontrar materiales educativos de libre distribución. Y, por supuesto, cualquiera puede colaborar.

Es un proyecto con un enorme potencial pero todavía muy desaprovechado en castellano (en inglés, como de costumbre, el panorama es diferente). Pese a ello, merece la pena echarle un vistazo. Y más aún, merece la pena animarse a colaborar.