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¿Quieres mejorar en cualquier disciplina?

Lo primero, trabájala, porque ya sabes que el trabajo gana al talento si el talento no trabaja lo suficiente. Así que, tengas o no talento para esa disciplina, trabaja. Equivócate. Acierta. Equivócate. Trabaja.

Intenta ser cada día un 1% mejor que el día anterior. Eso hará que al cabo de un año seas un (1.01)^365 mejor. Y eso es mucho, es más de 30 veces mejor que lo que eras al principio. El trabajo diario y constante es muy enriquecedor y da muy buenos resultados.

Estrategia para volver (pronto) a la vida normal

Quienes me seguís ya sabéis que el tema de la pandemia me preocupa, y mucho. Me parece fundamental volver a nuestra normalidad.

Así que planteo esto, a ver qué os parece:

  • Cuando un municipio llega a 0 casos diagnosticados en los últimos 7 días, se hace cierre perimetral de verdad: solamente se puede salir o entrar para situaciones de primera necesidad.
  • Si transcurren 7 días más y seguimos con 0 casos (ya son 0 casos diagnosticados en los últimos 14 días), se eliminan todas las restricciones dentro del municipio.
  • Si llevamos esos 14 días con 0 casos y el municipio es fronterizo con otros que hayan alcanzado el mismo nivel, se permite la movilidad entre ellos.

¿Qué inconveniente veis? Actividades como trabajar o estudiar no entrarían en lo que considero primera necesidad. Debería subvencionarse a trabajadores y empresas para compensar esas pérdidas. Y esas pérdidas serían menores que no seguir con la pandemia, que es lo que nos está pasando.

¿Qué os parece?

Profesores, emociones y lecciones magistrales

Mucho hablamos en estos tiempos de la importancia de las emociones. Importancia que, por supuesto, nadie niega. En nuestra defensa de las emociones caemos muchas veces en errores como la condescendencia o similares. Este recorrido que nos hace Andrés Rivera (@followero en twitter; seguidlo si aún no lo hacéis, por favor) es una maravillosa lección magistral. Disfrutadlo:

COVID y colegios: gracias, chicos; gracias, profes.

Hace aproximadamente un año compartí esta estremecedora imagen del semanario francés Charlie Hebdo, en la que se destacaba el peligro de retomar las clases presenciales.

Lo compartí porque veía ese gravísimo peligro, y porque daba por hecho que no llegarían los colegios abiertos a finales de septiembre. Y llegaron abiertos, en su gran mayoría. A finales de septiembre y también al final de curso. Gracias a la labor de alumnos y profesores (y -un poco de autobombo- seguro que también a mamás y papás educando e informando a los peques).

Es cierto que no hemos sabido la repercursión exacta de haber tenido las escuelas abiertas, ya que no se han hecho, por ejemplo, tests a toda la clase cuando ha habido un positivo (y bien podría ser que eso hubiera sido vía de contagio hacia fuera del cole, sin detectarse).

Tampoco se han tomado medidas del tipo, ante un positivo, confinar a todo alumno y profesor que haya compartido aula (en esto me basaba yo, sobre todo, para indicar que no llegaríamos a finales de septiembre); en ese sentido, se han relajado medidas con respecto a otros ámbitos (como también se han relajado en transporte, turismo o industria).

El panorama hoy es mucho mejor que hace un año: somos ya muchos los vacunados (incluso entre los alumnos de secundaria han comenzado ya las vacunaciones) y conocemos mejor la enfermedad. En todo caso, sigamos manteniendo medidas y -deseo imposible- reduciendo la ratio, como viene reclamando el profesorado desde hace ni se sabe.

Gracias, chicos; gracias, profes.

Adelántate a la materia

Hoy voy a comentar una sencilla costumbre que a mí me ha ayudado en mis estudios y que creo que puede ayudar a cualquiera: se trata, simplemente, de revisar la materia que se va a impartir antes de que el profesor la explique. Esto nos dotará de un conocimiento previo y, sobre todo, del esfuerzo mental de aproximarnos a la información. Nos coloca, en definitiva, en mejor situación.

Las ventajas son múltiples: cuando el profesor explica el tema ya no es desconocido, lo cual nos permitirá seguir el desarrollo y atender con más comodidad; por otra parte, podremos hacer preguntas más razonables y mejores, que nos van a permitir profundizar en la materia de un modo que no habríamos hecho; finalmente, tener una visión global del tema que el profesor está desarrollando nos permite ubicar en el lugar correspondiente la información que recibimos (sabremos si es simplemente un preámbulo, si es la parte principal o si son las conclusiones, por ejemplo).

Espero que, como a mí me ha servido, te sirva a ti también. Feliz aprendizaje.

Feminista y nigeriano

Como supongo que muchos sabréis, en España (no solamente en España, pero hablo de lo que conozco) ha existido desde siempre la tradición de hacer fiestas con animales: cabras, pavos, gallinas, toros; sobre todo, toros. Y no solamente en el formato corrida de toros, también en los llamados encierros (en donde un toro o un grupo de toros se suelta por las calles, en una ruta que generalmente acaba en una plaza de toros). No es popular o tradicional en toda España, sino que hay zonas en donde no existe la tradición y zonas en las que está completamente arraigada.

Estamos en una época en la que, por suerte, se está comprendiendo que hacer una fiesta de la muerte y del dolor quizá no esté bien; pero también estamos en una época en la que, por desgracia, muchos valores y derechos en los que se ha avanzado están siendo cuestionados por un sector de la población.

Y, según leo, han confluido los factores negativos en una corrida de toros: la propia corrida de toros, el racismo (con un toro llamado nigeriano) y el machismo (con un toro llamado feminista).

No sé si pretendíais hacer una gracia pero, desde luego, os habéis retratado.

Quien bien te quiere

Lo sabemos todos: los verdaderos amigos y personas que nos quieren son aquellos que no siempre nos dan la razón (es muy fácil, facilísimo, dar siempre la razón y hacer que el receptor sienta que «esta persona siempre me apoya», cuando realmente es todo lo contrario).

Hoy he leído un testimonio maravilloso de una hija que cuenta cómo su madre, hace ya décadas, la sentó un día, le hizo saber que estaba al tanto de su consumo de drogas, y le dejó claro que solamente había dos alternativas: o control estricto, sin dejarla salir de casa; o tratamiento. Literalmente «I WILL NOT bury my precious little girl» (no voy a enterrar a mi preciosa pequeña). La mujer que es hoy aquella preciosa pequeña agradece a su madre su determinación y, en resumen, su amor.

Este es un buen ejemplo del «quien bien te quiere te hará llorar», frente al más bonito, más cómodo y más carente de amor «quien bien te quiere te hará soñar» (que también).

¿Somos más tontos?

Como sociedad, hablo. Y, en particular, me centro en los jóvenes. Personalmente percibo que mientras que los contenidos que se tocan son quizá más completos y complejos que los de nuestra época, la forma de aproximarse a ellos y la forma de evaluar el conocimiento adquirido es menos exigente. Y me apena especialmente la razón tras esa menor exigencia: ese consenso adquirido de que nuestros jóvenes no deben ser exigidos.

¿Por qué? No son más tontos que nosotros, pero estamos haciendo todo lo posible por que lo sean.

Mariposas, de Elizabeth Hargrave (Devir Iberia)

Cada primavera, millones de mariposas monarca salen de Michoacán, en el centro de México, dispersándose por el este de Estados Unidos y Canadá, en vuelos de hasta 40 kilómetros diarios. Cuando llega el otoño, también millones de esas mariposas regresan a México. Ya no son las que se fueron, sino que han pasado varias generaciones. Estas vivirán unos siete u ocho meses y, al llegar la siguiente primavera, se repetirá el ciclo. Las que llegan a México viven, como hemos dicho, esos meses: sus hijas y nietas, las que realizan la ruta migratoria, viven solamente unas semanas. Es una especie que está en peligro, así que las “paradas para monarcas”, jardines que intentan compensar la pérdida de algodoncillo (única fuente de alimento), son de gran importancia.

Tras conocer este proceso migratorio, Elizabeth Hargrave decidió hacer este maravilloso juego. Es un juego para un número de jugadores entre 2 y 5 y para una edad a partir de 14 años. La duración de una partida es, aproximadamente, de una hora (entre 45’ y 75’).

El objetivo es, como podemos suponer, realizar el recorrido de las mariposas monarca, así que comenzamos colocando una de nuestras mariposas en la gran casilla de Michoacán. Hay mariposas de cuatro generaciones (1-4); aquí colocaremos, lógicamente, la de generación 1.

Existen las llamadas “cartas de acciones”, que nos indican qué debemos realizar en nuestro turno. Estas cartas son del tipo “mueve una mariposa cuatro casillas” o “avanza dos mariposas dos casillas”. Según en donde caigamos, podemos realizar diferentes tareas, como reproducirnos (si caemos al lado de un algodoncillo y tenemos suficientes flores), recoger una flor (si caemos en una flor o en una parada -en una ciudad- creada por humanos). Las fichas de parada pueden darnos una carta de ciclo vital (que recorren el ciclo vital de las mariposas: huevo, oruga, crisálida, adulta); completar un ciclo vital nos dará beneficios extra (como una mariposa, un turno o un punto, por ejemplo).

Al igual que en la vida real, cada viaje y cada estación son unas aventuras diferentes. Por eso, en cada partida, se escogen al azar tres cartas de objetivos de estaciones -una por estación- que pueden cambiar por completo la estrategia de la partida.

Tras cada estación, y basándonos en cómo se haya desenvuelto esa fase de la partida, obtendremos una puntuación. La suma de las puntuaciones de las tres estaciones (primavera, verano, otoño) es nuestra puntuación final.

No quiero terminar sin decir que, además de ser un juego muy bien pensado y con una alta carga de conciencia medioambiental, es estéticamente precioso: nos ha gustado el grafismo, el tablero… incluso la caja. Y mención especial para esas mariposas de madera que se van a desplazar por el mapa.

Os dejo aquí una deliciosa entrevista a Elizabeth Hargrave, realizada por Benjamín Amorín, de Devir Iberia.

Héroes

Hoy se ha celebrado la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, marcada de principio a fin -como supondréis o sabréis- por esta pandemia que nos asuela. De no ser por mi querida hermanita, se me habría pasado por alto (la ceremonia, no los Juegos), así que hemos podido disfrutarla.

Y me ha emocionado hasta la lágrima ver los últimos relevos de esa antorcha olímpica que nos trae el sol de Atenas. Dos de esos relevos, especialmente:

Uno, formado por una pareja de profesionales de la sanidad. Mi pensamiento vuela hacia aquellos que dieron su vida (o aquellos que no dudaron en ir a trabajar aunque su vida pudiera estar en riesgo), a quienes cuidaron a los seres queridos que sufrieron gravemente esta pandemia, a todos los profesionales sanitarios, a la tía Luci y a Inés Lobeira, y a todos los médicos, enfermeras y demás personal sanitario que en el mundo han sido. Héroes.

El otro, formado por un grupo de estudiantes. Aquí mi pensamiento va, lógicamente, a estos pequeños grandes héroes que se han marcado un curso en unas condiciones durísimas. Aleixo, Ana, Lucas, Irene, Dani. Héroes.

Héroes. En esos últimos relevos habéis estado vosotros.