Caza de brujas y caza de cazadores de brujas

Las nuevas tecnologías en general e Internet en particular ha hecho que los buenos consejos se mezclen con los malos gurús. Hablo de la educación.

Vemos a profesores sin ilusión (aparente) y con métodos obsoletos (aparentemente) y rápidamente proponemos soluciones que nos parecen más que lógicas. (Yo también). Pero quienes proponemos esas soluciones tan sencillas nunca nos hemos enfrentado (enfrentado, la palabra dice demasiado) a grupos de 25 chavales sin apenas motivación para aprender y motivación excesiva por hacerse notar. Y los papás decimos que los profesores son quienes tienen que buscar orientar bien esa motivación. Y los profesores dicen que qué caray, que no son monos de feria cuyo objetivo es entretener, sino que están para enseñar.

Y a esto unimos que el profesorado siente que se les ubica como los malos de la peli, que hay una caza de brujas contra ellos. Así que cuando reciben una crítica, rápidamente la meten en el saco de “otra más” y de “a este quería verlo yo frente a la clase, un miércoles cualquiera”.

¿Qué soluciones tenemos? Los padres -que es lo que me toca-, la misión de hacer ver a nuestros hijos el maravilloso regalo que es poder formarse, y que esos centro y esos profesores que tan gustosamente pagamos merecen todo el respeto y están para ayudarnos a crecer. Los profesores: autocrítica, ganas de seguir creciendo, y acceso a los recursos que necesiten (en forma de reducir la ratio, de disfrutar de más medios, de enseñarles a gestionar situaciones complicadas). El alumnado: responsabilidad acorde a su edad.

Disfrutemos de esta bendita suerte, amigos.

Derechas frente a izquierdas bajo el prisma de la educación

El extraordinario libro The Information is Beautiful, que os recomiendo encarecidamente, nos muestra unas infografías magníficas, para explicar mil y un temas diferentes. Hay una que me parece especialmente completa, en la que se nos definen las diferencias entre derechas e izquierdas. Dentro de esa infografía, quiero centrarme en la parte que se refiere a la educación. Fijaos qué descriptivo:

Uno nos ofrece una atmósfera de premios y castigos (educación, dirán unos; amaestramiento, dirán los otros), provocando una relación basada en el respeto y el miedo; el otro, una atmósfera de protección y comunicación (hiperprotección, dirán unos; amor, dirán los otros), provocando una relación basada en el respeto y en la confianza. Desafortunadamente, los premios y castigos son la base habitual sobre la que se construyen muchas familias: más cómodo, desde luego, pero más dañino. Está claro que si nuestros votos tuvieran que ser coherentes con nuestro comportamiento, arrasarían las derechas.

Vertellis. Cuéntame más.

Vertellis (Cuéntame más en neerlandés) es una pequeña empresa de los Países Bajos que se ha propuesto, ehm… (estoy pensando cómo decirlo sin resultar exagerado)… cambiar el mundo.

Vivimos en una sociedad en la que la tecnología (bienvenida sea) nos une como nunca, pero a la vez también nos separa, y hace que nuestras conversaciones sean cada vez menos profundas y, por lo tanto, que cada vez nos conozcamos menos.

Además de una preciosa agenda mindfulness (Vertellis Chapters) que no he tenido la ocasión de probar, pero que tiene una pinta magnífica (es un libro/diario guiado de autorreflexión con preguntas, textos e historias dirigido a jóvenes y adultos; ayuda a crear un espacio de autoconocimiento y cuidado personal), esta empresa nos ofrece una colección de diferentes juegos de cartas, encaminadas a mejorar la comunicación en diferentes entornos:

  • Edición Clásica: juego dirigido a cualquier persona adulta. Preguntas de autorreflexión para compartir con la familia, los amigos o compañeros de trabajo. Las preguntas ayudan a crear conversaciones interesantes, fomenta la escucha activa y ayuda a crear una conexión real y sincera.
  • Edición Familiar: dirigida especialmente a núcleos familiares. Hay preguntas relacionadas con las rutinas de la familia, los deseos de cada persona, los recuerdos juntos, los planes futuros, o preguntas para dar la oportunidad de hablar de aquellos temas de los que aún no nos hemos atrevido a hablar.
  • Edición Parejas: buscando mejorar (o retomar, que a veces las mamás/papás lo tenemos difícil) la comunicación dentro de la pareja. Las preguntas de este juego tratan los recuerdos en común, las experiencias personales, los sueños y planes de pareja, los proyectos personales y proyectos en pareja, las opiniones sobre diversos temas, etc.

Con seguridad en el futuro habrá más opciones: pienso en un Vertellis para equipos deportivos, para empresas, o para colegios interesados en acabar con bullying; estoy seguro de que las mentes pensantes de la empresa han sopesado ya algunas de esas opciones y más.

La dinámica del juego es muy sencilla: básicamente consiste en ir tomando cartas del mazo y responder a la pregunta que se nos plantea. No son preguntas complicadas ni -por supuesto- con mala intención, sino todo lo contrario: preguntas enfocadas hacia mejorar el buen rollo, la confianza, la comunicación y el amor entre los jugadores. Las instrucciones nos ofrecen un modo de ver quién gana la partida, si es que queremos tal cosa. Pero la realidad es que en este juego ganan todos los jugadores.

La versión que hemos disfrutado es la Vertellis Edición Parejas, y no puedo evitar recomendárosla mucho: mejorar el conocimiento entre vosotros va a repercutir, para bien no solamente en la pareja, sino en cada uno de vosotros y en todo vuestro entorno. Si no tenéis regalo pensado para este San Valentín (o aunque lo tengáis pensado), os recomiendo encarecidamente este Vertellis Edición Parejas. Si no os llega a tiempo (ya que estamos muy cerca de la fecha), también os animo, ya que cualquier día es bueno para mejorar las relaciones con las personas a las que amamos.

El test de Bechdel

Este test, planteado públicamente por primera vez por Alison Bechdel tras una sugerencia de su amiga Liz Wallace (motivo por el que también se conoce como test de Bechdel-Wallace) consiste en evaluar, ante cualquier obra narrativa (cómic, novela, película) si cumple las siguientes condiciones:

  • aparecen al menos dos personajes femeninos
  • estos personajes se hablan entre sí
  • y hablan de algo distinto a un hombre

Aunque parecen tres condiciones muy fáciles de cumplir, resulta que no es tan fácil encontrar obras que la cumplan.

Se han planteado también algunos tests similares relacionados con otros campos en donde es fácil que aparezca discriminación, como LGTB o racismo.

Lo primero, el trabajo

Estamos en época de gripes, catarros y demás, sobre todo entre los niños. En el cole de nuestros hijos está faltando un buen porcentaje del alumnado. Y se me ha ocurrido pensar qué sucedería si, por ejemplo, el colegio tuviera que decretar el cierre durante una semana, por precaución. Seguramente sería un buen problema para muchas familias. Y, lo que es peor, vemos normal que lo sea.

Hemos llegado a una sociedad en la que lo primero es el trabajo (es decir, el dinero). Y lo tenemos interiorizado y normalizado, como decíamos. Eso sí, cuando llega el final de la vida (de la nuestra o de la de otros), lo que lamentamos no es el dinero no ganado, sino el tiempo no disfrutado con los nuestros.

Nunca es tarde para replantearnos esto.

Javier Santaolalla (Youtubers con los que dejarías a tus hijos, 7)

Javier Santaolalla es ingeniero de Telecomunicaciones, doctor en Física de partículas y divulgador. En sus canales de YouTube nos revela, con su inconfundible, cercano y ameno estilo, los secretos y misterios de la Física.

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<li><a href=“https://www.youtube.com/channel/UCns-8DssCBba7M4nu7wk7Aw”>Date un voltio</a> (en YouTube)</li>
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¿Y cuál es la edad “normal” para comenzar a caminar?

Aunque ya sabemos que, visto de cerca, nadie es normal, la pregunta es recurrente. Y no solamente para caminar, sino para casi todos los aspectos de la evolución de nuestros bebés (y no tan bebés): caminar, hablar, comer, dormir, pañales y demás.

Y aunque es cierto que cada niño tiene su ritmo, sí que existen entornos que favorecen el adelantamiento o retraso de la habilidad de caminar. Citaré los dos ejemplos que considero extremos (si alguien conoce otros extremos, lo modificaré con gusto): los indios ache, del Amazonas, retrasan todo lo posible la edad de comenzar a caminar, situándola en los cuatro años. Es una cifra que desde luego nos puede parecer exagerada en occidente, pero con seguridad va ligada a la supervivencia de la tribu: imagino que si un niño de un año pudiera despistarse fácilmente en la selva, encontraría una muerte segura. El otro extremo nos lo ofrecen los indios !kung del Kalahari (esa admiración es forma en la que hemos intentado expresar el sonido que hacen con su lengua en el paladar y usan para comunicarse), en donde la edad media para comenzar a caminar está en ocho-nueve meses. Al igual que sucedía con los ache, esta precocidad también supone una gran ventaja para una tribu acostumbrada a caminar por un desierto.

Y si has llegado aquí intentando tener una respuesta más concreta para los bebés de la sociedad occidental, te diré que suele hablarse de algún momento entre los ocho y los dieciséis meses.

¡No le des opciones!

Esta historia sucedió en un colegio cualquiera, con un profesor cualquiera, con un niño cualquiera y con su papá. Pero podía haber sucedido, desde luego, en cualquier otro lugar y con cualesquiera otros protagonistas.

El niño y el papá estaban a punto de entrar en el cole, pero el niño necesitaba un poco más de tiempo, así que ambos se fueron a sentar tranquilamente en un banco para conversar. Los demás niños ya habían entrado, y la zona estaba ya vacía. Un profesor que, desde dentro, presenció la situación, se acercó para mantener una distancia que le permitiera intervenir, si lo consideraba necesario (con la mejor de las intenciones, estamos seguros).

El papá y el niño siguieron hablando y, en un momento dado, el papá le dijo al niño «¿Qué prefieres, cariño, entrar en el cole o volver para casa?» En ese momento, el profesor actuó como si le hubieran dado a un botón:

«¡No le des opciones!»

No le des opciones. Como si esa posibilidad tuviera alguna validez. Como si fuera aceptable eliminar la posibilidad de decir no. Como si impedir actuar mal (si es que se pudiera considerar así la opción de volver a casa) ayudara de algún modo a que el niño siga creciendo y evolucionando.

Por favor, que tengamos siempre las opciones disponibles y criterio para decidir bien.

Tengo una infección en la oreja izquierda

No, no soy yo quien la tiene. Ni soy yo quien dijo esta frase a su médico. Ni tiene mucho mérito decirla. La frase la dijo Michael Kearny. Y quizá pienses que eso, en sí mismo, tampoco lo convierte en meritorio.

Michael comenzó a hablar a la edad de cuatro meses. Y aquel dolor de oídos que lo llevó al pediatra sucedió cuando el niño tenía seis meses. Y fue ahí cuando soltó la perla.

Cuatro meses más tarde aprendió a leer. Y contando con cuatro años consiguió la máxima calificación en el programa de la John Hopkins para matemáticos precoces… sin haber estudiado específicamente para el examen.

Nacido en 1984, ha estudiado Química, Antropología, Bioquímica e Informática.

Somos racistas

Hemos visto todos la escena. Si no la habéis visto (y queréis hacerlo) no os costará esfuerzo alguno encontrarla en las redes. En la BBC entrevistaban al experto en relaciones internacionales y profesor universitario Robert Kelly. En un momento de la entrevista entra un pequeño corriendo y, tras él, una mujer con rasgos orientales. E inmediatamente -viva nuestro racismo- interpretamos que es su asistenta/sirvienta.

Pues no: es su esposa. Pero todas las personas a las que he preguntado (me incluyo) asumimos que era parte del personal de servicio por ser oriental.

Qué poco nos cuesta ser racistas (o machistas), debido a que vivimos en una sociedad que lo es, nos guste o no. Debemos estar muy atentos para no caer en los micro (o macro) racismos y machismos.