Archivo de la categoría: Historia

El origen de la expresión «prueba de fuego»

Nos vamos, una vez más a la Edad Media, a esos juicios (mezclamos aquí siempre leyenda y realidad) en los que la prueba para demostrar la inocencia era someterse al fuego y no quemarse: una prueba de fuego que podía confirmar culpabilidades o inocencias.

De ahí viene la expresión que tratamos hoy, una prueba definitiva que nos va a confirmar si vamos o no por el buen camino.

2021 nos recuerda a 1941

Me encuentro leyendo estos días el libro Los niños de Irena (Tilar J. Mazzeo), que nos cuenta la historia de Irena Sendler, salvadora de miles de niños durante la Segunda Guerra Mundial. Otro día os hablaré más de ella, pero hoy quiero compartir esta página, que me ha hecho pensar que este 2021 tiene demasiado de aquel 1941: la posibilidad de la agresión por la calle si no vas con la pareja aceptable, el hecho de que haya personas señaladas para recibir palizas (y esa parte de la población que mira para otro lado) y, finalmente, esa epidemia y su cuarentena.

La Cruz del Valle de los Caídos (de Muguruza, Méndez y Ávalos)

Hoy nos encontramos ante un monumento de los que encogen el alma, fundamentalmente por sus descomunales dimensiones.

En lo alto del risco de la Nava se alza este monumento, considerada la mayor cruz existente. Tiene una altura de 150 metros y sus brazos miden 46 metros de uno a otro extremo.

Pero más allá de la esbeltez y altura de la cruz, obra de los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez, me gustaría centrar mi atención en las -aparentemente- pequeñas esculturas que están al pie: los cuatro evangelistas (Marcos, Mateo, Lucas y Juan) junto con sus tetramorfos (respectivamente, el león, el hombre, el toro y el águila). Estas esculturas, a cuyo pie se puede llegar tras un bonito paseo, y que nos parecen pequeñas desde la distancia -lo son, en comparación con la cruz- son también descomunales: miden 25 metros de altura (el conjunto de cada evangelista y su tetramorfo). Estas obras de Juan de Ávalos se convierten en gigantes cuando estamos a su lado.

El conjunto del Valle de los Caídos (basílica, monasterio, cruz) fue una obra que el régimen de Franco construyó tras su victoria en la Guerra Civil. Resulta difícil dejar pasar por alto este hecho. Para algunos monumento de reconciliación, para muchos monumento de ensalzamiento, en él reposan los cadáveres de miles de personas (sin autorización de sus familiares, en muchos casos), testigos mudos de una época y de unos hechos que conviene siempre tener presentes para que nunca se vuelvan a repetir.

El castillo de Neuschwanstein, en Baviera

Nos vamos a la localidad bávara de Füssen y, en sus cercanías, encontramos este Nuevo cisne de piedra, que es esto lo que significa Neuschwanstein en el idioma de nuestros amigos alemanes. Nuevo, porque el «viejo» es el castillo en el que nació Luis II de Baviera, El Rey Loco. Bendita locura la suya, que le llevó a edificar en el siglo XIX este castillo siguiendo estilos de siglos atrás. Estamos en el siglo XIX, decíamos, en una época en la que ya no eran necesarios los castillos y su función defensiva.

Pero a nuestro rey eso le encantaba, así que no escatimó dineros y esfuerzos en ello. Y nos ha quedado una joya que por su belleza y ubicación se han convertido en uno de los monumentos más visitados de Alemania. Luis II apenas lo usó, pero su legado perdura en el tiempo.

Hay un par de detalles que siempre me gusta contar:

  • cuando lo visitamos -ignoramos si sigue siendo así- había que comprar la entrada con anticipación, y esa entrada era válida solamente durante unos minutos. Es decir, si llegabas antes o después, la entrada no servía. Qué alemán, ¿verdad?
  • cuando caía la noche sobre la montaña, el rey pedía a sus sirvientes que encendieran velas en las ventanas, mientras salía, embozado en sus ropajes, para asombrarse y disfrutar de la vista del castillo iluminado. Bendita locura, decíamos.
De Diego Delso, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=40231558

La vida en un minuto, de José Antonio Lucero

No conocía nada de este libro cuando me lo regalaron Dani, Irene y Clara, así que me acerqué a él con la ilusión de siempre, pero sin saber lo que me iba a encontrar.

Nos situamos en el comienzo de la posguerra, en un Madrid devastado que está comenzando a levantarse. A través del hilo conductor de Daniel Baldomero, el autor nos muestra la pobreza de quien ya no tiene casi nada material, pero mantiene la dignidad que le dan sus valores y su educación; nos muestra el esfuerzo extra que tiene que hacer una mujer que quiere avanzar en sus estudios, en su carrera o en sus relaciones. Y nos muestra el horror de las guerras, tristes si no es amor la empresa.

Lucero usa la excusa del accidente ferroviario que sucedió en Torre del Bierzo (León) en enero de 1944, para introducirnos en la vida de unos personajes que retrata perfectamente. Y aquí creo que está el principal mérito de La vida en un minuto: la asombrosa calidad de las descripciones de personas y de lugares. Julita y Daniel, por supuesto. Pero también las familias de ambos, también sus amigos -y sus enemigos. También los trabajadores ferroviarios. Es un verdadero disfrute para el lector, que puede ver sonrisas, escuchar bocinas, oler a carbonilla y sentir el frío berciano de las mañanas de invierno.

He sido muy feliz leyéndolo.

Para Irene, Dani y Clara.

El castillo de Valencia de Don Juan

En nuestra ruta turística nos vamos hoy a la provincia de León, a la localidad de Valencia de Don Juan. Allí podemos encontrar un castillo formidable que merece la pena ser visitado (preguntad horarios, por favor).

El castillo ha sido restaurado en gran parte, y ahora contiene un interesante museo en el que no solamente se habla del propio edificio y de su interesante historia, de sus asedios y de los ilustres que lo habitaron, sino también de quienes habitaron aquella zona muchos siglos antes de que se pusiera la primera piedra.

En el castillo destaca, sobre todo, su asombrosa torre del homenaje, desde la que no cuesta imaginarse lo fácil que era para los defensores de hace cinco siglos estar pendientes de cualquier posible ataque. Merece la pena observar el bello transcurrir del río Esla desde esta vista privilegiada.

Javier Revilla Casado, CC BY 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by/3.0, via Wikimedia Commons

Palácio da Brejoeira (en Monçao, Portugal)

Este palacio (palácio en portugués) es un edificio de estilo neoclásico del siglo XIX, obra de Carlos Amarante (1834). Junto con sus jardines, bosques y viñedos forma un conjunto único. En su interior se pueden visitar varios salones que mantienen su decoración (de los llamados estilo imperio y oriental). El palacio fue mandado construir por Luis Pereira Velho de Moscoso.

Os recomendamos que os apuntéis a la visita guiada, ya que aprovecharéis mucho mejor la visita. Cuando fuimos, las visitas guiadas eran en portugués, pero eso no fue problema para el disfrute y el aprendizaje.

En las antiguas caballerizas se ubica ahora una amplia tienda de enoturismo, utilizada también para exposiciones.

No tuvimos ocasión de disfrutar de un paseo por el bosque, pero estoy seguro de que es también una actividad que merece mucho la pena, más aún si se conocen y se pueden disfrutar las especies vegetales (poco habituales en algunos casos) que allí viven.

De Joseolgon – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4546985

El emperador plurilingüe

Hablo en latín con Dios, en francés con los hombres, en italiano con las mujeres, y en alemán con mi caballo.

Carlos I de España y Carlos V de Alemania

Buscando documentación para esta cita, me he encontrado con que aparece el español como idioma para comunicarse con Dios. Yo siempre había oído que ese idioma era el latín. Y que el español era para sus soldados. Y que el francés, para las mujeres. Así que he hecho una mezcla de mis recuerdos, mis criterios, y mi proceso de documentación. Eso sí: lo más importante es que en alemán, con mi caballo.

El túnel de Montefurado, en Quiroga (Lugo)

El oro de esa bonita zona fronteriza entre el este de Galicia y el oeste de León era muy apreciado por los romanos, que usaron todos sus conocimientos científicos e ingenieriles para conseguirlo.

Tenemos un buen ejemplo en Las Médulas, en donde usaron una técnica (ruina montium) consistente en agujerear la montaña y luego introducir agua a presión, facilitando así el proceso de encontrar oro. De aquellos métodos nos queda ahora un paisaje único.

Pero volvamos al túnel del que se quiere ocupar este post. El Sil llega, cargado de oro, y forma un meandro al encontrarse con una pared que no puede atravesar. Los romanos decidieron furar el monte para obligar al agua a ir por el camino fácil y desecar el meandro, convirtiendo la labor de recoger el oro en mucho más sencilla. Adicionalmente, tomaron las medidas adecuadas para que las aguas volvieran a su cauce cuando a ellos les pluguiera.

Así que, si visitáis la zona, os recomiendo acercaros a este rincón y observar ese túnel, hecho por esforzados obreros, que sirvió para que Roma pudiera presumir, en forma de joyas y ornamentos, de la belleza y de la riqueza que se encontraban en los confines de su imperio.

De Ramon Piñeiro – originally posted to Flickr as «MONTEFURADO» Túnel ROMANO – Quiroga – Lugo, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=9609190

Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández

Estamos en la Prisión Provincial de Torrijos, a mediados de 1939. Llega una carta de Josefina Manresa destinada a uno de los prisioneros, en donde le cuenta, entre otras desgracias, la difícil situación que están viviendo ella y el hijo de ambos, y que solamente tienen pan y cebolla para comer.

La desesperación del prisionero se transforma, como siempre, en creatividad, belleza y poesía. Y escribe las Nanas de la cebolla, una obra inmortal para su hijo y esposa.

Disfrutad de su belleza, por favor:

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
East facade of the Fundacion Fausta Elorz building, at 51 Calle del Conde de Penalver (street) in Salamanca district in Madrid (Spain). Projected in 1909 by Daniel Zavala Alvarez, and built from 1910 to 1914.