El derecho a la independencia

Pretendo que este post sea completamente genérico, aunque obviamente va a estar influenciado por un tema muy candente en estos días (Cataluña y su posible deseo de independencia de España). En este post pretendo analizar qué condiciones deberían darse para que un territorio consiga su independencia.

Motivos históricos
La historia parece ser uno de los argumentos de mayor peso: ¿estamos hablando de un territorio que a lo largo de la historia tuvo una fuerte identidad propia? ¿Fue un reino? ¿Cómo se anexionó al resto: mediante una guerra, mediante un acuerdo? En caso de anexionarse mediante un acuerdo, ¿se dejó una puerta abierta a la ruptura?

Decisión del pueblo (referendum)
Por una parte parece razonable que las personas podamos decidir, o influir en la decisión. Por otra, la historia avanza tan lentamente que parece demasiada responsabilidad dejar esas decisiones en una generación concreta (desde luego, no es el único caso en el que una generación decide el futuro de su territorio). Y dentro de la decisión del pueblo, ¿quiénes deberían tener derecho a elegir? ¿Los recién llegados? ¿Los que llevan ya un largo tiempo en el territorio? ¿Los nacidos allí? ¿Los autóctonos desde hace generaciones, para que hablemos de personas “con raíces”? ¿Volvemos a los “cristianos viejos”?

Acuerdo entre ambas partes
La independencia debería surgir como un acuerdo entre ambas partes. De otro modo, estaríamos permitiendo que una región muy rica abandonara al resto (quizá en algunos casos obviando la riqueza que el resto le ha traído, por ejemplo, en forma de mano de obra o talento) o que una región muy pobre fuera expulsada (supongamos que una región de España fuera muy pobre, necesitara de la ayuda del resto del país para sobrevivir, y el resto del país organizara un referendum por el cual la abandonan). Este acuerdo es una forma de evitar la falta de solidaridad que podría darse en algunos momentos de la historia en alguna zona.

Si un territorio puede decidir la independencia por su cuenta, ¿podría decidir la anexión por su cuenta?
En mi opinión sí, es el mismo proceso, la misma decisión (pertenezco a/no pertenezco a). Por eso creo que la decisión debe contar con todas las partes.

¿Y qué nombre le pondremos?
Otro argumento no menor. Si una parte de España abandonara España, ¿cómo se llamaría el resto?

Sin violencia
Me he dejado para el final lo más importante: por supuesto, este proceso debería siempre llevarse a cabo sin ningún tipo de violencia. Y, por supuesto, no debería nunca utilizarse el “que me voy” como medida de presión.

Los hombres muertos no cuentan cuentos

Benito había nacido en el barrio marinero de la ciudad de Pontevedra y, poco antes de cumplir los 18 años, se embarcó en el bergantín brasileño El defensor de Pedro, dedicado a la trata de esclavos. Allí fue el cabecilla de un motín que acabó con el capitán abandonado en África, parte de la tripulación propia pasada a cuchillo, Benito como capitán y el barco rebautizado como La Burla Negra. Tomaron rumbo a las Islas Azores y posteriormente a Cabo Verde, abordando los barcos que encontraban a su paso y realizando sanguinarias masacres en cada uno de ellos: Morning Star, Topaz, Sumbury, Melinda, Cessnok, New Prospect.

Con las bodegas -os podéis imaginar- más que repletas llegaron a La Coruña, haciéndose pasar el barco por el original El defensor de Pedro, y uno de los piratas por el legítimo capitán. Allí vendieron la mercancía y, tras una breve parada en Pontevedra para esconder el tesoro -todavía no se ha encontrado- tomaron rumbo hacia Cádiz. Y aquí toda la buena suerte que había tenido nuestro pirata se convirtió en mala: el vigía confundió el faro de la isla de León con el de Tarifa y La Burla Negra naufragó. Naufragio que habría quedado en poco o en nada si no fuera por la presencia aquellos días en Cádiz de uno de los supervivientes del Morning Star, al que no le costó nada identificarlos. Una decena de los piratas fueron ahorcados, pero no Benito, que -aún quedaba algo de suerte, parece- consiguió escapar. Escapó a Gibraltar, en donde sufrió el mismo fin que sus compañeros: ahorcado acusado de 75 asesinatos. Según nos cuentan, estuvo sereno, arrepentido e incluso un pelín chulito.

Queda para el recuerdo su historia, su máxima de “Los muertos no hablan” y ese tesoro que Benito Soto Aboal, el último pirata del Atlántico, dejó escondido entre los muros de la casa de las Campanas (o del Pitillo, según quien nos lo cuente) y que los actuales dueños de la casa se verán obligados a restituir a los herederos de Benito… si lo encuentran.

Para Rita y Elvi, las piratas que nos descubrieron a Benito Soto Aboal.

No, los dictadores no surgen del cariño

Últimamente estoy leyendo demasiados argumentos apoyando la teoría de que “de padres consentidores nacen hijos tiranos”. Obviamente, yo no estoy en las vidas de todas las familias, pero no conozco a nadie, absolutamente a nadie, que le consienta todo a sus hijos. Para bien o para mal, todos tenemos que decir “no” decenas de veces cada día. Esos noes, por supuesto, deben estar argumentados (por el bien de los hijos, por el bien de los padres, y por el bien de la relación a corto y -sobre todo- a largo plazo). Y me duelen especialmente, porque he oído argumentos de ese estilo al juez Emilio Calatayud, persona a la que admiro y que en muchísimos casos ha demostrado un gran sentido común. También a Pedro García Aguado (Hermano mayor), que se enfrenta a situaciones tremendamente complicadas.

No sé cuáles son los casos de esos “padres consentidores”, de los cuales nacen hijos tiranos. Lo que sí sé es que de padres violentos surgen almas completamente dañadas:

Hitler dijo que, de niño, era azotado a menudo por su padre. Años más tarde le dijo a su secretaria: «Entonces tomé la decisión de no llorar nunca más cuando mi padre me azotaba. Unos pocos días después tuve la oportunidad de poner a prueba mi voluntad. Mi madre, asustada, se escondió en frente de la puerta. En cuanto a mí, conté silenciosamente los golpes del palo que azotaba mi trasero».

El comportamiento de su padre en casa fue autoritario, rayando la violencia, siempre malhumorado, no admitía que se le contradijese, y los cuatro hermanos —Francisco [Franco] en menor medida, dado su carácter retraído y apocado— sufrieron lo que hoy se consideraría malos tratos.

No tengo nada más que añadir, Señoría.

(Las citas las he tomado de la Wikipedia)

El muro de México a vista de dron

Lo primero que pensó Jonathan Lee, profesor en la ciudad de Tecate, cuando escuchó que Trump quería construir un muro fue: ¿será más grueso? ¿estará electrificado? ¿tendrá dos pisos?. Porque él, cada día al abrir los ojos, lo primero que ve es la placa metálica, ocre y oxidada que levantó Bill Clinton en 1994 a 20 metros de su cama.

Origen: Fotos: El muro de México a vista de dron | Internacional | EL PAÍS

Siempre que aparece un tema relacionado con fronteras me viene a la mente las preciosas y certeras palabras de Carl Sagan sobre ese “punto azul pálido” que es el planeta Tierra, colgado en el infinito.

Déjame que te cuente, de Fran Zabaleta

Hace unas pocas semanas descubrí a Fran Zabaleta y a sus vídeos. Este escritor, gran conocedor de la historia gallega, nos obsequia con unos vídeos que son una auténtica delicia. De verdad, si eres gallego o turista en Galicia (y aunque no seas ninguna de las dos cosas), te recomiendo disfrutar de la serie de vídeos “Déjame que te cuente” en la que Zabaleta recorre varios lugares de importancia histórica y nos deleita con sus explicaciones. Por ahora (enero 2017) ya tenemos el Facho de Donón, el monte Lobeira, el campamento romano de Porto, la fortaleza perdida de Castrelo de Miño, la laguna de Antela y Pena Corneira. Son todos los vídeos muy breves, lo cual los convierte en doblemente buenos.

El ángel rojo

Su nombre era Melchor Rodríguez García, y fue el último alcalde republicano de Madrid. Este anarquista detuvo las sacas de presos que se realizaban en Madrid, que terminaban con fusilamientos masivos en Paracuellos del Jarama. Se calcula que salvó la vida a más de 12.000 personas y veló por los derechos de los presos en las cárceles. Finalizada la guerra, no tuvo ningún beneficio especial y fue condenado a muerte. En ese juicio se produjo una situación curiosa (pero lógica). Habiendo preguntado el juez si alguien tenía algo que alegar, el general Muñoz Grandes (al que Melchor había salvado la vida) intervino en su favor, mostrando un listado de miles de personas que también debían la vida a el ángel rojo. Finalmente, esa pena de muerte fue anulada.

A su entierro, ya en el tardofranquismo (1972) acudieron, como no podía ser de otra manera, personas de ambos bandos: cruz sobre el féretro, bandera anarquista cubriéndolo, y sonando el himno de “A las barricadas”.

Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas.

(Melchor Rodríguez García, el ángel rojo)

Nuestra memoria histórica debería tener siempre presente a personas como Melchor.

Placa a Melchor Rodríguez García.JPG
De CarlosVdeHabsburgoTrabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38865212

En busca de la santidad

Este mapa nos indica los lugares de Europa que tienen la palabra “santo” (en cualquier lengua) en su nombre:

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Me parece muy destacable -que no sorprendente- el caso de Galicia. ¿A qué creéis que se debe? Se me ocurren algunas razones: nuestra propia idiosincrasia, la cercanía de Santiago o el menor influjo musulmán (711-1492) con respecto a otras regiones de la península. Por otra parte, esa zona de mayor “santidad” no abarca estrictamente Galicia, sino que también incluye Asturias y desde Lisboa hacia arriba. ¿Qué comentarios tenéis al respecto?

Experimento Stuka

De todos es conocido el bombardeo de Gernika, durante la Guerra Civil española. Tras él, Franco pidió a los alemanes que no volvieran a bombardear objetivos civiles (o, al menos, objetivos que no estuvieran en la línea del frente). Desafortunadamente, eso no se cumplió, y cuatro pueblos de El Maestrat, en Castellón, fueron bombardeados. Los niños pensaban -en su inocencia- que lo que soltaban los aviones no eran bombas, sino paja. Ahora se está realizando un documental que pretende mostrarnos la triste realidad de todo aquello.

Tristes guerras, si no es amor la empresa.

Diógenes, el cínico

«El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe».

Esta gran verdad es atribuida a uno de los hombres más especiales que han existido: Diógenes. Contaré las dos anécdotas más conocidas, que ilustran perfectamente la forma de pensar y la estatura moral de este hombre:

Se dice que recorría -en pleno día- las calles de Atenas, con un farol, buscando a un hombre. Un hombre digno de tal apelativo, un hombre honesto. Esto me recuerda (aunque daría para otro post) a lo que buscan las personas de mi generación cuando están en busca de pareja (una búsqueda mucho más exigente que la de dos décadas atrás, por otra parte).

La otra anécdota nos cuenta que el bueno de Diógenes se encontraba tumbado y el gran Alejandro Magno, acercándose a él, le preguntó qué deseaba. La respuesta fue tan rotunda como inmediata: “apártate, quiero que me dé el sol”. Cuando los acompañantes de Alejandro reprocharon aquella respuesta, recibieron también una dosis de sabiduría de parte de su señor: “Si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”.