Moisés, de Miguel Ángel

Estamos hoy ante otro de esos trozos de mármol que el genio florentino transformó en vida. «Habla», se dice que le dijo Miguel Ángel al Moisés recién creado.

Fue planeado inicialmente para adornar la tumba de Julio II y nos muestra a Moisés, guía del pueblo judío hacia la tierra prometida, con las Tablas de la Ley en sus manos y un gesto airado, con sus ropajes cayendo sobre sus robustas piernas.

Está dotado de dos cuernos, para los que se han dado numerosas explicaciones; os cuento la que más me gusta: en su emplazamiento original (pensado para ser visto desde abajo) los cuernos no serían visibles, pero sí la luz reflejada en ellos.

No pudo Moisés escoger a mejor escultor para devolverlo a la vida.

https://twitter.com/guillenpacheco1/status/1584975107122139136

Bramante y su rivalidad con Miguel Ángel

El Papa Julio II decidió que la bóveda de la Capilla Sixtina debía ser pintada. Sólo faltaba (casi nada) encontrar a un pintor capaz de hacerlo.

El arquitecto italiano Bramante era un acérrimo enemigo de Miguel Ángel. Y, como buen enemigo, lo conocía bien. Sabedor de que las pinturas al fresco no eran lo suyo, decidió dejarlo en mal lugar. Y convenció a Julio II para que eligiera a Miguel Ángel para realizar ese proyecto.

El resto, queridos amigos, es Historia 🙂

The Sistine Chapel (fotografía de Antoine Taveneaux)

Hay dos anécdotas que me gustan especialmente con respecto a la creación de esta obra:

La primera se describe en la película «The Agony and the Ecstasy»: el Papa, inquieto como cualquier cliente, muchas veces más preocupado de que las cosas se acaben pronto que de que se acaben bien, no cesaba de preguntar a Miguel Ángel «¿Cuándo acabas? ¿Cuándo terminas?» La respuesta del genio era siempre nítida: «Cuando termine».

La segunda tiene relación con que el Papa quería adornar las figuras con oro. Miguel Ángel se negó. «Quedará pobre», dijo el Papa. «Ellos eran pobres», respondió el artista.

Para Louma ;-*