Sobre lo público y lo privado

No es nuevo, pero esta pandemia ha reactivado el debate entre lo público y lo privado, sobre todo en lo que se refiere a la Sanidad; también -en menor medida- en lo que se refiere a Educación.

Voy a plasmar aquí algunas reflexiones-opiniones sobre el ámbito de la Sanidad. Espero vuestras opiniones, con especial interés las que difieran de las mías.

Debe existir sanidad pública, universal y sin coste extra (más allá de nuestros impuestos y cuotas); debe existir la posibilidad de que exista sanidad privada.

Ambas sanidades deben cumplir los más altos estándares, desde el trato al cliente/paciente hasta los diagnósticos y tratamientos, pasando por los salarios y condiciones de los trabajadores.

La sanidad privada puede recibir subvenciones del estado, ya que está realizando una labor beneficiosa; la sanidad privada debe estar a disposición del estado cuando este lo necesite.

La existencia de sanidad privada es un complemento necesario en situaciones de desbordamiento de la sanidad pública.

Es tremendamente fácil caer en denostar la sanidad privada: un tremendo error, en mi humilde opinión. Espero las vuestras 🙂

¿A qué nos puede ayudar este pánico por el Covid-19?

El pánico como tal, no a mucho, pero sí veo unas cuantas costumbres que podríamos incorporar ya para siempre a nuestras vidas:

  1. Lavado de manos / toser en el codo / desechar los pañuelos desechables.
  2. Potenciar el teletrabajo.
  3. Potenciar la formación a distancia.
  4. Incrementar el uso de tarjetas de crédito frente a dinero en efectivo.

Lo primero, el trabajo

Estamos en época de gripes, catarros y demás, sobre todo entre los niños. En el cole de nuestros hijos está faltando un buen porcentaje del alumnado. Y se me ha ocurrido pensar qué sucedería si, por ejemplo, el colegio tuviera que decretar el cierre durante una semana, por precaución. Seguramente sería un buen problema para muchas familias. Y, lo que es peor, vemos normal que lo sea.

Hemos llegado a una sociedad en la que lo primero es el trabajo (es decir, el dinero). Y lo tenemos interiorizado y normalizado, como decíamos. Eso sí, cuando llega el final de la vida (de la nuestra o de la de otros), lo que lamentamos no es el dinero no ganado, sino el tiempo no disfrutado con los nuestros.

Nunca es tarde para replantearnos esto.

¿Eres coherente a la hora de tomar decisiones económicas?

La duda

Entre las alternativas siguientes, ¿qué escogerías?

  1. Me dan 1.000 euros dentro de un año o me dan 2.000 euros dentro de un año y un día: la mayoría preferimos esperar ese año y un día. Son 1.000 euros por esperar un día.
  2. Me dan 1.000 euros hoy o me dan 2.000 euros mañana: la cosa cambia. Ya es posible que prefiramos los 1.000 euros hoy.

¿Veis la incoherencia? Y tú, ¿eres coherente?

Otro par de alternativas:

  1. Una caja de 100 DVD me cuesta 50 € en mi localidad, pero en una localidad cercana, a media hora de coche, me cuesta 25 €. ¿Dónde los compras?
  2. Un frigorífico me cuesta 650 € en mi localidad, pero en una localidad cercana, a media hora de coche, me cuesta 625 €. ¿Dónde lo compras?

¿Qué opción escogerías tú? ¿Eres coherente?