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¿Qué es el sursuncorda?

La expresión alude al poder de alguien con capacidad de decisión… y a nuestra decisión de no hacerle caso: “ni aunque lo diga el sursuncorda”.

Proviene de la expresión litúrgica latina “sursum corda”, que significa “arriba los corazones” (en la liturgia actual, “levantemos el corazón”).

E imagino -que no lo sé- que ese significado viene de referirse a ese Señor ante el cual se levantan los corazones.

El velatorio de Manuel de Senín, de José María Castroviejo

Mi muy querido abuelo, tras sus intensas jornadas de pesca o de trabajo en defensa de los derechos de los marineros, recogía en lo que acabaron siendo sus memorias los detalles, las curiosidades y las dificultades que adornaban su día a día.

Su nieto, mi también muy querido primo Luis, convirtió esos documentos en un libro imprescindible. Y lo adornó con un delicioso prólogo que nos dibuja, con un par de pinceladas, una familia y una vida enteras. Y en ese prólogo se hace referencia a una historia que mi abuelo solía contar en las largas y oscuras noches de invierno y que su nieto Luis tuvo ocasión de escuchar en muchas ocasiones: la estremecedora historia del velatorio de Manuel de Senín.

En la búsqueda del relato llegué hasta la Universidad de Trieste y, en concreto, a la doctora Sara Farenzena, que escribió una Tesis sobre Castroviejo y que, amabilísimamente, me hizo llegar el relato.

Relato que forma parte de un conjunto, bajo el nombre de El pálido visitante. Manuel de Senín es un hombre malvado y poco querido; tras un asesinato en la aldea, y viendo que todas las miradas acusatorias se dirigen a él, decide irse. Tiempo después, retorna y, al poco, fallece. Y nadie quiere ir a su velatorio (en Galicia, y en muchos otros sitios, se velaba al muerto en el propio hogar, hasta hace muy poco). La viuda, más por imagen que por amor, consigue que tres amigos de la bebida y el juego la acompañen en la noche en vela. Y la interacción con el muerto no os la desvelo, espero que sepáis disculparme.

Muchas gracias, Sara, por tu disposición y colaboración.

Este post lo dedico a Jose y a Rosana, dignos hijos de su padre Luis (qué orgulloso estaba siempre de vosotros). Un besiño.

Panteón de la familia Castroviejo, exterior de la iglesia de San Juan de Tirán, en Moaña

Las nuevas puertas de la Catedral, en Burgos

Es parte de la historia de cualquier edificio, pero es siempre nuevo y siempre causa de debate. Ayer podía ser la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela, hoy son las puertas de la Catedral de Burgos.

Se han encargado a Antonio López, posiblemente el más famoso de los pintores vivos españoles. Y serán tres puertas y, en cada una, una representación: Dios, la Virgen, Jesús.

Hay factores que se van del debate artístico, como si 1.200.000 € es demasiado dinero en estos tiempos. Hay factores menos claros, como si Antonio López ha usado la puerta en la que se representa a Dios como un autorretrato.

Pero el principal, en mi opinión, desde el punto de vista artístico, es si podemos hacer que unas puertas se lleven el protagonismo de una catedral que cumple 800 años. ¿Encajan con el entorno? ¿Profanamos algo por introducir modernidad? ¿Chocarán a los que celebren el noveno centenario, dentro de un siglo?

Iglesia de San Juan de Tirán, en Moaña

En la parroquia de Tirán (Moaña, Galicia, España), asomada al mar desde su balcón, podemos encontrar esta pequeña iglesia dedicada a San Juan Bautista.

Se trata de una construcción románica (quizá con una ligerísima tendencia hacia el gótico por el leve apuntamiento de sus arcos) del siglo XIII, de la que hasta hace muy poco tiempo no había referencias escritas (finales del siglo XX). Quienes somos de la zona, lógicamente, la conocemos bien, y en ella hemos vivido -como siempre sucede con las Iglesias- las alegrías de las bodas y bautizos junto con las tristezas de los entierros.

Recientemente se ha acometido una restauración de la iglesia, que ha dejado a la vista una puerta (podéis verla en las fotos). En el exterior tenemos un panteón, el de la familia Castroviejo, muy apreciada y querida en Tirán, con tres figuras que representan las tres virtudes teologales: fe, esperanza, caridad. (Ya no es románico este panteón, como supondréis).

Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz

Si hubiera que salvar alguna obra de la literatura universal, creo que me decantaría por este cántico que San Juan de la Cruz, ese medio fraile con el que Santa Teresa de Jesús quiso cambiar la Iglesia. El grueso de sus estrofas fue escrito en el calabozo de Toledo en donde fue recluido su autor. He dicho, erróneamente, «fue escrito», porque realmente fue creado y memorizado: allí no escribió, quizá por falta de medios o por exceso de miedos.

El Cántico es una composición que, en boca de una esposa en busca de su esposa, recorre veredas, paisajes, alegrías, dolores y sentimientos, manteniendo conversaciones con las criaturas en ese proceso.

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de su hermosura.

(Respuesta de las Criaturas, tras ser interpeladas por la Esposa preguntando por el Esposo).

Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjanme muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

(Esposa, lamentándose de no encontrar al Esposo).

Y no puedo terminar este post sin referirme a Amancio Prada, que le puso música (o, como él suele decir, le «extrajo» la música que el cántico tiene), cántico que tenía grabada en un cinta VHS (hablamos de comienzos de los 90 y de la bellísima iglesia mozáraba de San Miguel de Escalada). Esa música me acompañó durante mis tardes de estudio en la carrera y, sin duda, me facilitó el aprendizaje. Gracias, Amancio y Juan, que nunca os las he dado. Incluyo aquí este otro concierto, con poemas de San Juan de la Cruz y de Teresa de Jesús.

La etimología de la palabra “hecatombe”

Una hecatombe es una catástrofe, tal vez con un gran número de víctimas. Y hecatombe es también un sacrificio religioso que incluye víctimas. Y por este camino llegamos a la etimología de esta palabra, pero tenemos que viajar a la Grecia antigua y al sacrificio de los cien bueyes.

Esta palabra proviene de los términos del griego antiguo ἑκατόν (cien) y βοῦς (buey).

Me ha encantado y, como tantas, se la debo a mi querido hijo Dani. Para ti es este post.

El Cristo del Otero, en Palencia

He tenido ocasión de verlo desde la lejanía, pero nunca de acercarme a él (ni a esa ciudad que alberga a La Bella, y que bien merece una visita). Esta obra de Victorio Macho, el cristo más alto de España, se yergue sobre su otero, sobre su ciudad y podríamos decir que sobre toda la Tierra de Campos.

Se ubica sobre un cerro testigo, tan habituales en esa zona de la península (un cerro testigo es una elevación, con su característica cumbre plana, sobre una gran extensión, también plana) y se caracteriza por su hieratismo y sus grandes dimensiones (más de veinte metros de alto).

De CParísC – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3980175

La boca del diablo, de Teo Palacios

Es la primera novela que leo de Teo Palacios; llegué a ella (o llegó ella a mí) de mano de Vane y Carlos (¡mil gracias!)

La historia se nos va narrando de la mano de Juan Lobo que, tras la batalla contra Inglaterra, arriba a las costas españolas con su señor Gaspar de Zúñiga. Tras informar al rey Prudente y volver a su casa en Galicia, se le asigna una nueva misión, que será la misión que hará que Lobo, junto con dos inquisidores, se conviertan en detectives que solucionen los crímenes que se están dando en Casarrubios del monte, un pueblo de la provincia de Toledo.

Gracias a las descripciones de Palacios recorremos casas, calles, rincones y almas de ese pequeño pueblo, debatiéndonos entre el racionalismo de uno de los inquisidores y la superstición del otro.

Si os gusta la novela histórica y detectivesca, y esa época de la historia (época de Felipe II), os recomiendo esta lectura.

El nombre de la rosa, de Umberto Eco

Este libro me fascinó tanto que, lo primero que hice, en cuanto lo terminé, fue volver a comenzarlo para poder volver a disfrutar de todo el proceso. Imagino que a ello ayudó también la complejidad de la obra y la sensación de que se me estaban quedando demasiadas cosas en el tintero.

Umberto Eco publicó El nombre de la rosa en 1980. La obra nos cuenta -en boca del novicio Adso de Melk- una serie de acontecimientos asombrosos y terribles que acontecieron en una abadía benedictina ubicada en el norte de Italia. Es una novela policiaca ambientada en la Edad Media, plagada de deliciosas referencias a la filosofía y a la religión, y poniendo el culto a los libros en primer plano. Tanto el scriptorium como la biblioteca son lugares clave en la novela.

Comentaré dos curiosidades más sobre esta obra, antes de que os lancéis a leerla: la primera es que se comenta que las difíciles páginas iniciales están puestas a modo de filtro para descartar a quienes no sean dignos de leer la novela; la segunda es que Eco dedicó un año entero, sin escribir una sola línea, a introducirse en el mundo en el que se iba a desarrollar. Un año de viajes, diagramas, planos y pensamientos. Siempre me ha encantado ver cuánto trabajo hay tras las obras maestras.