Archivo de la categoría: Religión

La etimología de la palabra “hecatombe”

Una hecatombe es una catástrofe, tal vez con un gran número de víctimas. Y hecatombe es también un sacrificio religioso que incluye víctimas. Y por este camino llegamos a la etimología de esta palabra, pero tenemos que viajar a la Grecia antigua y al sacrificio de los cien bueyes.

Esta palabra proviene de los términos del griego antiguo ἑκατόν (cien) y βοῦς (buey).

Me ha encantado y, como tantas, se la debo a mi querido hijo Dani. Para ti es este post.

El Cristo del Otero, en Palencia

He tenido ocasión de verlo desde la lejanía, pero nunca de acercarme a él (ni a esa ciudad que alberga a La Bella, y que bien merece una visita). Esta obra de Victorio Macho, el cristo más alto de España, se yergue sobre su otero, sobre su ciudad y podríamos decir que sobre toda la Tierra de Campos.

Se ubica sobre un cerro testigo, tan habituales en esa zona de la península (un cerro testigo es una elevación, con su característica cumbre plana, sobre una gran extensión, también plana) y se caracteriza por su hieratismo y sus grandes dimensiones (más de veinte metros de alto).

De CParísC – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3980175

La boca del diablo, de Teo Palacios

Es la primera novela que leo de Teo Palacios; llegué a ella (o llegó ella a mí) de mano de Vane y Carlos (¡mil gracias!)

La historia se nos va narrando de la mano de Juan Lobo que, tras la batalla contra Inglaterra, arriba a las costas españolas con su señor Gaspar de Zúñiga. Tras informar al rey Prudente y volver a su casa en Galicia, se le asigna una nueva misión, que será la misión que hará que Lobo, junto con dos inquisidores, se conviertan en detectives que solucionen los crímenes que se están dando en Casarrubios del monte, un pueblo de la provincia de Toledo.

Gracias a las descripciones de Palacios recorremos casas, calles, rincones y almas de ese pequeño pueblo, debatiéndonos entre el racionalismo de uno de los inquisidores y la superstición del otro.

Si os gusta la novela histórica y detectivesca, y esa época de la historia (época de Felipe II), os recomiendo esta lectura.

El nombre de la rosa, de Umberto Eco

Este libro me fascinó tanto que, lo primero que hice, en cuanto lo terminé, fue volver a comenzarlo para poder volver a disfrutar de todo el proceso. Imagino que a ello ayudó también la complejidad de la obra y la sensación de que se me estaban quedando demasiadas cosas en el tintero.

Umberto Eco publicó El nombre de la rosa en 1980. La obra nos cuenta -en boca del novicio Adso de Melk- una serie de acontecimientos asombrosos y terribles que acontecieron en una abadía benedictina ubicada en el norte de Italia. Es una novela policiaca ambientada en la Edad Media, plagada de deliciosas referencias a la filosofía y a la religión, y poniendo el culto a los libros en primer plano. Tanto el scriptorium como la biblioteca son lugares clave en la novela.

Comentaré dos curiosidades más sobre esta obra, antes de que os lancéis a leerla: la primera es que se comenta que las difíciles páginas iniciales están puestas a modo de filtro para descartar a quienes no sean dignos de leer la novela; la segunda es que Eco dedicó un año entero, sin escribir una sola línea, a introducirse en el mundo en el que se iba a desarrollar. Un año de viajes, diagramas, planos y pensamientos. Siempre me ha encantado ver cuánto trabajo hay tras las obras maestras.

La vocación de San Mateo, de Caravaggio

Hoy vamos a conocer esta obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio, de ese pintor que lograba poner luz en sus cuadros, del maestro absoluto del claroscuro.

Mateo, ese recaudador de impuestos cuya vida iba a cambiar por completo tras ser llamado por Jesús recibe, en este momento, la llamada. Mientras la luz abofetea su cara, pregunta si es él el llamado.

En la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma, se puede disfrutar de este óleo sobre lienzo. Una experiencia comparable a la que tuvo el bueno de Mateo.

Te doy un pedazo de mi alma

Uno de los actos que requieren más confianza y que desde luego demuestran aprecio y amor es el consistente en enseñarle a algún ser -querido- una canción que te gusta. Y que quieres que esa persona escuche. ¿No os lo parece? Estamos regalando un pedacito de nuestros sentimientos y gustos: es decir, un pedacito de nuestra alma.

En justa reciprocidad, por supuesto, cuando alguien tiene este precioso detalle con nosotros, debemos escuchar con gusto ese regalo.

Hoy comparto con vosotros, queridos lectores, las dos canciones que más he escuchado estos días.

¡Por los clavos de Cristo!

En la ya lejana Reconquista, cuando se dirimía una batalla entre cristianos y musulmanes, el vencedor tenía derecho a solicitar una especie de indemnización/compensación/castigo. Los musulmanes -muy prácticos- solían solicitar dinero. Los cristianos -muy inteligentes- solían solicitar reliquias… que acababan generando dinero, mucho dinero. Esto lo aprendimos visitando la maravillosa Colegiata de San Isidoro de León, en donde tenemos las reliquias de San Isidoro… de Sevilla (sí, el de las Etimologías, esa primera Enciclopedia).

No hablaremos hoy de aquel santo ni de aquella colegiata, sino de una de las reliquias más preciadas y apreciadas: los clavos con los que Jesús de Nazaret fue fijado a la cruz. ¿En dónde está esa reliquia?

  • Palacio Real (Madrid): un clavo.
  • Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén (Roma): un clavo.
  • Concatedral de los SS. Marziale y Alberto (Colle Val d’Elsa): un clavo.
  • Notre Dame (París): un clavo.
  • Catedral (Tréveris): un clavo.
  • Catedral (Venecia): un clavo.
  • Palacio de Hofburg (Viena): un clavo.

…y no descarto añadir más lugares. Por suerte, las reliquias no son dogma de fe.

La tregua de Navidad

Ya hemos hablado en alguna ocasión de aquel balón que paró una guerra. Hoy volvemos a traer esa bonita escena de una navidad en las trincheras de la Primera Guerra Mundial: añorados y alemanes, villancicos, regalos, fotografías, partidos de fútbol y hasta cortes de pelo.

Porque la Navidad (todo el año, realmente) es para compartir. Y porque siempre lo que nos une es más que lo que nos separa.

Felicidades, Sainsbury’s por este estupendo spot.

San Bruno de la Cartuja de Miraflores, en Burgos

Cuando visitéis Burgos, por favor, además de visitar esa catedral cuya visión encoge el alma, procurad acercaros a la Cartuja de Miraflores (que no está en la ciudad, pero sí muy cerquita).

No es lo único ni lo mejor que podréis admirar allí, pero hoy quiero que nos detengamos en una obra del escultor portugués Manuel Pereira: San Bruno. Es absolutamente perfecto. De él se dice que solamente le falta hablar, pero no que no habla porque…

No habla porque es cartujo.

De Angelpazos – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=45401810

La Virgen de la Roca, en Baiona

En la localidad de Baiona, situada en la margen sur de la simpar ría de Vigo, se alza una escultura única, una estatua de 15 metros de altura de la Virgen María. Es obra de Antonio Palacios y de -aquí encuentro discordancias entre versiones- Mariano Benlliure o Ángel García (gracias por el aporte en los comentarios de este post), dos magníficos arquitecto y escultor, respectivamente.

Esta escultura (creada entre 1910 y 1930) representa, como decíamos, a la Virgen María, que sostiene un barco. Es hueca y puede visitarse, llegando hasta el mencionado barco desde el que se pueden disfrutar de unas vistas magníficas hacia el Océano Atlántico, la ría de Vigo, y las islas Cíes.