Archivo de la categoría: Música

Quark, de Banda Inaudita

Banda Inaudita es un grupo al que descubrí con su disco A la luna venidera, un conjunto de bellísimas canciones (e interpretaciones) dedicadas al poeta pastor, a Miguel Hernández. Ya hemos hablado en este blog alguna vez de este disco, y os lo recomiendo, me parece una auténtica joya.

Pero no hablo hoy de ellos por ese bonito disco, sino por esta obra que me parece curiosísima, y que traemos hoy aquí por ser 25 de mayo, Día del Orgullo Friki. Una canción dedicada a los quarks. No me digáis que no es algo inaudito.

Disfrutadla, amigos.

A fraga do meu avó, de Mamá Cabra

Hace ya un tiempo, antes de que las pandemias y los confinamientos cambiaran nuestras vidas, tuvimos la suerte de asistir a la presentación de este precioso libro-disco de Mamá Cabra.

Es una obra dedicada a los animales, a las plantas, a la naturaleza, a nosotros. En definitiva, dedicada a este planeta que, por ahora, es el único que habitamos. (Y aunque no lo habitáramos o no fuera el único: merece, igualmente, cuidado).

Ecologismo en estado puro, en resumen. Ecologismo en el mejor de los sentidos. Ecologismo que cuida la diversidad y los bosques autóctonos -especialmente mal tratados y maltratados en Galicia-. Con este principal objetivo de concienciar nació este trabajo con trece canciones -trece regalos- que, por encima de todo, desbordan amor y sensibilidad.

Os lo recomiendo. Os va a encantar.

Te doy un pedazo de mi alma

Uno de los actos que requieren más confianza y que desde luego demuestran aprecio y amor es el consistente en enseñarle a algún ser -querido- una canción que te gusta. Y que quieres que esa persona escuche. ¿No os lo parece? Estamos regalando un pedacito de nuestros sentimientos y gustos: es decir, un pedacito de nuestra alma.

En justa reciprocidad, por supuesto, cuando alguien tiene este precioso detalle con nosotros, debemos escuchar con gusto ese regalo.

Hoy comparto con vosotros, queridos lectores, las dos canciones que más he escuchado estos días.

The Wellerman, las Sea Shanties e Internet

Soon May the Wellerman Come, conocida como Wellerman (y, en estos tiempos actuales, como The Wellerman) es una canción marinera neozelandesa de mediados del siglo XIX (1860-1870).

Los hermanos Weller, en 1831, crearon una estación ballenera en Nueva Zelanda y en 1833 comenzaron a llevar provisiones (azúcar, té, ron) a los barcos balleneros que cazaban ballenas cerca de la costa. A los empleados de la empresa de los Weller se les llamaba los wellermen. Los marineros recibían ropa y bienes del tipo mencionado como pago por su trabajo.

Las Sea Shanties son canciones marineras, creadas para amenizar las largas y duras horas de trabajo en el mar. Así que los wellermen también tuvieron la suya: una canción que nos habla del trabajo en el barco Billy o’ Tea, del duro enfrentamiento con las ballenas, y de la esperanza de recibir pronto esos sugar, tea and rum que trae el wellerman. Y la seguridad de que volveremos a casa cuando completemos el fileteado en tiras de la carne de ballena para convertirla en aceite (tonguing):

Soon may the Wellerman come
And bring us sugar and tea and rum.
One day, when the tonguin’ is done,
We’ll take our leave and go.

Estribillo de Soon May the Wellerman Come

Nathan Evans, un cantante escocés (que hasta ahora se dedicaba al oficio de cartero) publicó en la red social TikTok un fragmento de esa canción. Preciosa, pegadiza y llena de sentimiento. Y por los milagros de esta maravillosa red de personas que es Internet, otros músicos (voz, instrumentos, baile) se incorporaron y fueron completando y mejorando el vídeo, convirtiendo el proceso en una obra coral (nunca mejor dicho) que se ha convertido en un ejemplo de lo lejos que podemos llegar cuando volcamos nuestra creatividad y colaboramos con la libertad y la facilidad que nos da la Red.

Os dejo aquí algunos vídeos para saciar vuestra curiosidad y vuestras ganas de escuchar la canción:

El amor de (o por) las tres naranjas, de Prokofiev

Esta obra del compositor ucraniano Sergei Prokofiev, basada en una fábula italiana de mediados del XVIII, nos cuenta la condena de un joven príncipe: debe viajar a lejanas tierras buscando tres naranjas. Tres naranjas que son, realmente, tres princesas. Pero no es el argumento el que trae esta ópera hoy aquí, sino su música. Y su parecido con la Marcha Imperial. Nos cuenta que inspiró a John Williams. ¿Qué opináis?

¿Cómo es posible que no entiendas las letras de Manolo García?

Que, al parecer, hay gente que no entiende las letras de Manolo García.

Como si fuera tan chungo entender que las mesnadas moras, vestidas de hombre rana, cabalgan caballos que estaban amarrados a la puerta del baile mientras restañan las heridas mordiéndose los puños, aunque no les guste la nula injerencia que ahora es su disfrute. Os dejo, que me voy a recoger la ropa sucia, los cuadros que he pintao, y los discos viejos, que tengo tó por ahí tirao. Después me iré a dar un paseo junto al árbol de las hojas que ríen, no sin antes deciros good bye. En una nota. Tan ricamente.

Santa Cecilia, patrona de la música… por error

Hoy, 22 de noviembre, se celebra el día de santa Cecilia, patrona de la música. Pues bien, parece que el origen de este patronazgo es una mala traducción o transcripción.

En las llamadas Actas de Santa Cecilia se hace referencia a “canéntibus [cantántibus] órganis”, que sería algo como “mientras sonaban los instrumentos (musicales)”; al parecer, podríamos estar hablando de un “candentibus organis”, es decir, “instrumentos candentes”, en referencia a los instrumentos de tortura.

Feliz día de Santa Cecilia.

Quiero besarte la risa

El comienzo de este post no es nada nuevo, para nuestra desgracia. Todos hemos oído hablar de la Generación del 27, ese periodo cumbre (junto con otros muchos) de nuestra literatura: Pedro Salinas, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, León Felipe, Miguel Hernández. Un ejército de gigantes de la pluma. Y lo que no es nada nuevo es que no nos choque nada en ese listado. No veis nada raro, ¿verdad?

Yo tampoco.

Tampoco… hasta que descubrí este maravilloso trabajo de Sheila Blanco: Cantando a las poetas del 27. Y te invito a que te acerques a esa poesía. Quizá lo harás con el mismo prejuicio con el que te asomas a un partido de fútbol femenino. E imagino que con el mismo prejuicio con el que nuestros padres o abuelos acudían a una consulta en donde, en lugar de el doctor estaba la doctora. Pero acércate, no te vas a arrepentir. Mira qué belleza tan absoluta:

Quiero besarte la risa
y sus notas cristalinas;
colgándome de los labios
parecerán campanillas;
quiero besarte la luz
que brota de tus pupilas.

Josefina Romo Arregui

Y por si fuera poco, el próximo día 25 (25 de noviembre de 2020, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer), Sheila Blanco nos ofrecerá un concierto online con estos poemas a los que puso música (o, como diría Amancio Prada, extrajo la música que tenían). Si os interesa, podéis conseguir vuestras entradas en Escenario Virtual (enlace al pie).

Y un pequeño bonus, un pequeño experimento que debería hacernos reflexionar. Si a la hora de citar a poetas del 27 nos citaran solamente a Carmen Conde, Ernestina de Champourcin, Concha Méndez, Elisabeth Mulder, Pilar de Valderrama, Margarita Ferreras, Josefina Romo Arregui, Dolores Catarinéu… sí que nos chocaría algo en el listado, ¿verdad? Queridos amigos, cuánto vamos a ganar cuando consigamos la igualdad de verdad.

Confitados: músicos, postres y pandemia

No, con Char-lee Mito no puedo ser imparcial (¿alguien puede?), pero os quiero presentar esta maravilla que creó aprovechando el Primer Confinamiento. Es una obra coral (nunca mejor dicho) en la que encontramos recetas (de las que haremos muchas, si no todas), pequeños relatos y poemas, dibujos, consejos y retazos de noticias.

He disfrutado mucho leyéndolo y me ha servido como un recordatorio de una época que ya vemos lejana. Si tengo que elegir una parte, me quedo con Carga viral. Fantástico. No se puede resumir más en menos.

Es, además y sobre todo, una obra que, cuando dentro de unas décadas esté en manos de un lector que no haya vivido esta época única, servirá para conocer, sentir y sorprenderse con lo que ha provocado un buen hombre que, en una tranquila tarde del pasado invierno, decidió disfrutar de una reparadora sopa de murciélago. Gracias por contárnoslo tan bien, Char-lee y amigos. :*