Ord

Ordinarios ordinales ordeñan ordovícicos ordésicos.

At

Atónitos atúnidos atienden atontados atlas.

El

Elementos elegidos elidían eléctricos elípticos.

Re

Resortes renacidos remedan refugios refulgentes.

Publicada el
Categorizado como Microrrelatos Etiquetado como

El árbol de los problemas

Aquel buen hombre, cada día, al llegar de trabajar, dejaba colgados en el árbol todos los problemas que el día le había traído: aquella discusión con el compañero, aquel mal-trato por parte de un cliente, la exigencia injusta por parte del jefe.

Los colgaba en el árbol, decía, y entraba en su casa sin ellos, disfrutando de su familia y con su familia. A la mañana siguiente, cuando salía hacia el trabajo, pasaba antes por el árbol para recoger los problemas que había dejado colgados el día anterior. ¿Y sabéis qué pasaba?

Que siempre los problemas se veían más pequeños que la noche anterior.

Antoninos

Antiguos antónimos antoninos anticipaban angustias anamórficas.

Mario y el gigante

Hoy os voy a contar mi enfrentamiento con el gigante y cómo el gran Mario Izquierdo nos salvó:

Todo sucedía enfrente de la casa de mi tía Lolita, una casa de planta baja en la que entrábamos Clara y yo, prestos a pasar la noche.

Ya al entrar me percaté de que aquella puerta era muy endeble, así que no dejé de estar atento a cualquier posible intruso. Y pasó lo que tenía que pasar.

Un hombre ¡qué digo un hombre, un gigante! entró en la casa, forzando la puerta sin dificultad alguna.

El gigante era al que se enfrenta Aquiles en este fragmento de Troya:

A falta de Aquiles, allí estaba Carlos. Pero, al contrario que Aquiles, yo no estaba armado. Así que tuve que usar mi inteligencia. Me saqué rápidamente la camiseta y, con un rápido movimiento, enrollé su puñal y se lo arranqué.

Puse mi puñal sobre su pecho, a la altura del corazón. Pero temblaba de miedo a él y de miedo a matarlo. El gigante, aunque gigante, no era tonto del todo, y se percató. Y me incitó: «clava, clava!», sabedor de que yo no iba a poder hacer tal cosa.

Afortunada y milagrosamente, apareció Mario, presto a ofrecernos su ayuda. Venía armado con un pez espada…

…pez espada que usaba a modo de bate de béisbol. Lanzaba piedras al aire y, cogiendo el pez espada por la parte de la espada, golpeaba certeramente las piedras, en dirección a aquel portento de la naturaleza, como un nuevo David venciendo a Goliat.

Y consiguió vencerlo, salvando así la vida de Clara y la mía propia, razón por la cual mi familia y yo le estaremos eternamente agradecidos.

Y para colmo de bienes, Mariana (https://www.instagram.com/marianafanart/) convirtió este épico sueño en un precioso cómic, con su talento, creatividad y habilidad. También eternamente agradecidos. :*

Aquí podéis apreciar y disfrutar del cómic:

Neveras, Marcos y surrealismo

Ayer sonó el teléfono. Lo cojo.

– ¿Diga?
– Hola, Marcos.
– Disculpe, pero se ha equivocado.
– Jajajaja! Que te conozco la voz, Marcos, que a mí no me engañas.
– Le digo que aquí no hay ningún Marcos.
– [con tono condescendiente] Venga, Marcos. Vete a la nevera y…
– Que no, señora, que se ha confundido. Adiós.

La nevera

Esto fue lo que pasó. Ahora os invito a jugar con la imaginación y continuar la historia. ¿Os animáis? Yo sí. Aquí va la mía.

Fui a la nevera, y la abrí. Estaba vacía. Vacía, salvo por un pequeño tupper rectangular situado en la parte inferior. Como podréis suponer, lo cogí en mis manos. En la parte superior, escrito con rotulador negro, lo ponía claramente: «Marcos. Comida. 19/enero/2018». Estaba tan sorprendido que ni siquiera oí el ruido que hizo el teléfono contra el suelo al caer. Abro el tupper y…