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La Afrodita (Venus) de Milo (Museo del Louvre, París)

Es una de las esculturas más conocidas -si no la más- del periodo helenístico. Está datada entre los años 130 y 100 a.C. y se cree que representa a Afrodita, diosa del amor y de la belleza.

Llegó al museo del Louvre a comienzos del siglo XIX, tras ser comprada a un campesino griego. Existen diversas teorías sobre qué sucedió con sus brazos: una de ellas indica que al menos un antebrazo y su mano portando una manzana estaban enterrados cerca de donde se encontró la estatua; otra nos cuenta que se pudieron perder al llevarse la estatua apresuradamente. En paralelo con esto, se dice que Turquía conocía la ubicación ambos brazos y ofreció devolverlos si Francia devolvía la estatua.

Siguiendo con sus brazos -es curioso que hablemos más de lo que no tiene que de lo mucho que sí tiene-, se propuso su restauración, pero no se llevó a cabo por las lógicas dudas de su posición original. Lo que sí se restauró en el Louvre fueron, entre otras partes, la nariz, un pie (el izquierdo) y el pulgar del pie derecho.

Se considera esta Afrodita como una de las representaciones más sublimes de lo que se considera belleza, siendo la perfección de su tronco quizá lo más reseñable en este sentido. Técnicamente, la falta de simetría y el desequilibrio que parte de sus pies son dos elementos que dotan de dificultad (y de realismo, y de movimiento) a esta figura de más de dos metros de alto que un día de hace más de dos siglos encontró enterrada un campesino griego.

La dama de Elche

Mientras los jornaleros aprovechan un rato de descanso para refrescar su garganta, secar su sudor y relajar los músculos, el joven Manuel Campello Escáplez tomó un pico, comenzó a cavar y se encontró con esta maravilla a la que llamaron La Reina Mora.

Esa Reina Mora, que más tarde recibiría el apodo por el que la conocemos, La Dama de Elche, acabó en el Museo Arqueológico Nacional de España (en Madrid), tras un recorrido por otros museos y ciudades.

Es un busto ibero de los siglos V-IV antes de Cristo que nos muestra el rostro perfecto de una dama con un tocado caracterizado fundamentalmente por dos rodetes en sus laterales. No sabemos quién era aquella mujer que se convirtió en inmortal gracias al talento de su creador, la buena suerte de su descubridor y el cuidado de los demás involucrados.

De Trabajo propio. Fotografía: Francisco J. Díez Martín, 11 de diciembre de 2004., CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1581132

La fe velada, de Antonio Corradini

Si visitáis el maravilloso Palacio de La Granja, cerquita de Segovia, ese palacio en las nubes que causaba la admiración de la nobleza europea, no debéis perderos esta maravillosa (casi mágica) obra de Antonio Corradini.

Estoy seguro de que ser capaz de esculpir el mármol haciendo que parezca tela y permitiéndonos ver la cara, el vientre, el ombligo, detrás del velo tiene una altísima dificultad técnica. ¿No os parece increíble?

Los esclavos ¿inacabados? de Miguel Ángel

Dentro de la abundante obra escultórica de Miguel Ángel nos encontramos con algunas esculturas que se consideran no acabadas. En sí mismo esto ya es una riqueza, puesto que nos permite observar cómo el maestro afrontaba sus creaciones.

Sin embargo, recientemente he leído una teoría (primera vez para mí) que me ha resultado muy interesante. Nos cuenta que realmente no son obras inacabadas, sino que están representando a los esclavos encadenados de algún modo al suelo, sin libertad para poder escapar de ese cautiverio. En algunos casos, incluso sin cara, haciéndonos ver que no son nada, que no son nadie. Lo que sí se aprecia claramente es su cuerpo y musculatura, lo único realmente útil de aquellos esclavos.

¿Qué os parece esta teoría?

Esclavo atlante


De Anónimo – Гнедич. «История искусств», Dominio público, Enlace

Niké de Samotracia, el barroco de hace dos milenios

La Victoria [Niké] de Samotracia nos muestra una alegoría de la Victoria, alada, sobre la proa de un barco. El leve giro de la figura femenina, la fuerza del viento agitando sus ropajes y, sobre todo, la perfección sublime permitiéndonos notar -casi tocar- la carne tras el ropaje hacen de esta escultura una obra maestra. Ahora podemos disfrutarla en el Museo del Louvre, en París.

By Bradley Weber – Winged Victory, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=65358555