¿Cómo reaccionamos ante una buena noticia de nuestra pareja?

Hay cuatro formas con las que un miembro de la pareja reacciona ante una buena noticia del otro miembro:

“He conseguido trabajo!”

Forma pasiva-destructiva: “No te vas a creer lo que me pasó ayer! Gané una camiseta en un concurso!”

Forma pasiva-constructiva: “Ajá, estupendo” (y sigue enredando con su teléfono)

Forma activa-destructiva: “Bufff… ¿y ahora, cómo hacemos con los niños? ¿Dónde dices que está? ¡Te va a costar una hora llegar! Y con lo que te pagan, es que ni te merece la pena!”

Forma activa-constructiva: “Maravilloso, cariño! Qué bieeen!!! Encima de lo que te gusta! Y por los niños no te preocupes; yo saldré dos horas antes; madrugo una gota y ya lo compenso! Qué alegría más grande; vámonos a cenar fuera!”

¿De qué forma suele reaccionar tu pareja? Y -lo que es más importante- ¿de qué forma sueles reaccionar tú?

¿Regularizamos la prostitución?

A finales del pasado mes de mayo, en Benidorm, unos turistas decidieron contratar una prostituta para culminar la despedida de soltero que estaban celebrando. Le pagaron cien euros y se lo pasaron de maravilla. Estupendo, ¿verdad? Ambas partes estuvieron de acuerdo y ambas partes salieron ganando: ella, cien euros que seguramente le habría costado más tiempo ganar; ellos, un rato estupendo y unas buenas risas.

¿Por qué nos cuentas esto, Carlos? ¿Qué tiene de novedoso o criticable? ¿Acaso no es libre esa mujer para hacer con su cuerpo lo que quiera? Y ya que está últimamente el tema en el candelero: te diré que sí, que debería regularse el servicio de prostitución, que deben tener sus derechos y posibilidad de sindicarse.

A finales del pasado mes de mayo, en Benidorm, unos turistas decidieron tatuar a un mendigo para culminar la despedida de soltero que estaban celebrando. Le pagaron cien euros y se lo pasaron de maravilla. Estupendo, ¿verdad? Ambas partes estuvieron de acuerdo y ambas partes salieron ganando: él, cien euros que seguramente le habría costado más tiempo ganar; ellos, un rato estupendo y unas buenas risas.

Qué indignante, Carlos. Es absolutamente vergonzoso que se aprovechen de la situación de necesidad de un pobre mendigo para pasar un rato divertido. ¿Y qué sinsentido dices de regular esas agresiones, o de crear un sindicato de agredidos? ¿Hemos perdido el norte, acaso son los mendigos objetos con los que divertirnos?

Improvvisazioni di un attore che legge… ante un escenario vacío

La noche iba a ser una noche como otras muchas. Giovanni Mongiano, actor italiano, acudió al teatro del Popolo en Gallarate, Lombardía (Italia) para interpretar Improvvisazioni di un attore che legge. Cuando fue informado de que no se había vendido ni siquiera una entrada, Giovanni decidió -aún así- hacer el trabajo que había venido a hacer:

Ero lì per fare quello spettacolo, dovevo farlo. Non c’è stato calcolo, riflessione, solo il desiderio di fare ciò per cui ero venuto a Gallarate, di dare voce al mio teatro. Di recitare, anche se con le lacrime agli occhi, questo testo che parla della vita di palcoscenico, dura, romantica, almeno agli occhi degli estranei, piena di grotteschi imprevisti, di speranze sempre deluse e umiliazioni cocenti, ma da cui è impossibile separarsi.

Mongiano, de ese modo, nos ha dejado un ejemplo bellísimo de respeto -de amor- por una profesión, por el trabajo y por uno mismo. ¿No os parece?

Para Irene, Dani y Clara.

Solos (o no) en el bosque

Os propongo las siguientes situaciones (similares, pero con alguna diferencia), y espero que me contéis cómo os las apañaríais.

  1. Estáis en un bosque, sin compañía humana. No hay posibilidad de comunicarse ni de salir del bosque (imaginemos que es tan grande que no se puede plantear esa salida). No hay peligro de que un animal os ataque, pero si comes una planta venenosa te puede matar. No hay tampoco peligros relacionados con la meteorología (lluvia torrencial, frío o calor extremos). Os recogen dentro de una semana. ¿Qué haríais?
  2. Estáis en un bosque, sin compañía humana. No hay posibilidad de comunicarse ni de salir del bosque (imaginemos que es tan grande que no se puede plantear esa salida). Sí puede haber animales o plantas peligrosas. La meteorología es la que te toque (puede haber lluvia torrencial, frío o calor extremos). Os recogen dentro de un año. ¿Qué haríais?

¿Cómo variarías las anteriores respuestas si además tuvierais que estar pendiente de cuidar a otra persona? ¿Y si la otra persona no necesita cuidados?

Estáis en un bosque, sin compañía humana. No hay posibilidad de comunicarse ni de salir del bosque (imaginemos que es tan grande que no se puede plantear esa salida). No hay peligro de que un animal os ataque, pero si comes una planta… Clic para tuitear

Del salón a la vida real

Ni es la primera vez que pasa, ni será la última. Me da la impresión de que gracias a la tecnología (avance que admiro y agradezco) estamos tan familiarizados con el mundo salvaje que nos creemos, por ejemplo, que una familia de guepardos es tan inofensiva como cuando la vemos en el salón de nuestra casa, así que no vemos peligro alguno en bajarnos del coche con nuestros pequeños para dar un paseo junto a ellos.

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Feliz 8 de Marzo

Entiendo -no podía ser de otra manera- la motivación y el objetivo de esta huelga #YoParo del 8 de marzo, pero me da muchísima pena ver un hecho tan lleno de amor y tan sagrado como son los cuidados reducidos a un “trabajo”. ¿Es esta la única manera que se nos ocurre para que veamos su necesidad? Es como si estuviéramos incluyendo los cuidados* como un elemento más de este capitalismo/patriarcado que tan interesados estamos en renovar. Y buscamos defenderlos como ese sistema nos ha enseñado: negándolos, pensando que es la única forma de que se vea su importancia.

Lo veo como si estableciéramos algo así como una “huelga de amor”. Un sinsentido, vaya.

Dicho todo ello, ojalá sea un absoluto éxito, consiguiendo que todos pasemos a valorar la gran importancia de los cuidados. Que todos colaboraremos cuidando. Y, por supuesto, que cuidemos a las/los que cuidan.

Feliz 8 de Marzo. Tenemos mucho por lo que trabajar.

* Por desgracia, los cuidados sí son -o sí quieren que sean- parte del sistema, pero deberíamos ser capaces de mantenerlos al margen.

Hijo mío, ¿por qué eres así?


(Imagen tomada de Tip’s Educ. [página de Facebook])

Seguro que os habéis encontrado en muchas ocasiones con madres/padres que tienen una relación especialmente difícil con alguno de sus hijos. Y cuesta poco darse cuenta de que precisamente ese hijo es el que más se les parece.

Cuando tenemos una relación así con nuestros hijos me parece evidente ser conscientes de que el problema lo tenemos con nosotros mismos y no con ellos. Esto me lleva directamente a recordar un consejo que leí por primera vez a la escritora Laura Gutman y que procuro aplicarme siempre que puedo: cuando tenemos algún problema con nuestros peques, cuando “tienen” un día complicado, cuando no conseguimos llegar a ellos… es tremendamente adecuado pasar del “¿qué les pasa [a nuestros hijos]?” al “¿qué me pasa?”. Y seguramente ahí encontraremos la solución.

Delitos de odio, obras artísticas y social media

Uf. ¿Por dónde empezamos? Todos tenemos claro que, antes de que Internet se hiciera popular, esto era más fácil. Si en una barra de un bar un ciudadano despotrica contra un alto cargo, sabemos que no pasa nada. Que aquello no deja de ser una conversación privada y ya está. Ahora bien, si ese indignado publica esos insultos, ya estamos hablando de una historia diferente. De este argumento concluyo que sí, sin duda se puede cometer un delito por tuitear.

Sobre las obras artísticas lo tengo menos claro: en mi opinión se puede escribir una canción, una obra de teatro, un libro o un poema diciendo lo que nos plazca. Por otra parte, si alguien quiere insultar, ¿debería ser tan fácil como escribir una canción para poder insultar con impunidad? Pues creo que no.

¿Qué opináis?

Nosotros decidimos cómo vemos el mundo

El viajero, tras haber pasado unas semanas en la aldea de la montaña, inició su camino hacia la aldea de la costa. Cuando llevaba un par de jornadas de camino, se encontró con un campesino. Paró para saludarlo y aprovechó para preguntarle la duda que le rondaba la cabeza:

– ¿Podría usted, buen hombre, decirme cómo es la gente de la aldea de la costa?
– Desde luego que sí, pero antes, dígame: ¿cómo eran las personas de la aldea de la montaña?
– Insoportables. Egoístas. Ojalá jamás los hubiera conocido.
– Pues siento decirle… siento decirle, querido caminante, que la gente de la costa es igual.

Meses después, un viajero diferente realizó la misma ruta. Y también se encontró con el campesino. Y también decidió saludarlo:

– ¿Podría usted, buen hombre, decirme cómo es la gente de la aldea de la costa?
– Desde luego que sí, pero antes, dígame: ¿cómo eran las personas de la aldea de la montaña?
– Qué maravilla de personas, una auténtica delicia, convivir con ellos ha sido un verdadero regalo.
– Pues está de enhorabuena, señor. Los habitantes de la aldea de la costa también son así.

No recuerdo dónde escuché esta bonita historia; creo que fue en un programa de RNE. Si lo confirmo, incluiré aquí el link.

Para que no nos afecte el cambio de hora

Todos los años, en dos ocasiones, tenemos que modificar la hora de nuestros relojes, adelantando o retrasando la hora. Esto provoca múltiples incomodidades y, en el fondo, nos obliga a sufrir un pequeño jetlag en el que las horas de comidas y de sueños son las más afectadas.

Así que se me ha ocurrido esta propuesta, a ver qué os parece (para quien pueda -y quiera- aplicarla). Ya que dentro de poco tenemos que adelantar una hora nuestros relomóviles, ¿qué tal si vamos adelantando cada día cinco minutos, cómo lo veis?