El síndrome de Hikikomori

Este síndrome se refiere a una enfermedad social que afecta principalmente a varones que viven recluidos, generalmente en sus propias habitaciones, teniendo la tecnología prácticamente como único contacto con el mundo exterior.

Sucede sobre todo (pero no solamente) en Japón. Debido a la idiosincrasia japonesa, no se suele forzar a estas personas a abandonar su situación, y se les proporcionan los medios necesarios para que puedan seguir haciendo su vida: el resto de la familia se encarga de que tengan comida, de prepararles un baño al que puedan acceder, etc.

No hay consenso sobre cómo debe tratarse (la medicina occidental opta por sacarlos de ese ambiente, incluso de forma brusca; la medicina japonesa prefiere una opción más suave y gradual, manteniendo un contacto permanente con el enfermo e intentando que se vaya integrando poco a poco en la familia y, a continuación, en la sociedad).

8M

Ojalá algún día esté día no sea necesario. Mientras tanto, los interpelados somos los hombres. Y con razón.

La realidad virtual y la inteligencia artificial, al servicio de nuestras emociones

NaYeon falleció hacía tres años, cuando solamente contaba con siete. Ahora, la inteligencia artificial y la realidad virtual permiten que su madre pueda reencontrarse con ella. ¿Qué opináis de esta posibilidad? A mí me provoca sentimientos encontrados: por una parte, es algo completamente novedoso, lo que de entrada siempre nos provoca rechazo; por otra parte, es muy difícil de gestionar emocionalmente. Frente a eso, estamos dando a una madre la oportunidad de volver a experimentar la cercanía de su hija (tal y como sucede cuando soñamos; spin-off de pregunta: ¿estarías de acuerdo si pudiéramos provocar sueños?)

El test de Bechdel

Este test, planteado públicamente por primera vez por Alison Bechdel tras una sugerencia de su amiga Liz Wallace (motivo por el que también se conoce como test de Bechdel-Wallace) consiste en evaluar, ante cualquier obra narrativa (cómic, novela, película) si cumple las siguientes condiciones:

  • aparecen al menos dos personajes femeninos
  • estos personajes se hablan entre sí
  • y hablan de algo distinto a un hombre

Aunque parecen tres condiciones muy fáciles de cumplir, resulta que no es tan fácil encontrar obras que la cumplan.

Se han planteado también algunos tests similares relacionados con otros campos en donde es fácil que aparezca discriminación, como LGTB o racismo.

Triste mundo de blancos y negros

Hemos perdido (si es que lo tuvimos alguna vez) una gran cantidad de espíritu crítico y de capacidad de razonamiento. Y esa pérdida nos lleva a que, a la hora de evaluar cualquier situación, acción, persona o iniciativa, nos posicionemos de forma clara o a favor o en contra.

Pues no. Lo lógico es que no sea o blanco o negro, sino que haya una infinita gama de grises en medio. Y ser conscientes de esa gama nos permitirá evaluar todo -incluso las injusticias- en su correcta dimensión.

De la mano de esta ausencia de grises nos llega también la acusación de equidistancia. Intentar comprender los motivos de ambas partes no nos sitúa en la equidistancia, sino que nos llenará de argumentos para poder actuar (y quizá defender a una de las dos partes, por supuesto, que no son excluyentes razonamiento y actuación).

Somos racistas

Hemos visto todos la escena. Si no la habéis visto (y queréis hacerlo) no os costará esfuerzo alguno encontrarla en las redes. En la BBC entrevistaban al experto en relaciones internacionales y profesor universitario Robert Kelly. En un momento de la entrevista entra un pequeño corriendo y, tras él, una mujer con rasgos orientales. E inmediatamente -viva nuestro racismo- interpretamos que es su asistenta/sirvienta.

Pues no: es su esposa. Pero todas las personas a las que he preguntado (me incluyo) asumimos que era parte del personal de servicio por ser oriental.

Qué poco nos cuesta ser racistas (o machistas), debido a que vivimos en una sociedad que lo es, nos guste o no. Debemos estar muy atentos para no caer en los micro (o macro) racismos y machismos.

De nuevo, los retos de inicio de año

Como siempre que comenzamos una etapa (y da igual que sea un año, un curso, una relación o una libreta nueva), ponemos toda nuestra ilusión para que sea productiva y que nos sirva de crecimiento personal. Sin embargo, es demasiado habitual que caigamos en errores anteriores. Obviamente, esto se debe a que, aunque la etapa es nueva, nosotros seguimos siendo los mismos.

Hay algunas sencillas estrategias que nos pueden ayudar a cumplir esos deseos: os comento alguna que me ha servido a mí:

  • definir bien nuestros objetivos, ponerles fecha, y comentarlos en público: cuando comencé a correr (actividad que tengo muy abandonada ahora) me marqué (o me marcaron) dos objetivos muy definidos: ser capaz de correr 5.000 metros en menos de media hora, ser capaz de correr 1.000 metros en menos de 3m45s. Cometí la imprudencia de publicarlo a los cuatro vientos, y conseguí ambos. Ahora, que estoy muy lejos de ese estado de forma, vuelvo a marcarme ese objetivo de los 5.000 metros en menos de media hora. Y me pongo como fecha el 17 de marzo de 2020.
  • ser constante, y registrar algún dato que indique tu constancia. Me marqué el pequeño objetivo de practicar todos los días un poco de inglés. Estoy usando la aplicación Duolingo (que os recomiendo, si no la conocéis), en donde me va indicando el número de días consecutivos que la uso. Ya hemos superado los 333 días, bonito número. Espero continuar con ello, y añadir un idioma más (francés, posiblemente). También quiero ser capaz de escribir un post al día en este blog, sin que eso provoque una disminución de la calidad de los textos.
  • marcarse algún objetivo para este mismo mes de Enero, en el que tan entusiasmados estamos. Obviamente, no un objetivo tan complicado como el que nos marcaríamos para todo el año, pero sí algo que nos sirva de aliciente (y nos mantenga en el camino de seguir cumpliendo objetivos). En mi caso -y continuando con los ejemplos anteriores- podría ser llegar a fin de mes siguiendo el plan de running marcado por mi querido míster Alfredo, con un post diario escrito, y habiendo revisado todos los días los idiomas inglés y francés.

Quiero terminar diciendo que, obviamente, hay miles de objetivos posibles, desde aprender un idioma o ponerse/mantenerse en forma, a mejorar la relación con los amigos y familiares (¿qué tal fijar un día al mes para quedar con esos amigos que solamente ves una vez al año?), ahorrar (¿conoces la técnica de «págate a ti primero», consistente en retirar una cantidad en cuanto recibes tu sueldo?), conseguir leer un libro al mes (o más, o menos, según sea tu ritmo habitual) o viajar a ese lugar que llevas tiempo deseando visitar.

Feliz 2020, queridos amigos.

¿Cómo reaccionamos ante una buena noticia de nuestra pareja?

Hay cuatro formas con las que un miembro de la pareja reacciona ante una buena noticia del otro miembro:

«He conseguido trabajo!»

Forma pasiva-destructiva: «No te vas a creer lo que me pasó ayer! Gané una camiseta en un concurso!»

Forma pasiva-constructiva: «Ajá, estupendo» (y sigue enredando con su teléfono)

Forma activa-destructiva: «Bufff… ¿y ahora, cómo hacemos con los niños? ¿Dónde dices que está? ¡Te va a costar una hora llegar! Y con lo que te pagan, es que ni te merece la pena!»

Forma activa-constructiva: «Maravilloso, cariño! Qué bieeen!!! Encima de lo que te gusta! Y por los niños no te preocupes; yo saldré dos horas antes; madrugo una gota y ya lo compenso! Qué alegría más grande; vámonos a cenar fuera!»

¿De qué forma suele reaccionar tu pareja? Y -lo que es más importante- ¿de qué forma sueles reaccionar tú?