Tanxugueiras, Segovia y el Rey Sabio

En la incomparable ciudad castellana de Segovia, allí en donde el rey Sabio, ese Alfonso X que compuso las Cantigas, tuvo su corte itinerante, se pudo esta misma semana disfrutar de un concierto de Tanxugueiras.

Con el telón de fondo del acueducto tuvo lugar ese concierto, construido por los romanos que nos trajeron el latín, lengua madre de castellano y gallego.

Siempre pienso que, por ejemplo, la lengua gallega se hace extraña en un lugar tan castellano como Segovia, hasta que me hago consciente de las relaciones mencionadas antes (Alfonso X, Roma) y veo que por supuesto que no estamos tan lejos.

Drive and listen

Esta página web es una de esas que hacen solamente una cosa y que la hacen bien: yendo a Drive & Listen podemos pasear en coche por una ciudad del mundo (hay unas cuantas para escoger), escuchando una radio local y, además, escuchando los sonidos de la calle.

Una bonita experiencia para disfrutar de la sensación de un viaje tranquilo conociendo nuevos lugares.

Creo que la primera mención que leí sobre esta página fue en la siempre recomendable Microsiervos.

Iglesia de San Millán, en Segovia

Es un poco injusto para cualquier monumento compartir localidad con un acueducto de más de dos mil años, con una catedral apodada La Dama de las Catedrales y con un alcázar de cuento de hadas.

Cuando se llega a Segovia en autobús y se inicia el camino hacia ese acueducto que le ha dado fama universal se puede ver esta iglesia prerrománica y románica (sí, cuando se hizo, el acueducto solamente tenía unos mil años, un adolescente si medimos el tiempo en unidades acueductiles).

Desconozco si es la iglesia más antigua de Segovia, pero bien podría serlo. Tiene una torre prerrománica; el resto del edificio se construyó por orden de Alfonso I el Batallador a partir de 1111. Rey de Aragón, hizo que esta iglesia reprodujera la planta de la catedral de Jaca (a menor escala).

Es destacable también el cristo románico que alberga en su interior, rodeado por diez arcadas cegadas.

Cuando lleguéis a Segovia, y antes de ser desbordados por la belleza de acueductos, catedrales y alcázares, deteneos ante esta maravilla que aquel emperador de todas las Españas decidió dejarnos, compitiendo en belleza con aquellos.

Ord

Ordinarios ordinales ordeñan ordovícicos ordésicos.

Arte, deporte, música y religión

Planteo hoy un tema en el que he pensado muchas veces: hay algunas disciplinas que, en la educación formal, no son protagonistas (de hecho, las asignaturas que las abordan suelen ser conocidas como las marías y destacan por su facilidad y por el poco mérito que se les otorga). Estas disciplinas se condensan en estos cuatro grupos: arte, deporte, música y religión.

Os presento los pobres frutos de mi humilde razonamiento sobre este asunto:

  • no son disciplinas que exijan una gran carga de racionalidad y en las que predomine la lógica, sino que son más dadas a la inspiración y más relacionadas con el sentimiento o la parte espiritual.
  • son disciplinas a las que se asiste extraescolarmente por puro placer, al menos en gran medida: el chaval que va a clases de matemáticas fuera del centro (en sus «horas libres») suele ser para poder alcanzar el nivel que el centro exige, no pasa eso con quien va a guitarra, pintura o fútbol.
  • son disciplinas en las que, teniendo mucho que ver con la expresión, el sentimiento o el juego, no se pueden hacer las cosas «mal» (enténdamonos: si yo juego al fútbol no lo hago tan bien como un futbolista profesional -ni no profesional-, pero como juego que es, estoy jugando, y eso -mi juego, el puro hecho de jugar- lo hago bien; del mismo modo, si un hombre primitivo hace su danza en torno a un fuego, no lo hace bien o mal, se expresa a su modo, y ya). Esto contrasta con lo en serio que en ocasiones nos tomamos esto: podemos enfadarnos porque alguien falla un gol cantado, pero raramente porque no consigue resolver un problema de matemáticas.
  • se forman grupos (este es el punto que veo más feo) de los cuales es difícil salir, suele tener un coste asociado, quizá por esa cercanía al placer de la que hablábamos antes. Es mucho más fácil dejar de ir a clases de matemáticas -sí, lo he tomado con esta maravillosa disciplina- que dejar de ir a clases de piano. Se hacen más preguntas y son necesarias más justificaciones.
  • son disciplinas dadas a la exhibición (en el mejor de los sentidos): festival de danza, partido de fútbol, exposición de escultura o procesión son mucho más habituales que festival -venga- de Química o las Jornadas de la Biología.
  • son disciplinas en las que se busca la excelencia, y no el mínimo necesario. Puedo ir a clase de Física para aprobar, pero si voy a clase de clarinete, quiero hacerlo lo mejor posible, mientras pueda.
  • volviendo al párrafo introductorio, son disciplinas que no reciben mucha atención en los temarios de estudios. Si la recibieran, ¿dejarían de practicarse extraescolarmente? Por contra, si las asignaturas a las que ahora se dedica más tiempo y esfuerzo pasaran a ser secundarias, ¿se produciría un boom de aprendizaje extraescolar?

Espero vuestras opiniones 🙂

La rutina diaria de Umberto Eco

No tenía rutina, decía él. Pero cuando no estaba en Milán o en la universidad (en esos lugares la rutina le venía impuesta), sí seguía su propio horario.

Comenzaba el día encendiendo el ordenador, revisando los emails, leía algo, y entonces comenzaba a escribir hasta la tarde. Se tomaba tiempo libre durante toda la tarde (tomaba algo en el bar, leía la prensa, veía la televisión o algún dvd) y a eso de las 23 se ponía a escribir, hasta la 1 o las 2 de la madrugada.

Buscaba especialmente los momentos en los que no era interrumpido. Y también aprovechaba cualquier hueco para trabajar, aunque solamente fuera mentalmente: mientras espera el ascensor, en el baño, en el tren. La mente no descansa, claro.

Quiero fer una prosa, de Gonzalo de Berceo

Un siglo después de aquellas glosas emilianses del cercano monasterio de San Millán de la Cogolla, aquella primera manifestación escrita de una lengua que ya no era latín, sino aquel román paladino en el que hablaba el pueblo, Gonzalo de Berceo escribía estos maravillosos versos:

Quiero fer una prosa en román paladino,
En qual suele el pueblo fablar a su vecino,
Ca non so tan letrado por fer otro latino:
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

El síndrome de Procusto

¡Ay del que destaca! Os invito hoy a conocer el síndrome de Procusto, gigantesco herrero y posadero que obligaba a sus huéspedes a medir lo mismo que la cama en la que descansaban, cortando o alargando, según conviniera.

Nos lo explica -y reflexiona muy bien sobre ello- mi querido Fabián Barrio.

https://youtu.be/Qw9bMekydio