Lo primero, el trabajo

Estamos en época de gripes, catarros y demás, sobre todo entre los niños. En el cole de nuestros hijos está faltando un buen porcentaje del alumnado. Y se me ha ocurrido pensar qué sucedería si, por ejemplo, el colegio tuviera que decretar el cierre durante una semana, por precaución. Seguramente sería un buen problema para muchas familias. Y, lo que es peor, vemos normal que lo sea.

Hemos llegado a una sociedad en la que lo primero es el trabajo (es decir, el dinero). Y lo tenemos interiorizado y normalizado, como decíamos. Eso sí, cuando llega el final de la vida (de la nuestra o de la de otros), lo que lamentamos no es el dinero no ganado, sino el tiempo no disfrutado con los nuestros.

Nunca es tarde para replantearnos esto.

El origen del zodiaco chino

El emperador de Jade organizó una carrera entre los animales, para poder decidir qué doce iban a formar parte del zodiaco.

El gato y la rata se subieron encima del buey, buscando así llegar en buena posición. Al pasar por encima de un río, la rata tiró al gato y quedó rezagado. En cuanto superaron el río, la rata saltó de la grupa del buey y consiguió llegar en primera posición, seguido por el buey.

El siguiente en llegar fue el tigre, que consiguió superar la terrible corriente del río. Gracias a su capacidad de salto, el conejo llegó en cuarta posición, explicando que en un momento dado estuvo a punto de ahogarse, agarrado a un tronco, pero que de una forma inexplicable conseguido saltar.

El dragón llegó en quinta posición, puesto que tuvo que parar su vuelo para ayudar al conejo que estaba ahogándose, tratando de aferrarse a un tronco.

El caballo llegaba galopando para conseguir la sexta posición, pero la serpiente le dio un susto y de la arrebató.

La oveja, el mono y el gallo colaboraron para conseguir superar el reto. El gallo preparó una balsa y el mono y la oveja ayudaron. Octavo puesto para la oveja, noveno para el mono y décimo para el gallo.

La explicación para que el perro fuera el undécimo, siendo un nadador excelente, es sencilla: tanto le gusta el agua que no pudo negarse a un último chapuzón. la última posición fue para el cerro, tras echarse una buena siesta.

Nos queda una última referencia hacia el gato, derribado por la rata. No llegó a tiempo y desde entonces es enemigo irreconciliable de la rata.

Gracias, Vane, por ponerme sobre la pista de esta bonita historia.

Javier Santaolalla (Youtubers con los que dejarías a tus hijos, 7)

Javier Santaolalla es ingeniero de Telecomunicaciones, doctor en Física de partículas y divulgador. En sus canales de YouTube nos revela, con su inconfundible, cercano y ameno estilo, los secretos y misterios de la Física.

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<li><a href=“https://www.youtube.com/channel/UCns-8DssCBba7M4nu7wk7Aw”>Date un voltio</a> (en YouTube)</li>
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El origen de la palabra chumino

Los marineros ingleses, en sus estancias en Cádiz, solían recorrer los barrios bajos de la ciudad en busca de prostitutas. En ese terrible negocio, también el que paga manda y elige, así que la expresión con las que se referían a las chicas para que les enseñaran sus partes íntimas, show me now, fue rápidamente asimilado por los gaditanos como chumino.

No las trates de princesas, porque son grandes duquesas

En estos tiempos en los que se prefiere el ruido a la música, la vulgaridad a la excelencia, en los que es lo mismo un burro que un gran profesor, en los que se prefieren zascas a argumentos, en estos tiempos de blancoynegros y de muy pocos grises, de youtubers cuyo principal mérito es pegar gritos o soltar palabrotas, me emociona y llena de esperanza ver un teatro lleno de jóvenes (y de muy jóvenes) coreando fragmentos de la historia o mitología (antigua y moderna).

Cuánto me alegra vuestro éxito, admirados Pascu y Rodri, cuánto os necesitamos. Gracias, gracias, gracias.

El rey que buscaba consejo

Buscaba aquel gran rey un consejo que le sirviera al encontrarse ante una situación crítica. Llamó a los principales sabios del reino, pero ninguno consiguió dar con la clave. Hasta que se le ocurrió pedir consejo a un anciano servidor, que había sido también servidor de su padre.

El anciano escribió en un papel el consejo y le pidió que solamente lo abriera cuando de verdad lo necesitara.

Tiempo después, el reino fue atacado, gran parte de sus tierras conquistadas, su castillo cercado. En ese momento el anciano hizo saber al rey que era un buen momento para leer el mensaje. Así que eso hizo el gran señor. El mensaje era simple, pero llenó de esperanza al monarca:

Esto también pasará.

La esperanza se convirtió en confianza, la confianza en ánimo y el ánimo en victoria. El rey se convirtió en el más poderoso que jamás había existido y los días de gloria se sucedían. Tal era su poder que casi no permitieron que el anciano siervo, ya cercana su muerte, se aproximara al señor, recordándole que, una vez más, releyera el consejo.

Esto también pasará.

¿Cuáles eran los mares del Sur?

Debemos ubicarnos unos cuantos siglos atrás, a esa época de los descubrimientos, en los que el mundo era cada vez más grande y más pequeño a la vez. Cruzando la parte central de América, a la altura de lo que hoy es Panamá, se podía divisar, hacia el sur, un mar. Un nuevo mar que, estando hacia el sur, fue bautizado -sí- como «los mares del Sur».

Esos mares del Sur acabaron siendo el Océano Pacífico, pero nunca consiguió alcanzar la fama ni lo mítico de su antiguo nombre.

La fe velada, de Antonio Corradini

Si visitáis el maravilloso Palacio de La Granja, cerquita de Segovia, ese palacio en las nubes que causaba la admiración de la nobleza europea, no debéis perderos esta maravillosa (casi mágica) obra de Antonio Corradini.

Estoy seguro de que ser capaz de esculpir el mármol haciendo que parezca tela y permitiéndonos ver la cara, el vientre, el ombligo, detrás del velo tiene una altísima dificultad técnica. ¿No os parece increíble?

¿Y cuál es la edad “normal” para comenzar a caminar?

Aunque ya sabemos que, visto de cerca, nadie es normal, la pregunta es recurrente. Y no solamente para caminar, sino para casi todos los aspectos de la evolución de nuestros bebés (y no tan bebés): caminar, hablar, comer, dormir, pañales y demás.

Y aunque es cierto que cada niño tiene su ritmo, sí que existen entornos que favorecen el adelantamiento o retraso de la habilidad de caminar. Citaré los dos ejemplos que considero extremos (si alguien conoce otros extremos, lo modificaré con gusto): los indios ache, del Amazonas, retrasan todo lo posible la edad de comenzar a caminar, situándola en los cuatro años. Es una cifra que desde luego nos puede parecer exagerada en occidente, pero con seguridad va ligada a la supervivencia de la tribu: imagino que si un niño de un año pudiera despistarse fácilmente en la selva, encontraría una muerte segura. El otro extremo nos lo ofrecen los indios !kung del Kalahari (esa admiración es forma en la que hemos intentado expresar el sonido que hacen con su lengua en el paladar y usan para comunicarse), en donde la edad media para comenzar a caminar está en ocho-nueve meses. Al igual que sucedía con los ache, esta precocidad también supone una gran ventaja para una tribu acostumbrada a caminar por un desierto.

Y si has llegado aquí intentando tener una respuesta más concreta para los bebés de la sociedad occidental, te diré que suele hablarse de algún momento entre los ocho y los dieciséis meses.

El plátano de 120.000 euros

El artista italiano Maurizio Cattelan es el creador de la obra. Un plátano pegado a una pared con cinta aislante. El precio, 120.000 euros. La compradora, Sarah Andelman. Y el debate, la eterna pregunta: ¿esto es arte? Y en consecuencia, ¿qué es arte?

Todos parecemos tener claro que el arte no es el simple virtuosismo. Y también que el arte debe sacudir e interpelar al observador. Y que esta obra que nos ocupa no es virtuosa ni deja indiferente. Pero también somos conscientes de que si no se hubiera pagado ese dinero, tampoco nos sacudiría. ¿Es el precio parte de la obra de arte? Muchas preguntas y quizá tantas respuestas como lectores.

Y para cerrar el círculo, la intervención del artista David Datuna. Se dirigió, decidido, hacia la obra, despegó el plátano de la pared… y sí, se lo comió.