Archivo de la categoría: Internet

¿Cuál fue la primera red social?

Todos hemos oído hablar de esa teoría que cuenta que cualesquiera dos personas estamos unidas por no más de seis grados de separación, seis personas que nos pueden relacionar.

Basándose en ella, e incorporando perfiles y relaciones, la página sixdegrees.com (1997) se considera la primera red social. Fue creada por el emprendedor Andrew Weinreich y era, básicamente, un directorio de personas.

Necesitamos ser escuchados

El periodista de El País Fernando Peinado -de quien ya hemos hablado en este blog- cometió ayer un error precioso: básicamente nos dijo a todo Twitter que quería hablar con nosotros en privado.

Peinado se corrigió rápidamente, pero nos dejó el regalo de su error: el tweet recibió -sigue recibiendo- miles de respuestas, retweets y likes.

Vivimos en tiempo en los que hablar es gratis. Pero ser escuchados, amigos, ser escuchados es algo que no tiene precio.

La página del millón de dólares

Alex Tew estaba buscando costearse su educación universitaria y -desconozco si tras darle muchas vueltas o ninguna- dio con una idea que resultó ser perfecta: una cuadrícula de 1.000 x 1.000 píxeles, es decir, de un millón de píxeles. A la venta cada uno de ellos, al sencillo precio de un dólar.

Así que vendió todos, ganando aproximadamente ese millón de dólares. Aproximadamente porque, según creo recordar, los últimos eran un poco más caros.

¿Qué os parece? ¿Un genio, un timador… o ambas cosas?

By Alex Tew – http://milliondollarhomepage.com/, https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=20132455

The Social Dilemma

Este documental de Netflix es de visionado obligatorio, al menos para quienes nos dedicamos profesionalmente a este mundo de Internet. Y muy recomendable para quienes usamos Internet (¿alguien no?)

The Social Dilemma nos muestra el control casi absoluto que ejercen las redes sociales sobre nuestras vidas y, en consecuencia, la falta de libertad y privacidad que eso supone. El primer paso -quizá el único, si no queremos ir más allá- es ser conscientes de ello. Hay un pequeño sector que sí está yendo más allá, y está dando de baja sus cuentas en redes sociales. Tengo dudas de que sirva de algo, eso sí.

No quiero terminar sin hacer dos apuntes: por una parte, muchos de quienes planificaron estos servicios ni buscaron, ni previeron, ni siquiera imaginaron el nivel de control que sus creaciones provocarían; por otra parte, está claro que las redes sociales nos ayudan a mejorar nuestra sociedad: contacto con seres queridos, acciones solidarias, actuación ante emergencias, imparable desarrollo de nuestra creatividad…

Mr Robot y su secuencia inicial

Mr Robot es una serie que gustará a los aficionados a (y profesionales de) la tecnología. No solamente, ya que también es una buena reflexión sobre nuestra sociedad y sobre las relaciones humanas.

La escena inicial, personalmente, me fascina. El protagonista, experto en seguridad, ha descubierto a qué turbios (más que turbios) asuntos se dedica el propietario de un boyante negocio. Desde las pocas pero concisas palabras que le aportan su timidez y su conocimiento, destroza a su interlocutor.

La primera página web de la historia

Tim Bernes-Lee, creador del lenguaje HTML (que permite, entre otras cosas, hacer que pueda haber enlaces desde un texto hacia otro texto), del protocolo HTTP (que permite que esas páginas HTML puedan enviarse de un sitio a otro) y de las URL (una forma de identificar de forma unívoca cualquiera de esas páginas), creó, en 1991 y en su propio ordenador del CERN, la primera página web.

En los enlaces al pie de este post podéis visitar esa página, antecesora de todas las demás.

Sobre la relación entre influencers y anunciantes

En los últimos días estamos viendo cómo hay influencers que intentan conseguir servicios gratis a cambio de realizar una promoción de los mismos en redes sociales o blogs. Y cómo algunos de los interpelados demuestran su imaginación o su mala educación -según los casos- al verse ofendidos por tales sugerencias).

Bloggero

Así que he pensando en establecer una serie de consejos tanto para influencers como para los anunciantes.

En qué deben fijarse los anunciantes:

  1. ¿lleva suficiente tiempo en las redes, o es un recién llegado?
  2. ¿cuál es su número de seguidores y, sobre todo, cómo son esos seguidores?
  3. ¿domina su medio? Si es un blogger, ¿sabe escribir? Si es un instagramer, ¿sabe hacer atractivo nuestro producto con sus fotografías y comentarios?
  4. ¿cuánto tiempo va a estar esa promoción vigente; va a ser visible durante días, meses…?
  5. ¿estamos comprando publicidad o estamos simplemente enviando una muestra para evaluación? Si es publicidad, tenemos mucho que decir sobre lo que se escriba sobre nuestros productos, si es una muestra para evaluación, debemos saber que esa evaluación podría ser negativa.
  6. ¿El blogger/instagramer/etc es honesto? ¿Deja claro en su contenido que se trata de una muestra que le han enviado o una publicidad que le han contratado?

Y para los influencers (o similar):

  1. ¿aporta algo a tus lectores/seguidores esa colaboración?
  2. ¿es una colaboración con la que te sientes en sintonía?
  3. ¿es una colaboración con la que tu blog/cuenta de instagram/etc está en sintonía?

Estos tres mandamientos se resumen en uno: ¿podrías haber escrito ese post a cambio de nada?

Fotos de menores en Internet

Si no tienes tiempo para leer más, te lo resumiré en una frase: nunca subas fotos de menores a Internet. Si te ha quedado claro, ya puedes dejar de leer. Si quieres algunos argumentos, los expongo a continuación.

– los menores son menores hoy, pero las fotos estarán (potencialmente) en Internet toda la vida. Sí, aunque tú la borres, cualquiera puede habérselas bajado y subido a otro sitio, o pueden quedar en alguna caché, por ejemplo. ¿Le gustará a tu hijo que una foto suya de pequeño sea objeto de bromas por sus compañeros de instituto?

– ¿qué puede hacer un pederasta con una foto de un menor? Pues lo menos dañino será llevarse esa foto a sus foros y empezar a hacer comentarios de un alto nivel de obscenidad. He tenido la desgracia de ver un extracto de esos comentarios ante una foto de una niña en la playa, y os prometo que jamás había escuchado tales cosas (ni dirigidas a menores ni a adultos).

– si aún así decides subir fotos (y esto es valido para cualquier tipo de fotos, no solamente de menores), hazlo en un sitio donde no cedas tus derechos de autor. Específicamente, Facebook no es un sitio al que debas subir tus fotos: al subir una foto allí, Facebook pasa a tener la propiedad intelectual de esa fotografía. Y podría usarla para lo que quisiera, entre otras cosas.

– si aún así decides subir fotos, piensa que estás haciendo lo equivalente a poner fotos de tu hijo en una calle muy transitada. Lo haces para que las vean tus seres cercanos… pero las puede ver todo el mundo. Sí, incluso en el caso de que indiques que esa foto solamente puede ser vista por tus amigos, no puedes garantizar que ningún amigo la comparta de algún modo (voluntaria o involuntariamente). Por otra parte, a Facebook (de cara al tema de la propiedad intelectual), quizá le importe poco tu privacidad.

– si aún así decides subir fotos, siempre mejor en grupo que el niño solo; siempre mejor en pequeño que en grande; siempre mejor con ropa que semidesnudo; siempre mejor sin nada que lo pueda identificar que siendo fácilmente ubicable.

– para que os hagáis una idea del tipo de búsquedas que se realizan en Internet, os contaré algo: hace ya varios años publiqué un post en el que se hablaba de, para cada carrera universitaria, el porcentaje de estudiantes vírgenes. Pues bien, es muy muy habitual que haya gente que llegue a este blog buscando… «estudiantes vírgenes».

– bien, ¿y qué podemos hacer si queremos enseñar las fotos de nuestros retoños a personas de confianza? Desde luego, no ponerlas en un lugar público. La opción más segura… no compartirlas. Si compartimos, debemos saber que ni el email, ni dropbox, ni whatsapp son completamente seguros. Aunque sí me atrevo a decir que estamos «relativamente» seguros con esas opciones. Es buena analogía imaginarse que esa información la enviamos -sobre todo en el caso del email- de forma tan segura como cuando se envía una postal. Sin duda, nadie la va a leer… pero podría leerla.

Espero vuestros comentarios; por mi parte, voy a compartir este posts con varios expertos en el tema, a fin de que puedan añadir/corregir/completar lo que consideren.