¿Y si los tratamos como si no fueran de la familia?

Hay una situación en la que caemos -creo- todos alguna vez: tratamos mejor a los desconocidos que a las personas de nuestra familia. Si viene un niño de fuera, podemos pasarnos un buen rato jugando con él, pero para los nuestros estamos muy cansados. Si una desconocida nos pregunta algo por la calle, respondemos con toda nuestra amabilidad, pero para nuestra pareja no tenemos palabras tan bonitas.

Así que os propongo y me propongo darle la vuelta a esta situación y pasar a tratar a los nuestros como se lo merecen. Y por supuesto, a los desconocidos los seguiremos tratando bien, cómo no.

Desconocida

¿Conoces los libros de Usborne?

Os voy a contar qué cosa tan bonita me pasó el otro día. Aquí en casa nos gustan mucho los libros de Usborne: son formativos y bonitos, además de ser unas ediciones muy bien terminadas. Los conocimos -o eso creía- con Dani, y desde entonces son un referente habitual a la hora de regalar, regalarnos y recomendar. Os invito a visitar su web y echar un vistazo.

Pero os sigo contando. Hace ya muchos años (unas cuatro décadas) mi querida madre me regaló un libro maravilloso: “El libro de los niños. La tierra”, se llamaba. Me ha acompañado siempre y ahora lo disfrutan los niños. Un libro asombroso para unos ojos en permanente asombro. Pues -lo estáis adivinando, ¿verdad?- imaginaos mi sorpresa cuando, casi sin querer, me di cuenta de que ese libro también era de Usborne. Así que realmente no los descubrí con Dani… sino mucho antes en el tiempo. Eso no hizo más que reforzar mi admiración por esa editorial, por supuesto.

El libro de los niños: La tierra (Usborne)

Instrucciones a mis hijos

Hoy quiero compartir con vosotros este precioso poema de Magdalena Sánchez Blesa, que he descubierto gracias a Bárbara (¡gracias!)

Instrucciones a mis hijos

Jamás un conato de daros la vuelta.
Jamás una huida, por muchos que sean.
Jamás ningún miedo, y si acaso os diera,
Jamás os lo noten, que no se den cuenta.
Jamás un “me rindo”, si no tenéis fuerzas.

Aunque fuese a gatas, llegad a la meta.
Que nadie os acuse -¡miradme a la cara!-
que nadie os acuse de dejar a medias un sueño imposible.
(Si es que los hubiera)
Yo no los conozco,
y mira que llevo yo sueños a cuestas.

Jamás, y os lo digo como una sentencia, -¡miradme a la cara!-
jamás en la vida paséis por el lado de cualquier persona sin una sonrisa.
No hay nadie en el mundo que no la merezca.
Hacedle la vida más fácil, ¡miradme!
A cada ser vivo que habite la tierra.

Jamás se os olvide que en el mundo hay guerra
por pasar de largo sin gloria ni pena delante de un hombre
y no preguntarnos qué sueño le inquieta,
qué historia le empuja,
qué pena lo envuelve,
qué miedo le para,
qué madre lo tuvo,
qué abrazo le falta,
qué rabia le ronda,
qué envidia lo apresa…

Jamás, y lo digo faltándome fuerzas,
si el mundo se para,
os quedéis sentados viendo la manera de que otro lo empuje.
Remangaos el alma,
sed palanca y rueda.
Tirad de la vida vuestra y de quien sea,
que os falte camino,

perded la pelea contra los enanos
no sed los primeros.
Que os ganen los hombres que no tienen piernas.
No sabedlo todo,
dejad que contesten los que menos sepan.

Las manos bien grandes,
las puertas abiertas,
anchos los abrazos, fuera las fronteras
hablad un idioma claro, que se entienda.

Si estrecháis la mano, hacedlo con fuerza
mirando a los ojos,
dejando una huella.
Prestad vuestra vida,
regaladla entera.
Que a nadie le falte ni una gota de ella.

¡Cantad!
Que cantando la vida es más bella.
Y jamás, -os hablo desde donde nazca
el último soplo de vida que tenga-
jamás una huida,
por muchos que sean…

Para Dani, en el día tan bonito que es hoy. Aunque, por supuesto, no me importa que a veces tenga miedo.

Mini Laboratorio de cristales

Supongo que ya conocéis los juegos de Science4You; en casa tenemos unos cuantos y son todos muy recomendables. Nos han enviado hace unos días uno estupendo: Mini Laboratorio de Cristales. Y ya que Dani está en 4º de primaria, y precisamente acaban de estudiar los minerales y las rocas, nos ha venido de maravilla. El manual del juego no se limita a describir cómo hacer los experimentos, sino que cuenta con una introducción teórica -y amena- que nos permite entender mejor lo que vamos a hacer. Nos ha encantado ver reflejados en ese manual los conceptos aprendidos en clase.

El juego ofrece varios experimentos que, en general, necesitan un tiempo para completarse (la formación de cristales no es un proceso inmediato, así que es lógico este tiempo de espera, que además proporciona al niño una percepción real).

Los experimentos que nos propone este juego son los siguientes (además del procedimiento se incluyen las explicaciones necesarias para que se entienda bien qué está sucediendo):

  1. Cristales de alumbre de potasio.
  2. Crecimiento profesional de cristales: un único cristal de grandes dimensiones.
  3. Una estrella cristalina.
  4. Corazón con cristales.
  5. Huevos cristalinos.
  6. Haz un collar.

Como suele ser habitual en los juegos de esta casa, se incluyen descuentos para diferentes museos, parques y actividades relacionadas con la ciencia.

Hemos decidido sortear, en Facebook, un juego del Mini Laboratorio de Cristales (¡gracias, Science4you!) entre nuestros seguidores en Facebook que cumplan las siguientes condiciones:

  • Ser seguidor en Facebook de Science4you.
  • Ser seguidor en Facebook de El Cartapacio de Gollum.
  • Comentar este status en el que hablamos del Mini Laboratorio de Cristales.
  • Poder recibir el regalo en una dirección de España peninsular (bien saben los dioses cuánto lamento esta restricción).
  • Participar antes del 31 de diciembre de 2017, incluido.

Aquí tenéis un vídeo sobre este juego:

Algunos enlaces interesantes, con más información:

Edición (27-diciembre-2017):
La fecha (31 de diciembre de 2017) se refiere al horario de España peninsular.

¿Y por qué me miente mi niño?

Ah, las mentiras. La falta de sinceridad es una de las cosas que más nos duele a los padres porque consideramos -con razón- que la sinceridad es básica para establecer una buena relación. Por supuesto, no estoy hablando de mentiras piadosas ni mentiras para librarnos de un potencial acosador, faltaría más. Estoy hablando de cuando nuestros pequeños nos mienten queriendo ocultarnos algo.

¿Por qué nos mienten? Nos mienten no por lo que ellos han hecho. Nos mienten, sobre todo, porque temen nuestra reacción. Así que aquí tenemos parte de la solución: reaccionar bien (con respeto, con empatía, con sosiego) ante cualquier acción de nuestros hijos. Y esto mismo se aplica, desde luego, a si los “pillamos” en una mentira. Debemos sobreponernos al enfado/desconcierto/desasosiego que nos invade.

Por suerte, cuando somos niños y la (mala) educación no nos ha deformado demasiado todavía, somos tremendamente sinceros, incluso cuando mentimos. En esas mentiras hay mucha verdad: está la verdad ya mencionada de nuestras reacciones equivocadas; está, desde luego, la conciencia de que se ha hecho algo que no se debería haber hecho; está, sin duda alguna, la realidad de lo que ha pasado. En ocasiones, las mentiras de un niño son más sinceras que las verdades de un adulto. Simplemente tenemos que ser capaces de abrir los ojos para ser conscientes de todo lo que nos cuentan esas mentiras.

No quiero terminar el post sin hacer mención en el destino de esas mentiras. A quién miente un niño también nos dice mucho de cómo somos. Y quizá aquí radica realmente nuestro enfado ante las mentiras. No es un “¿por qué miente?” sino un “¿por qué me miente a mí?”

El niño que saltó al campo para socorrer a un rival

El partido, de domingo por la mañana, enfrentaba a La Palma CF (Huelva) contra el UP Viso (Sevilla). Ya cerca del final del partido, Pineda, del equipo visitante, recibió un fuerte balonazo que le impedía respirar.

Moisés ayudando a Pineda; fotografía de Antonio Alcalde Pérez.

Sin pensárselo dos veces, Moisés Aguilar Alcalde, de 12 años, y recogepelotas de La Palma CF, saltó al campo para ayudar a Pineda. Su rápida maniobra le permitió recuperar rápidamente la respiración.

Se me va la mente, claro, al recuerdo de Bilardo intentando impedir que un miembro de su equipo ayudara a un rival que lo necesitaba. Los niños, siempre son los niños quienes nos enseñan y quienes nos devuelven la fe.

Su orgulloso -no es para menos- tío Antonio Alcalde Pérez inmortalizó el momento en la preciosa foto que tenéis al comienzo de este post.

Gracias y felicidades, Moisés, sobre todo. Gracias también a Antonio por contarnos en el momento y por la fotografía. Gracias a sus padres, Becken y Lola, porque nuestros hijos aprenden de lo que hacemos, no de lo que les decimos. Y gracias al club La Palma, porque los valores son el más preciado de los trofeos.

Origen: El niño que saltó al campo para socorrer a un rival | Blog Diario de España | EL PAÍS

¿En qué momento?

Solamente quiero dejar una pequeña reflexión -las imágenes hablan por sí mismas- junto a este vídeo. ¿En qué momento nuestra sociedad pasó a considerar “normales” (¡e incluso “buenos”!) a los niños que no se mueven y que no se dejan llevar por sus sentimientos? Y no solamente eso, sino que hemos pasado -como consecuencia lógica- a considerar como enfermos a los niños que sí lo hacen.

Cuando los padres condenamos a nuestros hijos

Estoy leyendo Open, la autobiografía de André Agassi, y la estoy disfrutando muchísimo. Quiero compartir con vosotros un párrafo que me ha impactado. Un párrafo que, aunque habla de tenis, realmente nos habla de la vida y del daño enorme que los padres podemos hacer a nuestros pequeños (la traducción es mía):

Todavía puedo intuir al niño que ya al principio no quería jugar al tenis, que quería dejarlo, que lo dejó muchas veces. Veo a ese niño de pelo dorado que odiaba el tenis, y me pregunto cómo vería él a este hombre calvo, que sigue odiando el tenis y que aún así sigue jugando. ¿Estaría sorprendido? ¿Le resultaría gracioso? ¿Se sentiría orgulloso?
(André Agassi, 36 años, frente al espejo)

Es demasiado fácil que los papás hagamos un daño terrible a nuestros hijos (sí, buscando su bien) y que los condenemos a una vida que no iba a ser la suya. Qué difícil encontrar ese punto entre el apoyo que siempre debemos dar, el empujón que a veces es beneficioso… y el empujón que nunca deberíamos dar.

Gracias, mamá, Marimar, Nacho y Lucas.

Hoy tengo esperanza

No sé si es una percepción subjetiva o una realidad, pero me da mucha esperanza ver que una mujer haya sido capaz de denunciar a quienes, en una noche de juerga, han abusado de ella, ver que otra mujer haya sido capaz de denunciar los abusos de sus superiores, de gente realmente importante, prácticamente intocable. Y que más mujeres se hayan unido a esa denuncia. Y que otra más se haya armado de valor para denunciar los tocamientos de su jefe, en un día especialmente señalado para ella.

¿No os parece que esto nos ha sacudido de algún modo? ¿Que nuestra sociedad ya no puede pasar por alto todo eso? Me preocupa, eso sí, qué sucederá cuando se pase el boom. ¿Nos olvidaremos, igual que nos hemos olvidado de aquel niño que yacía muerto en una playa del Mediterráneo?

Dejo para otro momento el hecho de que ese paso lo hayan tenido que dar las mujeres, cuando somos los hombres quienes agredimos.