El nombre de la víctima de La Manada

Como sabréis, cuando comenzamos a escribir una cadena de búsqueda en Google, el buscador nos sugiere opciones, basándose en lo que más busca la gente.

Lo peor es que no nos extraña, ¿verdad? Tercer “castigo” para esta persona, después de los Sanfermines y de la sentencia.

Me gustaría aprovechar para llevar esta reflexión: ¿qué pasa si yo utilizo algoritmos que den información -en principio privada- a base de recopilar información pública? ¿Qué opináis? Se me ocurre una bastante sencilla: publicar el dinero que tiene una persona utilizando la información que esa persona muestra en redes sociales, la información que Google nos devuelve de ella, o incluso la que aparece en boletines oficiales. De su ética no tenemos demasiadas dudas, pero ¿qué me decís de su legalidad?

Si has llegado hasta aquí buscando el nombre de esa persona, puedes irte tranquilamente, ya que aquí no vas a encontrar esa información.

El trato a nuestros mayores

Tengo la sensación -no es la primera vez que lo comento- de que vivimos en una sociedad que está cada vez más alejada de los niños y de los ancianos y que es absolutamente incapaz de entender los comportamientos propios de esos grupos de edad. Así que acaba calificando con el nombre de enfermedades lo que es parte de un proceso normal, si se me permite utilizar esa palabra: que un niño sea muy movido o que un anciano tenga lagunas de memoria no deberían ser motivos de alarma, en mi opinión.

Como sabéis, en este blog suelo hablar mucho de nuestros pequeños, pero hoy quiero centrarme en quienes han recorrido su camino, nuestros antecesores en este bonito río de la vida. Somos lo que somos gracias a ellos, y podemos seguir aprendiendo de su sabiduría, pero optamos por apartarlos de nuestras vidas -como no producen y nosotros tenemos que trabajar, pagamos a otras personas para que se ocupen de ellos-, impacientarnos con sus despistes e incluso ridiculizarlos o alterarnos si no tienen nuestra agilidad mental o física. Como sucede con nuestro trato con los niños, también tenemos muchísimo que cambiar de nuestro trato con los mayores, ese otro tesoro que nos regala la vida.

Sobre la violencia machista (me dirijo, hombre, a ti)

Así como en otras situaciones polémicas suelo sentir la conveniencia (¿necesidad?) de dar mi opinión, con este terrible asunto de La Manada percibo todo lo contrario. Resumiendo, siento que no tengo nada que aportar al debate. Pero ahora, días después de la sentencia, me parece adecuado dirigirme a los hombres que me leéis (por supuesto, si eres mujer, tu opinión también será más que bienvenida).

Me gustaría saber cómo os sentís, si el desasosiego y tristeza que tengo por dentro son solamente cosa mía, o si es compartido. Si nos hemos dado cuenta por fin de que las historias de acoso/abuso/agresión sobre las mujeres no son casos aislados, sino que son la norma sin excepción.

En concreto, me gustaría saber qué sucedería si me dirijo a ti, hombre, en privado (sin testigos, cámaras ni facebooks de por medio) diciéndote que no fue para tanto, que realmente las protestas de estos días son algo artificial, que las mujeres corren peligro en las calles, pero que nosotros también; diciéndote, en definitiva, que son unas exageradas, que se inventan muchas cosas, que sus reclamaciones son injustas, ¿qué sucedería? ¿Me darías la razón, o rebatirías mi discurso? No lo tengo claro. Y una segunda pregunta: ¿conoces a algún hombre al que le pudieras plantear esos argumentos y por cuya respuesta pondrías la mano en el fuego?

¿Has visto, estás siguiendo la estremecedora campaña #cuentalo en donde mujeres de ayer y de hoy nos cuentan los abusos que han sufrido en su vida, solamente por ser mujeres? Son unos testimonios absolutamente desgarradores y contarlos muestra una valentía infinita. Tengo la certeza de que esto, otra vez, nos lo van a solucionar ellas. Y encima lo van a solucionar sin violencia. ¿Sabéis por qué? Porque ellas sí son capaces de vernos a nosotros como personas. Aunque a veces no lo parezcamos.

No empieces

Creo que es una expresión que todos -yo seguro que sí- hemos utilizado o, al menos, hemos pensado: “No empieces”. La usamos cuando alguien comienza a darnos una opinión o a comportarse de una forma que nos ha molestado en un pasado: “No empieces”.

Pocas frases se me ocurren que sean más anuladoras: es un “no digas lo que piensas”, “no des tu opinión”, “no actúes de esa manera”, “ya lo has hecho (mal) en un pasado, así que no se te ocurra volver a hacerlo”. Y es realmente anuladora porque hace que la persona que lo recibe sepa de un golpe que su opinión o su comportamiento no va a ser tenida en cuenta -aunque sea completamente procedente. Plof. De un plumazo, te callo.

Así que al menos por mi parte voy a poner todo para no volver a decirla y, sobre todo, para no volver a pensarla. Para darme cuenta de que si esa persona actúa así es porque lo considera adecuada. Y, al menos, merece ese respeto.

No es un castigo, es una consecuencia

Hace unos días leí un texto con muy buenos consejos pero que, en uno de sus apartados, utiliza la expresión “castigo o consecuencia”, como si simplemente fueran dos formas de llamar al mismo concepto. Voy a intentar explicar la diferencia, de forma que no haya dudas.

La pregunta clave es: una vez realizada la acción “punible”, ¿se puede evitar ese castigo/consecuencia [y seguir ayudando a que no se repita la acción]? ¿Sí? Entonces es un castigo. ¿No? Entonces es una consecuencia. Os lo dejo -y me lo dejo- como ejercicio. También os invito a comentar, a proponer nuevas situaciones, y a sugerir cómo resolver esas situaciones sin castigar.

  • Si no te comes todo, no vas al cine.
  • Si tardas en terminar las tareas, no te dará tiempo a ir al cine y no podrás ir.
  • Si le pegas a tus compañeros, te quedarás sin recreo.
  • Si le pegas a tus compañeros, no podrás jugar con ellos, porque les harás daño.

Rampa de coches de madera con aparcamiento, de Toys of Wood Oxford

Hemos recibido este bonito juguete de Toys of Wood Oxford, una marca que tiene unos productos que nos encantan, y debo decir que nos parece un muy adecuado tanto para niños pequeños como para cualquiera que quiera mejorar la motricidad fina. Como orientación, os diré que se indica que es a partir de 18 meses.

El juguete consiste en cuatro rampas de diferentes colores por las que descienden cuatro cochecitos también de diferentes colores y numerados (del 1 al 4). Por la forma que tienen los cochecitos, al llegar al final de la rampa se giran por completo (dan media vuelta de campana) para caer del revés en la siguiente rampa. Un efecto muy curioso.

Como todos los juegos de Toys for Wood, los acabados son estupendos. Este juego en concreto tiene algunos componentes de PVC (las rampas por las que descienden los cochecitos y el aparcamiento superior). El resto (salvo tornillos o similar) es de madera. Un buen regalo que gustará, seguro.

Hijo mío, ¿por qué eres así?


(Imagen tomada de Tip’s Educ. [página de Facebook])

Seguro que os habéis encontrado en muchas ocasiones con madres/padres que tienen una relación especialmente difícil con alguno de sus hijos. Y cuesta poco darse cuenta de que precisamente ese hijo es el que más se les parece.

Cuando tenemos una relación así con nuestros hijos me parece evidente ser conscientes de que el problema lo tenemos con nosotros mismos y no con ellos. Esto me lleva directamente a recordar un consejo que leí por primera vez a la escritora Laura Gutman y que procuro aplicarme siempre que puedo: cuando tenemos algún problema con nuestros peques, cuando “tienen” un día complicado, cuando no conseguimos llegar a ellos… es tremendamente adecuado pasar del “¿qué les pasa [a nuestros hijos]?” al “¿qué me pasa?”. Y seguramente ahí encontraremos la solución.

Sacrificando al hijo

Tarifa se encontraba sitiada, y Alfonso Pérez de Guzmán estaba encargado de su defensa. Para conseguir que la plaza se rindiera, los sitiadores llevaron al hijo de Guzmán ante las murallas, amenazando con degollar al niño si no se producía esa rendición. Desde lo alto de la muralla se encontraron la más inesperada de las respuestas: el cuchillo del padre, junto con la indicación de que lo utilicen para matar a su hijo.

Cuántas veces sacrificamos a nuestros hijos por culpa de satisfacer a la sociedad, me pregunto.

De Salvador Martínez Cubells[2], Dominio público, Enlace

Sobre insultos, provocaciones y formas de dirigirse al público


En los últimos días están los medios de comunicación muy críticos con Piqué, poniendo el acento en su gesto “mandando callar” al público del Espanyol (ha habido más incidentes entre ambas partes, pero quiero centrarme aquí en ese gesto).

Desde luego, no es el primero que se dirige así a una grada. Tenemos la referencia más conocida (al menos en España) de Raúl, cuando mandó callar al Camp Nou tras conseguir el empate a dos con un golazo sublime. O la de Messi mostrando al Bernabéu su camiseta, tras lograr el 2-3 en un Clásico. (Y desde luego no son los únicos en dirigirse de estas o similares formas al público).

¿Que qué opino sobre eso? Pues no lo veo mal, ya que me parece parte del juego. Y, desde luego, ni se está insultando ni se está ofendiendo. Como mucho, lo veo como una falta de madurez. Raúl hizo ese gesto con 22 años, difícilmente con 29-30; del mismo modo, Piqué o Messi, dentro de unos años (si siguieran jugando), tampoco lo harían, muy posiblemente.

Somos perfectamente imperfectos

Escribo preguntando vuestra opinión. Este spot de Diesel, una marca de ropa, me parece que está en los límites de lo aceptable. Creo que conseguir que nuestros jóvenes (y niños, y adultos) estén felices con sus cuerpos es una tarea de todos y, desde mi punto de vista, aquí Diesel no está poniendo su granito de arena. Es un tema importante y delicado; hay personas cuyas “imperfecciones” físicas les hacen vivir un auténtico calvario simplemente por las burlas de terceros. En estos tiempos en los que parece que por fin nos tomamos en serio el problema del bullying, no deberíamos consentir (no deberíamos plantear, si estamos en el lado de las empresas) publicidad de este tipo. Por si fuera poco, implícitamente estamos apoyando la uniformidad, con todos sus inconvenientes.

He revisado los comentarios de los usuarios con respecto a este vídeo. La gran mayoría -salvo alguna afortunada voz discordante- lo ensalzan. Pero quiero destacar un argumento que me parece destacable, y en el que no había caído [Usuario Oliver 2000 en YouTube]: intenta explicar que la cirugía estética es mala y superficial, mostrando al final al niño como argumento en contra (de la cirugía).