¿Sentimientos o conocimientos?

Se nos está dando en estos últimos años un debate en el mundo escolar que plantea si es o no adecuado cuidar los sentimientos del alumno aunque eso implique no avanzar en los conocimientos.

Tengo clarísimo que hay que cuidar la sensibilidad, los sentimientos y las características individuales de cada niño -incluyendo esa mochila, y no me refiero a la física, que arrastran. Sin embargo, del mismo modo que si vamos al médico valoramos muchísimo un trato amable y empático pero lo que queremos es que nos cure (y esa es su misión), también queremos que el profesor haga llegar al alumnado el conocimiento que corresponde (y esa es su misión).

Por otra parte, es evidente que los profesores no son psicólogos y que meterse en ese terreno puede causar más mal que bien. Este es un punto de vista que tampoco hay que desdeñar.

Y, finalmente, también quiero dejar claro que si hemos pasado de abuelos analfabetos o nietos universitarios ha sido gracias a la transmisión de conocimientos.

Dicho ello, no dejemos de cuidar los sentimientos.

Hermanos de leche

En España, hasta hace relativamente poco (un siglo, aproximadamente) existía la figura de la nodriza o ama de cría, que era una mujer que daba de mamar a bebés que no eran suyos (por diferentes motivos: porque la madre había muerto, porque no quería o no podía amamantar…)

Aquellos bebés que compartían nodriza se denominaban entre sí hermanos de leche, y de establecía un vínculo que en ocasiones duraba toda la vida.

Para que una mujer pudiera ser nodriza tenía que cumplir una serie de requisitos: “Art. 26. Las nodrizas á quienes las Juntas entregaren los niños expósitos, serán de matrimonio, asegurándose previamente de su robustez, suficiencia de jugo lácteo, moralidad y demás circunstancias que se requieren para la buena crianza y educación de los mismos expósitos”, según un documento de la Diputación de Guipúzcoa, por ejemplo.

Además, su trabajo -que normalmente se prolongaba hasta que el pequeño alcanzaba los siete años de edad (no necesariamente siendo lactante)- estaba supervisado para impedir abusos o malas prácticas.

Las escuelas viajeras

En la II República se pusieron en marcha las llamadas Misiones Pedagógicas, que recorrían aldeas y pueblos en una suerte de escuela itinerante. Sin duda, una de las iniciativas más bellas y loables de aquel periodo histórico.

“Somos una escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela donde no hay libros de matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas como en otro tiempo. Porque el gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que vengamos, ante todo, a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas y abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie hasta ahora ha venido a enseñároslo; pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros”

Manuel Bartolomé Cossio,
Diciembre de 1931.

En Navas del Madroño, un pequeño pueblo de la provincia de Cáceres, a medio camino entre Alcántara y la capital, se encontraron, durante unas reformas realizadas en 2006, material oculto de aquella época; ahora ese material puede disfrutarse en el Centro de Interpretación de las Escuelas Viajeras.

Para India, Rodri, Carol y Javi :*

¿Qué deben leer nuestros adolescentes en el instituto?

Hay una cuestión previa a esta, que es aquella que plantea si es o no contraproducente obligar a la lectura. No es la que planteo hoy en este post.

La cuestión que analizamos hoy se refiere a si debemos pedir que lean a los clásicos (y, dentro de aquí, si deben ser versiones adaptadas), o si, por contra, debemos sugerir que lean obras actuales.

  • dificultad: de entrada, y de forma general, las obras actuales son más fáciles de leer que las clásicas, lo cual ayudará a la lectura y a su hábito. Sin embargo, no creo que debamos infravalorar el talento de nuestros chavales: tengo claro que están capacitados para leer, entender y analizar obras clásicas.
  • cultura general: hay una serie de obras que son parte de nuestra cultura (local, nacional, continental y mundial) y que deben sin duda ser conocidas -y, a ser posible, leídas- por un estudiante que completa su educación obligatoria.
  • labor ejemplarizante: diría que es el factor común de la literatura actual para adolescentes: siempre hay una enseñanza y/o una crítica de la que se puede aprender (pienso que este enfoque ejemplarizante es algo que quedará como característica de la literatura de esta época).

En mi opinión, lo ideal sería combinar clásicos y contemporáneos, ya que eso nos permitiría conseguir lo mejor de los dos mundos.

Vlern, aprendiendo inglés

Desafortunadamente, muchas personas de mi generación (años 70) no tenemos la soltura que nos encantaría tener con el inglés, pese a utilizarlo a diario tanto en nuestras profesiones como en el ocio.

Así que todo aquello que suponga mejorar mi dominio del inglés, ese latín de nuestro tiempo, es bienvenido.

Hoy os presento esta cuenta de Instagram, @vlern.elearning, que os ayudará a mejorar vuestro conocimiento de ese idioma.

Abuelas que relactan

No es la primera vez que leo sobre ello, pero no deja de asombrarme. Es posible que una abuela (que cualquier mujer) pueda volver a tener leche. El pecho, como sabemos, es una especie de fábrica de leche que da tanto más cuanto más se pide (por eso una mamá de trillizos puede amamantar igual de bien, en lo que se refiere a cantidad de leche).

Hoy he leído un post de la siempre recomendable Ibone Olza en la que nos recuerda que esto no solamente es posible, sino que no es extraño. Incluso aunque la abuela haya pasado la menopausia, ya que no tiene relación.

En uno de los comentarios he leído algo que me ha maravillado aún más. Es un comentario de Mónica Álvarez (por favor, también debéis seguirla), y en él nos cuenta que a una familiar suya le subió (volvió a tener) la leche cuando nació su nieto. No amamantó, pero sintió esa subida. Y reflexiona Mónica sobre cuántas abuelas habrán pasado por eso y no lo sabremos.

Cuidemos la lactancia, los beneficios son múltiples, tanto a nivel físico como mental y afectivo.

Gracias, Ibone. Gracias, Mónica. Y no solo por lo comentado hoy.

La reacción de Will Smith

No, no me refiero a la acción que hemos visto mil veces en los últimos días. Me refiero a su pública petición de perdón -en estos tiempos en los que está tan denostado-, mostrando una conciencia clarísima del error cometido:

Violence in all of its forms is poisonous and destructive. My behavior at last night’s Academy Awards was unacceptable and inexcusable. Jokes at my expense are a part of the job, but a joke about Jada’s medical condition was too much for me to bear and I reacted emotionally.

I would like to publicly apologize to you, Chris. I was out of line and I was wrong. I am embarrassed and my actions were not indicative of the man I want to be. There is no place for violence in a world of love and kindness.

I would also like to apologize to the Academy, the producers of the show, all the attendees and everyone watching around the world. I would like to apologize to the Williams Family and my King Richard Family. I deeply regret that my behavior has stained what has been an otherwise gorgeous journey for all of us.

I am a work in progress.

Sincerely,

Will
https://www.instagram.com/p/CbqmaY1p7Pz/?utm_source=ig_web_copy_link

¿Qué tienen en común los padres de hijos resilientes?

No me gusta (casi nada) la palabra, pero expresa bien esa capacidad de adaptarse y sobreponerse a las dificultades. Y, por otra parte, estos estudios hay que tomárselos siempre con cuidado. Dicho ello, vamos allá, viendo lo que nos cuenta la psicóloga Roni Cohen-Sandler, especializada en relaciones madre-hija, adolescencia y crianza, en CNBC:

De entrada, y por encima de todo, estos padres validan los sentimientos de sus hijos. Esto (conviene aclararlo) no quiere decir que les den la razón, sino que son capaces de respetar y entender los sentimientos. A partir de esa base:

  • Normalizan las experiencias: es normal pasar por altibajos, es normal sentirse mal.
  • Brindan comodidad física: ante una situación difícil, está el abrazo y el cariño.
  • Enseñan que la calidad supera a la cantidad: mejor una amistad sana que muchas que no lo son.
  • Se enfocan en lo positivo: son capaces de recordar a sus hijos, cuando estos lo están pasando mal, los buenos momentos y lo brillantes que son.
  • Ofrecen esperanza: da igual lo mal que estemos, esto va a mejorar. Se hizo un interesante estudio que indicó que este punto de vista disminuye el cortisol.

Lo que ese niño necesita…

Sucede en muchas ocasiones, por desgracia, y también por lógica, viendo y sabiendo cómo hemos sido educados. Pero el brillante periodista Manuel Jabois, muchos de cuyos artículos son para enmarcar, rescató hace unos días otra maravilla, en esta ocasión de Rafael Sánchez Ferlosio, un artículo llamado Virilidad. Trae Jabois este artículo para ilustrar la triste frase de la comisaria de Pontevedra sobre cuánto les gustaría a algunas que las violase un antidisturbios.

Nos contaba Ferlosio, hace ya casi cuatro décadas (en 1984) que esas personas que pueden decir de un niño «lo que ese niño necesita es un par de hostias«, pertenecientes a la misma ralea que quienes pueden decir de una mujer «lo que esa mujer necesita es un buen polvo», realmente lo que quieren decir es que les gustaría ser ellos quienes ejecutaran la acción.

Es lógico que suceda esto, decíamos. Pero quiero pensar que era más entendible hace cuarenta años, casi todavía en el franquismo, que hoy. Sin embargo, que Jabois nos haya hecho ver que hoy se dice lo que se decía entonces, nos hace ver que aún queda camino por recorrer. Lo recorreremos, seguro. Ojalá, mientras dura el camino, un premio Darwin para esos -seamos suaves- entrometidos.