La antemañana

Hoy quiero compartir con vosotros una palabra que solamente he oído a mi queridísima madre, y que es muy apropiada en muchos casos: la antemañana.

Es ese tiempo en el que aún no ha amanecido, pero ya no es la madrugada.

Algo así como el luscofusco de los valientes.

Para mamá. :*

Tirán

Quiero hoy, fecha de cumpleaños de mi querido padre, recordar con vosotros esta preciosa canción, que tiene un gran fuerte significado sentimental para mí, por varios motivos.

En primer lugar, habla de Tirán, nuestra parroquia. De Tirán y de su costa, recorrida con él mil veces, por tierra y por mar.

En segundo lugar, fue la primera canción que escuché tras la muerte de mi padre.

Y en tercer lugar, porque me la dio a conocer mi queridísima amiga Sofía. No podía haber venido de mejor recomendadora.

Gracias, Sofía. Gracias (y feliz cumpleaños), papá.

Gracias

Pues pocas veces escribo posts tan personales, pero me encantaría deciros que hoy he cumplido cincuenta años (sí, he dejado atrás la cuarentena), y ha sido un día maravilloso.

Gracias a todos los que habéis convertido este día en inolvidable. Os quiero.

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¿Vas pra Leixões?

En muchas ocasiones mi madre me ha dicho esta frase, aprendida a su vez de su madre, que también la usaba con ella. ¿Vas pra Leixões? Es una frase que se usa cuando, para alguna acción, generalmente relacionada con aprovisionarse para algo, se prepara mucho más material que el que se necesita. Por ejemplo, si vas a hacer una excursión de una tarde y llevas comida y ropa para un par de días (sí, estoy exagerando un poco, pero qué sería del mundo sin las exageraciones de las mamás, ¿verdad?) es un momento adecuadísimo para soltar un ¿vas pra Leixões?

A este Leixões, pronunciado como [lei’sos] (disculpadme los expertos en fonética) iban, al parecer, marineros a pescar durante varios días, de ahí la expresión.

Cuidados y abuelas

Hoy se cumplen años del fallecimiento de dos mujeres maravillosas. Hace veinticinco años se moría mi abuela paterna, Clotilde. En aquel entierro estuvo, acompañándome en el dolor, la abuela Uba, abuela de mi esposa Clara, una abuela que me regaló la vida (toda mi familia política es un regalo). Y hace cinco años -iba a decir que nos dejó, pero es que nunca se ha ido- se murió la abuela Uba.

Y en estos tiempos de dejar ir, y de mercantilización de los cuidados (con la denostación que esto supone), estas dos mujeres son para mí un ejemplo de cómo debemos comportarnos (no solamente ellas, también nosotros), sosteniendo y cuidando.

Gracias, abuelas. Os quiero.

Tigre

Hace casi un par de semanas encontramos un gatito en la calle, que parecía, al menos, asustado. Lo recogimos para intentar ayudarlo, a la vez que buscábamos a sus posibles dueños.

No hubo dueños, pero sí ayuda, cariño y cuidados para Tigre. Tenía alguna herida muy fea, y en el veterinario nos hicieron saber que estaba desnutrido, deshidratado e hipotérmico.

Y el desenlace fatal que la veterinaria preveía se dio, por desgracia, hoy. Así que es un día triste.

Pero me gustaría centrar mi reflexión en mi post en que recibimos lo que damos. Uno solo tiene aquello que da, nos decía Chicho Sánchez Ferlosio. Y habiéndole dado amor, hemos recibido amor… y también disfrutamos de la tristeza de hoy, sabiendo que es amor.

Y no quiero terminar sin agradecer a todo nuestro entorno que, en muchos casos sin tener un especial afecto por los gatos (o teniendo todo lo contrario al afecto) nos han dado apoyo y consuelo. La maravillosa red de los seres queridos, que siempre sostiene.

Qué bonito se queda el cielo de los animales contigo, Tigre. Gracias <3

Donde se narra la increíble historia del bálsamo turco y otros hechos no menos asombrosos

Aquel buen chaval padecía, como gran parte de su familia según se ha podido comprobar con el tiempo, de una sordera cada vez menos incipiente. Sordera que hacía que prestara cada vez más atención al charlatán que venía a la feria a vender su milagroso remedio para esa sordera: el bálsamo turco.

Ahorró con tesón, gracias a su trabajo ayudando a su padre en el barco, el dinero necesario para comprar el codiciado bálsamo. Y en la siguiente feria se aproximó, decidido y feliz, al puesto del charlatán, que le explicó con detalle el método y frecuencia de aplicación.

De la noche a la mañana, pasó a oír maravillosamente. Hasta que llegó el momento:

(Padre e hijo en el barco. Reina la oscuridad. Se oye el suave y rítmico chocar del casco con el agua.)

- Fillo, isa o risón. 
- ¿Que?
- Que ises o risón.
- Non te entendo, papá.
- ¡Que ises o risón, jodido, que estás máis sordo ca nunca!

Para tía Rosa, de quien he tenido la suerte de escuchar esta anécdota familiar.

Héroes

Hoy se ha celebrado la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, marcada de principio a fin -como supondréis o sabréis- por esta pandemia que nos asuela. De no ser por mi querida hermanita, se me habría pasado por alto (la ceremonia, no los Juegos), así que hemos podido disfrutarla.

Y me ha emocionado hasta la lágrima ver los últimos relevos de esa antorcha olímpica que nos trae el sol de Atenas. Dos de esos relevos, especialmente:

Uno, formado por una pareja de profesionales de la sanidad. Mi pensamiento vuela hacia aquellos que dieron su vida (o aquellos que no dudaron en ir a trabajar aunque su vida pudiera estar en riesgo), a quienes cuidaron a los seres queridos que sufrieron gravemente esta pandemia, a todos los profesionales sanitarios, a la tía Luci y a Inés Lobeira, y a todos los médicos, enfermeras y demás personal sanitario que en el mundo han sido. Héroes.

El otro, formado por un grupo de estudiantes. Aquí mi pensamiento va, lógicamente, a estos pequeños grandes héroes que se han marcado un curso en unas condiciones durísimas. Aleixo, Ana, Lucas, Irene, Dani. Héroes.

Héroes. En esos últimos relevos habéis estado vosotros.

Daniel en el foso de los leones, de Rubens

El rey persa Darío estableció que nadie podría orar a ningún dios que no fuese el propio monarca. Como Daniel no se doblegó ante esa norma, fue arrojado al foso de los leones, en donde su oración hizo que las fieras no le atacaran.

Y Pedro Pablo Rubens nos lo cuenta así:

Feliz San Daniel, querido Dani. Que ningún monarca consiga por la fuerza, hacer que renuncies a tus ideas; que los leones, por fieros que sean, se dobleguen ante la fuerza de tus pensamientos.

Las abuelas

La abuela siempre te hace sentir que te estuvo esperando todo el día.