El arte: conversaciones imaginarias con mi madre

Si sois como la mayoría de las personas (grupo en el que me encuentro para estos asuntos) seguramente tendréis serios problemas para reconocer si algo es “arte” o si nos están tomando el pelo. Sobre todo en lo que se refiere al Arte Contemporáneo y, en concreto, al arte abstracto.

177 Homenatge a Picasso, d'Antoni Tàpies.JPG
By EnfoTreball propi, CC BY-SA 3.0 es, Link

Hace ya una década, o quizá más, Gina Tost, periodista, videoblogger y emprendedora, me recomendó un libro de Juanjo Sáez, el que titula este post. El arte: conversaciones imaginarias con mi madre. Es un libro que se lee en un suspiro y que se disfruta muchísimo. Así que os lo recomiendo.

No hay que olvidar la técnica, es necesaria,
pero por sí sola no vale un PIMIENTO,
cualquier obra que se haya hecho
sin creatividad, sensibilidad, ni intuición
NO ES NADA. Es un ejercicio de
VIRTUOSISMO VACÍO.
(cita del libro)

Como bonus, os adelanto que tiene una metáfora preciosa sobre cómo nuestros mayores se nos van alejando, silenciosamente (y una llamada de atención para que le pongamos remedio).

Todo hijo es padre de la muerte de su padre

Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre.

Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla. Lento, lento, impreciso.

Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo. Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar.

Es cuando el padre, que en otro tiempo había mandado y ordenado, hoy solo suspira, solo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana – todo corredor ahora está lejos.

Es cuando uno de los padres antes dispuesto y trabajador fracasa en ponerse su propia ropa y no recuerda sus medicamentos.

Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida. Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz.

Todo hijo es el padre de la muerte de su padre.

Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo. Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas.

Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres.

La primera transformación ocurre en el cuarto de baño.

Seremos los padres de nuestros padres los que ahora pondremos una barra en la regadera.

La barra es emblemática. La barra es simbólica. La barra es inaugurar el “destemplamiento de las aguas”.

Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores. No podemos dejarlos ningún momento.

La casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extenderán en forma de barandillas.

Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones.

Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación. Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados. ¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros?

Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra.

FELIZ EL HIJO QUE ES EL PADRE DE SU PADRE ANTES DE SU MUERTE, Y POBRE DEL HIJO QUE APARECE SÓLO EN EL FUNERAL Y NO SE DESPIDE UN POCO CADA DÍA.

Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta sus últimos minutos.

En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla, tratando de cambiar las sábanas cuando Joe gritó desde su asiento:

– Deja que te ayude .

Reunió fuerzas y tomó por primera a su padre en su regazo.

Colocó la cara de su padre contra su pecho.

Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso.

Se quedó abrazándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su infancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo interminable.

Meciendo a su padre de un lado al otro.

Acariciando a su padre.

Calmado a su padre.

Y decía en voz baja :

– Estoy aquí, estoy aquí, papá!

Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí.

(Fabrício Carpinejar “Todo filho é pai da morte de seu pai”; traducido por Zorelly Pedroza)

¿Qué necesitamos para pedir perdón?

Pedir perdón. Casi nada. Para que una persona consiga pedir perdón se requieren tres cualidades nada habituales: inteligencia, valentía y humildad. Inteligencia, para darnos cuenta de nuestro error. Valentía, para atreverse a contactar con la persona agraviada y reconocerlo. Humildad, para reconocernos falibles.

Estamos en una época en la que el perdón se ve sin demasiados buenos ojos, culpando -qué raro- a nuestra formación católica. Suele venir argumentada por algo del siguiente estilo: “hago cualquier cosa mal, y después pido perdón y ya está”. Desde luego que esto es un error, y poco tiene que ver con el enfoque católico. ¿Recordáis aquellos cinco pasos que nos contaba el Catecismo de pequeños? Entre ellos estaba -sobre todo- el dolor de los pecados y el propósito de la enmienda: lo he hecho mal y no quiero volver a hacerlo. En la misma línea, el perdón no elimina el daño causado en muchas ocasiones, y debemos ser conscientes de ello.

La catedral más antigua de España

La bellísima Basílica de San Martín de Mondoñedo, ubicada en un lugar llamado originalmente Mendunieto, en Foz (Lugo) se considera la sede episcopal más antigua de España. Su construcción se realizó entre los siglos IX al XII, aunque el obispado ya se había establecido antes, allá por el siglo VI. Casi nada.

De Mendunieto el nombre derivó a Mondoñedo. Y debido a las incursiones de los piratas se decidió trasladar la sede más hacia el interior, a Vallibria, que con el tiempo cambió su nombre a Mondoñedo (y es el Mondoñedo que hoy conocemos, que sigue siendo sede episcopal).

San Martiño de Mondoñedo, Foz.jpg
De YezaTrabajo propio, GFDL, Enlace

Gracias, Belén. :*

El cementerio de los Sin Nombre

En este pequeño cementerio vienés yacen las personas que murieron ahogadas en el río Danubio, y que nunca se pudieron identificar. Ejerció su labor entre 1900 y 1935 (1940, según algunas fuentes). Con anterioridad existió otro cementerio de los Sin Nombre (también para los ahogados en ese río), pero hubo de ser abandonado tras sufrir… una inundación debido a una crecida del Danubio.

Blick auf Friedhof der Namenlosen

Robots repartidores

Llegará -más pronto que tarde- el día en el que los trabajos que puedan realizar los robots sean realizados por ellos, y no por seres humanos. La empresa Starship Technologies, fundada en 2014 en Tallin (y ahora extendida a más países), nos presenta este robot que se dedica a entregas locales.

Es un tema que personalmente me apasiona, la adopción por parte de robots de trabajos que ahora mismo realizan humanos, evitando que los humanos realicemos tareas repetitivas, no creativas, o peligrosas. O que tengamos que madrugar si no queremos hacerlo, por ejemplo.

En Microsiervos descubrimos este simpático vídeo en el que intentan “robar” a uno de estos robots:

El cómo ganaremos dinero los humanos sin trabajar es tema de otro post, pero la tan comentada renta universal no sería una solución muy extraña.

Y otra vez la misma historia

Por desgracia, ya la hemos vivido mil veces. Una mujer da el paso hacia la denuncia por algún tipo de acoso sexual y lo primero que se le solicitan son pruebas. Que sí, que ya sabemos que existen las denuncias falsas (en un porcentaje ridículo). En esta ocasión ha sido la actriz Violet Paley, acusando a James Franco. La primera respuesta que veo es una que solicita pruebas.

Mazinger Z

Es uno de los grandes héroes de mi niñez, e imagino que de muchos de los que fuimos niños en aquellos finales de los 70, al menos en España. Un robot invencible, siempre luchando por el bien, y pilotado magistralmente por Kōji Kabuto. Recordaréis la escena inicial de cada capítulo:

Así que creo que estamos de enhorabuena, ya que dentro de poco se estrenará una película en la que nos volverán a contar las aventuras de este robot milagroso.

La guaja

Este poema es uno de los primeros que conocí en mi vida, de labios de mi madre. Creo que resume perfectamente lo difícil que es compatibilizar ser madre con este mundo en el que no tenemos tiempo más que para trabajar. Me parece la perfecta simbiosis en lo que los padres hacemos y lo que queremos hacer.

Ven acá granuja
¿Dónde andas so guaja?
Hoy te mondo los huesos a palos,
no llores ni huyas, porque no te escapas;
yo no sé lo que hacer ya contigo, me tienes muy harta.
A ti ya no te valen palabras, a ti ya no te valen razones,
ni riñas, ni encierros, ni golpes, ni nada.
Te dije al marcharme:
levántate pronto y estira esos huesos
y dobla las mantas y enciende la lumbre
y arrima el puchero y enjuaga las ollas
y barre la casa.

Y vengo y me encuentro, grandísimo pillo,
la lumbre, sin brasas;
la puchera, sin caldo ni prigue;
la vivienda, peor que una cuadra;
la burra, sin pienso;
las pilas, sin agua.

¿Segaste la hierva?
¿Trajiste la paja?
¿Regaste los tiestos?
¿Cerniste la harina?
¿Clavaste la estaca?
¿Comió la cordera?
¿Bebió la lechona?
¿Cogiste los huevos?
¿Mudaste la cabra?

¡Hum!
¿Y a ti qué te importa?
¿para qué quieres cansarte?
Si aquí está la burra que todo te lo haga.

Te piensas granuja
que al estar tu madre hechita una negra
quemándose el alma,
mientras tú me malgastas el tiempo que da más que lástima,
hecho un ropa suelta…
hecho un rajamantas…
por esas callejas detrás de los perros,
por esos regatos tirando a las ranas,
o cogiendo nidos en las zarzamoras,
que así estás de lindo grandísimo guaja.

¿Y ese siete tan guapo en la blusa?
¿Y esos pantalones tan llenos de manchas?
¡Hum!
¡Qué gorra más limpia!
¡qué medias tan majas!
¡qué pelos tan lindos!
qué cuello, qué puños, qué codos, ¡qué mangas!
Yo no sé lo que hacer ya contigo, me tienes muy harta.

De sobra conoces que somos solitos…
que ya no tenemos quien nos lo ganaba…
que la vida de toditos los pobres es vida de lágrimas…
¡pero ni por esas!
a ti que te dejen roncando en la cama
y te pongan la mesa tres veces
y rueden los días y viva la holganza
¡súbete esos calzones so pillo!
¡átate esos zapatos so randa!
límpiate esos mocos, lávate esa cara
y vete ahora mismo donde no te vea
que me tienes, me tienes muy harta.

Te aseguro chiquitín,
te aseguro que esto te se acaba.
Endende mañana ¡a la cola del burro!
Conmigo a la plaza, conmigo al molino,
conmigo a la haza,
a sudar fatigas, a mojarte el alma,
ya verás las penitas que cuesta…
ya verás con que ahogo se gana este pan que tan cómodamente a lo bobo,
¡a lo bobo te zampas!
y ahora ¡a la cama!, ¡a la cama!

La aurora se acerca espléndida, diáfana,
lentamente despliegan las nubes su manto de escarcha,
la madre afanosa se tira del lecho
y sus toscos aperos prepara,
que ya espera más ruda que nunca la brega diaria,
cariñosa y tierna se acerca hasta el lecho donde el niño cándido,
tranquilo descansa,
un instante contempla amorosa su faz sonrosada
y después…
con cariño ferviente dando un beso en sus labios exclama:
¿Yo turbar este sueño tan dulce?
no fuera quien soy ni tuviera entrañas…
juega, brinca y destroza hijo mío…
¡tu madre lo gana!

(Vicente Neira)

Para ti, mamá.

Corriendo en el barro