El fútbol infantil… y sus papás

La barbarie sólo es culpa de los bárbaros, y en ese partido de infantiles se juntaron varios. Pero el fútbol tiene unas reglas sabias y un árbitro que tutela por ellas. Claro que el fútbol ha cometido errores, el peor de ellos dar lugar a que en muchos campos se concentre en una zona del fondo lo peor de la ciudad para intercambiar ocurrencias. Un ensayo antropológico aberrante que se intenta corregir.

Origen: La barbarie sólo es culpa de los bárbaros – AS.com

Una terrible pelea en un partido de infantiles. Pelea no entre los niños, sino entre los padres. Esto me hizo recordar una incómoda situación que vivimos hace unos meses. Tras una temporada entera de fútbol de niños, en la que todos nos divertimos, animamos, aplaudíamos los goles propios y los del contrario, llegamos a la última jornada. Y cuando llegamos al pabellón, todavía no había terminado el partido anterior, que era entre niños aún menores que Dani (que tenía siete años). Nos quedamos estupefactos ante la actitud de los padres: parecía que estaban jugándose la final de la Champions League, y solamente era la final de un campeonato de niños muy pequeños. Para colmo de bienes -o de males- era una final entre dos equipos del mismo colegio.

Y de aquí nació una reflexión posterior, relacionada con el rendimiento deportivo: ¿tiene beneficios el exceso de agresividad? Es decir, ¿salen beneficiados -deportivamente- los agresivos?

Y no estoy seguro, pero juraría que no vimos aplaudir los goles del contrario. Y en defensa de aquellos aficionados, debo decir que tampoco oímos insultos: era sobre todo un ánimo y apoyo terriblemente encendidos. Lo que nos chocó era el enorme contraste con lo que habíamos vivido nosotros durante toda la temporada.

50 obras musicales con las que tus hijos tienen que crecer

Resulta que Dani llega del cole trayendo canciones que aprende en los recreos y demás, con sus compañeros. Canciones de dudosa calidad, siendo extraordinariamente generoso. Así que creo que este post me va a ser muy útil, y espero que también a vosotros.

Es éste, por tanto, un post diferente a los habituales. Os pido vuestros comentarios y sugerencias, especialmente de los más puestos en esas artes. No estoy hablando de música para niños, sino de música de “conocimiento obligatorio”, ya me entendéis. Se aceptan todas, por supuesto. Y de todo tipo, tenemos obras maestras musicales en la música clásica, en películas, y prácticamente en cualquier estilo musical. Espero vuestras sugerencias, como digo, en los comentarios, pero no solamente. Si me las comunicáis por cualquier otro medio también vale. Yo iré recogiéndolas y mantendré este post en permanente actualización, para que siempre sea una referencia. Y el número “50” no está escrito a fuego. 🙂


Nombre de la composición Autor Intérprete
Somewhere over the rainbow Harold Arlen Judy Garland
Moonlight shadow Mike Oldfield Maggie Reilly
Scheherazade, op. 35 Rimsky-Korsakov Varios
El carnaval de los animales Saint-Saëns Varios
Canon en Re mayor Pachelbel Varios
Sultans of Swing Dire Straits Varios
Help! The Beatles The Beatles
Smooth Criminal Michael Jackson Michael Jackson
What a wonderful world Bob Thiele y George David Weiss Louis Armstrong
Carmina Burana Carl Orff Varios
Suzanne Leonard Cohen Leonard Cohen
If not for you Bob Dylan Bob Dylan
En una isla de fresa Carlos Cano Carlos Cano
Bright Side of the Road Van Morrison Van Morrison
Changes David Bowie David Bowie
Watching the wheels John Lennon John Lennon
Bohemian Rapsody Freddy Mercury Queen
Adagio Albinoni Varios
(I Can’t Get No) Satisfaction Mick Jagger y Keith Richards The Rolling Stones
Space Oddity David Bowie David Bowie

Gracias, Louma, Ana, Daniel, Clara, Char-Lee Mito

10.000 niños refugiados desaparecidos

Informa la Europol que -al menos- 10.000 niños refugiados se pierden nada más entrar en Europa. Algunos se van con familiares. Pero otros -¿la mayoría?- son captados por redes de tráfico de personas. Al parecer, la mayoría de estos casos se producen en Italia. 

Estremecedor. 

El nacimiento y la muerte, alejados de nuestras vidas

Tengo la sensación de que nuestra sociedad ha dado la espalda a dos momentos importantísimos de la vida: el nacimiento y la muerte. Y, de paso, también a los momentos más próximos a uno y a otro.

Antes se nacía y se moría en casa, y eran estos acontecimientos parte fundamental de la vida de cada familia. No he tenido la suerte de asistir a un parto en casa, pero estoy seguro que es algo mucho más placentero, emocionante y cómodo (también para la familia) que un parto en un hospital (por supuesto, hablo de la inmensa mayoría de los casos en los que no hay complicaciones). Sí he vivido muertes en casa, con el velatorio correspondiente también en casa; ahora muchas muertes se producen en el hospital, y prácticamente la totalidad de los velatorios se realizan en tanatorios. De algún modo, estamos alejando de nuestras casas (y, en cierto modo, de nuestras vidas) esos dos momentos sagrados y también los más próximos a ellos (estancia hospitalaria tras el nacimiento, estancia hospitalaria antes de la muerte).

Uno de los efectos colaterales (o no colaterales) de este cambio es que, de algún modo, delegamos en terceras personas (en extraños) muchas decisiones que deberían ser completamente íntimas. Me pregunto si no nos arrepentiremos de es esta cesión de “poder” a terceros.

Pero, no contentos con expulsar el nacimiento y la muerte de nuestras vidas, estamos haciendo también lo mismo con la primera infancia y con la vejez. Antes, nuestros niños correteaban por la casa hasta que llegaba la edad de entrar en el colegio, aprendiendo de ese modo mil cosas de la sociedad en la que viven (viendo cómo funciona la familia, yendo a la compra, paseando, jugando). Ahora metemos a nuestros niños en guarderías desde que tienen cuatro meses, alejándolos de la sociedad (es curioso que a veces se utilice como argumento la “socialización” para hacer eso), privándolos de mil aprendizajes y de afecto. La misma situación sucede con nuestros ancianos: antes pasaban el día con su familia, en la casa, dando paseos, realizando algunas actividades con las que no sólo se sentían útiles, sino que aportaban conocimientos y experiencias a las generaciones venideras. ¿Qué hacemos ahora? Los metemos en centros de mayores, privándolos de mil enseñanzas y de afecto.

Lo que me parece más triste es que, aunque lo disfracemos de frases del tipo “así socializan” (?), “se lo pasan muy bien”, “aprenden mucho”, uno de los motivos que más pesan para tomar estas decisiones es que permiten al resto de la población realizar otras tareas, como poder ir a trabajar. Una vez más, el dinero condicionando las vidas.

Aunque implícitamente se puede deducir, quiero destacar aquí que, con esta configuración de nuestra sociedad, privamos a nuestros bebés y ancianos de pasar mucho tiempo juntos. Y ese tiempo juntos es tremendamente enriquecedor para ambos.

¿Qué opináis? ¿Creéis que estamos a tiempo de recuperar para nuestras vidas el nacimiento y la muerte? ¿Creéis que estamos a tiempo de recuperar para nuestra sociedad a nuestros ancianos y a nuestros niños?

Gritar menos y amar más. El desafío del rinoceronte naranja.

Hace ya bastante más de un año, una madre se dio cuenta de que gritaba a sus cuatro hijos. Que les gritaba demasiado (siempre es demasiado). Y se planteó un desafío, al que llamó “el desafío del rinoceronte naranja”. Eligió este animal porque es tenaz, vigoroso y pacífico por naturaleza, pero muestra un comportamiento agresivo cuando se le provoca. Esta mamá se sentía un rinoceronte, salvo en esa parte de la agresividad. Y como quiso dotarlo de calor y energía, de ahí el color naranja.

Esta mamá va ya camino de dos años gritando menos y amando más. Alguna vez se le escapa algún grito, desde luego, pero intentar no gritar ya es estar en el buen camino. A raíz de su iniciativa, más mamás (y papás, espero) han afrontado este desafío del rinoceronte naranja. E incluso alguna profesora. Estoy seguro de que, del mismo modo que ahora vemos impensable que se pegue a nuestros hijos en el colegio o en casa (o en cualquier otro sitio), dentro de poco será impensable que se les pueda maltratar verbalmente.

Por mi parte, aunque no soy nada gritón, intentaré mejorar en ese aspecto. Creo que es buena idea anticiparse al enfado pre-grito. Es decir, ni siquiera sentir dentro el malestar que puede acabar convirtiéndose en grito. Pasito a pasito.

Y tú, ¿te apuntas al desafío del rinoceronte naranja?