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Precious: The Awareness Story

Este vídeo de Diana Yazidjian y Juan Delcán nos muestra, en menos de un minuto, cómo salvar miles de vidas: distancia, lavado de manos, mascarilla. No se puede resumir más en menos, no se puede dar más por menos.

Por favor, por favor, por favor. Cuidaos y cuidad.

Orgullosos de nosotros mismos

Este virus no se mueve, sino que lo movemos. Así que hemos sido nosotros los causantes de la propagación de la pandemia. Nosotros, los que nos hemos ido de cañas cuando lo más prudente era quedarse en casa porque claro, hay que seguir viviendo (cuando eso a lo que ayudaba era a seguir muriendo). Nosotros hemos sido los que nos hemos encontrado excusas para saltarnos confinamientos. Nosotros hemos sido los que nos hemos colado para conseguir vacunarnos antes que otros que lo necesitaban más. Nosotros, los que nos hemos dedicado a destruir y criticar.

Pero cuando dentro de unos siglos nos estudien, verán que aquella generación, cuando llegó el momento de vacunar, decidió que primero se vacunarían los ancianos, antes que los jóvenes, que los ricos o que los mandatarios. Y ahí encontraremos un motivo por el que estar más que orgullosos de nosotros mismos.

Guía para la ventilación en aulas, del CSIC

Nuestro querido Consejo Superior de Investigaciones Científicas ha elaborado esta guía de ventilación de las aulas con una serie de recomendaciones sencillas e interesantes.

El resumen de la guía, si no te la lees entera (y deberías, si este tema te interesa) es: 1) exterior mejor que interior y 2) ventilación, ventilación, ventilación. Como referencia, se necesita que del exterior entren (y, por lo tanto, salgan) 14 litros por persona y segundo (esto equivale, aproximadamente, a unas 5-6 renovaciones de aire por hora para un aula de 100m2, con 25 estudiantes.

En general, si tenemos la opción de tener puertas enfrentadas a las ventanas, abriendo ventanas y puertas podemos conseguir la ventilación necesaria.

En el documento existe también un apartado destinado a explicar cómo verificar, usando medidores de CO2, si la solución elegida nos ofrece la renovación necesaria.

Me he enterado de la existencia de esta guía gracias al programa Tarde lo que tarde (RNE), de Julia Varela. ¡Gracias!

Las medidas de prevención (6M)

En estos días estamos leyendo referencias a «6M», en el contexto de temas relacionados con la pandemia. No es más que una regla ¿mnemotécnica? sobre seis consejos que nos pueden ayudar a evitar la propagación del virus.

Según nos indica el borrador que ha hecho público el Colegio de Médicos:

En todos los contextos se deben mantener las medidas de prevención (6M): Mascarilla (uso de mascarilla todo el tiempo posible), Manos (lavado de manos frecuente), Metros (mantenimiento de la distancia física), Maximizar ventilación y actividades al aire libre (mantener las ventanas y puertas abiertas en la medida en que sea seguro y factible según la temperatura), Minimizar número de contactos (preferiblemente siempre los mismos) y “Me quedo en casa si síntomas, diagnóstico o contacto”.

¿A quién atendemos? (¿A quién dejamos sin atender?)

Que la primera pregunta implica la segunda, que es realmente la importante. He pensado en esto especialmente durante esta pandemia, y como los ingenieros de telecomunicaciones sabemos un poquito de Teoría de Colas, le he dado unas cuantas vueltas.

Tenemos, digamos, cien pacientes que requieren atención… pero solamente podemos atender a ochenta. ¿Qué hacemos con los veinte restantes, cómo gestionamos esto?

Una aproximación razonable es atender por orden de gravedad/urgencia. Primero atendemos a los más graves. Posible problema: los graves se nos mueren por estar graves, los menos graves se convierten en graves por no estar atendidos.

Otra opción es la contraria a la anterior: atendamos primero a los menos graves. Así que esos se salvarán con gran seguridad. Y, con la misma gran seguridad, los más graves se morirán.

La opción que antes conseguiría atender a todos consiste en ordenar a los pacientes por menor tiempo de atención requerido (quizá equivalente a la anterior).

Y, finalmente, hay otras opciones que se han sugerido en estos tiempos, algunas muy similares a las anteriores:

  • Atender primero a los que tienen más probabilidades de sobrevivir.
  • No dar atención a un tipo de pacientes (provenientes de residencias, mayores de una determinada edad, con otras patologías graves).

Para no encontrarnos en estas terribles tesituras, hay que intentar por todos los medios que el sistema sanitario no se desborde con las medidas que ya todos conocemos: distancia, mascarilla, minimizar el tiempo en espacios cerrados, limpieza de manos.

Y si pasamos a la teledocencia, ¿qué?

Pues creo que nos va a tocar, y creo que tenemos que aprovecharla bien y poner todos los medios para que ningún peque quede descolgado.

  • es necesario garantizar que todos los alumnos tienen los medios tecnológicos a su disposición (tablet/ordenador, conexión).
  • es necesario garantizar que saben usarlo.
  • es necesario garantizar la formación de los docentes para poder utilizar bien estas herramientas.

Y, más allá de la parte tecnológica:

  • debemos (los padres) garantizar que los menores están acompañados (según sus edades).
  • debemos ser capaces de darles soporte en esto, como en otros campos de la vida (alimento, cobijo, educación… formación?)

Vamos a aprender mucho, ojalá nos sirva para que una nueva sociedad, mejor y más preparada, emerja.

Los colegios no son aparcaniños

Estamos en mitad de una pandemia y nos parece que cerrar centros educativos es la última opción posible (realmente, como no se están tomando medidas lógicas tras detectarse un positivo, como hacer tests a todos los que hayan compartido allá, estado en ese aula o confinar preventivamente a quienes hayan estado en el aula, no sabemos si son clave en la expansión de la enfermedad o no).

Y el problema no es porque no se pueda seguir la formación a distancia (con problemas, desde luego, pero solventables), sino porque en esta sociedad usamos los colegios como aparcaniños, ese lugar en donde dejamos a los niños mientras nos vamos a producir. Lo mismo que hacemos con los ancianos, en este súmmum capitalista (o consumista, no olvidemos a Stajanov) de culto al dinero y al trabajo: quien no produce, molesta.

Confitados: músicos, postres y pandemia

No, con Char-lee Mito no puedo ser imparcial (¿alguien puede?), pero os quiero presentar esta maravilla que creó aprovechando el Primer Confinamiento. Es una obra coral (nunca mejor dicho) en la que encontramos recetas (de las que haremos muchas, si no todas), pequeños relatos y poemas, dibujos, consejos y retazos de noticias.

He disfrutado mucho leyéndolo y me ha servido como un recordatorio de una época que ya vemos lejana. Si tengo que elegir una parte, me quedo con Carga viral. Fantástico. No se puede resumir más en menos.

Es, además y sobre todo, una obra que, cuando dentro de unas décadas esté en manos de un lector que no haya vivido esta época única, servirá para conocer, sentir y sorprenderse con lo que ha provocado un buen hombre que, en una tranquila tarde del pasado invierno, decidió disfrutar de una reparadora sopa de murciélago. Gracias por contárnoslo tan bien, Char-lee y amigos. :*