Confinamientos, rebrotes, premios y castigos

Estamos -hablo con referencia a España, cada país ha sufrido su propia evolución- en lo que parece ser una segunda ola de esta pandemia.

Nos confinaron, y así conseguimos prácticamente acabar con la expansión de la enfermedad. Pero conforme nos han ido dando libertad, hemos demostrado nuestra poca educación (como mi querida y admirada Alicia Urrea dice, siempre mejor atribuir los errores a la ignorancia que a la maldad). Y han vuelto a aumentar los casos (detectados).

Aunque todos sabemos ya que con distancia social, lavado de manos, uso de mascarillas y reuniones en el exterior tenemos controlada la epidemia (y evitamos muertes, además de cuidar la economía), da la impresión de que solamente si nos castigan sabemos actuar. En casa estamos horrorizados ante este paralelismo tan nítido entre ese amaestramiento con premios y castigos y el comportamiento actual de adultos, en muchos casos, con suficiente formación y conocimientos.

Así que si quieres evitar la expansión de la pandemia, usa mascarilla, mantén distancia social, lávate las manos y no te reúnas en interiores. Si además quieres conseguir que tus hijos sepan comportarse bien cuando sean adultos… edúcalos, por favor. Educar es mucho más difícil que amaestrar, pero merece la pena. Por nosotros, por ellos y por este mundo.

El siglo XXI llegó de repente

No consigo entender por qué no estamos preparando, poniendo medios tecnológicos para alumnos y profesores; poniendo -sobre todo- formación en teledocencia para profesores.

El curso que viene podría ser no presencial en gran parte (si no todo).

El siglo XXI nos pilló de repente en marzo, pero creo que sería muy triste que el próximo septiembre nos encontráramos con lo mismo. ¿Qué opináis?

El tema de la conciliación es importante, pero es motivo de otro debate.

¿Es más injusto avanzar materia que parar el curso?

Cuando a mediados del pasado marzo se decretó la suspensión de las clases presenciales (por la pandemia de coronavirus), se decidió que la solución más justa, empática y razonable era no poder avanzar materia.

En mi opinión, esta decisión ha marcado más desigualdades que las que se habrían dado de haber continuado con materia nueva.

¿Por qué? Continuar el curso habría hecho que todos (o casi todos) los alumnos siguieran aprendiendo. Parar el curso -en lo que a avanzar materia se refiere- ha provocado que solamente unos pocos niños (aquellos cuyos padres tienen suficientes conocimientos, preocupación por este tema o disponibilidad de tiempo o económica) puedan avanzar.

Y, sin duda, esta es una mayor injusticia.

Reduciendo el riesgo de contagio

Ahora que estamos volviendo poco a poco (bien, algunos mucho a mucho) a la normalidad, tras esta época de confinamientos y alarmas por la COVID-19, es importantísimo -ya sabéis- evitar los rebrotes.

La farmacéutica Gemma del Caño (@farmagemma: debéis seguirla en Twitter, si aún no lo hacéis) ha escrito un hilo con veinte consejos muy sencillos y muy claros para reducir el riesgo de contagio. Os lo copio aquí:

  • Preferible juntarse al aire libre que en casa.
  • Si tienes una terraza apañada, valora hacerlo allí.
  • Si no, punto 1.
  • Si tu casa es pequeña y la terraza no vale, valora el número de personas, no tenéis que quedar tooooodos juntos (os lo pongo en bandeja si quieres librarte del cuñado).
  • No te líes, normas sencillas pero efectivas, todos al entrar: lavado de manos.
  • ¿Abrazos? No es el momento. Choque con el pie, invéntate un baile o yo que sé. ¿No lo vas a cumplir? MASCARILLA, mirando a otro lado, niños a la cintura. No juntéis las caras, por dió.
  • UNA persona pone la mesa.
  • Sé egoísta, no pases la sal ni el pan.
  • Si hay niños pequeños, pon pegatinas en los vasos para que sepan cuál es el suyo.
  • VENTILACIÓN, VENTILACIÓN, VENTILACIÓN. Queda a última hora, una cena o así, que no pegue tanto el sol y se pueda abrir las ventanas.
  • ¿Imposible? Vale, no te pongas cerca del aire acondicionado.
  • ¿Personas de riesgo? Cuando terminéis de comer o beber: mascarilla, el tiempo de exposición es importante.
  • ¡NO TE TOQUES LA CARA!
  • Deja disponible gel hidroalcohólico pero vamos, el lavado de manos es bastante. Menos botes de pulsar.
  • ¿Quitarse los zapatos? Pues mira, no. Que no suban los pies a la mesa, es una cochinada. A los peques… pues sí.
  • ¿Superficies limpias? ¡Eso ya lo hacías antes!
  • Es momento de sacar las sillas plegables y mesas extensibles. Separa lo que te permita el espacio.
  • ¡NO CHILLES! ¡NO HABLES ALTO! ¡NO RISOTADAS ENCIMA DE LA MESA Y CERCA DE NADIE! Actúa como si fueras pucelano, con gracia pero mesura.
  • Si en algún momento te saltas una norma, vuelve rápido a la línea, el tiempo de riesgo es importante.
  • Sencillez, sentido común, efectividad.

Muchísimas gracias, Gemma. Y no solamente por este hilo, que incluyo también aquí:

Una portada para la historia

Estados Unidos está sufriendo como ningún país (en estos momentos, porque va a ser superado por unos cuantos países, desafortunadamente) el azote de la COVID-19. Y ha llegado prácticamente a los 100.000 fallecidos por esta enfermedad.

Simone Landon, editora asistente del departamento gráfico de The New York Times tenía claro que era necesaria una acción por parte del prestigioso diario que ayudara a sus lectores a hacerse una idea real del número. Algo con el suficiente impacto para trascender y que dentro de unos años los lectores futuros pudieran seguir impresionándose ante esta brutal cifra.

Se sopesaron varias opciones y se optó, con la ayuda de un equipo de periodistas, por buscar las esquelas de unos mil fallecidos y entresacar de ellas frases que realmente relataran cómo fue su vida, quién estaba tras ese número, quién estaba tras ese nombre.

Y el resultado es esta maravilla:

Portada de The New York Times,
24 de mayo de 2020

Las referencias a las personas son breves -no podía ser de otro modo-, pero precisas: “Azade Kilic, dos veces superviviente de un cáncer”, “Liudas Karolis Mikalonis, emigró a Nueva York desde un campo de refugiados alemán tras la II Guerra Mundial”, “Clara Louis Bennett, cantó una canción a sus nietos en su primer día de clase todos los años”.

Azade, Liudas, Clara: el valor de vuestra pérdida es incalculable.

Gracias, Mar Monsoriu, por llevarme a la explicación de esta sobrecogedora portada.

La importancia del lavado de manos

Con este sencillísimo experimento, consistente en hacer que un miembro de un grupo de diez personas se frote un líquido en las manos y analizar cómo se ha propagado al cabo de media hora, no deberían ser necesarias más explicaciones.

Por favor, lavado de manos, lavado de manos y lavado de manos.

Número de papers, género, y coronavirus

Iba a escribir un post más largo sobre este tema, pero creo que se puede resumir en una frase: si tienes más tiempo libre, te da tiempo a escribir más; si tienes menos tiempo libre, pues no tienes tiempo para escribir. Eso es todo.

Resulta que, en estos tiempos de coronavirus, las mujeres están enviando menos papers (que antes), mientras que los hombres han incrementado su producción. Je.

Somos aves enjauladas

Si por algo se caracteriza la cantautora albaceteña Rozalén es por su compromiso social y su empatía con los más desfavorecidos. En esta época tan excepcional que estamos viviendo, en la que somos aves enjauladas que no podemos ir corriendo a abrazar a los seres queridos que no viven con nosotros, ha creado, en colaboración con la ONG Entreculturas (con la que tenemos una bonita relación), este preciosidad:

Para mamá :*

La acusación de los vecinos

Siempre me había parecido increíble -literalmente increíble- que muchos de los acusados antes la Inquisición por no ser de sangre limpia fueran delatados por sus propios vecinos.

Y aún más increíble (por la cercanía en el tiempo) que muchos de los acusados de ser de uno u otro bando durante la Guerra Civil y la posguerra fueran delatados por sus propios vecinos.

Increíble, literalmente, como decía. Sin embargo, cuando veo la facilidad con la que los vecinos están acusándose hoy en día por saltarse el confinamiento, ya me creo todo. Ojo: si tras esa acusación hay un sentimiento sincero de denunciar para beneficiar al pueblo puedo entenderlo. Pero si el sentimiento es del tipo: «no me quedo yo en casa para que ese ande por ahí de paseo» que no cuente con mi apoyo.

Avanzar materia o no avanzar materia

Esa es la cuestión. Estamos en una situación muy especial (para nosotros, no para este planeta en el que las desgracias no son pocas: guerras, hambre, pobreza): vamos a estar unos meses (unos meses, en principio) sin poder ir presencialmente al colegio.

Y surge la gran duda: seguir avanzando con la materia provoca que algunos niños queden más descolgados todavía. Y es cierto que en algunas familias, por motivos económicos o de falta de disponibilidad, atención o intención de los padres, los niños no pueden seguir la materia. Y ya tenemos el concepto empatía: si hacemos que se siga dando materia, que no haya aprobado general (que esta es otra: la inevitable relación entre aprendizaje y notas), estamos cayendo en una falta absoluta de empatía con los pequeños que no tienen tantas posibilidades.

Así que nos ponemos en el escenario en el que no se avanza materia. ¿No os parece que ahí todavía incrementamos más las diferencias, que establecer esa condición hará que unos sigan aprendiendo y los otros aprendan aún menos de lo que iban a aprender?

Os dejo la reflexión, queridos.