Sobre violaciones legales

Leo que el mayor burdel de Europa, en Alemania, está en quiebra por las medidas que se han tomado por la pandemia. Cuentan que ahora la prostitución se seguirá ejerciendo, pero en peores condiciones.

Y en los artículos en los que se cuenta eso no se ve ninguna crítica -ni por asomo- a la prostitución en sí. Estamos hablando de violar a mujeres de forma legal. O, si no legal, sí asumida y aceptada.

¿Qué tenemos que hacer para que nos demos cuenta de que “usar esos servicios” es violar? ¿Os imagináis un trabajo consistente en recibir insultos o puñetazos? Estoy seguro de que no hablaríamos de que “lo hacen porque quieren” y nos daríamos cuenta de que lo hacen obligadas, bien por el dinero, bien por terceros.

Ojalá algún día acabemos con esto. Pero lo veo difícil, aun desde mi proverbial optimismo.

Poema al padre

Tiene este poema dos caras: una de ellas comete un profundo error, dejando a las mamás como incomprendidas, ignorando la terrible soledad en la que muchas veces viven; la otra cara -que es la que trae ese poema a este blog- pone el acento en esos padres «malos», eternamente enfadados, eternamente castigando, eternamente agrediendo. Yo he tenido la bendita suerte de recibir siempre con alegría la llegada de mi padre a casa, el sonido de sus llaves era un regalo para el corazón. Pero no todos hemos tenido esa suerte, por desgracia (otro mundo sería este).

    Oye negra, ¿Te puedo hablar?
    ya los chicos se han dormido
    Así que, así que deja el tejido que después te equivocas

    Hoy te quiero preguntar
    Por qué motivo las madres amenazan a sus hijos
    Con ese estribillo fijo de ¡Ah, cuando venga tu padre!

    Y con tu padre de aquí y con tu padre de allá
    Resulta de que al final al verme llegar a mí
    Lo ven entrar a Caín y escapan por todos lados
    Y yo, que vengo cansado de trabajar todo el día
    recibo de bienvenida una lista de acusados

    Tú empiezas con tus quejas y yo tengo que enojarme
    Igual que hacía mi padre al escuchar a su vieja
    Entraba a fruncir la ceja apoyando a ese fiscal
    Que en medio del temporal se erigía en defensora
    Lo mismo que tú ahora que siempre me dejas mal

    Si los perdono, ¡que ejemplo! ¡es así como los educas!
    Si los castigo, ¡no tienes sentimientos!

    A mí, a mí que llegué contento y no tuve más remedio
    que poner cara de serio
    Y escuchar tu letanía

    A mí, a mí que me paso el día
    pensando en jugar con ellos
    yo sueño en llegar a casa y olvidarme felizmente del trabajo
    de la gente y de todo lo que pasa

    Los hijos son la esperanza
    y el porqué de nuestras vidas

    Por eso nunca les digas ¡ah, cuando venga tu padre!

    No quiero encontrar culpables
    quiero encontrar alegría
    que no me pongas de escudo como lo hacía mi madre
    que consiguió que a mi padre lo imaginara un verdugo

    Él llegaba y te aseguro que se acababan las risas
    Y en lugar de una caricia o hablarle como a un amigo
    lo miraba compungido presintiendo una paliza
    y el pobre que me entendía, sacudiendo la cabeza
    escuchaba con tristeza lo que mi madre decía
    Y que él, y que él de sobra sabía

    Que con éste no se puede, que me pinta las paredes que trajo las suelas rotas, que la calle, la pelota
    que me saca canas verdes
    ¡a la cama sin cenar! Aburrido me ordenaba
    mi madre me consolaba y yo, yo lo culpaba a él
    a él que había llegado recién de trabajar, cansado
    y ya lo había yo amargado con todas mis travesuras
    los hijos nunca analizan el sentimiento del padre
    porque el brillo de la madre es tan fuerte que lo eclipsa
    sólo le hacemos justicia cuando nos toca vivir
    a nosotros su problema

    ay, si mi padre viviera ¡que recién lo comprendo!
    Y por qué nunca me dijo lo mucho que me quería
    Si hoy yo sé cuanto sufría al ver enfermo a su hijo
    Por qué me miraba fijo el primer pantalón largo
    Y sé que, hasta me habrá besado cuando yo
    estaba dormido

    Hoy que todo lo comprendo
    Por qué no estás a mi lado
    Por qué no estás ahora para besarte bien fuerte
    Viejo lindo
    Y ofrecerte mi cariño a todas horas
    Ves a tu hijo que llora, pero llora con razón
    Porque te pide perdón pensando en aquellos días
    En que ciego no veía que eras puro corazón
    Déjame negra que llore, es tan lindo desahogarse

    En fin, veamos, veamos que hacen nuestros
    Futuros señores. Mira esos pantalones
    Tápale un poco a la nena
    Si, si ya sé, no me lo digas
    Hoy se fue a la calle sola
    Acuéstate rezongona, mañana, mañana será otro día.

Héctor Gagliardi

El fútbol infantil… y sus papás

La barbarie sólo es culpa de los bárbaros, y en ese partido de infantiles se juntaron varios. Pero el fútbol tiene unas reglas sabias y un árbitro que tutela por ellas. Claro que el fútbol ha cometido errores, el peor de ellos dar lugar a que en muchos campos se concentre en una zona del fondo lo peor de la ciudad para intercambiar ocurrencias. Un ensayo antropológico aberrante que se intenta corregir.

Origen: La barbarie sólo es culpa de los bárbaros – AS.com

Una terrible pelea en un partido de infantiles. Pelea no entre los niños, sino entre los padres. Esto me hizo recordar una incómoda situación que vivimos hace unos meses. Tras una temporada entera de fútbol de niños, en la que todos nos divertimos, animamos, aplaudíamos los goles propios y los del contrario, llegamos a la última jornada. Y cuando llegamos al pabellón, todavía no había terminado el partido anterior, que era entre niños aún menores que Dani (que tenía siete años). Nos quedamos estupefactos ante la actitud de los padres: parecía que estaban jugándose la final de la Champions League, y solamente era la final de un campeonato de niños muy pequeños. Para colmo de bienes -o de males- era una final entre dos equipos del mismo colegio.

Y de aquí nació una reflexión posterior, relacionada con el rendimiento deportivo: ¿tiene beneficios el exceso de agresividad? Es decir, ¿salen beneficiados -deportivamente- los agresivos?

Y no estoy seguro, pero juraría que no vimos aplaudir los goles del contrario. Y en defensa de aquellos aficionados, debo decir que tampoco oímos insultos: era sobre todo un ánimo y apoyo terriblemente encendidos. Lo que nos chocó era el enorme contraste con lo que habíamos vivido nosotros durante toda la temporada.

Amenazada de muerte…

…por no depilarse las axilas. 

La actriz Lola Kirke, según leemos, ha recibido amenazas de muerte por no depilarse una parte de su cuerpo. 

Me pregunto cuánto tiempo necesitamos para darnos cuenta de que el cuerpo de cualquier persona es de esa persona, y no nuestro. Y me estremece pensar que si esos agresores se dirigen así a quien no pertenece a su entorno, qué le harán a sus hijas, a sus hermanas, a sus esposas. 

Y sí, parece que aquí también salen perdiendo las mujeres. 

Maltrato es maltrato

Un interesante experimento que debería hacernos plantear muchas cosas. Una pareja discute violentamente en la calle. Dos veces. En la primera ocasión, el agresivo es el chico. Entonces la gente acude, ayuda, actúa. En la segunda, la agresiva es la chica. La gente mantiene la distancia, no interviene. Incluso se ríe.

Amigos: maltrato es maltrato.

Nunca es el camino

lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia.
(Mahatma Gandhi)

La revolución de la paz

Ninguna revolución puede basarse en la violencia, porque revolución implica cambio, y lo que tenemos ahora es violencia. La única revolución posible es la de la paz.

Gritar menos y amar más. El desafío del rinoceronte naranja.

Hace ya bastante más de un año, una madre se dio cuenta de que gritaba a sus cuatro hijos. Que les gritaba demasiado (siempre es demasiado). Y se planteó un desafío, al que llamó «el desafío del rinoceronte naranja». Eligió este animal porque es tenaz, vigoroso y pacífico por naturaleza, pero muestra un comportamiento agresivo cuando se le provoca. Esta mamá se sentía un rinoceronte, salvo en esa parte de la agresividad. Y como quiso dotarlo de calor y energía, de ahí el color naranja.

Esta mamá va ya camino de dos años gritando menos y amando más. Alguna vez se le escapa algún grito, desde luego, pero intentar no gritar ya es estar en el buen camino. A raíz de su iniciativa, más mamás (y papás, espero) han afrontado este desafío del rinoceronte naranja. E incluso alguna profesora. Estoy seguro de que, del mismo modo que ahora vemos impensable que se pegue a nuestros hijos en el colegio o en casa (o en cualquier otro sitio), dentro de poco será impensable que se les pueda maltratar verbalmente.

Por mi parte, aunque no soy nada gritón, intentaré mejorar en ese aspecto. Creo que es buena idea anticiparse al enfado pre-grito. Es decir, ni siquiera sentir dentro el malestar que puede acabar convirtiéndose en grito. Pasito a pasito.

Y tú, ¿te apuntas al desafío del rinoceronte naranja?