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En resumen, conciliación

Probablemente el único proyecto al que renunció fui yo.

(Hans Albert Einstein, hablando sobre su padre, el físico Albert Einstein)

No es este post, que comienza con esa tristísima cita, un post de acusación sobre Albert Einstein, sino de acusación sobre lo complicadísimo que es conciliar. ¿Es posible dedicarse en plenitud al trabajo y a los hijos? Es evidente que no, no podemos dedicar nuestras 24 horas a ambos. Así que no queda otra opción que buscar un equilibrio. Equilibrio en el que, si alguien debe salir perjudicado, sea el trabajo (y, por lo tanto, el dinero), no nuestros hijos y nosotros.

Y la solución no es -no puede ser- que otros se ocupen de nuestros hijos (léanse escuelas infantiles, personas contratadas para el cuidado o familiares que se ocupen los pequeños). La única solución posible es dotarnos de medios para que seamos nosotros quienes podamos ocuparnos. No es un camino fácil, y posiblemente nunca se alcance el destino deseado, pero cuanto más cerca estemos del mismo, mejor será esta sociedad.

El día de llevar los niños al trabajo

Vivimos en una sociedad que, en general, ha decidido no mirar hacia los niños. O, si los mira, lo hace considerándolos ciudadanos de segunda tercera clase. Por supuesto, nuestras necesidades (de trabajo e incluso de ocio) son más importantes que las suyas.

En España la baja por maternidad es de cuatro meses (la de paternidad es completamente ridícula: quince días). Esto significa que la madre de un bebé de cuatro meses (todavía en puerperio, todavía posiblemente con lactancia exclusiva) tiene que reorganizar toda su vida (y la de su hijo) para poder asistir al trabajo (intentando rendir como el que más, claro) y, ya en casa, poder compensar la ausencia a la que somete a su hijo.

Sé que este es un tema en el que confluyen muchos factores y que, tal como tenemos montada la sociedad, deja (todavía más) a la mujer en una situación de inferioridad con respecto al hombre. Las soluciones son múltiples y variadas: reducciones de jornada, implantación de teletrabajo y ¿por qué no? llevar a los niños al trabajo.

Pero lo que pretendo con este post es, simplemente, un primer paso hacia esa última propuesta: ¿qué os parecería si tuviéramos un día al año en el que se «pudiera» llevar los niños al trabajo? ¿Y si ese día pudiéramos trabajar casi (o igual, o mejor) que cualquier otro día?

Quizá podría ser el primer paso hacia un futuro más bonito. ¿Os animáis?