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#20AlumnosPorClase

Se ha puesto en marcha esta iniciativa, la de permitir un máximo de 20 alumnos por clase. Me parece una solicitud totalmente necesaria, ya que cuantos menos alumnos haya por clase, más ventajas disfrutaremos: el profesorado podrá atenderlos mejor, podrá desarrollar más y mejor la materia y su nivel de estrés (y su dificultad para gestionarlo) mejorará; por su parte, el alumnado podrá aprovechar mejor la clase y funcionará mejor individualmente y como grupo. Y me atrevería a decir que el bullying disminuirá.

Y en esto tenemos que estar unidos todos los integrantes de la comunidad educativa, ya que la mejora es brutal para nosotros. También deberíamos contar con el apoyo de la administración, ya que un país mejor educado es un país mejor.

Personalmente, creo que sería la primera vez en la que apoyaría activa y voluntariamente una huelga. Eso sí, si esa hipotética huelga se propone, pediría tres cosas: 1) no cejar hasta conseguir el objetivo (de poco valdría una huelga simbólica de un día), 2) considerar esto como un primer paso hacia reducir más el número máximo (13-15) y 3) no condenar a quien no apoye la huelga (aunque acabe beneficiándose de los logros), ya que puede tener sus razones: puede pensar que no es adecuado, puede pensar que no es la forma, o tal vez no pueda permitirse apoyarla.

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Avanzar materia o no avanzar materia

Esa es la cuestión. Estamos en una situación muy especial (para nosotros, no para este planeta en el que las desgracias no son pocas: guerras, hambre, pobreza): vamos a estar unos meses (unos meses, en principio) sin poder ir presencialmente al colegio.

Y surge la gran duda: seguir avanzando con la materia provoca que algunos niños queden más descolgados todavía. Y es cierto que en algunas familias, por motivos económicos o de falta de disponibilidad, atención o intención de los padres, los niños no pueden seguir la materia. Y ya tenemos el concepto empatía: si hacemos que se siga dando materia, que no haya aprobado general (que esta es otra: la inevitable relación entre aprendizaje y notas), estamos cayendo en una falta absoluta de empatía con los pequeños que no tienen tantas posibilidades.

Así que nos ponemos en el escenario en el que no se avanza materia. ¿No os parece que ahí todavía incrementamos más las diferencias, que establecer esa condición hará que unos sigan aprendiendo y los otros aprendan aún menos de lo que iban a aprender?

Os dejo la reflexión, queridos.

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¡No le des opciones!

Esta historia sucedió en un colegio cualquiera, con un profesor cualquiera, con un niño cualquiera y con su papá. Pero podía haber sucedido, desde luego, en cualquier otro lugar y con cualesquiera otros protagonistas.

El niño y el papá estaban a punto de entrar en el cole, pero el niño necesitaba un poco más de tiempo, así que ambos se fueron a sentar tranquilamente en un banco para conversar. Los demás niños ya habían entrado, y la zona estaba ya vacía. Un profesor que, desde dentro, presenció la situación, se acercó para mantener una distancia que le permitiera intervenir, si lo consideraba necesario (con la mejor de las intenciones, estamos seguros).

El papá y el niño siguieron hablando y, en un momento dado, el papá le dijo al niño «¿Qué prefieres, cariño, entrar en el cole o volver para casa?» En ese momento, el profesor actuó como si le hubieran dado a un botón:

«¡No le des opciones!»

No le des opciones. Como si esa posibilidad tuviera alguna validez. Como si fuera aceptable eliminar la posibilidad de decir no. Como si impedir actuar mal (si es que se pudiera considerar así la opción de volver a casa) ayudara de algún modo a que el niño siga creciendo y evolucionando.

Por favor, que tengamos siempre las opciones disponibles y criterio para decidir bien.