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Estrategia para volver (pronto) a la vida normal

Quienes me seguís ya sabéis que el tema de la pandemia me preocupa, y mucho. Me parece fundamental volver a nuestra normalidad.

Así que planteo esto, a ver qué os parece:

  • Cuando un municipio llega a 0 casos diagnosticados en los últimos 7 días, se hace cierre perimetral de verdad: solamente se puede salir o entrar para situaciones de primera necesidad.
  • Si transcurren 7 días más y seguimos con 0 casos (ya son 0 casos diagnosticados en los últimos 14 días), se eliminan todas las restricciones dentro del municipio.
  • Si llevamos esos 14 días con 0 casos y el municipio es fronterizo con otros que hayan alcanzado el mismo nivel, se permite la movilidad entre ellos.

¿Qué inconveniente veis? Actividades como trabajar o estudiar no entrarían en lo que considero primera necesidad. Debería subvencionarse a trabajadores y empresas para compensar esas pérdidas. Y esas pérdidas serían menores que no seguir con la pandemia, que es lo que nos está pasando.

¿Qué os parece?

Precious: The Awareness Story

Este vídeo de Diana Yazidjian y Juan Delcán nos muestra, en menos de un minuto, cómo salvar miles de vidas: distancia, lavado de manos, mascarilla. No se puede resumir más en menos, no se puede dar más por menos.

Por favor, por favor, por favor. Cuidaos y cuidad.

Orgullosos de nosotros mismos

Este virus no se mueve, sino que lo movemos. Así que hemos sido nosotros los causantes de la propagación de la pandemia. Nosotros, los que nos hemos ido de cañas cuando lo más prudente era quedarse en casa porque claro, hay que seguir viviendo (cuando eso a lo que ayudaba era a seguir muriendo). Nosotros hemos sido los que nos hemos encontrado excusas para saltarnos confinamientos. Nosotros hemos sido los que nos hemos colado para conseguir vacunarnos antes que otros que lo necesitaban más. Nosotros, los que nos hemos dedicado a destruir y criticar.

Pero cuando dentro de unos siglos nos estudien, verán que aquella generación, cuando llegó el momento de vacunar, decidió que primero se vacunarían los ancianos, antes que los jóvenes, que los ricos o que los mandatarios. Y ahí encontraremos un motivo por el que estar más que orgullosos de nosotros mismos.

Las medidas de prevención (6M)

En estos días estamos leyendo referencias a «6M», en el contexto de temas relacionados con la pandemia. No es más que una regla ¿mnemotécnica? sobre seis consejos que nos pueden ayudar a evitar la propagación del virus.

Según nos indica el borrador que ha hecho público el Colegio de Médicos:

En todos los contextos se deben mantener las medidas de prevención (6M): Mascarilla (uso de mascarilla todo el tiempo posible), Manos (lavado de manos frecuente), Metros (mantenimiento de la distancia física), Maximizar ventilación y actividades al aire libre (mantener las ventanas y puertas abiertas en la medida en que sea seguro y factible según la temperatura), Minimizar número de contactos (preferiblemente siempre los mismos) y “Me quedo en casa si síntomas, diagnóstico o contacto”.

¿A quién atendemos? (¿A quién dejamos sin atender?)

Que la primera pregunta implica la segunda, que es realmente la importante. He pensado en esto especialmente durante esta pandemia, y como los ingenieros de telecomunicaciones sabemos un poquito de Teoría de Colas, le he dado unas cuantas vueltas.

Tenemos, digamos, cien pacientes que requieren atención… pero solamente podemos atender a ochenta. ¿Qué hacemos con los veinte restantes, cómo gestionamos esto?

Una aproximación razonable es atender por orden de gravedad/urgencia. Primero atendemos a los más graves. Posible problema: los graves se nos mueren por estar graves, los menos graves se convierten en graves por no estar atendidos.

Otra opción es la contraria a la anterior: atendamos primero a los menos graves. Así que esos se salvarán con gran seguridad. Y, con la misma gran seguridad, los más graves se morirán.

La opción que antes conseguiría atender a todos consiste en ordenar a los pacientes por menor tiempo de atención requerido (quizá equivalente a la anterior).

Y, finalmente, hay otras opciones que se han sugerido en estos tiempos, algunas muy similares a las anteriores:

  • Atender primero a los que tienen más probabilidades de sobrevivir.
  • No dar atención a un tipo de pacientes (provenientes de residencias, mayores de una determinada edad, con otras patologías graves).

Para no encontrarnos en estas terribles tesituras, hay que intentar por todos los medios que el sistema sanitario no se desborde con las medidas que ya todos conocemos: distancia, mascarilla, minimizar el tiempo en espacios cerrados, limpieza de manos.

Los colegios no son aparcaniños

Estamos en mitad de una pandemia y nos parece que cerrar centros educativos es la última opción posible (realmente, como no se están tomando medidas lógicas tras detectarse un positivo, como hacer tests a todos los que hayan compartido allá, estado en ese aula o confinar preventivamente a quienes hayan estado en el aula, no sabemos si son clave en la expansión de la enfermedad o no).

Y el problema no es porque no se pueda seguir la formación a distancia (con problemas, desde luego, pero solventables), sino porque en esta sociedad usamos los colegios como aparcaniños, ese lugar en donde dejamos a los niños mientras nos vamos a producir. Lo mismo que hacemos con los ancianos, en este súmmum capitalista (o consumista, no olvidemos a Stajanov) de culto al dinero y al trabajo: quien no produce, molesta.

Confitados: músicos, postres y pandemia

No, con Char-lee Mito no puedo ser imparcial (¿alguien puede?), pero os quiero presentar esta maravilla que creó aprovechando el Primer Confinamiento. Es una obra coral (nunca mejor dicho) en la que encontramos recetas (de las que haremos muchas, si no todas), pequeños relatos y poemas, dibujos, consejos y retazos de noticias.

He disfrutado mucho leyéndolo y me ha servido como un recordatorio de una época que ya vemos lejana. Si tengo que elegir una parte, me quedo con Carga viral. Fantástico. No se puede resumir más en menos.

Es, además y sobre todo, una obra que, cuando dentro de unas décadas esté en manos de un lector que no haya vivido esta época única, servirá para conocer, sentir y sorprenderse con lo que ha provocado un buen hombre que, en una tranquila tarde del pasado invierno, decidió disfrutar de una reparadora sopa de murciélago. Gracias por contárnoslo tan bien, Char-lee y amigos. :*

Pistachos y multas

Un chaval come pistachos por la calle (tiempos de pandemia y mascarilla, recordemos), la policía lo multa y:

  • se produce una reacción de apoyo al chaval en redes.
  • se recauda dinero para pagarle la multa.
  • una empresa de pistachos le regala pistachos.

A ver. A ver. El problema no es comer pistachos. El problema no es la multa (gracias, pedagogos y maestros -qué grande queda a veces esa palabra- de premios y castigos por lo bonita que nos estáis dejando esta sociedad). El problema no es que te pille la policía. El problema es que estás sin mascarilla y sin guardar distancia, el problema es que puedes contribuir a la expansión de un virus, el problema es que puedes provocar que enfermes gravemente tú, tus padres, tus abuelos o incluso personas a las que jamás has visto.

Y qué ricos los pistachos. Y qué rica la buena compañía. Pero por favor, que esta segunda ola va a dejar en pañales a la primera: tengamos responsabilidad, que hay vidas en juego. Y queremos vivir.

Profes, cañas y pandemias

Uf. El colectivo docente, quizá el más sensible ante cualquier crítica -esta sensibilidad tiene explicación, ya que son objeto de muchas, y muchas injustas-, se indigna porque se indica que no deben reunirse entre ellos para tomar algo.

Pues debo decir que estoy de acuerdo en que *no* se reúnan para eso, pero también me apena que haya sido necesario decirlo. Las reuniones sin mascarilla (y normalmente las comidas, los cafés y los bocatas se toman sin mascarilla) son una potencial fuente de contagios, y es responsabilidad de cada uno intentar que no se produzcan.

No es un tema menor. Y sé que el colectivo docente lo está pasando muy mal en estos tiempos, con profes despidiéndose de sus padres hasta sabe Dios cuándo. Y que se les están exigiendo unas labores para las que no tienen ni preparación ni capacidad (además de no ser sus labores). No es un tema menor, decía, ya que hay vidas en juego.

Mucho ánimo, todo mi ánimo para ese querido colectivo. Lo estáis haciendo de maravilla.

Disposición de mesas en tiempos de pandemias

Nos recomiendan que la distancia entre dos personas debería ser, al menos, de 1.5 metros (inicialmente era de 2 metros, pero se han relajado los requisitos). Y tenemos a los profesores haciendo cálculos (eso es sano) para intentar ubicar en un espacio reducido (eso es insano) a un grupo de niños.

Leyendo las propuestas de los maestros en Twitter, he encontrado las siguientes disposiciones (me las he ido descargando y no encuentro ahora quiénes han subido esas fotografías; si lo recupero, lo indicaré), a ver qué os parecen:

Estas disposiciones usan una mesa en el medio para garantizar la distancia:

Esta disposición forma un rombo con los laterales exteriores (los más lejanos al alumno) de las mesas.

Esta disposición usa mesas grandes:

Y, finalmente, tenemos la opción de usar mamparas, como estas que ofrece Nookit.

Si encuentro más propuestas, las iré añadiendo aquí.