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Educación Política

Derechas frente a izquierdas bajo el prisma de la educación

El extraordinario libro The Information is Beautiful, que os recomiendo encarecidamente, nos muestra unas infografías magníficas, para explicar mil y un temas diferentes. Hay una que me parece especialmente completa, en la que se nos definen las diferencias entre derechas e izquierdas. Dentro de esa infografía, quiero centrarme en la parte que se refiere a la educación. Fijaos qué descriptivo:

Uno nos ofrece una atmósfera de premios y castigos (educación, dirán unos; amaestramiento, dirán los otros), provocando una relación basada en el respeto y el miedo; el otro, una atmósfera de protección y comunicación (hiperprotección, dirán unos; amor, dirán los otros), provocando una relación basada en el respeto y en la confianza. Desafortunadamente, los premios y castigos son la base habitual sobre la que se construyen muchas familias: más cómodo, desde luego, pero más dañino. Está claro que si nuestros votos tuvieran que ser coherentes con nuestro comportamiento, arrasarían las derechas.

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Educación

Enseñando a respetar

No. Como los habituales de este blog sabéis, considero que enseñar a respetar solamente se puede hacer respetando. Y cuando esta mañana me he encontrado con los dos breves vídeos que comparto aquí, he vuelto a ser consciente de lo lejos que estamos de respetar a nuestros hijos.

El primer vídeo nos muestra a un monitor aterrorizando a un niño antes de lanzarse en tirolina.

En el segundo vídeo vemos la reacción de una madre al encontrar a sus hijas bailando twerking.

Y lo más lamentable es que hemos creado una sociedad en la que se puede justificar, entender o incluso aprobar o bromear con esas conductas. Anda que no nos queda camino por recorrer.

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Educación

No empieces

Creo que es una expresión que todos -yo seguro que sí- hemos utilizado o, al menos, hemos pensado: «No empieces». La usamos cuando alguien comienza a darnos una opinión o a comportarse de una forma que nos ha molestado en un pasado: «No empieces».

Pocas frases se me ocurren que sean más anuladoras: es un «no digas lo que piensas», «no des tu opinión», «no actúes de esa manera», «ya lo has hecho (mal) en un pasado, así que no se te ocurra volver a hacerlo». Y es realmente anuladora porque hace que la persona que lo recibe sepa de un golpe que su opinión o su comportamiento no va a ser tenida en cuenta -aunque sea completamente procedente. Plof. De un plumazo, te callo.

Así que al menos por mi parte voy a poner todo para no volver a decirla y, sobre todo, para no volver a pensarla. Para darme cuenta de que si esa persona actúa así es porque lo considera adecuada. Y, al menos, merece ese respeto.

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Educación

No tolero a los gays

Ni a las lesbianas. Ni a los trans. Tampoco tolero a los negros ni a los amarillos. No tolero a los catalanes ni a los andaluces. Ni a los del Barça ni a los del Deportivo, ni a los del Athletic (y tampoco a los del Atleti). No tolero a los feos ni a los tontos ni a los sosos.

Pero aún os diré más: tampoco tolero a los gallegos, ni a los del Celta, ni a los del Madrid. Ni siquiera tolero a los guapos, inteligentes y simpáticos.

Porque «tolerar» es una palabra que implica soportar, conceder privilegios, permitir. Y yo no soy nadie para eso. Estoy feliz de que seamos de mil olores, colores y sabores diferentes. Por mi parte, seguiré sin toleraros, queridos amigos.

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Crianza

Guía para saber si le estamos faltando al respeto a un niño

¿Le estoy faltando al respeto a mi niño? Si tienes esa duda, lo cierto es que ya tienes mucho camino recorrido. Supongo que la mayoría ni nos planteamos eso.

El método que propongo es sencillo: la respuesta a esa pregunta es -soy gallego- otra pregunta:

Si el niño se dirigiera así a mí, ¿sentiría que me falta al respeto?

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Crianza

Secuestrar a un niño 

¿Sabéis por qué es mucho más fácil secuestrar a un niño que a un adulto?

En mi opinión, no por un tema de fuerza (esto se resuelve con algún secuestrador más, o con un arma). En mi opinión, el verdadero motivo es que esta sociedad no hace nada si ve a un niño gritando o llorando, arrastrado por un adulto. Ésta es la situación. 

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Religión

De lo sagrado

Nunca dejaremos el pasado si consideramos la religión como algo sagrado, pero nunca abrazaremos el futuro si no consideramos como sagrado el derecho a la religión.

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Crianza

Los diez mandamientos del maltrato (sutil) infantil

En los últimos días he tenido la suerte desgracia de asistir a un Máster en Maltrato Infantil Avanzado. Iba a decir que he asistido de forma gratuita pero, desafortunadamente, estas cosas nunca lo son.

Durante el Máster tomé unos cuantos apuntes, y aquí os los copio, para que todos os podáis aprovechar de ellos:

– si el niño llora y usted no entiende por qué, asuma que es un niño que llora por todo y que no tiene motivos para hacerlo. Si alguno de los presentes interviene aportando alguna posible explicación (como que el niño está cansado o no está en su ambiente habitual), ignórelo.

– si es posible, critique sus llantos o gritos públicamente; si además consigue que se una más gente a las críticas, mejor. Así el niño sabrá que sus sentimientos no tienen validez alguna.

– si el niño está jugando con un juguete y usted le da otro juguete a un niño cercano, extráñese si ambos quieren jugar con él y aproveche la ocasión para llamarle egoísta al primer niño.

– repita la frase «hay que compartir» constantemente, de modo que el niño se sienta mal. Da igual que usted no comparta habitualmente en su vida cotidiana; simplemente suelte la frase con frecuencia.

– amenace al niño con enfadarse o con dejarle de querer si no hace lo que usted quiere: de ese modo aprenderá que los sentimientos de los adultos son más importantes que los de los niños y actuará movido por el miedo.

– si el niño se quiere ir de su lado, porque usted lo está agobiando, sujételo con firmeza y déjele claro quién manda. Usted sabe cómo se hacen las cosas, no él.

– diríjase a él con brusquedad; si él hace lo mismo, enfádese mucho con él.

– si el niño le pide algo con suavidad cinco veces, no le haga caso. Si a la sexta grita, ríñale por gritar.

– si ninguna de las estrategias funciona, usted retírele el juguete. Así conseguirá que se «porte bien» para poder recuperarlo.

– si tampoco ha funcionado la estrategia de retirar el juguete, envíelo a un rincón hasta que el niño se aburra. Dígale que piense. No importa que usted no lo haya hecho en los últimos cuarenta años. Quizá esta estrategia tampoco funcione, pero al menos el niño no le molestará.

Estos diez mandamientos se resumen en dos: los adultos siempre tienen razón y los niños siempre son unos chantajistas mimosos.

Gracias, Sonia, por el preciso apunte que me has hecho (recordar que a veces los adultos amenazan a los niños con dejarlos de querer).

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Microrrelatos Reflexiones Sexualidad

Planificación innegociable

Tanto Arturo como yo somos aficionados a la naturaleza; nos habíamos conocido hace poco, pero pronto empezamos a hablar de que teníamos que quedar para hacer una ruta de senderismo. El viernes, al despedirnos en la oficina, quedamos para el día siguiente. Tempranito. A las 8.00 iniciaríamos nuestra ruta.

Y llegó el sábado. A las 7.45 estábamos en la cafetería de debajo de su casa, analizando con detalle el camino a seguir y tomándonos un opíparo desayuno.

Comenzamos la ruta. Los primeros kilómetros fueron bien, pero Arturo estaba cada vez más fatigado. Y a la hora y media de haber comenzado me dijo que no quería seguir. Intenté disimular mi enfado y lo animé. Un poco a regañadientes, siguió intentándolo un rato más. Pero a la media hora se plantó. «No sigo», me dijo. Y aquí ya no aguanté más. «No, Arturo; estamos haciendo la ruta que hemos planificado, tú mismo la sugeriste. Y llevamos dos horas caminando, así que ahora vamos a continuar». Me miró como si no entendiera nada e hizo ademán de dar la vuelta. Lo cogí del brazo e hice que continuara caminando -reconozco que de forma un poco brusca. Y vaya que si completamos la ruta: nos costó un poco más de lo planificado inicialmente y el bueno de Arturo acabó con un tobillo torcido y los pies deshechos. Pero la acabamos. Porque lo habíamos planificado.

Y nunca más volvimos a tener la buena relación que teníamos antes, ni quiso volver a hacer otra ruta conmigo. Y no entiendo por qué.

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Crianza

¿Estamos siendo excesivamente respetuosos con nuestros niños?

En ocasiones oigo comentarios sobre los efectos negativos que puede tener una crianza «excesivamente» respetuosa con el niño (como si se pudiera ser excesivamente respetuoso), arguyendo que no sabemos qué resultado dará eso en el futuro.

Efectivamente, no lo sabemos.

Pero sí sabemos los resultados de tratar a los niños sin respeto: una sociedad que no se respeta a sí misma, ni a las generaciones futuras, ni a las venideras. ¿De verdad no merece la pena intentar otra cosa?