Lo que ese niño necesita…

Sucede en muchas ocasiones, por desgracia, y también por lógica, viendo y sabiendo cómo hemos sido educados. Pero el brillante periodista Manuel Jabois, muchos de cuyos artículos son para enmarcar, rescató hace unos días otra maravilla, en esta ocasión de Rafael Sánchez Ferlosio, un artículo llamado Virilidad. Trae Jabois este artículo para ilustrar la triste frase de la comisaria de Pontevedra sobre cuánto les gustaría a algunas que las violase un antidisturbios.

Nos contaba Ferlosio, hace ya casi cuatro décadas (en 1984) que esas personas que pueden decir de un niño «lo que ese niño necesita es un par de hostias«, pertenecientes a la misma ralea que quienes pueden decir de una mujer «lo que esa mujer necesita es un buen polvo», realmente lo que quieren decir es que les gustaría ser ellos quienes ejecutaran la acción.

Es lógico que suceda esto, decíamos. Pero quiero pensar que era más entendible hace cuarenta años, casi todavía en el franquismo, que hoy. Sin embargo, que Jabois nos haya hecho ver que hoy se dice lo que se decía entonces, nos hace ver que aún queda camino por recorrer. Lo recorreremos, seguro. Ojalá, mientras dura el camino, un premio Darwin para esos -seamos suaves- entrometidos.

Los llantos a destiempo

Existen muchas situaciones en las que nos encontramos con un niño que llora, o bien por algo que -a nuestro entender- no es “para tanto”, o bien a destiempo (si es que tal cosa puede decirse de la expresión de un sentimiento).

Una de las más habituales es cuando el pequeño se cae o participa de una situación potencialmente peligrosa. Mientras nadie pone voz a su sentimiento, se queda callado o dice que no ha sido nada. En cuanto una persona con la suficiente empatía convierte en palabras el susto: “¿te has asustado, cariño?” o incluso mejor “menudo susto, ¿verdad?” (con esta segunda opción normalizamos lo que puede estar sintiendo), entonces llega el llanto.

Otra de las habituales, que entraría dentro del grupo de “no es para tanto” es la del pequeño que ha sufrido varias situaciones complicadas y al final acaba llorando por un tema menor. En este caso podemos ver más claramente que está llorando por lo que no lloró.

Cuesta bien poco mostrar empatía. No me gustaría terminar este post diciendo que me he centrado en los pequeños, pero esto puede darse -se da- a todas las edades.

Normalicemos expresar nuestros sentimientos. Normalicemos comprender a los demás.