Poema al padre

Tiene este poema dos caras: una de ellas comete un profundo error, dejando a las mamás como incomprendidas, ignorando la terrible soledad en la que muchas veces viven; la otra cara -que es la que trae ese poema a este blog- pone el acento en esos padres «malos», eternamente enfadados, eternamente castigando, eternamente agrediendo. Yo he tenido la bendita suerte de recibir siempre con alegría la llegada de mi padre a casa, el sonido de sus llaves era un regalo para el corazón. Pero no todos hemos tenido esa suerte, por desgracia (otro mundo sería este).

Los diez mandamientos del maltrato (sutil) infantil

En los últimos días he tenido la suerte desgracia de asistir a un Máster en Maltrato Infantil Avanzado. Iba a decir que he asistido de forma gratuita pero, desafortunadamente, estas cosas nunca lo son.

Durante el Máster tomé unos cuantos apuntes, y aquí os los copio, para que todos os podáis aprovechar de ellos:

– si el niño llora y usted no entiende por qué, asuma que es un niño que llora por todo y que no tiene motivos para hacerlo. Si alguno de los presentes interviene aportando alguna posible explicación (como que el niño está cansado o no está en su ambiente habitual), ignórelo.

– si es posible, critique sus llantos o gritos públicamente; si además consigue que se una más gente a las críticas, mejor. Así el niño sabrá que sus sentimientos no tienen validez alguna.

– si el niño está jugando con un juguete y usted le da otro juguete a un niño cercano, extráñese si ambos quieren jugar con él y aproveche la ocasión para llamarle egoísta al primer niño.

– repita la frase «hay que compartir» constantemente, de modo que el niño se sienta mal. Da igual que usted no comparta habitualmente en su vida cotidiana; simplemente suelte la frase con frecuencia.

– amenace al niño con enfadarse o con dejarle de querer si no hace lo que usted quiere: de ese modo aprenderá que los sentimientos de los adultos son más importantes que los de los niños y actuará movido por el miedo.

– si el niño se quiere ir de su lado, porque usted lo está agobiando, sujételo con firmeza y déjele claro quién manda. Usted sabe cómo se hacen las cosas, no él.

– diríjase a él con brusquedad; si él hace lo mismo, enfádese mucho con él.

– si el niño le pide algo con suavidad cinco veces, no le haga caso. Si a la sexta grita, ríñale por gritar.

– si ninguna de las estrategias funciona, usted retírele el juguete. Así conseguirá que se «porte bien» para poder recuperarlo.

– si tampoco ha funcionado la estrategia de retirar el juguete, envíelo a un rincón hasta que el niño se aburra. Dígale que piense. No importa que usted no lo haya hecho en los últimos cuarenta años. Quizá esta estrategia tampoco funcione, pero al menos el niño no le molestará.

Estos diez mandamientos se resumen en dos: los adultos siempre tienen razón y los niños siempre son unos chantajistas mimosos.

Gracias, Sonia, por el preciso apunte que me has hecho (recordar que a veces los adultos amenazan a los niños con dejarlos de querer).

Qué maleducado es este niño

La situación es la siguiente: un adulto (por ejemplo, una tía abuela que vive en otra ciudad, y a la cual no ve desde hace mucho), le pide algo al niño: «tráeme aquel bolso de allí». Y el niño le responde: «¿cómo se piden las cosas?».

Así que la tía abuela piensa: «¡buf, qué maleducado es este niño!».

La situación es la siguiente: el niño le pide algo a un adulto (por ejemplo, a una tía abuela que vive en otra ciudad, y a la cual no ve desde hace mucho): «tráeme aquel juguete de allí».

Así que la tía abuela piensa: «¡buf, qué maleducado es este niño!», mientras le suelta un: «a ver, ¿cómo se piden las cosas?»

La infinita influencia de un padre

Corría la temporada 1981-82 y el Celta y el Deportivo de La Coruña, recién ascendidos de 2ªB, iban a disputar un derbi en Balaídos, el estadio del Celta.

Yo acababa de aficionarme de verdad al fútbol; en temporadas anteriores había acudido alguna que otra vez a Balaídos, pero fue en esa temporada cuando en verdad me enamoré de ese deporte, y es la primera temporada de la que tengo recuerdos nítidos. Así pues, aquel Celta-Deportivo es uno de los primeros partidos que recuerdo y, desde luego, mi primer derbi. Os podéis imaginar la maravillosa ansiedad que sentía ante el comienzo del partido.

Y saltó el Deportivo al campo. Balaídos se vino abajo con gritos, abucheos y silbidos en contra del máximo rival.

Entonces, mi padre se puso de pie y empezó a aplaudir. Y yo hice lo mismo.

Mi padre acababa de explicarme, en un par de segundos, qué significa el respeto y qué significa el deporte. Y que una cosa es ser rivales y otra, muy distinta, ser enemigos. Después saltó el Celta al campo y, claro, fue el éxtasis absoluto. El Celta (que acabaría siendo campeón de Liga y ascendiendo a Primera) ganó el partido, pero yo gané mucho más.

Un padre nunca puede saber hasta dónde puede llegar cualquier gesto, por simple que sea. Estoy seguro de que yo sería una persona distinta si mi padre hubiera abucheado a los jugadores del Deportivo.

Gracias, papá. Ojalá algún día llegue a ser tan buen padre como tú.

Sino a quien conmigo va

Desde bien pequeño me ha fascinado este romance y su misterio. Ahora lo escucho desde la voz azul de Amancio Prada y llegan a mí recuerdos del libro de lectura del colegio, de desayunos con prisas, de ir y volver a clase de la mano de mamá, aprendiendo más en esos caminos que en la propia escuela, de olor a gomas Milán, a bocadillos de jamón York para el recreo, de sueños ya cumplidos y de sueños por cumplir. El mérito, entre otros, del Conde Arnaldos:

Por tu vida, el marinero / dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero / tal respuesta le fue a dar:
Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va.

Para ti, mamá :*