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Castigos y consecuencias (por enésima vez)

Por enésima vez y con n bastante grande. En estos últimos días se ha hecho viral la siguiente tabla:

Sí. Estremecedor si pensamos que lo planifica alguien que pretende educar. Ha habido rumores de que esta tabla no es real, pero por desgracia hemos visto cosas similares o peores en esas edades (al parecer es de un curso de primaria) e incluso en cursos inferiores.

Por una parte, se está pretendiendo cambiar la conducta a base de castigos. Por otro lado, se cae en el habitual error de confundir castigos con consecuencias. Todo mal. Ya no digamos la barbaridad -que no creo ni que sea legal- de dejar a un alumno sin recreo o sin Educación Física.

Necesitamos desde ya que se forme convenientemente a los maestros para que sepan hacer frente a los problemas habituales de su trabajo sin necesitar castigar a quienes pretenden educar.

Si educamos…

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres.

Pitágoras

Que no sé si el bueno de Pitágoras pensaba en ello, pero desde luego, yo tengo más que claro que educar implicar no castigar (y no premiar), puesto que los premios y castigos se acercan más al amaestramiento que a la educación.

Pistachos y multas

Un chaval come pistachos por la calle (tiempos de pandemia y mascarilla, recordemos), la policía lo multa y:

  • se produce una reacción de apoyo al chaval en redes.
  • se recauda dinero para pagarle la multa.
  • una empresa de pistachos le regala pistachos.

A ver. A ver. El problema no es comer pistachos. El problema no es la multa (gracias, pedagogos y maestros -qué grande queda a veces esa palabra- de premios y castigos por lo bonita que nos estáis dejando esta sociedad). El problema no es que te pille la policía. El problema es que estás sin mascarilla y sin guardar distancia, el problema es que puedes contribuir a la expansión de un virus, el problema es que puedes provocar que enfermes gravemente tú, tus padres, tus abuelos o incluso personas a las que jamás has visto.

Y qué ricos los pistachos. Y qué rica la buena compañía. Pero por favor, que esta segunda ola va a dejar en pañales a la primera: tengamos responsabilidad, que hay vidas en juego. Y queremos vivir.

Confinamientos, rebrotes, premios y castigos

Estamos -hablo con referencia a España, cada país ha sufrido su propia evolución- en lo que parece ser una segunda ola de esta pandemia.

Nos confinaron, y así conseguimos prácticamente acabar con la expansión de la enfermedad. Pero conforme nos han ido dando libertad, hemos demostrado nuestra poca educación (como mi querida y admirada Alicia Urrea dice, siempre mejor atribuir los errores a la ignorancia que a la maldad). Y han vuelto a aumentar los casos (detectados).

Aunque todos sabemos ya que con distancia social, lavado de manos, uso de mascarillas y reuniones en el exterior tenemos controlada la epidemia (y evitamos muertes, además de cuidar la economía), da la impresión de que solamente si nos castigan sabemos actuar. En casa estamos horrorizados ante este paralelismo tan nítido entre ese amaestramiento con premios y castigos y el comportamiento actual de adultos, en muchos casos, con suficiente formación y conocimientos.

Así que si quieres evitar la expansión de la pandemia, usa mascarilla, mantén distancia social, lávate las manos y no te reúnas en interiores. Si además quieres conseguir que tus hijos sepan comportarse bien cuando sean adultos… edúcalos, por favor. Educar es mucho más difícil que amaestrar, pero merece la pena. Por nosotros, por ellos y por este mundo.

Los castigos, otra vez los castigos

Sigo en mi cruzada particular en contra de los castigos. Varias veces he hablado en este blog sobre ese tema, pero continuaré con ello mientras sea necesario. Hoy quiero afrontar mi razonamiento intentando desmontar los argumentos más habituales que se usan en contra de los castigos.

«Debe existir una sanción cuando no se cumplen las normas»
El objetivo debe ser siempre que la mala conducta no se vuelva a repetir. Tenemos dos opciones: una, sancionar/castigar cuando se produce la mala conducta. Esto presenta -a mi entender, siempre a mi entender- un peligro gravísimo: que el niño pase a comportarse bien simplemente para evitar el castigo. La otra opción es el diálogo. Siempre, siempre, siempre hay posibilidades de argumentar y explicar por qué esa conducta no se puede mantener: ¿que estamos hablando en clase? No se puede; porque así no aprendemos, molestamos a los compañeros, no valoramos el trabajo que el profesor está haciendo. ¿Que dejamos todo sin recoger? No se puede; porque luego no encontraremos las cosas, porque podemos tropezar, porque no nos queda tanto espacio libre…

«No estamos hablando de un castigo, sino de una consecuencia»
Este es un lugar común: en demasiadas ocasiones confundimos castigo con consecuencia. La consecuencia surge del comportamiento; el castigo es algo adicional y que podría existir incluso sin el comportamiento. Si no hacemos las tareas que nos tocan (no hablo necesariamente de tareas escolares), no nos dará tiempo a ir después ir al cine. Eso es una consecuencia. Pero si no hacemos las tareas que nos tocan (hoy, lunes) y entonces el fin de semana que viene no vamos al cine… es un castigo. No hay relación lógica alguna entre unas tareas hechas (o no hechas) y una tarde de cine.

Finalmente, quiero hacer un apunte especial sobre dos tipos de castigos que suelen rechazar incluso quienes aceptan los castigos: castigos colectivos y castigos sin recreo.

Los castigos colectivos son injustos (se castiga a un niño por lo que ha hecho otro) y pueden ser un caldo de cultivo para el bullying: si un niño hace algo por lo que castigan a toda la clase tiene muchas papeletas para no ser muy querido por los demás. En alguna ocasión he leído que además son ilegales, pero no lo puedo asegurar. Si alguien tiene esa información, se lo agradecería muchísimo.

Castigar sin recreo no debería ni merecer medio comentario. Pero es necesario, ya que todavía se hace. Si el niño no ha trabajado lo suficiente/terminado lo que tenía que hacer durante la clase, se le castiga sin recreo. Es decir, que si el niño no estaba centrado, no estamos dándole la posibilidad de relajarse para poder volver mejor, sino que le restringimos ese derecho (y esa necesidad). Al igual que con los castigos colectivos, también he leído que son ilegales, pero tampoco puedo garantizarlo. Del mismo modo, cuento con vuestra ayuda para aclarar este punto.