¡No le des opciones!

Esta historia sucedió en un colegio cualquiera, con un profesor cualquiera, con un niño cualquiera y con su papá. Pero podía haber sucedido, desde luego, en cualquier otro lugar y con cualesquiera otros protagonistas.

El niño y el papá estaban a punto de entrar en el cole, pero el niño necesitaba un poco más de tiempo, así que ambos se fueron a sentar tranquilamente en un banco para conversar. Los demás niños ya habían entrado, y la zona estaba ya vacía. Un profesor que, desde dentro, presenció la situación, se acercó para mantener una distancia que le permitiera intervenir, si lo consideraba necesario (con la mejor de las intenciones, estamos seguros).

El papá y el niño siguieron hablando y, en un momento dado, el papá le dijo al niño «¿Qué prefieres, cariño, entrar en el cole o volver para casa?» En ese momento, el profesor actuó como si le hubieran dado a un botón:

«¡No le des opciones!»

No le des opciones. Como si esa posibilidad tuviera alguna validez. Como si fuera aceptable eliminar la posibilidad de decir no. Como si impedir actuar mal (si es que se pudiera considerar así la opción de volver a casa) ayudara de algún modo a que el niño siga creciendo y evolucionando.

Por favor, que tengamos siempre las opciones disponibles y criterio para decidir bien.

¿Eres coherente a la hora de tomar decisiones económicas?

La duda

Entre las alternativas siguientes, ¿qué escogerías?

  1. Me dan 1.000 euros dentro de un año o me dan 2.000 euros dentro de un año y un día: la mayoría preferimos esperar ese año y un día. Son 1.000 euros por esperar un día.
  2. Me dan 1.000 euros hoy o me dan 2.000 euros mañana: la cosa cambia. Ya es posible que prefiramos los 1.000 euros hoy.

¿Veis la incoherencia? Y tú, ¿eres coherente?

Otro par de alternativas:

  1. Una caja de 100 DVD me cuesta 50 € en mi localidad, pero en una localidad cercana, a media hora de coche, me cuesta 25 €. ¿Dónde los compras?
  2. Un frigorífico me cuesta 650 € en mi localidad, pero en una localidad cercana, a media hora de coche, me cuesta 625 €. ¿Dónde lo compras?

¿Qué opción escogerías tú? ¿Eres coherente?

Costa, usted no vale para juez

La fecha: muy señalada, 24 de diciembre, Nochebuena. Las acusadas: un pequeño grupo de mujeres. El delito no lo recuerdo con nitidez, pero creo que tenía relación con haber cogido unas almejas incumpliendo alguna norma. Así que el responsable las detuvo y les garantizó, volcando sobre ellas toda su ira, que no pasarían la Nochebuena con sus familias.

Y en el calabozo iban pasando las horas, avanzando la tarde camino de esa noche tan mágica. El desánimo cundía entre las mujeres hasta que vieron que apareció por allí el Juez de Paz. Si había alguna oportunidad, era hablando con aquel buen hombre. Lo llamaron y él, por supuesto, se acercó a hablar con ellas. Le contaron que tenían familia, que sólo eran unas almejas, que aquella noche era una noche especial. Y el señor Juez lo tuvo claro: «haremos lo siguiente: esta noche la pasáis en vuestras casas, pero mañana a primera hora necesito que estéis aquí». El asentimiento generalizado no se hizo esperar.

Desafortunadamente, la primera acción de las mujeres fue ir a la casa del que las había detenido, para hacerle saber que esa noche sí iban a estar con sus familias.

Y a la mañana siguiente el Juez de Paz, mi querido abuelo, fue -lógicamente- llamado a reunirse por su superior, si no fuera porque cortó rápidamente cualquier posibilidad de discusión:

– Costa, usted no vale para juez.
– Eso ya lo sabía yo.