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Y si pasamos a la teledocencia, ¿qué?

Pues creo que nos va a tocar, y creo que tenemos que aprovecharla bien y poner todos los medios para que ningún peque quede descolgado.

  • es necesario garantizar que todos los alumnos tienen los medios tecnológicos a su disposición (tablet/ordenador, conexión).
  • es necesario garantizar que saben usarlo.
  • es necesario garantizar la formación de los docentes para poder utilizar bien estas herramientas.

Y, más allá de la parte tecnológica:

  • debemos (los padres) garantizar que los menores están acompañados (según sus edades).
  • debemos ser capaces de darles soporte en esto, como en otros campos de la vida (alimento, cobijo, educación… formación?)

Vamos a aprender mucho, ojalá nos sirva para que una nueva sociedad, mejor y más preparada, emerja.

Pistachos y multas

Un chaval come pistachos por la calle (tiempos de pandemia y mascarilla, recordemos), la policía lo multa y:

  • se produce una reacción de apoyo al chaval en redes.
  • se recauda dinero para pagarle la multa.
  • una empresa de pistachos le regala pistachos.

A ver. A ver. El problema no es comer pistachos. El problema no es la multa (gracias, pedagogos y maestros -qué grande queda a veces esa palabra- de premios y castigos por lo bonita que nos estáis dejando esta sociedad). El problema no es que te pille la policía. El problema es que estás sin mascarilla y sin guardar distancia, el problema es que puedes contribuir a la expansión de un virus, el problema es que puedes provocar que enfermes gravemente tú, tus padres, tus abuelos o incluso personas a las que jamás has visto.

Y qué ricos los pistachos. Y qué rica la buena compañía. Pero por favor, que esta segunda ola va a dejar en pañales a la primera: tengamos responsabilidad, que hay vidas en juego. Y queremos vivir.

Ventilación, espacios cerrados, filtros HELA y detectores de CO2

Conforme vamos aprendiendo sobre la COVID-19 parece cada vez más claro que estar en espacios cerrados sin suficiente ventilación es un factor de riesgo importante y una situación que deberíamos evitar. Dentro de lo posible, que todas nuestras actividades sociales sean al aire libre.

Así, los deportes que se realizan en pabellones (balonmano o baloncesto, por ejemplo) son potencialmente mucho más peligrosos que los que se realizan al aire libre (fútbol o atletismo). Los trabajos en lugares cerrados o la asistencia a colegios, institutos o universidades también son un riesgo.

Si es imposible encontrar una alternativa, debemos garantizar la ventilación abriendo ventanas (podemos saber cuán renovado está el aire usando un detector de CO2) o instalando filtros HEPA (High Efficiency Particulate Air), preparados para eliminar virus y bacterias del aire.

Profes, cañas y pandemias

Uf. El colectivo docente, quizá el más sensible ante cualquier crítica -esta sensibilidad tiene explicación, ya que son objeto de muchas, y muchas injustas-, se indigna porque se indica que no deben reunirse entre ellos para tomar algo.

Pues debo decir que estoy de acuerdo en que *no* se reúnan para eso, pero también me apena que haya sido necesario decirlo. Las reuniones sin mascarilla (y normalmente las comidas, los cafés y los bocatas se toman sin mascarilla) son una potencial fuente de contagios, y es responsabilidad de cada uno intentar que no se produzcan.

No es un tema menor. Y sé que el colectivo docente lo está pasando muy mal en estos tiempos, con profes despidiéndose de sus padres hasta sabe Dios cuándo. Y que se les están exigiendo unas labores para las que no tienen ni preparación ni capacidad (además de no ser sus labores). No es un tema menor, decía, ya que hay vidas en juego.

Mucho ánimo, todo mi ánimo para ese querido colectivo. Lo estáis haciendo de maravilla.

Disposición de mesas en tiempos de pandemias

Nos recomiendan que la distancia entre dos personas debería ser, al menos, de 1.5 metros (inicialmente era de 2 metros, pero se han relajado los requisitos). Y tenemos a los profesores haciendo cálculos (eso es sano) para intentar ubicar en un espacio reducido (eso es insano) a un grupo de niños.

Leyendo las propuestas de los maestros en Twitter, he encontrado las siguientes disposiciones (me las he ido descargando y no encuentro ahora quiénes han subido esas fotografías; si lo recupero, lo indicaré), a ver qué os parecen:

Estas disposiciones usan una mesa en el medio para garantizar la distancia:

Esta disposición forma un rombo con los laterales exteriores (los más lejanos al alumno) de las mesas.

Esta disposición usa mesas grandes:

Y, finalmente, tenemos la opción de usar mamparas, como estas que ofrece Nookit.

Si encuentro más propuestas, las iré añadiendo aquí.

Sobre pandemias y docencia

Parece ser el monotema estos días: ¿deben abrir los colegios, es una irresponsabilidad de los padres enviar a los niños, es una irresponsabilidad de los profesores retomar la docencia?

En teoría (aunque estamos relajando las medidas), en cuanto haya un caso positivo, quienes sean contactos estrechos (entendiendo como tales quienes hayan estado a menos de dos metros durante al menos quince minutos) tienen que hacer cuarentena.

Es decir, toda la clase, todos los profesores de ese alumno tienen que irse a sus casas, preferiblemente sin salir de sus habitaciones, durante catorce días. ¿No es mil veces mejor que no se abran los colegios?

Ánimo, profes; ánimo, mamás y papás; ánimo, niños.

¿Comienza una nueva época?

La historia de la humanidad, en lo que a educación se refiere, puede dividirse -no soy un experto en el tema, corregidme si no es así- en dos grandes bloques:

1. Todos los niños trabajan, el aprendizaje se realiza viendo a los adultos, no hay adultos especializados en enseñar. Es decir, prácticamente todas las edades contribuyen al trabajo. Desde luego que las clases más pudientes tenían maestros, pero no era lo común.

2. Los niños no trabajan, dedicamos a una parte importante de los adultos a enseñar (en España, con una población de 47 millones, tenemos unos 750.000 docentes en enseñanzas no universitarias, lo cual me parece una cifra enorme: más o menos por cada 60 personas tenemos un docente, sin contar los profesores de universidad… y necesitamos más). Para conseguir esto (prescindir de la mano de obra de unos y otros) hemos tenido que llegar a un nivel de desarrollo impensable en el pasado.

Y creo que ahora estamos acercándonos a una nueva situación:

3. Gran parte -no toda, quizá- de la formación se realiza telemáticamente (no telepáticamente, que también estaría muy bien). Esto provoca también una reestructuración del trabajo de los adultos, que se convierte en remoto en los casos en los que se puede. Desaparece el concepto de curso, y los niños van avanzando en la materia, guiados por profesores (sí, siguen existiendo, aunque son muchos menos). Si yo soy bueno en Matemáticas pero no en Dibujo, iré más avanzado en Matemáticas y menos en Dibujo; los grupos de trabajo se pueden formar adecuándose a las capacidades de cada niño (con diversidad o uniformidad, según decida el formador en cada caso).

No se me escapa que hay que cuidar otros factores, desde luego. Los hogares tienen que funcionar bien en economía y convivencia; los niños van a poder relacionarse en otros espacios: no siempre con los veinte niños que te toca, no siempre esas cinco horas, no siempre con los mismos juegos; la distribución de vacaciones podría ser mucho más variada.

Feliz Vuelta al Cole, queridos.

Regreso al colegio. Septiembre 2020.

Imagino que es el tema más recurrente en las conversaciones de estos días: ¿cómo será la vuelta al colegio? ¿existirá tal vuelta al colegio? Las asociaciones de madres y padres, los profesores, la administración están decididas a que exista esa vuelta, pero en condiciones de seguridad.

Personalmente creo que tal cosa es, literalmente, imposible. Estamos hablando de reunir a personas que no conviven, en un lugar cerrado y durante varias horas. Es evidente que se va a producir algún caso. Y que quienes hayan compartido aula con ese caso tendrán que guardar cuarentena. Niños, profesores y sus respectivos cuidadores. Creo que eso produciría una situación tan caótica (quizá solamente una semana -o menos- presencial, a continuación dos semanas de teledocencia) que es más razonable y sano establecer como norma la teledocencia.

Y esto, sin entrar en que esos casos pueden acabar produciendo, en último término, muertes. Si hay contagios masivos en un grupo de niños numeroso, algunos enfermarán. Y algunos estarán muy graves. Y no quiero seguir ahondando en los siguientes pasos porque dan escalofríos.

Un escenario en el que la norma es la teledocencia nos va a obligar a replantearnos muchas cosas (y sí, a plantarnos de repente en el siglo XXI, que ya tocaba), principalmente en tres vertientes:

1. La docencia como tal: ¿tendrán sentido los «cursos», no sería mejor que cada alumno fuese a su ritmo? ¿cómo elaboraremos los grupos de trabajo, juntando alumnos por afinidades, o tratando de igualar el nivel de los grupos? ¿A partir de qué edad tiene sentido la teledocencia? En tres años la veo inviable, y quizá no tenga sentido ni siquiera en todo Infantil, tal vez ni siquiera en 1º de Primaria (aunque esto ya es obligatorio).

2. Eliminando desigualdades: ¿qué hacemos con aquellos que no puedan -o no quieran- tener tecnología en su casa? Es cierto que es cada vez más raro encontrar a un niño sin consola o sin seguir a algún youtuber, pero existen casos, desde luego.

3. Conciliación: ¿qué porcentaje de trabajos se pueden realizar en casa? ¿Qué porcentaje de trabajos se pueden realizar en casa y, además, atender a tus hijos?

Os dejo ahí las cuestiones y os invito a participar en el debate.