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El #claustrovirtual

Hoy os quiero hablar de uno de los mejores lugares de Twitter (tiene muchos buenos lugares, pese a lo que destacan los malos): el #claustrovirtual, un lugar en donde un buen grupo de maestros y profesores nos cuentan desventuras, aventuras, errores, aciertos y opiniones.

Si tienes hijos o te preocupan los chavales, es un lugar en el que aprenderás mucho y descubrirás unos puntos de vista quizá muy diferentes a los tuyos (me ha pasado, claro), e igualmente válidos.

Número de alumnos por docente

Es evidente que el número de alumnos que cada docente tiene que atender influye, y mucho, en la capacidad de transmitir conocimientos y en el aprovechamiento de las clases. Por dos motivos, principalmente: es más fácil mantener el orden si hay pocos alumnos, es más fácil personalizar si hay pocos alumnos.

Comparto hoy con vosotros este gráfico (2019) de statista. Según interpreto, esto no significa que, en cada momento, haya ese número de alumnos con cada profesor, sino que si tenemos un colegio con 100 alumnos y 10 profesores, el ratio queda en 100/10 = 10 alumnos/profesor.

Las vacaciones de los profes

Tema recurrente con el que se suele atacar a este gremio al que tanto debemos: “qué suerte, tres meses de vacaciones”.

Bueno, por un parte, si eres de quienes criticas esto, sabe que está a tu alcance disfrutar de ese calendario: estudia tu carrera, cumple los requisitos necesarios y ya.

Por otra parte -siento que la realidad te estropee la buena noticia-, no es cierto eso de los tres meses. Hasta donde yo sé, junio y septiembre son completamente laborales. Y julio es un mes en el que, al menos, tienen que estar disponibles (y mes que muchos usan para realizar cursos que no han podido realizar durante el resto del año).

Pero es que aún hay más: será raro el profesor que solamente dedique la jornada laboral a su labor. Correcciones de exámenes, preparación de clases, tutorías que se alargan y mil cosas más ocupan un tiempo que desborda el horario laboral.

Así que no me digáis que estás camisetas de @mamasubolsos no son una chulada:

El juego del calamar y los colegios

Es difícil que no hayáis oído hablar de la serie El juego del calamar, serie surcoreana emitida por Netflix. Todavía no la he visto entera, adelanto (voy por el episodio 7), pero ya la he visto entera, y os puedo contar que básicamente consiste en (alerta spoilers: voy a contar el argumento genérico de la serie)…

…consiste en que alguien con mucho dinero organiza, para su diversión, un juego en el que centenares de personas con graves problemas económicos juegan a juegos infantiles. Los que pierden, son asesinados. Los que ganan, pasan al siguiente juego.

Es una serie para mayores de 16 años y que, desde luego, no debería ser vista por niños de Educación Primaria (hasta 10-11 años). Pero hay algo que me ha resultado exagerado por parte de algunos centros educativos: la prohibición de disfrazarse o jugar a nada relacionado con la serie. (No voy a entrar en si se están metiendo o no en donde no les llaman).

Exagerado, decía, en mi opinión. Porque mientras permitimos que los niños jueguen a Dráculas, Rasputines, Freddykruegers y demás psicópatas y asesinos en serie, nos echamos las manos a la cabeza con esta serie (incrementando, desde mi punto de vista, el interés sobre ella).

¿Qué es lo peor de la serie (siempre desde mi percepción)? (no son los asesinatos):

  • la obediencia ciega.
  • la asunción de que las normas deben cumplirse sin cuestionarse.
  • lo que se hace de acuerdo a las normas es correcto, aunque sea un asesinato.
  • todo está orientado a premios (pasar de fase) y castigos (la muerte). Incluso si consideramos que pasar de fase no es más que la ausencia de castigo, podríamos decir que solamente hay castigos (quizá lo único peor en educación que los premios y castigos).
  • la existencia de esas normas tan estrictas provoca bullying entre los participantes, bullying ante el que los guardianes hacen la vista gorda.

Esos puntos sí me parecen muy peligrosos, porque son fácilmente asimilables por los niños (y adultos), porque muchos padres y también muchos profesores utilizan estos métodos para amaestr…educar a los niños.

Y esto sí que nos vendría bien eliminarlo de nuestros centros educativos (y de nuestros hogares).

COVID y colegios: gracias, chicos; gracias, profes.

Hace aproximadamente un año compartí esta estremecedora imagen del semanario francés Charlie Hebdo, en la que se destacaba el peligro de retomar las clases presenciales.

Lo compartí porque veía ese gravísimo peligro, y porque daba por hecho que no llegarían los colegios abiertos a finales de septiembre. Y llegaron abiertos, en su gran mayoría. A finales de septiembre y también al final de curso. Gracias a la labor de alumnos y profesores (y -un poco de autobombo- seguro que también a mamás y papás educando e informando a los peques).

Es cierto que no hemos sabido la repercursión exacta de haber tenido las escuelas abiertas, ya que no se han hecho, por ejemplo, tests a toda la clase cuando ha habido un positivo (y bien podría ser que eso hubiera sido vía de contagio hacia fuera del cole, sin detectarse).

Tampoco se han tomado medidas del tipo, ante un positivo, confinar a todo alumno y profesor que haya compartido aula (en esto me basaba yo, sobre todo, para indicar que no llegaríamos a finales de septiembre); en ese sentido, se han relajado medidas con respecto a otros ámbitos (como también se han relajado en transporte, turismo o industria).

El panorama hoy es mucho mejor que hace un año: somos ya muchos los vacunados (incluso entre los alumnos de secundaria han comenzado ya las vacunaciones) y conocemos mejor la enfermedad. En todo caso, sigamos manteniendo medidas y -deseo imposible- reduciendo la ratio, como viene reclamando el profesorado desde hace ni se sabe.

Gracias, chicos; gracias, profes.

Caza de brujas y caza de cazadores de brujas

Las nuevas tecnologías en general e Internet en particular ha hecho que los buenos consejos se mezclen con los malos gurús. Hablo de la educación.

Vemos a profesores sin ilusión (aparente) y con métodos obsoletos (aparentemente) y rápidamente proponemos soluciones que nos parecen más que lógicas. (Yo también). Pero quienes proponemos esas soluciones tan sencillas nunca nos hemos enfrentado (enfrentado, la palabra dice demasiado) a grupos de 25 chavales sin apenas motivación para aprender y motivación excesiva por hacerse notar. Y los papás decimos que los profesores son quienes tienen que buscar orientar bien esa motivación. Y los profesores dicen que qué caray, que no son monos de feria cuyo objetivo es entretener, sino que están para enseñar.

Y a esto unimos que el profesorado siente que se les ubica como los malos de la peli, que hay una caza de brujas contra ellos. Así que cuando reciben una crítica, rápidamente la meten en el saco de “otra más” y de “a este quería verlo yo frente a la clase, un miércoles cualquiera”.

¿Qué soluciones tenemos? Los padres -que es lo que me toca-, la misión de hacer ver a nuestros hijos el maravilloso regalo que es poder formarse, y que esos centro y esos profesores que tan gustosamente pagamos merecen todo el respeto y están para ayudarnos a crecer. Los profesores: autocrítica, ganas de seguir creciendo, y acceso a los recursos que necesiten (en forma de reducir la ratio, de disfrutar de más medios, de enseñarles a gestionar situaciones complicadas). El alumnado: responsabilidad acorde a su edad.

Disfrutemos de esta bendita suerte, amigos.