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Mil días

Hoy he alcanzado la bonita cifra de mil días consecutivos aprendiendo idiomas en Duolingo (no, no es este un post patrocinado). Creo que la constancia es una virtud que nos ayuda a conseguir nuestras metas. Y, por suerte, la constancia es algo que se puede trabajar y mejorar: la constancia está al alcance de todos.

Gracias a aquellos (a esas personas más cercanas) que han permitido que me pueda dar este lujo de sacar cada día un ratito para aprender (por mi parte, seguiré siempre buscando que el tiempo para mí -o para mi trabajo- perjudique lo menos posible a quienes me rodean).

Gracias :*

Mensaje de Duolingo al alcanzar los 1000 días de racha. Esa tilde tan fea…

El verres

Todo comenzó con un barbero (entonces las barberías eran lugar de tertulia, debate, descanso y humor), Francisco Fariña, que decidió comenzar a hablar… al verres. Y de esto hace ya casi un siglo. Algunos amigos y conocidos le siguieron el juego y construyeron un idioma propio allí, en La Laguna (Tenerife, Canarias, España).

Actualmente es un lenguaje conocido por pocas personas, y se están llevando a cabo iniciativas en dos sentidos: por una parte de pretende que sea considerado patrimonio inmaterial de la humanidad, por otro se pretende extender al resto de la población, con charlas y visitas a institutos.

Y es posible que esto le parezca muy novedoso a muchos de vosotros, queridos lectores, pero os cuento que una frase del verres como “mosva al neci” es perfectamente comprendida -e incluso podría ser usada- por quienes tuvimos la suerte de compartir vida, charlas y bromas con mi querido padre.

Para papá, para mamá, para Marimar. :*

Dos países separados por un idioma común

Eso suele decirse de Reino Unido y Estados Unidos, por las apreciables diferencias en entre el inglés británico y el americano. Este breve vídeo de TikTok nos muestra, en unos pocos segundos, las grandes diferencias de pronunciación entre ambas versiones.

De nuevo, los retos de inicio de año

Como siempre que comenzamos una etapa (y da igual que sea un año, un curso, una relación o una libreta nueva), ponemos toda nuestra ilusión para que sea productiva y que nos sirva de crecimiento personal. Sin embargo, es demasiado habitual que caigamos en errores anteriores. Obviamente, esto se debe a que, aunque la etapa es nueva, nosotros seguimos siendo los mismos.

Hay algunas sencillas estrategias que nos pueden ayudar a cumplir esos deseos: os comento alguna que me ha servido a mí:

  • definir bien nuestros objetivos, ponerles fecha, y comentarlos en público: cuando comencé a correr (actividad que tengo muy abandonada ahora) me marqué (o me marcaron) dos objetivos muy definidos: ser capaz de correr 5.000 metros en menos de media hora, ser capaz de correr 1.000 metros en menos de 3m45s. Cometí la imprudencia de publicarlo a los cuatro vientos, y conseguí ambos. Ahora, que estoy muy lejos de ese estado de forma, vuelvo a marcarme ese objetivo de los 5.000 metros en menos de media hora. Y me pongo como fecha el 17 de marzo de 2020.
  • ser constante, y registrar algún dato que indique tu constancia. Me marqué el pequeño objetivo de practicar todos los días un poco de inglés. Estoy usando la aplicación Duolingo (que os recomiendo, si no la conocéis), en donde me va indicando el número de días consecutivos que la uso. Ya hemos superado los 333 días, bonito número. Espero continuar con ello, y añadir un idioma más (francés, posiblemente). También quiero ser capaz de escribir un post al día en este blog, sin que eso provoque una disminución de la calidad de los textos.
  • marcarse algún objetivo para este mismo mes de Enero, en el que tan entusiasmados estamos. Obviamente, no un objetivo tan complicado como el que nos marcaríamos para todo el año, pero sí algo que nos sirva de aliciente (y nos mantenga en el camino de seguir cumpliendo objetivos). En mi caso -y continuando con los ejemplos anteriores- podría ser llegar a fin de mes siguiendo el plan de running marcado por mi querido míster Alfredo, con un post diario escrito, y habiendo revisado todos los días los idiomas inglés y francés.

Quiero terminar diciendo que, obviamente, hay miles de objetivos posibles, desde aprender un idioma o ponerse/mantenerse en forma, a mejorar la relación con los amigos y familiares (¿qué tal fijar un día al mes para quedar con esos amigos que solamente ves una vez al año?), ahorrar (¿conoces la técnica de «págate a ti primero», consistente en retirar una cantidad en cuanto recibes tu sueldo?), conseguir leer un libro al mes (o más, o menos, según sea tu ritmo habitual) o viajar a ese lugar que llevas tiempo deseando visitar.

Feliz 2020, queridos amigos.

Sobre el aprendizaje de idiomas

Esto que describo es una teoría que se me ha ocurrido sobre cómo aprendemos idiomas. No soy un erudito -ni siquiera un aficionado- en esa materia, así que seguramente estoy equivocado. Pero expondré aquí mis argumentos.

¿Cuántas palabras nuevas has aprendido en los últimos -por ejemplo- cinco años? Muchas, ¿verdad? Sin ir más lejos, términos como «facebook» o «twitter» no formaban parte de tu vocabulario hasta hace muy poco tiempo. Seguro que si nos ponemos a pensar un poco encontramos un buen número de palabras que se han incorporado a nuestro vocabulario de forma completamente natural, sin problemas de pronunciación y sin problemas de memorización.

Por otra parte, tengo la bonita suerte de ver cómo mi hijo va incorporando palabras de otros idiomas a su vocabulario también de forma natural.

Sin embargo, todos (bueno, muchos) sabemos lo complicado que es aprender idiomas siendo mayores. ¿Por qué? Creo que la causa es que, cuando aprendemos idiomas a edades avanzadas, intentamos -erróneamente- traducir los términos a nuestra lengua materna, en lugar de aprenderlos de forma natural como términos nuevos que son. Intentamos ver el paralelismo con los idiomas ya conocidos. Y eso es lo que nos bloquea e impide el avance. Un niño de pocos años no hace eso. Aprende que «gato» se dice «gato» y se dice «cat», del mismo modo que más tarde aprenderá su nombre científico, o cualquier sinónimo de esa palabra.

También sabemos -y decimos- que la mejor forma de aprender un idioma es irse a un país donde se hable ese idioma. ¿Por qué? Porque no nos queda más remedio que tomarlos como términos nuevos, y dejamos la comparación con nuestra lengua materna para más adelante.

El resumen de este post: creo que la dificultad con el aprendizaje de los idiomas tiene relación con esa errónea búsqueda de paralelismo. Deberíamos ver siempre todo como palabras nuevas, en lugar de palabras equivalentes a otras que ya conocíamos. ¿Os parece razonable?