La infinita influencia de un padre

Corría la temporada 1981-82 y el Celta y el Deportivo de La Coruña, recién ascendidos de 2ªB, iban a disputar un derbi en Balaídos, el estadio del Celta.

Yo acababa de aficionarme de verdad al fútbol; en temporadas anteriores había acudido alguna que otra vez a Balaídos, pero fue en esa temporada cuando en verdad me enamoré de ese deporte, y es la primera temporada de la que tengo recuerdos nítidos. Así pues, aquel Celta-Deportivo es uno de los primeros partidos que recuerdo y, desde luego, mi primer derbi. Os podéis imaginar la maravillosa ansiedad que sentía ante el comienzo del partido.

Y saltó el Deportivo al campo. Balaídos se vino abajo con gritos, abucheos y silbidos en contra del máximo rival.

Entonces, mi padre se puso de pie y empezó a aplaudir. Y yo hice lo mismo.

Mi padre acababa de explicarme, en un par de segundos, qué significa el respeto y qué significa el deporte. Y que una cosa es ser rivales y otra, muy distinta, ser enemigos. Después saltó el Celta al campo y, claro, fue el éxtasis absoluto. El Celta (que acabaría siendo campeón de Liga y ascendiendo a Primera) ganó el partido, pero yo gané mucho más.

Un padre nunca puede saber hasta dónde puede llegar cualquier gesto, por simple que sea. Estoy seguro de que yo sería una persona distinta si mi padre hubiera abucheado a los jugadores del Deportivo.

Gracias, papá. Ojalá algún día llegue a ser tan buen padre como tú.

El origen de la palabra «hincha»

De los aficionados de un equipo de fútbol se dice que son «hinchas» de ese equipo (no estoy seguro de si se utiliza para otros deportes). Para buscar el origen de este término tenemos que viajar hasta Uruguay y retroceder unas cuantas décadas en el tiempo.

Allí nos encontramos a Prudencio Miguel Reyes, especialista en cuero, contratado por el Nacional para encargarse del cuidado de sus balones. Cuidado que incluía, por supuesto, el hinchado de los mismos. Este muchacho, dotado seguramente de buenos pulmones, animaba sin descanso a los suyos. Y se empezó a hacer popular la expresión de «cómo grita el hincha!».

Leí esto hace unas semanas, aunque no recuerdo dónde :(. Si consigo recordarlo (o me lo recordáis, añadiré un link).

El día en el que un balón paró una guerra

Nos encontramos en 1914, en el frente de la Gran Guerra (más tarde llamada Primera Guerra Mundial). Es el día de Navidad y se está disputando un partido entre británicos y alemanes.

Los disparos ya no los efectúan las armas, sino las piernas; los contraataques ya no causan heridas y, cuando alguien cae al suelo, puede volver a levantarse, muchas veces ayudado por el rival.

La noche anterior, la Nochebuena, la Noche de Paz, ambos ejércitos decidieron parar. Lloraron juntos a sus muertos, entonaron juntos villancicos, juntos rieron y, seguramente, juntos se preguntaron que qué hacían allí.

Aquel día de Navidad, aquellos chicos, en vez de matarse, decidieron jugar juntos. Dicen que ganó Alemania 3-2. El resultado, obviamente, es lo de menos.

La noticia llegó a oídos de los mandamases, y ya nunca más se permitió tal desfachatez: los años siguientes ordenaron iniciar ataques el día anterior y cambiaban a menudo a los soldados de frente, para que no se hicieran amigos de los rivales.

Me enteré de este bonito hecho gracias a Alfredo Relaño. Gracias!

Nacho y Clara me comentaron que había una película sobre este tema. Gracias!. Os dejo con el trailer: