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Carta abierta al autor de las pintadas del mural del palco de la música de Moaña

A mediados del pasado abril, alumnos de bachillerato de artes del instituto María Soliño, de Cangas de Morrazo, decoraron el palco de la música de Moaña con un mural homenaje a las mujeres de la zona. Hace un par de días, el mural amaneció con pintadas. Me he permitido escribir esta carta al autor de esas pintadas.

Quizá, cuando decidiste dejar tu huella sobre el mural del palco de la música de Moaña, no sabías quién era Luz Beloso. Te la voy a presentar: Luz Beloso es una de esas raras y necesarias mezclas de talento, bondad y capacidad de trabajo, una de esos imprescindibles que mencionaba Bretch. Particularmente, me gustaría decirte que si alguna vez necesitas ayuda y ella puede brindártela, lo hará.

Posiblemente tampoco sabías que Luz, junto con sus alumnos de Bachillerato de Arte, está embelleciendo Moaña, transformando en atractivo y multicolor lo que antes era anodino y gris, acercando el arte a las personas y las personas al arte. Y asumo que tampoco sabías que esos alumnos sacrificaron su tiempo libre para hacer más bonito nuestro pueblo.

Debo decirte también que me cuesta mucho entender qué te molestaba de esa obra, de ese bonito homenaje a tu madre, a tus tías, a tus abuelas, a tus bisabuelas. ¿Te molestaba, quizá, la redeira que está arreglando las redes para que los marineros puedan salir a pescar? ¿La pescantina que madruga cada día para que sus hijos y nietos (¿tú?) pudieran asistir a clase sin tener que preocuparse por traer dinero a casa? ¿Te molestaban todas esas generaciones que nos han regalado la vida que tenemos?

No consigo encontrar esa explicación que busco. Voy a terminar esta carta con el sincero consejo de que te desees cosas bonitas. Ojalá se te cumplan. Ojalá nunca más necesites estropear el trabajo de otros. Ojalá, de verdad, la vida te dé oportunidades de compensar esto.

Con cariño para Luz, para sus alumnos, y para todas las mujeres que en el mundo han sido, a las cuales les debemos todo.

Iglesia de San Martiño, en Moaña

Hoy os propongo un viaje hasta aquí, hasta Moaña, para acercarnos a la zona en la que nació esta población. Nos vamos a la parroquia de San Martiño (en Galicia, como quizá sepáis, las parroquias no son solamente divisiones religiosas, sino también administrativas). Y ya que habéis venido hasta aquí, nos desplazamos también en el tiempo. Hasta el siglo XII, en concreto, para admirar la pequeña iglesia de San Martiño [y San Millán]: principalmente, su portada y sus canecillos.

De Jose Antonio Gil Martínez. FREECAT de Vigo – Flickr, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3368468

Y -sé que no tengo perdón- prometo, en cuanto saque unas fotos más detalladas, compartirlas con vosotros.

La chuleta de Moaña

No es raro encontrarse, en la carta de un buen restaurante, con la suculenta propuesta de la chuleta de Moaña. A quienes tenemos la suerte de conocer este paraíso quizá nos extrañe, debido a que no hay demasiado ganado. Así que ¿de dónde le viene la fama a nuestra chuleta?

La historia nos dice que un rey Alfonso visitó Moaña, debido a que aquí se hallaban los restos del marino Casto Méndez Núñez. Tuvo la ocasión de degustar una buena chuleta y el propio monarca se encargó de llevar su fama a la Villa y Corte. Y de ahí a que los locales de comidas se encargaran de poner el mismo manjar a disposición del público no pasó mucho tiempo.

¿Que por qué no indico qué Alfonso fue? Pues porque siempre había escuchado -y leído- la versión con Alfonso XIII. Pero fue el XII quien vino a visitar la tumba de Méndez Núñez a la capilla de El Real, en Moaña, en agosto de 1877, cinco años antes de que la fragata Lealtad los transportara hasta el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, en Cádiz.

Fútbol de playa

Allá por los años 50-60 del siglo pasado, la actividad futbolística en las playas de Moaña era muy intensa. Junto con otros muchos chavales, mi padre realizaba diabluras en aquella arena.

En aquellos tiempos se disputaba, en la zona, la Copa Comarcal. Y nos tocó contra el Turista de Vigo, un auténtico gallito y, desde luego, muy superior a nuestro equipo.

En la ida ya quedó claro quién era el grande. Por si fuera poco, nuestros jugadores no estaban preparados para jugar en un campo que no fuera de arena. Pese al esfuerzo e ilusión, volvimos de Vigo con la eliminatoria sentenciada: 5-0.

Pero llegó la vuelta, a jugar en el campo da Xunqueira (sí, en la playa; sí, de arena). Y, queridos amigos, les metimos siete, y pasamos a la siguiente ronda.

En esa siguiente ronda nos tocó contra otro equipazo de la comarca, el Silva, entrenado por el exceltista Yayo. Esta vez no nos dejaron jugar en nuestro campo de arena, porque decidieron que no era apto para jugar al fútbol. Hubo que ir al campo de Massó, en Cangas. Y quedamos eliminados. Pero para la historia queda la increíble remontada ante el Turista.

Le debo esta historia a tu abuelo, Rebe. Gracias!