El portero máximo goleador del equipo

No llegué a verlo jugar en el Celta (o quizá sí, pero no tengo conciencia de ello): Carlos Fenoy, portero del Celta desde 1975 hasta 1979, era el responsable de ejecutar los lanzamientos de penalti del equipo.

Así que este portero excepcional por sus actuaciones bajo palos, también lo fue por su precisión en los penalties. En la temporada 1976-77 lanzó seis y consiguió marcar cinco goles (uno de ellos en un rechace, así que no fue, estrictamente hablando, un gol de penalti). Con esos cinco goles se convirtió en el máximo goleador del Celta aquella temporada (acabamos descendiendo a Segunda, pero con ese curioso hito en nuestra historia).

¡A la prórroga!

Ahora que al Celta le ha tocado el C.D. Peña Azagresa en Copa del Rey, mi memoria ha volado a finales de los años 80, cuando nos tocó el Chantrea. Lo cierto es que en mi memoria tenía otros resultados, pero he buscado documentación y usaré los datos que he encontrado.

En la idea perdimos 2-1 en Pamplona. Y lo que debería ser una vuelta cómoda se complicó muchísimo. Hasta tal punto de que terminaron los noventa minutos con un 1-0 a favor del Celta.

Como en aquella época no se aplicaba la norma que dice que, en caso de empate, pasa quien más goles haya marcado fuera, hubo que ir a la prórroga. Y en la prórroga… en la prórroga cayeron seis goles a favor del Celta, en lo que debe ser una de las prórrogas con más goles de la historia.

Termino deseando un partido estupendo entre la C.D. Peña Azagresa y el Celta, y esperando que se pueda jugar en su estadio Miguel Sola.

El ejemplo de Súper Guidetti

De esta simpatiquísima entrevista a «Super» Guidetti, tras el Atlético de Madrid 2 – Celta 3, en la Copa del Rey de España, podemos extraer, además de muchas risas, un admirable ejemplo de superación. Indico el fragmento que quiero resaltar:

«me no jugar mucho en primera parte de season, […] espera espera Guidetti, entrenar mucho, vamos vamos, me jugar más, me gusta»

Lo que resume cómo ha sido su temporada hasta ahora: al comienzo no jugaba mucho, pero no dejó de autotransmitirse dos cosas fundamentales: la calma/paciencia y el esfuerzo. Paciencia y esfuerzo, dos herramientas infalibles para ser cada vez mejores.

¡Eh, chavales del Celta, os prohibimos esforzaros!

Hace algo más de un año el periodista Julián Ruiz, en su sección «El cortador de césped» del diario El Mundo, escribió un terrible artículo en contra del Celta. Y no doy crédito a la serie de insultos que vierte sobre el Celta y sus jugadores (y, por extensión, su afición). Siempre me resulta ofensivo mezclar política y deporte. Ofensivo para el deporte, se entiende. Aquí va mi respuesta (sí, un poco tardía; no me aprovecharé de esa tardanza para desmontar alguna de las «previsiones» de ese artículo).

Señor Julián Ruiz: comprendo que sea usted madridista (cosa que desconozco); de hecho, yo también lo soy. Y también comprendo que sea usted español (cosa que desconozco); de hecho, yo también lo soy. Y comprendo que esté en contra de los nacionalismos (cosa que desconozco); de hecho, yo también lo estoy. Nada de eso es motivo para la ristra de insultos que usted ha vertido sobre el Celta.

Luego está el paletismo del ardor nacionalista del Celta de Vigo, que nunca se repite contra el Barça, porque es otro tipo de independentismo. La mayoría de los jugadores célticos jugaron con una aceleración, una bronca continua que parecía que les iba la vida en ello. Da igual. En Chamartín les van a meter cinco.

Que el Celta haya jugado dándolo todo contra el Real Madrid no es algo que deba ofender a un madridista; es más, eso suele pasarle a todos los equipos, incluyendo al Atlético de Madrid, que no creo que sea especialmente independentista. Pero le diré algo más: el Celta puede darlo todo contra el Real Madrid. Y alguna que otra vez nos ha salido muy bien, como cuando les metimos cinco. Pero no nos quedamos cortos con otros rivales, incluyendo los que usted calificaría como «nacionalistas»: al Barcelona y al Athletic ya les hemos marcado seis, al Benfica (portugués, ¿deberíamos habernos dejado ganar?) le marcamos siete; y créame, en esos partidos también se esforzó el Celta. Algo.

Y por cierto, en Chamartín no nos metieron cinco. 😉 Y hoy vuelve a haber un Madrid-Celta. Ya le adelanto que creo que nos vamos a esforzar. Y también le adelanto que a ningún buen aficionado del Madrid le molestará eso.

La infinita influencia de un padre

Corría la temporada 1981-82 y el Celta y el Deportivo de La Coruña, recién ascendidos de 2ªB, iban a disputar un derbi en Balaídos, el estadio del Celta.

Yo acababa de aficionarme de verdad al fútbol; en temporadas anteriores había acudido alguna que otra vez a Balaídos, pero fue en esa temporada cuando en verdad me enamoré de ese deporte, y es la primera temporada de la que tengo recuerdos nítidos. Así pues, aquel Celta-Deportivo es uno de los primeros partidos que recuerdo y, desde luego, mi primer derbi. Os podéis imaginar la maravillosa ansiedad que sentía ante el comienzo del partido.

Y saltó el Deportivo al campo. Balaídos se vino abajo con gritos, abucheos y silbidos en contra del máximo rival.

Entonces, mi padre se puso de pie y empezó a aplaudir. Y yo hice lo mismo.

Mi padre acababa de explicarme, en un par de segundos, qué significa el respeto y qué significa el deporte. Y que una cosa es ser rivales y otra, muy distinta, ser enemigos. Después saltó el Celta al campo y, claro, fue el éxtasis absoluto. El Celta (que acabaría siendo campeón de Liga y ascendiendo a Primera) ganó el partido, pero yo gané mucho más.

Un padre nunca puede saber hasta dónde puede llegar cualquier gesto, por simple que sea. Estoy seguro de que yo sería una persona distinta si mi padre hubiera abucheado a los jugadores del Deportivo.

Gracias, papá. Ojalá algún día llegue a ser tan buen padre como tú.