Feliz día, mamá

Mai, mira-me as mans;
las trayo buedas,
lasas d’amar…
Son dos alas
d’un biello pardal
que no puede
sisquiera bolar.

Mai, mira-me os guellos,
n’o zielo perdius
n’un fondo silenzio…
Son dos purnas
chitadas d’o fuego
que no alumbran
ni matan o chelo.

Mai, mira-me l’alma
aflamada de sete,
enxuta d’asperanza..
Ye un campo labrau
an no i crexen qu’allagas
que punchan a bida
dica qu’a matan.

Mai, mira-me a yo.
Me reconoxes, mai?
Fue o tuyo ninon…
Guei so un ome
que no se como so.
Mai, me reconoxes?

Mai, ni sisquiera tu?!!

La traducción en castellano es la siguiente:

Madre,
mírame las manos,
las traigo vacías,
faltas de amor;
son dos alas
de un viejo gorrión
que no puede
siquiera volar.

Madre,
mírame los ojos,
en el cielo perdidos
en un hondo silencio,
son dos chispas
saltadas del fuego
que no alumbran
ni matan el hielo.

Madre,
mírame el alma,
agostada por la sed,
reseca sin esperanza;
es un campo arado
donde sólo crecen aliagas
que pinchan la vida
hasta matarla.

Madre,
mírame a mí;
fui tu niño,
hoy soy un hombre
que no sé cómo soy.

Madre,
¿ni siquiera tú!

Dedicado a dos mamás fabulosas: la de mi hijo, y la mía. ¡Qué suerte tenemos!.

Conocí esta canción hace años, de la mano de Marimar y -creo recordar- de la de Nacho. Gracias :*

Sobre el aprendizaje de idiomas

Esto que describo es una teoría que se me ha ocurrido sobre cómo aprendemos idiomas. No soy un erudito -ni siquiera un aficionado- en esa materia, así que seguramente estoy equivocado. Pero expondré aquí mis argumentos.

¿Cuántas palabras nuevas has aprendido en los últimos -por ejemplo- cinco años? Muchas, ¿verdad? Sin ir más lejos, términos como «facebook» o «twitter» no formaban parte de tu vocabulario hasta hace muy poco tiempo. Seguro que si nos ponemos a pensar un poco encontramos un buen número de palabras que se han incorporado a nuestro vocabulario de forma completamente natural, sin problemas de pronunciación y sin problemas de memorización.

Por otra parte, tengo la bonita suerte de ver cómo mi hijo va incorporando palabras de otros idiomas a su vocabulario también de forma natural.

Sin embargo, todos (bueno, muchos) sabemos lo complicado que es aprender idiomas siendo mayores. ¿Por qué? Creo que la causa es que, cuando aprendemos idiomas a edades avanzadas, intentamos -erróneamente- traducir los términos a nuestra lengua materna, en lugar de aprenderlos de forma natural como términos nuevos que son. Intentamos ver el paralelismo con los idiomas ya conocidos. Y eso es lo que nos bloquea e impide el avance. Un niño de pocos años no hace eso. Aprende que «gato» se dice «gato» y se dice «cat», del mismo modo que más tarde aprenderá su nombre científico, o cualquier sinónimo de esa palabra.

También sabemos -y decimos- que la mejor forma de aprender un idioma es irse a un país donde se hable ese idioma. ¿Por qué? Porque no nos queda más remedio que tomarlos como términos nuevos, y dejamos la comparación con nuestra lengua materna para más adelante.

El resumen de este post: creo que la dificultad con el aprendizaje de los idiomas tiene relación con esa errónea búsqueda de paralelismo. Deberíamos ver siempre todo como palabras nuevas, en lugar de palabras equivalentes a otras que ya conocíamos. ¿Os parece razonable?

La importancia del contacto mamá-bebé

Son cada vez más los estudios que ponen de manifiesto la importancia de satisfacer la necesidad de contacto que tienen nuestros bebés. Tradicionalmente se ha dicho que, teniendo satisfechas sus necesidades de alimentación y limpieza, el bebé puede estar tranquilo. Creedme que si sólo satisfacemos eso, nos dejamos lo más importante: el contacto.

Como mamíferos que somos, el contacto con nuestros cuidadores es fundamental para nuestro desarrollo (sobre todo mental). Cuando un bebé se siente solo (sí, aunque tenga una cámara apuntándolo, se siente solo, mientras no sepa para qué es esa cámara), inmediatamente se activan su instinto de supervivencia y llama -llorando, en muchos casos- a sus cuidadores. ¿Por qué?. Porque él por sí solo no tiene capacidad de defenderse de un posible agresor y necesita el cuidado de un adulto. Por eso, de forma instintiva, llama en busca de ayuda.

Vivimos hoy en un momento en el que se potencian conceptos como «el niño tiene que aprender a dormir» o «el niño tiene que dormir solo», amparándose en favorecer su independencia, entre otras cosas. Quizá hable en futuros posts de este tema, pero quiero apuntar que la independencia se favorece con contacto, apoyo y cariño, no sometiendo a los bebés a una situación de alto nivel de estrés.

Los indios sioux sabían mucho más de psicología que nosotros: cuando el bebé nacía, lo apartaban de su madre. Sabían que la mejor forma de conseguir un gran guerrero era favorecer su agresividad.

Para ser un experto necesitamos 10.000 horas

A comienzos de los años 90 del siglo pasado, el psicólogo Anders Ericsson, junto con dos colegas, puso en marcha un experimento que cambiaría la forma de pensar de muchos (entre los que me incluyo). Dividió a los estudiantes de violín de la Academia de Música de Berlín en tres grupos, según su calidad:

  • las estrellas: estudiantes que iban a triunfar como solistas en el mundo de la música.
  • los simplemente buenos: estudiantes que quizá se ganarían la vida dando conciertos, pero sin llegar a ser super estrellas.
  • los de nivel más bajo: estudiantes que no se van a ganar la vida tocando profesionalmente y que acabarían como profesores de música.

A todos se les hizo la misma pregunta: «¿cuántas horas has dedicado al violín en tu vida?». El resultado fue revelador y asombroso: los estudiantes del primer grupo habían dedicado unas 10.000 horas; los del segundo, 8.000 horas; los del tercero, unas 4.000.

¿No os parece asombroso?. Nadie tan brillante que, sin dedicar las 10.000 horas, pudiera estar en el primer grupo. Nadie tan torpe que, habiendo dedicado 10.000 horas, pertenezca al tercero.

Más o menos todos habían comenzando a la misma edad (cinco años), y habían dedicado las mismas horas semanales en esos primeros años. Pero, poco a poco, se iban creando las diferencias: los que eran un poco mejores acababan tocando más, dando más conciertos, dedicando más horas.

Corolario: el trabajo es el que nos hace llegar a la excelencia.

Me enteré de este experimento (y de otras cosas muy interesantes, de las cuales quizá siga hablando en el blog), leyendo el libro «Fueras de serie (outliers)», de Malcolm Gladwell. Gracias, papás :).

El día que secuestraron mi iPhone

Era un día como otro cualquiera. Mi esposa y yo bajamos del coche, y ella llevaba en su mano mi nuevo iPhone. Una señora que, desde su casa, nos vio llegar, salió rauda y se dirigió directamente hacia el iPhone. Nos lo arrebató de las manos y se dio la vuelta, y volvió apresuradamente hacia su casa, soltando un «¡ahora vuelvo!» al que no hicimos caso alguno, ya que ambos nos fuimos detrás de ella inmediatamente. Al final, lógicamente, pudimos recuperar el iPhone.

¿Qué opináis de la señora?. Quizá si lo hubiera pedido por favor se lo habríamos dejado. O, al menos, se lo habríamos enseñado, aunque fuera manteniéndolo en nuestra mano.

Hay un pequeño detalle en esta historia que he modificado. No era nuestro iPhone. Era nuestro bebé.

¿Qué opináis de la señora ahora?. Espero que, al menos, lo mismo que cuando os lo pregunté hace dos párrafos.

Zoológicos humanos

Christian Karembeu fue un futbolista nacido en Nueva Caledonia que, en ninguno de los partidos que disputó con la selección francesa cantó la Marsellesa. El motivo es que, en la Exposición Colonial de París de 1931, uno o dos (según versiones) familiares suyos fueron expuestos en una especie de zoológico humano.

Los zoológicos humanos se pusieron de moda a finales del siglo XIX, aunque no son exclusivos de esa época (desde Moctezuma, en el siglo XV, hasta un experimento en el zoológico de Adelaida, en 2007, hay numerosos ejemplos).

Obviamente, no tenían ese nombre («zoológico humano») oficialmente, sino que se proponían como una forma de mostrar a los ciudadanos de la metrópoli cómo era la vida en las lejanas colonias. Se creaba una reproducción de una aldea y se traían a habitantes -en muchos casos por la fuerza- para poblarla y que fueran admirados y observados por los visitantes de la exposición/zoológico.

El efecto Pigmalión

A lo largo de mi carrera profesional me he dado cuenta de que -casi sin excepciones- si colocas a alguien en un puesto de responsabilidad, va a dar lo mejor de sí mismo, y se acabará convirtiendo en alguien digno de ese puesto.

Recientemente (por un maravilloso motivo: el nacimiento de mi hijo), he pasado a leer todo lo que pasaba ante mis ojos y estaba relacionado de un modo u otro con la crianza. Y he descubierto que, si a un niño lo tratas como una persona incapaz («siempre haces eso mal», «eres un desastre», «fíjate qué bien lo hace tu hermano») conseguirás que lo acabe siendo. En cambio, si le ayudas a ver sus verdaderas virtudes («lo has hecho muy bien», «qué inteligente eres», «eres un niño muy bueno»), harás que esos aspectos positivos predominen y será cada vez mejor.

Tenemos buenos ejemplos en el deporte: el Real Madrid es un equipo que, tradicionalmente, ha sido capaz de remontar resultados y situaciones muy adversas. Eso lo sabe el equipo y lo saben sus rivales. Y eso hace que sea un rival ante el que nadie puede darse por vencedor, por mucha ventaja que hayan conseguido. Por su parte, el Barcelona está jugando el mejor fútbol de su historia. Ellos consideran que es el mejor fútbol del mundo y sus rivales también. Eso es suficiente para que tengan una importante ventaja ante cualquier rival.

Este efecto: «me creo (me ayudan a creerme) bueno, luego soy bueno» o el contrario «me creo (me ayudan a creerme) malo, luego soy malo» se conoce como «efecto Pigmalión». Pigmalión era un escultor griego que llegó a creer que su escultura Galatea era de carne y hueso… y -gracias a la diosa Afrodita- esa creencia acabó siendo cierta.

Me puso sobre la pista del efecto Pigmalión Fati. Gracias!

Sino a quien conmigo va

Desde bien pequeño me ha fascinado este romance y su misterio. Ahora lo escucho desde la voz azul de Amancio Prada y llegan a mí recuerdos del libro de lectura del colegio, de desayunos con prisas, de ir y volver a clase de la mano de mamá, aprendiendo más en esos caminos que en la propia escuela, de olor a gomas Milán, a bocadillos de jamón York para el recreo, de sueños ya cumplidos y de sueños por cumplir. El mérito, entre otros, del Conde Arnaldos:

Por tu vida, el marinero / dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero / tal respuesta le fue a dar:
Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va.

Para ti, mamá :*