Tollabox

Si tenéis niños pequeños cerca (hijos, sobrinos, amigos), seguramente habréis oído hablar de la Tollabox. Lo hayáis oído o no, os gustará conocer qué es eso de la Tollabox.

Nos enteramos de su existencia hace unos meses, y como nos parecía muy interesante, nos pusimos en contacto con Tollabox Iberia y solicitamos una. Así que al día siguiente o a los dos días nos llegó la caja. La cajita es perfectamente reutilizable: básicamente es un cajón (y reutilizable como tal), aunque la imaginación de nuestros niños puede darle mil usos.

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Al abrirla nos encontramos con lo que Tollabox llama «juegos de descubrimiento» (tres, en concreto). Son unos juegos-juguetes muy bien pensados, ya que, a partir de unos elementos en general muy básicos, el propio niño se monta el juguete. En esta Tollabox venían una ruleta (en plan ruleta de la suerte, con pruebas a realizar), un arco con flechas (que tiene un alcance magnífico) y unas gafas con «cristales» de diferentes colores (según nuestro hijo Dani, «gafas de investigador»).

Junto con las instrucciones de montaje, viene una muy interesante «hoja de investigador», en donde se plantean preguntas que hacerse o experimentos que llevar a cabo. Sin duda, esta es la mejor parte del conjunto, no tanto por lo que aporta sino por las posibilidades que ofrece. Ya que la mente que se abre a una nueva idea ya nunca recupera su tamaño original, una vez que hayáis enredado un poco con los juegos de la Tollabox se os comenzarán a ocurrir mil juegos y aplicaciones, y veréis los demás juguetes con un mayor espíritu crítico. Bueno, si esto nos pasa a los padres, imaginad lo que sucede a nuestros hijos.

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Adicionalmente nos encontramos con una Tollahistoria, donde nos cuentan las aventuras de las Tollas, los curiosos personajes (cada uno haciendo alusión a diferentes tipos de inteligencia o habilidades: Kess [impaciente, llena de ideas], LumLum [acogedora y amable], Pi [calculadora y matemática], Nao [hiperatento, es el jefe… o eso cree], All-Quantolla [siempre con respuestas a cualquier pregunta]) en torno a los cuales se articula la Tollabox.

El contenido de la caja Tollabox es diferente cada mes, y nos ofrecen diferentes modalidades de suscripción (no es necesario suscribirse, se puede comprar aisladamente una caja, pero la suscripción proporciona un mejor precio).

Si tuviéramos que mejorar algo, los papás propondríamos un mejor precio (aunque la suscripción ayuda a mejorarlo), nuestro hijo propone más juegos de descubrimiento en cada caja (suelen venir dos o tres) y mi vista antierratas propone corregir alguna errata que aparece en la información recibida (imaginamos que tiene que ver con las traducciones [es un producto alemán] y que se irá mejorando poco a poco).

Quiero también hacer un pequeño comentario sobre la atención al cliente de Tollabox Iberia. Es verdaderamente excepcional, tanto en la amabilidad que muestran como en la eficacia y rapidez a la hora de resolver cualquier inconveniente. Es un placer tratar con ellos.

Qué maleducado es este niño

La situación es la siguiente: un adulto (por ejemplo, una tía abuela que vive en otra ciudad, y a la cual no ve desde hace mucho), le pide algo al niño: «tráeme aquel bolso de allí». Y el niño le responde: «¿cómo se piden las cosas?».

Así que la tía abuela piensa: «¡buf, qué maleducado es este niño!».

La situación es la siguiente: el niño le pide algo a un adulto (por ejemplo, a una tía abuela que vive en otra ciudad, y a la cual no ve desde hace mucho): «tráeme aquel juguete de allí».

Así que la tía abuela piensa: «¡buf, qué maleducado es este niño!», mientras le suelta un: «a ver, ¿cómo se piden las cosas?»

Los tres niveles del mundo

El otro día, mi hijo Dani me preguntó, tras darme un «te quiero», y yo responderle con otro, si me había quedado sin el que me dio él.

Así que aproveché para explicarle lo que he llamado los tres niveles del mundo:

En primer lugar, está el nivel de los objetos, de las cosas. Si él me da una manzana, se queda sin manzana. Y esto es maravilloso, porque puede conseguir que yo deje de tener hambre. Las cosas son maravillosas.

En segundo lugar, está el nivel de las ideas. Si él me cuenta una idea… ¡pasamos a tener la idea los dos, de forma milagrosa! Las ideas son más maravillosas aún.

En tercer lugar, está el nivel del amor, que alcanza ya las más altas cotas de milagro y maravilla. Si él me da amor… ¡pasamos los dos a tener más amor del que teníamos! Y esto sí que es un milagro descomunal, ¿no os parece?

Recuerdo haber leído/escuchado la comparativa cosas-ideas en algún foro de emprendedores.

Los mejores posts sobre crianza (en El Cartapacio) en 2012

Top 10 2012 es un carnaval de blogs iniciado por Amor Maternal, cuyo propósito es reunir los mejores artículos de la blogosfera maternal publicados durante 2012 en castellano. La temática del carnaval engloba el embarazo consciente, el parto natural, la lactancia materna, la crianza respetuosa, la psicología, el uso de portabebés ergo, la ecología y demás temas afines.

Top 10 2012. Los mejores artículos de la blogosfera maternal. AmorMaternal.com

En mi caso, no es Top 10 porque no tengo ni siquiera 10 posts relacionados con la crianza. Os dejo los más significativos. Espero que os gusten.

  1. Podéis pasar a pedir disculpas, relacionado con el -a veces- hostil entorno de los recién papás-bebé.
  2. Señor Estivill, creo que le he pillado, relacionado con el sueño infantil.
  3. El día de llevar los niños al trabajo, relacionado con la conciliación laboral-familiar.
  4. ¡Hay que compartir!, relacionado con lo fácil que es decir eso a los niños… y lo poco que se demuestra con el ejemplo.



Reflexiones sobre Crianza Respetuosa, de Louma Sader Bujana

Cuando vi que Louma Sader, de amormaternal.com, había sacado un nuevo libro, me pareció muy buena idea poder comentarlo con vosotros. Así que he hablado con ella y me ha enviado un ejemplar para elaborar una review. Antes de nada, quiero aclarar que no recibo ninguna comisión por la publicación de este post. Sirva este primer párrafo a modo de disclaimer.

En esta obra, Louma recopila, en forma de reflexiones, todo lo que ha aprendido a lo largo de estos últimos años (de su hijo Sam sobre todo). Está escrito con un tono directo, con la experiencia de quien ha vivido cada una de las situaciones relatadas, y demostrando una sensibilidad exquisita en el trato con los más pequeños. Pocas veces me he encontrado ante alguien que entienda tan bien y con tanta claridad conceptos como empatía, respeto y confianza.

Siempre he pensado que es muy triste que haya que leer libros para aprender a criar a nuestros propios hijos. Pero aún es más triste que vivamos en una sociedad en la que sea necesario hacerlo. Mientras vivamos en ella, libros como Reflexiones sobre Crianza Respetuosa se convierten en básicos.

Yo recomendaría su lectura, por supuesto, a papás y mamás. Pero también la recomendaría a todos aquellos que están interesados en o que tienen cerca a niños pequeños. O, en general, a cualquiera que quiera acercarse a su niño interior o al niño que fue. O al niño que no pudo ser.

Para terminar, me gustaría aclarar una cosa. Al comienzo os dije que no recibía comisión alguna por este post. Os confieso que no es cierto. Si una sola persona en todo el planeta cambia su forma de pensar gracias a la lectura de este libro, el mundo entero será mejor. Y vivir en un mundo mejor, mis queridos amigos, es una comisión de valor incalculable.

Muchas gracias, Louma.

Olvido, por favor, que hay niños delante

Ayer saltó a las redes sociales un vídeo de Olvido Hormigos, concejala del Ayuntamiento de Los Yébenes, en Toledo (España), en donde aparece realizando un acto íntimo, que graba para su amado. Ese vídeo privado fue saltando de móvil a móvil, y acabó siendo publicado en Internet.

Como sabéis quienes me seguís y conocéis, desde unos cuantos años atrás me interesan (y mucho) todos los asuntos relacionados con la crianza y la educación de los más pequeños.

Así que quiero decirte, Olvido, que, desde luego, eres muy libre de masturbarte (faltaría más) en tu tiempo de ocio, eres libre de grabarlo, eres libre de enviar ese vídeo a quien tú quieras (incluso eres libre de publicarlo en internet, si te apeteciera). Pero, por favor, te pido una cosa: que no olvides que hay niños delante. Los niños, como sabrás, son esponjitas que absorben todo, que asimilan todo, que aprenden todo.

Y yo no quiero que nuestros niños aprendan que masturbarse, tocarse, disfrutar con el propio cuerpo (e incluso grabarlo y enviarlo a un ser amado) es motivo de dimisión. No quiero que sientan que es algo de lo que tengan que avergonzarse. No quiero que piensen que alguna parte de su cuerpo es sucia. Y, desde luego, no quiero que consideren que amar es más motivo de dimisión que robar.

Así que, por favor, Olvido, no dimitas. Hay niños delante.

¡Hay que compartir!

Sí, si has ido con algún niño pequeño a un parque, a una fiesta, o a cualquier sitio donde esté en contacto con otros niños (y, sobre todo, con otras mamás/papás) habrás oído, ineludiblemente, la frase mágica: «¡Hay que compartir!»

Y sí, efectivamente, todos sabemos que compartir y ser generoso es una maravillosa virtud. Pero también sabemos que los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. ¿Conocéis esa actitud de algunos adultos -perdón, de algunos «adultos»- de quitarle algo al niño y juguetear con ese algo diciendo «es mío, me lo quedo yo, no te lo doy»? Bien, pues yo he visto a personas que hacían eso decir también «hay que compartir».

¿Qué os parece?

Ya. Tremendamente coherente.

Nuestros hijos van a aprender, sobre todo, lo que vean en casa. Si sus padres y hermanos comparten, no os preocupéis, que ellos van a compartir perfectamente.

Por otra parte, es necesario comprender que, al igual que cuando yo me compro un móvil nuevo quiero estar jugueteando con él todo lo posible, y quizá no sea el mejor momento para pedírmelo; del mismo modo un niño con un juguete que le apasiona prefiere estar jugando con él que dejárselo a otro.

Y, finalmente, me gustaría también poner el acento en que compartir no es obligatorio. Y compartir todo, menos. Y compartir con todos, menos aún. Yo no dejo mi coche, mi ordenador o mi casa a un desconocido. Ponernos en el lugar del niño nos ayudará, en ésta, como en otras muchas situaciones, a comprenderlo, a que se sienta comprendido, y a tomar la mejor decisión para todos.

Y de propina, en relación con el tema de compartir, me gustaría decir que los niños no vienen egoístas de serie. Si se convierten en personas egoístas, depende única y exclusivamente de la educación que reciben.

La gran-gran-Madre

Hoy os voy a hablar de Uba, mi abuela política. Ni ella se considera especial, ni quizá lo sea (aunque yo -no solamente yo- creo que sí lo es). Os podría contar mil cosas de ella, pero hoy quiero poner el acento en su capacidad de nutrir y de criar.

Tenéis que ubicaros en la España de finales de la posguerra, y ahí encontraréis a Uba criando a sus hijas. Nada especialmente reseñable, por ahora. Pero si avanzamos unos veinte-treinta años en el tiempo, encontraremos a Uba cuidando a sus nietos. Y si avanzamos otros quince-veinte años, la veremos cuidando de su madre. Estamos ante una mujer que ha cuidado a tres generaciones (cuatro, si contamos el cuidado de su marido; cinco, si contamos la atención que presta a sus bisnietos).

Mujeres como ella, capaces de nutrir a tres (o cuatro, o cinco) generaciones, son las que consiguen tejer la urdimbre de este mundo. Creo que toda la Humanidad está en deuda con estas mujeres que, sin poder acceder a un trabajo en las mismas condiciones que los hombres, sin poder participar en las elecciones de sus países, sin poder estudiar carreras, siendo maltratadas en muchos casos, han mantenido los lazos invisibles que hacen que este mundo todavía merezca la pena.

Ahora mismo Uba está recuperándose de una operación e, independientemente de su salud, las personas que conforman esas cinco generaciones siguen ocupando su mente. Porque ella sigue nutriendo a todos, incluso desde su cama en el hospital.

Mi hijo tiene una maravillosa bisabuela, una gran-gran-Madre que sigue sonriendo cada vez que le llevamos las ocurrencias, los juguetes y los besos que él nos da para ella, para la bisa Uba.

Para Uba, y para los miembros de esas cinco generaciones a quienes tanto quiero.

Señor Estivill, creo que le he pillado

Estimado Señor Estivill:

Soy el feliz padre de un -espero- feliz hijo de tres años y medio. Quiero plantearle la siguiente situación, buscando alguna explicación a lo que nos sucede.

Debo decir, en honor a la verdad, que todo mi conocimiento de su método [*] viene de conversaciones, documentales, artículos y fragmentos leídos. No he leído su libro, así que, si estoy equivocado con respecto a lo que creo de su método, será bienvenida su aclaración.

Hace ya unos años, cuando ser padre aún lo veía lejano, unos buenos amigos nos hablaron de su método. Y me pareció completamente razonable y efectivo; una forma rápida de acostumbrar al niño, de evitarle sufrimientos futuros y de ayudarle a dormir solo.

Pasó el tiempo y entramos en esa bonita época en la que lo de ser padre ya no se ve tan lejano. Y otros buenos amigos nos hablaron de otro tipo de crianza. Tras escuchar atentamente, recuerdo que sólo puse una pega: «todo eso me parece estupendo, realmente estupendo. Pero ¿eso de dormir con el niño? No lo veo demasiado bien». Pero claro, me preguntaron que por qué. Y no encontré ningún argumento válido. Seguimos leyendo, seguimos pensando, y pronto el colecho nos pareció la opción más natural y amorosa de todas las posibles.

Y nos quedamos embarazados. Mi mujer decidió pasar el embarazo al lado de nuestro bebé. Efectivamente, el bebé podría acostumbrarse a su contacto, a su presencia, a ver atendidas de forma inmediata todas sus necesidades. Pero pasar por una extirpación e implantación de útero varias veces al día era demasiado incómodo. Es posible que estuviéramos malacostumbrando a nuestro hijo, pero decidimos asumir el riesgo.

Y nació nuestro hijo. Nos pusieron una cunita en el hospital, pero mi mujer decidió que el bebé dormiría con ella en su cama, pese a que solamente tenía unas horas. Sí, como supondrá, algunas personas nos decían que actuábamos mal, que estábamos malacostumbrando a nuestro hijo, pero decidimos que era mejor así.

Y más tarde, ya en casa, nos pareció muy buena idea seguir durmiendo juntos. Y así lo hicimos. Recuerdo la bonita escena de nuestro hijo al pecho de su mamá… y ambos durmiendo. Sí, quizá podíamos estar malacostumbrándolo, pero se nos hacía muy difícil y antinatural cualquier otra opción.

Llegó un momento en el que tres personas en el espacio de una cama de matrimonio hacía un poco complicado descansar bien, así que decidimos acoplar la cuna a la cama, construyendo una macrocama. Y ahí estuvimos durmiendo los tres durante casi tres años. Era la habitación de los tres, sin duda. Y estaba decorada (con un bonito paisaje creado por la abuela Pili) para ser no solamente la habitación de los papás, sino la habitación de los tres. Posiblemente esto sea un malacostumbramiento terrible, pero nos pareció adecuado hacerlo así.

A partir de los dos años y medio, nuestro hijo empezó a dar señales de que aquello de dormir con nosotros no iba a ser para siempre. Eran señales como decirle a su mamá, cuando le va a acompañar para dormir, «mamá, vete». O del tipo de ver una cama en otra habitación y querer quedarse. O de ir a un hotel y preguntar por su cama.

Y con un poquito más de tres años, una noche nos dijo que quería dormir en «la habitación pequeña». Era ya de noche, y no teníamos nada preparado (ni la cama ni, sobre todo, nuestro corazón), y le dijimos que «mañana lo preparamos». Y claro, lo preparamos. Y llegó la noche. Y pidió irse a «la habitación pequeña». Y no se crea usted que nos llamó primero cada cinco minutos, luego cada diez, etc. Nada. En toda la noche no lo oímos.

A la noche siguiente, cuando se iba a acostar, le preguntamos dónde quería dormir. Y volvió a querer «la habitación pequeña». Y durante varias noches le seguimos preguntando. Hasta que un día me dijo: «Papá: donde pone Dani. DA-NI» (unos días atrás había decidido poner allí las letras de su nombre). Y ya no le preguntamos más.

Ya no es «la habitación pequeña». Es la habitación de Dani. Aunque, desde luego, siempre tendrá nuestra habitación a su disposición. Siempre que él quiera, claro. Por ahora (y ya va casi medio año) no ha querido.

Y lo que le quiero plantear, Sr. Estivill, es por qué, habiéndolo malacostumbrado a conciencia, día tras día durante más de tres años, ahora se ha querido ir a otra habitación. ¿Por qué? ¿No se supone que le hemos creado una dependencia, que debería seguir queriendo dormir con nosotros durante mucho tiempo? ¡Con lo maravilloso que es disfrutar de su respiración, de su olor, de su calor!

Sr. Estivill, creo que le he pillado 🙂 Con la cara de bueno que usted tiene, no puede ser una mala persona. Usted ha difundido este método para que los niños no quieran irse nunca de la habitación de los padres, ¿verdad?

[*] Ya sabemos que el método no es originalmente suyo, pero no trata este post de desacreditar autorías.

Este post forma parte de una iniciativa en redes y medios sociales que pretende situar como trending topic el hashtag #DesmontandoaEstivill, como parte de la celebración el 29 de junio como el Día Mundial del Sueño Feliz. Mi intención no es ir contra la persona, sino contra el método. Lo considero una terrible forma de maltrato infantil.