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La Cruz del Valle de los Caídos (de Muguruza, Méndez y Ávalos)

Hoy nos encontramos ante un monumento de los que encogen el alma, fundamentalmente por sus descomunales dimensiones.

En lo alto del risco de la Nava se alza este monumento, considerada la mayor cruz existente. Tiene una altura de 150 metros y sus brazos miden 46 metros de uno a otro extremo.

Pero más allá de la esbeltez y altura de la cruz, obra de los arquitectos Pedro Muguruza y Diego Méndez, me gustaría centrar mi atención en las -aparentemente- pequeñas esculturas que están al pie: los cuatro evangelistas (Marcos, Mateo, Lucas y Juan) junto con sus tetramorfos (respectivamente, el león, el hombre, el toro y el águila). Estas esculturas, a cuyo pie se puede llegar tras un bonito paseo, y que nos parecen pequeñas desde la distancia -lo son, en comparación con la cruz- son también descomunales: miden 25 metros de altura (el conjunto de cada evangelista y su tetramorfo). Estas obras de Juan de Ávalos se convierten en gigantes cuando estamos a su lado.

El conjunto del Valle de los Caídos (basílica, monasterio, cruz) fue una obra que el régimen de Franco construyó tras su victoria en la Guerra Civil. Resulta difícil dejar pasar por alto este hecho. Para algunos monumento de reconciliación, para muchos monumento de ensalzamiento, en él reposan los cadáveres de miles de personas (sin autorización de sus familiares, en muchos casos), testigos mudos de una época y de unos hechos que conviene siempre tener presentes para que nunca se vuelvan a repetir.

La vida en un minuto, de José Antonio Lucero

No conocía nada de este libro cuando me lo regalaron Dani, Irene y Clara, así que me acerqué a él con la ilusión de siempre, pero sin saber lo que me iba a encontrar.

Nos situamos en el comienzo de la posguerra, en un Madrid devastado que está comenzando a levantarse. A través del hilo conductor de Daniel Baldomero, el autor nos muestra la pobreza de quien ya no tiene casi nada material, pero mantiene la dignidad que le dan sus valores y su educación; nos muestra el esfuerzo extra que tiene que hacer una mujer que quiere avanzar en sus estudios, en su carrera o en sus relaciones. Y nos muestra el horror de las guerras, tristes si no es amor la empresa.

Lucero usa la excusa del accidente ferroviario que sucedió en Torre del Bierzo (León) en enero de 1944, para introducirnos en la vida de unos personajes que retrata perfectamente. Y aquí creo que está el principal mérito de La vida en un minuto: la asombrosa calidad de las descripciones de personas y de lugares. Julita y Daniel, por supuesto. Pero también las familias de ambos, también sus amigos -y sus enemigos. También los trabajadores ferroviarios. Es un verdadero disfrute para el lector, que puede ver sonrisas, escuchar bocinas, oler a carbonilla y sentir el frío berciano de las mañanas de invierno.

He sido muy feliz leyéndolo.

Para Irene, Dani y Clara.

Nanas de la cebolla, de Miguel Hernández

Estamos en la Prisión Provincial de Torrijos, a mediados de 1939. Llega una carta de Josefina Manresa destinada a uno de los prisioneros, en donde le cuenta, entre otras desgracias, la difícil situación que están viviendo ella y el hijo de ambos, y que solamente tienen pan y cebolla para comer.

La desesperación del prisionero se transforma, como siempre, en creatividad, belleza y poesía. Y escribe las Nanas de la cebolla, una obra inmortal para su hijo y esposa.

Disfrutad de su belleza, por favor:

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.
East facade of the Fundacion Fausta Elorz building, at 51 Calle del Conde de Penalver (street) in Salamanca district in Madrid (Spain). Projected in 1909 by Daniel Zavala Alvarez, and built from 1910 to 1914.

La acusación de los vecinos

Siempre me había parecido increíble -literalmente increíble- que muchos de los acusados antes la Inquisición por no ser de sangre limpia fueran delatados por sus propios vecinos.

Y aún más increíble (por la cercanía en el tiempo) que muchos de los acusados de ser de uno u otro bando durante la Guerra Civil y la posguerra fueran delatados por sus propios vecinos.

Increíble, literalmente, como decía. Sin embargo, cuando veo la facilidad con la que los vecinos están acusándose hoy en día por saltarse el confinamiento, ya me creo todo. Ojo: si tras esa acusación hay un sentimiento sincero de denunciar para beneficiar al pueblo puedo entenderlo. Pero si el sentimiento es del tipo: «no me quedo yo en casa para que ese ande por ahí de paseo» que no cuente con mi apoyo.

¿Qué nos pasa con las víctimas?

Sufrimos (no sé es si en esta época o ha sido en todas, no sé si es solamente en España o si es universal) una especie de síndrome de Estocolmo que nos impiden dar a las víctimas el tratamiento que merecen. En concreto, estoy pensando en tres ejemplos muy concretos:

  1. Guerra civil española: ¿por qué se genera polémica por algo tan de primero de Humanidad como es poder recuperar los restos de tu padre o de tu abuelo?
  2. ETA: hemos estado sufriendo durante décadas a esta banda terrorista, y ahora parece que ensalzar/homenajear a sus víctimas provoca un cuidado, no removamos el pasado, que ya ha pasado.
  3. Violencia de género: oh, que también mueren treinta hombres cada año asesinados por sus parejas, no le deis tanto bombo a esto, llamémosle violencia doméstica.

¿Se os ocurre alguna explicación?

El ángel rojo

Su nombre era Melchor Rodríguez García, y fue el último alcalde republicano de Madrid. Este anarquista detuvo las sacas de presos que se realizaban en Madrid, que terminaban con fusilamientos masivos en Paracuellos del Jarama. Se calcula que salvó la vida a más de 12.000 personas y veló por los derechos de los presos en las cárceles. Finalizada la guerra, no tuvo ningún beneficio especial y fue condenado a muerte. En ese juicio se produjo una situación curiosa (pero lógica). Habiendo preguntado el juez si alguien tenía algo que alegar, el general Muñoz Grandes (al que Melchor había salvado la vida) intervino en su favor, mostrando un listado de miles de personas que también debían la vida a el ángel rojo. Finalmente, esa pena de muerte fue anulada.

A su entierro, ya en el tardofranquismo (1972) acudieron, como no podía ser de otra manera, personas de ambos bandos: cruz sobre el féretro, bandera anarquista cubriéndolo, y sonando el himno de «A las barricadas».

Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas.

(Melchor Rodríguez García, el ángel rojo)

Nuestra memoria histórica debería tener siempre presente a personas como Melchor.

Placa a Melchor Rodríguez García.JPG
De CarlosVdeHabsburgoTrabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38865212

Experimento Stuka

De todos es conocido el bombardeo de Gernika, durante la Guerra Civil española. Tras él, Franco pidió a los alemanes que no volvieran a bombardear objetivos civiles (o, al menos, objetivos que no estuvieran en la línea del frente). Desafortunadamente, eso no se cumplió, y cuatro pueblos de El Maestrat, en Castellón, fueron bombardeados. Los niños pensaban -en su inocencia- que lo que soltaban los aviones no eran bombas, sino paja. Ahora se está realizando un documental que pretende mostrarnos la triste realidad de todo aquello.

Tristes guerras, si no es amor la empresa.