Quizá lo sepas. O quizá solamente creas que lo sabes. El Big Ben no es la famosa torre del Reloj de Londres (oficialmente Elizabeth Tower).
El Big Ben es, solamente, la gran campana que alberga en su interior.
Quizá lo sepas. O quizá solamente creas que lo sabes. El Big Ben no es la famosa torre del Reloj de Londres (oficialmente Elizabeth Tower).
El Big Ben es, solamente, la gran campana que alberga en su interior.
Cuando Alvin Straight, de Laurens (Iowa, USA), recibió la noticia de que su hermano Henry, de Blue River (Wisconsin, USA) había sufrido un infarto, supo que debía ir a visitarlo.
Por problemas de visión no podía tener carnet de conducir, así que Alvin, de 73 años, no dudó en usar su máquina cortacésped para ir a visitar a Henry, de 80, recorriendo esos 390 km en seis semanas, en el verano de 1994.
Henry se recuperó y se mudó a Iowa, para estar cerca de su familia. Dos años después, Alvin falleció.
Esta historia ha sido llevada al cine por David Lynch (The Straight story, Una historia verdadera). Es una película deliciosa, que descubrimos gracias a Santos (gracias! ;)) y que ayer disfrutamos tranquilamente en familia. Os la recomiendo muchísimo.
Hay muchas expresiones que, aunque han perdido ya todo su sentido original, se siguen usando. Seguro que a nuestros lectores se les ocurren muchas más. Como siempre, El Cartapacio está abierto a vuestros comentarios. Aquí van:
Las llaves del coche
Hace tiempo que los coches tienen una sola llave… o que no tienen llave. Sin embargo, nos seguimos refiriendo a «las llaves» del coche.
El parte
Durante la guerra se solía dar el «parte» con las noticias. Todavía hoy ha personas que hablan del telediario con esta expresión.
El metálico
Debajo de nuestros colchones ya no se usan aquellos metálicos de antes, pero se sigue usando esa expresión para referirse al sommier.
Colgar el teléfono
No. Definitivamente los teléfonos ya no se cuelgan de ningún sitio. Pero nosotros seguimos colgando teléfonos.
Las «doce»
Ya no se come a esa hora, pero aún hay quién se refiere a la comida del mediodía con ese nombre.
La receta del médico
Rara vez hay recetas ahora; antes sí: el médico escribía la receta y en la farmacia la preparaban. Ahora se sigue haciendo algunas veces, pero las menos.
En una ocasión tuve que acudir, casi con nocturnidad aunque sin alevosía, a echar una mano a una empresa que estaba en un pequeño drama tecnológico. Fuimos avanzando poco a poco en la resolución del problema pero, cada vez que alguna dificultad se nos interponía, uno de los socios de la empresa decía «mis cojones 33». Esto me llevó a pensar en un dicho propio de Galicia muy relacionado («o carallo 29»).
El porqué de esta expresión gallega tiene dos posibles explicaciones: la primera nos dice que, durante la Restauración, el artículo 29 de la ley electoral decía que si había un único candidato en un determinado distrito, ya no era necesario ni realizar elecciones. Es decir, camino expedito a caciquismos y demás.
La segunda nos invita a viajar a Santiago y buscar la rúa Travesa que, aunque termina en el número 27, tiene a continuación (en lo que sería el número 29) un bloque con forma de pene (carallo).
Una sociedad que se extraña de ver, en un mañana cualquiera, a un niño cualquiera, jugando en un parque cualquiera, es una sociedad enferma.
La obra del pintor Nicolas Poussin Los pastores de la Arcadia (Les Bergers d’Arcadie) representa a cuatro pastores en la Arcadia (un lugar imaginario donde todo es felicidad) rodeando una tumba en la cual se puede leer la frase Et in Arcadia Ego.
La traducción sería algo como «Y en la Arcadia, Yo». Esta frase ha dado lugar a muy diversas interpretaciones (incluyendo alguna relacionada con el Priorato de Sión). Sin embargo, la más aceptada es la que explica que, incluso en el lugar donde reinan una felicidad y paz absolutas, también está la muerte.
Tradicionalmente (al menos en los países de tradición cristiana) nos imaginamos la crucifixión realizada sobre una cruz… con forma de cruz y con clavos en manos y pies. Bien, esto no era así o, al menos, no era siempre así.
¿Cómo era la cruz?
Había varios tipos diferentes de cruces: una que consistía en un palo vertical (y sí, se llamaba cruz), otra que tenía forma de T, y una tercera con forma de cruz. El palo horizontal recibía el nombre de patibulum (de donde nos ha llegado la palabra patíbulo). El palo vertical se llamaba stipes.
¿Dónde se clavaban los clavos?
En primer lugar, hay que decir que no siempre había clavos. En ocasiones simplemente se ataba al reo a la cruz. Existen varias teorías sobre el lugar donde iban los clavos: parece que se ubicaban entre los huesos de la muñeca; también se sugiere que podrían ir en la palma (aunque no está claro si podrían soportar el peso de una persona, pese a que algún experimento indica que sí); una tercera ubicación sería en el antebrazo, entre el cúbito y el radio.
¿De qué morían los crucificados?
También aquí nos encontramos varias teorías. La más consistente habla de asfixia: al estar colgado de los brazos, es necesario hacer un esfuerzo de levantar el cuerpo para tomar aire, apoyando los pies (por esto quebraban las piernas de los crucificados al cabo de un tiempo). También podían morir desangrados, por infecciones o por insolación.
No pretendo poner aquí en duda que las aventuras del ingenioso hidalgo se desarrollaban en la española región de la Mancha. Pero sí voy a compartir con vosotros una curiosa interpretación que leí hace ya unos cuantos años.
Al parecer, en la versión inicial del Quijote, la palabra «mancha» estaba en minúsculas. Como quiera que a los judíos se les apodaba como lo «de la mancha», se ha querido relacionar esa palabra con una posible ascendencia judía de nuestro personaje (o de su autor).
Otro día os explicaré una interesante teoría que nos cuenta que Cervantes no era de Alcalá (ni alrededores!).
No descubro nada nuevo si digo que vivimos en una sociedad a la que molesta menos que los niños vean asesinatos que que vean a dos personas besándose. No nos importa que aparezcan dos personas odiándose, pero si son dos personas amándose… esa ya es otra historia. Lo diré una vez más: puede haber violencia explícita, pero no sexo explícito.
En resumen, los problemas de nuestra sociedad con el sexo no son pocos, y sus consecuencias, sin duda, desastrosas. Borja Brun ha querido poner un consciente y simpático (y elegante) grano de arena hacia la normalización con su primer largometraje: Diet of Sex.
Diet of Sex es una historia en la que, como en la vida misma, se entrecruzan drama y comedia. Y sexo. Y comida. Ágata es una chica que sufre anhedonia (incapacidad para sentir placer) y Marc, enamorado de ella, se empleará en alma y cuerpo para ayudarle a superarlo.
La película se vende en un pack con una estética excelente, en la que, además de la propia película y material audiovisual (extras, making of), se incluyen unos cuantos elementos para que pongamos en práctica la película:
Como bonus, el logotipo ha sido creado por Ollo de Pez, siempre geniales 🙂
Hoy he conocido, gracias a @Campeador_Cid, a este ser mitológico (no confundir con el unicornio, aunque se le parece bastante); su leyenda se contaba en Castilla y en el Norte de España (aún hoy permanece la leyenda en pueblos de la montaña de Palencia y de León).
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El oricuerno es un caballo blanco, con patas de gamo y cola de león, cabeza púrpura, ojos azules o rojos, un cuerno largo y retorcido en medio de la frente y una alitas encima de las pezuñas.
A diferencia del unicornio, que necesitaba a una doncella para ser apaciguado, el oricuerno necesita, además, que le muestre uno de sus pechos.