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Volviendo a las raíces

Cuando, en 1982, el papa Juan Pablo II visitó la catedral de Santiago de Compostela, pronunció las siguientes frases.

Yo, obispo de Roma y pastor de la Iglesia Universal, desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma.

Y la esencia de Europa es -debe ser- la comunicación y comprensión entre los diferentes pueblos. Tenemos mucho que mejorar. Tras ver al papa Francisco lavando los pies en un centro de refugiados, creo que podemos seguir teniendo esperanza; Europa tiene que reencontrarse consigo misma y volver a sus raíces.

La curiosidad (casi) mató al gato

El congreso se celebraba en una ciudad bellísima, destino de un Camino que durante siglos vio cómo crecían catedrales, puentes y hospitales. Y dentro de la ciudad, en el mejor lugar posible: el Parador de los Reyes Católicos. Entre conferencia y conferencia, salía a disfrutar de la única plaza del Obradoiro, rodeada por el propio Parador, por el Palacio de Rajoy y de Xelmírez y -cómo no- por la Catedral, tan diferente -y tan parecida- a las de su Alemania natal.

Y llegó el momento que tanto había estado esperando; por fin iba a poder ver en funcionamiento el Botafumeiro. La misa se le hizo eterna, esperando ese espectáculo final. Cuando los tiraboleiros comenzaron a poner en marcha el enorme incensario, se abrió paso entre la gente, para poder verlo más de cerca. Inicialmente prestó atención al movimiento del botafumeiro, pero pronto su curiosidad científica hizo que se centrara en el mecanismo. Y fue acercándose más y más. Ajeno a los avisos de la gente que contemplaba, con pavor, la decisión de este hombre. Ajeno, también, al propio botafumeiro.

Tenemos que decir que tuvo mucha suerte. Solamente le rompió el tabique nasal.

Santiago Catedral Botafumeiro.jpg
«Santiago Catedral Botafumeiro» por Luis Miguel Bugallo Sánchez (Lmbuga Commons)(Lmbuga Galipedia) – Commons.. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

A Quintana dos mortos (e A Quintana dos vivos)

Santiago de Compostela, lugar de visita obligada, está llena de rincones mágicos, de leyendas y de realidades. Uno de esos rincones es la Plaza de la Quintana, a la cual Federico García Lorca (andaluz) dedicó un bello poema (en gallego).


¡Si, a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!

Esta plaza tiene dos alturas (y unas escaleras entre ambas), y cada altura recibe su nombre: A Quintana dos vivos (la superior); A Quintana dos mortos (la inferior). Esta parte inferior fue cementerio, de ahí su alusión a quienes allí reposaban.

Y si podéis visitarla de noche, no olvidéis ver la sombra del monje ahorcado, silencioso guardián de la catedral.

«O carallo 29» y «Mis cojones 33»

En una ocasión tuve que acudir, casi con nocturnidad aunque sin alevosía, a echar una mano a una empresa que estaba en un pequeño drama tecnológico. Fuimos avanzando poco a poco en la resolución del problema pero, cada vez que alguna dificultad se nos interponía, uno de los socios de la empresa decía «mis cojones 33». Esto me llevó a pensar en un dicho propio de Galicia muy relacionado («o carallo 29»).

El porqué de esta expresión gallega tiene dos posibles explicaciones: la primera nos dice que, durante la Restauración, el artículo 29 de la ley electoral decía que si había un único candidato en un determinado distrito, ya no era necesario ni realizar elecciones. Es decir, camino expedito a caciquismos y demás.

La segunda nos invita a viajar a Santiago y buscar la rúa Travesa que, aunque termina en el número 27, tiene a continuación (en lo que sería el número 29) un bloque con forma de pene (carallo).