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Necesitamos universitarios

Hemos convertido en demasiado habitual ese discurso de “no merece la pena hacer una carrera”, discurso asentado sobre dos pilares fundamentales: 1) el dinero que gana un universitario no tiene por qué estar por encima del que gana una persona sin carrera y 2) lo que se aprende en la universidad no sirve para nada.

Vaya por delante que este no es un post clasista: conozco a no universitarios mucho más inteligentes -y cultos- que personas con carreras superiores.

Dicho ello, aquí van mis opiniones sobre esos dos pilares:

El dinero que se gana no es necesariamente un reflejo de lo que esa persona sabe o aporta. Bien puede ser que un matemático cobre menos que una persona cuya profesión no implica conocimientos abundantes o complejos. Pero el conocimiento va a ayudar a toda la sociedad… si está preparada. Y esto nos lleva al segundo punto:

Lo que se aprende en la universidad no sirve para nada… si la sociedad -otra vez- no está preparada. Ambas deben apoyarse: sociedad y universidad para que sí sirva. Ambas -todos- saldremos muy beneficiados.

Reduciendo el riesgo de contagio

Ahora que estamos volviendo poco a poco (bien, algunos mucho a mucho) a la normalidad, tras esta época de confinamientos y alarmas por la COVID-19, es importantísimo -ya sabéis- evitar los rebrotes.

La farmacéutica Gemma del Caño (@farmagemma: debéis seguirla en Twitter, si aún no lo hacéis) ha escrito un hilo con veinte consejos muy sencillos y muy claros para reducir el riesgo de contagio. Os lo copio aquí:

  • Preferible juntarse al aire libre que en casa.
  • Si tienes una terraza apañada, valora hacerlo allí.
  • Si no, punto 1.
  • Si tu casa es pequeña y la terraza no vale, valora el número de personas, no tenéis que quedar tooooodos juntos (os lo pongo en bandeja si quieres librarte del cuñado).
  • No te líes, normas sencillas pero efectivas, todos al entrar: lavado de manos.
  • ¿Abrazos? No es el momento. Choque con el pie, invéntate un baile o yo que sé. ¿No lo vas a cumplir? MASCARILLA, mirando a otro lado, niños a la cintura. No juntéis las caras, por dió.
  • UNA persona pone la mesa.
  • Sé egoísta, no pases la sal ni el pan.
  • Si hay niños pequeños, pon pegatinas en los vasos para que sepan cuál es el suyo.
  • VENTILACIÓN, VENTILACIÓN, VENTILACIÓN. Queda a última hora, una cena o así, que no pegue tanto el sol y se pueda abrir las ventanas.
  • ¿Imposible? Vale, no te pongas cerca del aire acondicionado.
  • ¿Personas de riesgo? Cuando terminéis de comer o beber: mascarilla, el tiempo de exposición es importante.
  • ¡NO TE TOQUES LA CARA!
  • Deja disponible gel hidroalcohólico pero vamos, el lavado de manos es bastante. Menos botes de pulsar.
  • ¿Quitarse los zapatos? Pues mira, no. Que no suban los pies a la mesa, es una cochinada. A los peques… pues sí.
  • ¿Superficies limpias? ¡Eso ya lo hacías antes!
  • Es momento de sacar las sillas plegables y mesas extensibles. Separa lo que te permita el espacio.
  • ¡NO CHILLES! ¡NO HABLES ALTO! ¡NO RISOTADAS ENCIMA DE LA MESA Y CERCA DE NADIE! Actúa como si fueras pucelano, con gracia pero mesura.
  • Si en algún momento te saltas una norma, vuelve rápido a la línea, el tiempo de riesgo es importante.
  • Sencillez, sentido común, efectividad.

Muchísimas gracias, Gemma. Y no solamente por este hilo, que incluyo también aquí:

Qué lejos estamos de nuestros bebés

Una sociedad que calma a sus bebés con un trozo de plástico y que los transporta en carritos tiene por fuerza que ser muy diferente a una en la que es la madre la que sacia esas necesidades del bebé.

La separación entre mamás y bebés es algo casi intrínseco a esta sociedad en la que vivimos. Por suerte, tengo la percepción de que estamos tomando conciencia de este hecho y que poco a poco vamos corrigiendo esa forma de relación.

Para mí los culpables son fundamentalmente dos: el dios Don Dinero, que hace que tengamos que incorporarnos al trabajo mucho antes de lo que deberíamos; y la exigencia de la sociedad sobre las madres, que deben cumplir con nota en todas sus facetas (profesional, familiar, como madre, como pareja, de amigas, tiempo para una misma…).

Lo primero, el trabajo

Estamos en época de gripes, catarros y demás, sobre todo entre los niños. En el cole de nuestros hijos está faltando un buen porcentaje del alumnado. Y se me ha ocurrido pensar qué sucedería si, por ejemplo, el colegio tuviera que decretar el cierre durante una semana, por precaución. Seguramente sería un buen problema para muchas familias. Y, lo que es peor, vemos normal que lo sea.

Hemos llegado a una sociedad en la que lo primero es el trabajo (es decir, el dinero). Y lo tenemos interiorizado y normalizado, como decíamos. Eso sí, cuando llega el final de la vida (de la nuestra o de la de otros), lo que lamentamos no es el dinero no ganado, sino el tiempo no disfrutado con los nuestros.

Nunca es tarde para replantearnos esto.