Releyendo a Los Cinco

En mi infancia yo era un lector compulsivo (sigo siendo lector, aunque no tan compulsivo) y leía prácticamente todo lo que caía en mis manos. Y creo que lo que más disfruté, al menos durante una época, fueron las aventuras de Los Cinco, de Enid Blyton: las correrías de Julián, Dick, Ana, Jorge y Tim eran una auténtica delicia.

Ahora, gracias a Dani, estoy teniendo la suerte de volver a revivir esas historias. Conservan el aroma (también el aroma físico) de hace décadas, y creo que Dani está disfrutándolas tanto o más que yo. Me ha encantado recordar de nuevo las estupendas meriendas, desayunos (y comidas, y cenas) que esos chicos se zampaban, he vuelto a escuchar la expresión “se desayunaron”. Y me ha chocado -en estos educados tiempos- reencontrarme con expresiones y situaciones que hoy seguramente borraríamos: expresiones racistas y expresiones machistas, pero que reflejan perfectamente en ambiente en el que los niños se movían. A cambio, la situación de la niña que quiere ser niño se vive con absoluta normalidad.

Si tenéis ocasión, os invito a disfrutar de esta lectura. A ser posible, con las traducciones de hace 30-40 años, no con las de ahora que, como ya hemos visto en algún post, parecen ser bastante pobres.

Bonus: ¿por qué tanta gente decía “Enid Bluton”, en lugar de “Enid Blyton”?

El ángel rojo

Su nombre era Melchor Rodríguez García, y fue el último alcalde republicano de Madrid. Este anarquista detuvo las sacas de presos que se realizaban en Madrid, que terminaban con fusilamientos masivos en Paracuellos del Jarama. Se calcula que salvó la vida a más de 12.000 personas y veló por los derechos de los presos en las cárceles. Finalizada la guerra, no tuvo ningún beneficio especial y fue condenado a muerte. En ese juicio se produjo una situación curiosa (pero lógica). Habiendo preguntado el juez si alguien tenía algo que alegar, el general Muñoz Grandes (al que Melchor había salvado la vida) intervino en su favor, mostrando un listado de miles de personas que también debían la vida a el ángel rojo. Finalmente, esa pena de muerte fue anulada.

A su entierro, ya en el tardofranquismo (1972) acudieron, como no podía ser de otra manera, personas de ambos bandos: cruz sobre el féretro, bandera anarquista cubriéndolo, y sonando el himno de “A las barricadas”.

Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas.

(Melchor Rodríguez García, el ángel rojo)

Nuestra memoria histórica debería tener siempre presente a personas como Melchor.

Placa a Melchor Rodríguez García.JPG
De CarlosVdeHabsburgoTrabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38865212

Volviendo a las raíces

Cuando, en 1982, el papa Juan Pablo II visitó la catedral de Santiago de Compostela, pronunció las siguientes frases.

Yo, obispo de Roma y pastor de la Iglesia Universal, desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma.

Y la esencia de Europa es -debe ser- la comunicación y comprensión entre los diferentes pueblos. Tenemos mucho que mejorar. Tras ver al papa Francisco lavando los pies en un centro de refugiados, creo que podemos seguir teniendo esperanza; Europa tiene que reencontrarse consigo misma y volver a sus raíces.

Adivinando el futuro

Hace unos cuantos años, cuando los bancos se peleaban por que contrataras una hipoteca con ellos, preguntamos al director de nuestro banco que qué iba a suceder cuando bajara el precio de los pisos y lo que te quedara por pagar de hipoteca fuera superior al valor del propio piso. Su respuesta fue tajante:

Eso no va a suceder.

Por aquella misma época, en una conversación con un buen amigo que se movía en el sector inmobiliario, salió el mismo tema. Y el enfoque fue completamente distinto (y coincidía con lo que el sentido común dictaba):

Se dará el caso de personas que tendrán que quedarse sin el piso y aún así no les alcanzará para pagar lo que deben de hipoteca. O que te será mejor -si pudieras- dejar el piso que estás pagando y comprarte otro, ya que el precio de un piso nuevo será menor que lo que te queda por pagar de hipoteca.

Dicho y hecho.