Soñé que tú me llevabas, de Antonio Machado

   Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

  Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...

Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

La Saeta, de Antonio Machado

Hoy comparto con vosotros un poema muy apropiado para estas fechas: La Saeta, de Antonio Machado, en el que, con su sencillez característica, nos resume tanto la Semana Santa y sus procesiones, como la fe en la que el poeta cree:

 "¿Quien me presta una escalera,
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?"
Saeta popular


¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar! 

Y este poema debe acompañarse siempre con la magnífica música y voz de Serrat:

La tierra de Alvargonzález, de Antonio Machado

No es habitual que las poesías nos cuenten grandes relatos, sino que se centren más en sentimientos y emociones. Sin embargo, Antonio Machado, en esta magnifica obra, nos relata la triste historia de este hombre, Alvargonzález.

Antonio Machado, decíamos. Garantía de sencillez, de poesía pura. Conoceremos las tierras de Soria, su pobreza (en otras tierras bienestar, aquí opulencia), sus peculiaridades (en estas tierras, quien quiere atajar, rodea), y esa laguna sin fondo, que guarda bien los secretos.

Os recomiendo su lectura y, si podéis, un relato en prosa, también de Antonio Machado, en donde nos relata cómo conoció aquella historia.

De Triedros – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37148207

Laguna Negra de Urbión, en Vinuesa (Soria)

Y en la laguna sin fondo
que guarda bien los secretos,
con una piedra amarrada a los pies
tumba le dieron.

La tierra de Alvargonzález, Antonio Machado

Esta laguna de origen glacial está en Vinuesa, en la sierra de los Picos de Urbión, en un paraje más propio del norte de Europa que de la Península Ibérica: alta montaña, haya, pino albar, roble albar. En su entorno habitan zorros, corzos y jabalíes.

Su nombre proviene del color que toman sus aguas al reflejar las montañas que la rodean. Este lugar y su entorno merecen ser visitados y son garantía de una excursión estupenda para toda la familia.

No quiero terminar sin hacer alusión a un hecho que nos sucedió hace casi un par de décadas. Estábamos planteando retornar de La Rioja a Madrid pasando por la Laguna Negra. Cuando se lo comentamos a nuestros amigos arnedanos, nos respondieron del siguiente modo:

¡Qué decís? ¿Es que no sabéis que, de noche, la Laguna llama?

De Triedros – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37148207

Gente que no tiene prisa, ni aun en los días de fiesta

Siempre me ha gustado esta frase de Antonio Machado porque, vista desde ahora, nos describe muy bien cómo ha cambiado nuestra sociedad: antes la gente vivía en absoluta tranquilidad… salvo en los días de fiesta, en los que había que estar con tiempo en la iglesia, tener sitio donde comer, tener comida preparada. Ahora la gente vive en absoluto estrés… salvo los días de fiesta.

Hoy, día del Carmen, festivo en Moaña (y en muchos otros sitios), me he acordado de esa frase 🙂 Feliz día y, a ser posible, sin prisas (o no, ya no sé).

Felicidades a todas las cármenes de mi vida, especialmente para mi abuela y para mi tía Carmen.

A Juan Ramón Jiménez (Poesía en Mayo, 5)

Era una noche del mes
de mayo, azul y serena.
Sobre el agudo ciprés
brillaba la luna llena,
iluminando la fuente
en donde el agua surtía
sollozando intermitente.
Sólo la fuente se oía.
Después, se escuchó el acento
de un oculto ruiseñor.
Quebró una racha de viento
la curva del surtidor.
Y una dulce melodía
vagó por todo el jardín:
entre los mirtos tañía
un músico su violín.
Era un acorde lamento
de juventud y de amor
para la luna y el viento,
el agua y el ruiseñor.
«El jardín tiene una fuente
y la fuente una quimera…»
Cantaba una voz doliente,
alma de la primavera.
Calló la voz y el violín
apagó su melodía.
Quedó la melancolía
vagando por el jardín.
Sólo la fuente se oía.
Antonio Machado

No hables sin saber

Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio.

(Antonio Machado)

Antonio Machado, un adelantado a su tiempo

El otro día, leyendo estos versos de Antonio Machado, no pudimos evitar dirigir el pensamiento a los políticos actuales (seguramente se podrá aplicar también a otros ámbitos de la vida, desde luego).

Discutiendo están dos mozos
si a la fiesta del lugar
irán por la carretera
o campo traviesa irán.
Discutiendo y disputando
empiezan a pelear.
Ya con las trancas de pino
furiosos golpes se dan;
ya se tiran de las barbas,
ya se las quieren pelar.
Ha pasado un carretero,
que va cantando un cantar:
«Romero, para ir a Roma,
lo que importa es caminar;
a Roma por todas partes,
por todas partes se va»

Demasiadas veces nos entretenemos en discusiones y peleas, en lugar de pensar en recorrer nuestro camino.