El final de ETA

Han pasado muchos años, pero sigo estremeciéndome cada vez que recuerdo el secuestro de Ortega Lara. Creo que él y Miguel Ángel Blanco fueron claves para conseguir dos cosas; una, consecuencia de la otra: sociedad unida contra los asesinos y el fin de ETA.

Cuando vi al pueblo vasco unido, supe que ETA estaba acabada. Recuerdo también el duro cántico de «ETA al paredón» de un pueblo completamente harto. Harto de sufrir y harto de callar. Cántico que, como he dicho muchas veces con temas relacionados, puedo entender, pero no compartir.

Intxaurrondo, la sombra del nogal, de Ion Arretxe

En España -y en Euskadi en especial- vivimos, entre la fase final del franquismo y el comienzo del siglo XXII, unas décadas terribles, en las que no era raro despertarse con noticias de bombas, secuestros o asesinatos.

Y, desafortunadamente, la reacción por parte de algunos miembros de las fuerzas de seguridad y del gobierno no se acercó ni por asomo a lo que se debe esperar de un estado democrático. Y surgieron torturas, secuestros y asesinatos por parte del estado. Debo decir que, habiendo estado siempre absolutamente en contra de ETA -sobra decirlo-, me resulta absolutamente sangrante cuando la violencia parte de quienes deberían defender la democracia.

Y en este contexto se cometieron demasiadas barbaridades. Este libro de Ion Arretxe nos sumerge en un escenario de detenciones equivocadas y torturas. Lo cuenta con un estilo muy directo, entremezclando sentimientos, recuerdos y vivencias, transportándonos a esos siniestros lugares en los que los interrogatorios iban más allá de lo legal.

Intxaurrondo era el cuartel -tristemente famoso- en donde tenían lugar interrogatorios y torturas. Arretxe evoca los recuerdos de su sabio aitona, dándole un nuevo sentido al infame lugar.

Soy consciente de que es posible que el 100% de lo que se cuenta en libro no es real, ya que los recuerdos a veces se nublan; también soy consciente de que la guardia civil se sentía tremendamente amenazada, viendo cómo aquel grupo terrorista los mataba, a ellos y a sus familias. Y pudiendo entender todas las acciones que se realizaron en ambos bandos, no podré jamás justificarlas.

Tristes armas, si no son las palabras. Que hayamos aprendido mucho de aquellas décadas bárbaras.

¿Qué nos pasa con las víctimas?

Sufrimos (no sé es si en esta época o ha sido en todas, no sé si es solamente en España o si es universal) una especie de síndrome de Estocolmo que nos impiden dar a las víctimas el tratamiento que merecen. En concreto, estoy pensando en tres ejemplos muy concretos:

  1. Guerra civil española: ¿por qué se genera polémica por algo tan de primero de Humanidad como es poder recuperar los restos de tu padre o de tu abuelo?
  2. ETA: hemos estado sufriendo durante décadas a esta banda terrorista, y ahora parece que ensalzar/homenajear a sus víctimas provoca un cuidado, no removamos el pasado, que ya ha pasado.
  3. Violencia de género: oh, que también mueren treinta hombres cada año asesinados por sus parejas, no le deis tanto bombo a esto, llamémosle violencia doméstica.

¿Se os ocurre alguna explicación?