Pocas cosas considero más maravillosas que viajar: disfruto antes, preparando el viaje; disfruto durante el viaje; disfruto después, recordando el viaje.
Viviría viajando, desde luego.
Pocas cosas considero más maravillosas que viajar: disfruto antes, preparando el viaje; disfruto durante el viaje; disfruto después, recordando el viaje.
Viviría viajando, desde luego.
Hoy os presento un libro muy interesante y que creo que gustará a los amigos de las matemáticas, del conocimiento y, en general, del pensamiento.
Nos plantea preguntas cuya respuesta no sabemos -y, quizá, cuya respuesta no sepamos nunca-, pero, sin embargo, el camino hacia esa respuesta nos enseñará a pensar y a organizar nuestras decisiones.
Son preguntas del estilo de cuántos vuelos toma de media una persona cada año, o cuál es la superficie de tu piel, o qué extensión de terreno ocuparíamos todos los humanos si nos agruparan.
Sí, preguntas difíciles, pero preguntas que ayudan a pensar si queremos resolverlas.
Usamos este sonoro término para referirnos -así nos lo detalla la RAE, en su segunda acepción- a una «acción o comportamiento público disparatados o ridículos».
El origen de este término se encuentra bien lejos de España. Tenemos que viajar hasta Rusia y su mar Caspio y allí encontraremos la ciudad de Astracán, en donde nació un género teatral que lleva su mismo nombre y que busca conseguir la risa a través del disparate. Efectivamente, mediante astracanadas.
A la deseada cima del éxito se llega por una empinada escalera en la que cada escalón es un fracaso.
Esta obra, surgida de la creatividad de José Manuel Ballester, es una impresión digital sobre lienzo a partir de la maravillosa Anunciación del genio toscano Fra Angelico. Obra que, de tan conocida, convierte la propuesta de Ballester en fácilmente identificable.


Podemos disfrutar de estas obras en el Parador de Lerma (la de José Manuel Ballester) y en el Museo del Prado (la de Fra Angelico).
Descubrí la existencia del lugar en un vídeo muy recomendable de Paradores en el que María Gimeno Munuera, Jefa de su Departamento de Arte, nos explica el buen trabajo realizado en Lerma (si veis el vídeo, os daréis cuenta de que os vais a encontrar con mucho más que la obra comentada hoy).
Muchas gracias, María.
Hoy os presento un juego para los amigos de las matemáticas, consistente en alcanzar el número que se nos propone, a base de operaciones con los números que aparecen en la parte inferior.

Descubrí este juego en la siempre recomendable página de Microsiervos.
Devolver el carrito del supermercado a su sitio es un pequeño acto cívico que ayuda tanto al propio supermercado como a los demás clientes.
Por contra, no devolverlo no supone ningún castigo, es cómodo, no nos hace perder ni un segundo.
La teoría de los carritos del supermercado nos dice que es un buen criterio para ver cómo actuamos cuando no hay ningún tipo de premio ni de castigo, para ver cómo actuamos cuando el único motivo es hacer las cosas como se deben hacer.
Así que este es el motivo de que sea necesario meter una moneda en los carritos. Porque entonces sí que hay premio o castigo.

“De una ciudad no disfrutas las siete o las setenta y siete maravillas, sino la respuesta que da a una pregunta tuya”.
Italo Calvino
Os deseo un año lleno de respuestas, lleno de preguntas y lleno de viajes. Y de setenta y siete maravillas, desde luego que sí.
El camello se pinchó Con un cardo en el camino Y el mecánico Melchor Le dio vino. Baltasar fue a repostar Más allá del quinto pino.... E intranquilo el gran Melchor Consultaba su "Longinos". -¡No llegamos, no llegamos y el Santo Parto ha venido! -son las doce y tres minutos y tres reyes se han perdido-. El camello cojeando Más medio muerto que vivo Va espeluchando su felpa Entre los troncos de olivos. Acercándose a Gaspar, Melchor le dijo al oído: -Vaya birria de camello que en Oriente te han vendido. A la entrada de Belén Al camello le dio hipo. ¡Ay, qué tristeza tan grande con su belfo y en su hipo! Se iba cayendo la mirra A lo largo del camino, Baltasar lleva los cofres, Melchor empujaba al bicho. Y a las tantas ya del alba -ya cantaban pajarillos- los tres reyes se quedaron boquiabiertos e indecisos, oyendo hablar como a un Hombre a un Niño recién nacido. -No quiero oro ni incienso ni esos tesoros tan fríos, quiero al camello, le quiero. Le quiero, repitió el Niño. A pie vuelven los tres reyes Cabizbajos y afligidos. Mientras el camello echado Le hace cosquillas al Niño.
Con este maravilloso poema de Gloria Fuertes, esa poeta que escribía mal para que se la entendiera bien, damos por cerradas estas bonitas fiestas navideñas.
Como decía un bonito mensaje que recibí ayer de mi querida tía Josefa: Feliz tiempo normal.
Cumplió cien años en el año siguiente a la muerte del príncipe blanco y sus padres beben del deporte y de la fortuna.