Seis consejos sencillos para salir de la crisis

  1. Haz tu trabajo lo mejor posible.
    Da igual cuál sea tu trabajo, intenta hacerlo perfectamente. Sé el mejor del mundo. Si no tienes trabajo, y quieres tenerlo, esto es igualmente aplicable: sé el mejor del mundo realizando el trabajo que pretendes.
  2. Ama la empresa a la que perteneces (si perteneces a alguna).
    Es importante que seas consciente de que tú eres parte de la empresa y que su bien es el tuyo. Este punto es válido si la empresa se lo merece. Si ha decidido contratarte, seguramente es una buena empresa.
  3. Adáptate.
    Esto vale a nivel individual: quizá tu empresa haya tenido que despedir a otra persona y tú tendrás que hacer (además del tuyo) su trabajo. O quizá te hayan despedido a ti y tienes que montar tu propio negocio. Vale también a nivel colectivo: quizá tu empresa se tiene que reinventar y sacar al mercado productos o servicios que no entraban en el plan inicial.
  4. Innova. Inventa.
    Esto es clave; nunca pienses que ya has llegado a la excelencia. Sigue mejorando. Investiga nuevos caminos. Crea.
  5. El grupo es más importante que el individuo.
    Si el grupo (departamento, empresa) al que perteneces funciona bien, será bueno para todos los componentes del grupo. Incluso aunque algún miembro salga aparentemente perjudicado con las decisiones. Esto es cierto incluso aunque seas tú el perjudicado. Esto es especialmente cierto si tú eres el jefe.
  6. Diviértete.
    Este es el punto más importante de todos. Disfruta, pásatelo bien en tu trabajo. Yo suelo decir que mi trabajo es mucho más divertido que el tiempo libre de muchas personas. Y sí, mi tiempo libre es aún más divertido que mi trabajo.

Como sabéis, estos días se ha criticado intensamente (en España) toda la atención que ha concitado la selección española de fútbol. Que yo haya disfrutado con la selección no me convierte en un insensible, y no significa que no me importe la crisis, que no me importe el incendio de Valencia o que no me importen las masacres de Siria; del mismo modo que alegrarte por un hecho trivial no implica que no te importe que miles de personas mueran de hambre cada día.

Sin embargo, como digo, se han vertido intensas y numerosas críticas estos días. Por mi parte, debo decir que estos puntos que menciono aquí los he aprendido viendo jugar a los nuestros. ;-). Gracias por enseñarnos a salir de la crisis, cracks!.

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Señor Estivill, creo que le he pillado

Estimado Señor Estivill:

Soy el feliz padre de un -espero- feliz hijo de tres años y medio. Quiero plantearle la siguiente situación, buscando alguna explicación a lo que nos sucede.

Debo decir, en honor a la verdad, que todo mi conocimiento de su método [*] viene de conversaciones, documentales, artículos y fragmentos leídos. No he leído su libro, así que, si estoy equivocado con respecto a lo que creo de su método, será bienvenida su aclaración.

Hace ya unos años, cuando ser padre aún lo veía lejano, unos buenos amigos nos hablaron de su método. Y me pareció completamente razonable y efectivo; una forma rápida de acostumbrar al niño, de evitarle sufrimientos futuros y de ayudarle a dormir solo.

Pasó el tiempo y entramos en esa bonita época en la que lo de ser padre ya no se ve tan lejano. Y otros buenos amigos nos hablaron de otro tipo de crianza. Tras escuchar atentamente, recuerdo que sólo puse una pega: «todo eso me parece estupendo, realmente estupendo. Pero ¿eso de dormir con el niño? No lo veo demasiado bien». Pero claro, me preguntaron que por qué. Y no encontré ningún argumento válido. Seguimos leyendo, seguimos pensando, y pronto el colecho nos pareció la opción más natural y amorosa de todas las posibles.

Y nos quedamos embarazados. Mi mujer decidió pasar el embarazo al lado de nuestro bebé. Efectivamente, el bebé podría acostumbrarse a su contacto, a su presencia, a ver atendidas de forma inmediata todas sus necesidades. Pero pasar por una extirpación e implantación de útero varias veces al día era demasiado incómodo. Es posible que estuviéramos malacostumbrando a nuestro hijo, pero decidimos asumir el riesgo.

Y nació nuestro hijo. Nos pusieron una cunita en el hospital, pero mi mujer decidió que el bebé dormiría con ella en su cama, pese a que solamente tenía unas horas. Sí, como supondrá, algunas personas nos decían que actuábamos mal, que estábamos malacostumbrando a nuestro hijo, pero decidimos que era mejor así.

Y más tarde, ya en casa, nos pareció muy buena idea seguir durmiendo juntos. Y así lo hicimos. Recuerdo la bonita escena de nuestro hijo al pecho de su mamá… y ambos durmiendo. Sí, quizá podíamos estar malacostumbrándolo, pero se nos hacía muy difícil y antinatural cualquier otra opción.

Llegó un momento en el que tres personas en el espacio de una cama de matrimonio hacía un poco complicado descansar bien, así que decidimos acoplar la cuna a la cama, construyendo una macrocama. Y ahí estuvimos durmiendo los tres durante casi tres años. Era la habitación de los tres, sin duda. Y estaba decorada (con un bonito paisaje creado por la abuela Pili) para ser no solamente la habitación de los papás, sino la habitación de los tres. Posiblemente esto sea un malacostumbramiento terrible, pero nos pareció adecuado hacerlo así.

A partir de los dos años y medio, nuestro hijo empezó a dar señales de que aquello de dormir con nosotros no iba a ser para siempre. Eran señales como decirle a su mamá, cuando le va a acompañar para dormir, «mamá, vete». O del tipo de ver una cama en otra habitación y querer quedarse. O de ir a un hotel y preguntar por su cama.

Y con un poquito más de tres años, una noche nos dijo que quería dormir en «la habitación pequeña». Era ya de noche, y no teníamos nada preparado (ni la cama ni, sobre todo, nuestro corazón), y le dijimos que «mañana lo preparamos». Y claro, lo preparamos. Y llegó la noche. Y pidió irse a «la habitación pequeña». Y no se crea usted que nos llamó primero cada cinco minutos, luego cada diez, etc. Nada. En toda la noche no lo oímos.

A la noche siguiente, cuando se iba a acostar, le preguntamos dónde quería dormir. Y volvió a querer «la habitación pequeña». Y durante varias noches le seguimos preguntando. Hasta que un día me dijo: «Papá: donde pone Dani. DA-NI» (unos días atrás había decidido poner allí las letras de su nombre). Y ya no le preguntamos más.

Ya no es «la habitación pequeña». Es la habitación de Dani. Aunque, desde luego, siempre tendrá nuestra habitación a su disposición. Siempre que él quiera, claro. Por ahora (y ya va casi medio año) no ha querido.

Y lo que le quiero plantear, Sr. Estivill, es por qué, habiéndolo malacostumbrado a conciencia, día tras día durante más de tres años, ahora se ha querido ir a otra habitación. ¿Por qué? ¿No se supone que le hemos creado una dependencia, que debería seguir queriendo dormir con nosotros durante mucho tiempo? ¡Con lo maravilloso que es disfrutar de su respiración, de su olor, de su calor!

Sr. Estivill, creo que le he pillado 🙂 Con la cara de bueno que usted tiene, no puede ser una mala persona. Usted ha difundido este método para que los niños no quieran irse nunca de la habitación de los padres, ¿verdad?

[*] Ya sabemos que el método no es originalmente suyo, pero no trata este post de desacreditar autorías.

Este post forma parte de una iniciativa en redes y medios sociales que pretende situar como trending topic el hashtag #DesmontandoaEstivill, como parte de la celebración el 29 de junio como el Día Mundial del Sueño Feliz. Mi intención no es ir contra la persona, sino contra el método. Lo considero una terrible forma de maltrato infantil.

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El año de la polca y el año de la pera

La polca es una danza popular que apareció en Bohemia en el año 1830. Desde ahí se fue extendiendo a otros países.

Actualmente se utiliza la expresión «el año de la polca» para indicar que algo es muy antiguo. Aunque hemos buscado más información sobre el tema, no la hemos encontrado, pero sí nos gustaría saber cuándo se empezó a utilizar esta expresión. Imaginamos que al ir pasando de moda esa danza.

El mismo sentido tiene «el año de la pera» (indicar que algo sucedió hace mucho tiempo). Hemos encontrado dos posibles orígenes, sugeridos por un usuario (aunque cita a María Moliner): 1) referirse a la época en la que se usaban «perillas» para encender/apagar la luz o 2) referirse a la época en la que los caballeros llevaban «perilla» en lugar de barba.

Para Miguel ;-*

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Cine, música, distribuidores y piratería

Comenzaré con algo completamente evidente: las profesiones se quedan obsoletas cuando dejan de aportar valor. El chófer de carruajes, tan necesario hace sólo un siglo, ya no existe. Lo mismo sucede con herreros o curtidores. Lo mismo va a suceder pronto con los carteros o con los libreros. Son profesiones que van a desaparecer tal como las conocemos. Desde luego, pueden (deben) orientar su carrera para ofrecer un servicio que aporte valor: el chófer de carruajes puede seguir dando servicio a turistas, por ejemplo.

La distribución de música y cine proporcionaba, hasta hace unos años, un servicio de gran valor: hacía que los usuarios finales pudiéramos disfrutar en nuestras casas de esas formas de cultura. Y la única forma de conseguirlo era acudir a las tiendas.

Ahora esto ha cambiado radicalmente: podemos acceder a películas desde nuestras casas. La distribución ha perdido sentido, ya que no aporta ningún valor extra. Por lo tanto, debe desaparecer o (mejor aún) renovarse.

Del mismo modo que antes los cines pagaban a la empresa que les transportaba enormes rollos de película y ahora pueden recibir la película en un formato de mayor calidad y directamente vía internet, también los usuarios finales dejamos de pagar al «transportista» y accedemos directamente a la película vía internet.

Así pues, parece claro que el distribuidor (al menos, tal como lo conocemos) debe dejar de participar en esta cadena, ya que no aporta valor. Pero, ¿qué pasa con los creadores? ¿Qué sucede con el artista que compone una canción o crea una película? ¿Debe cobrarse o debe dejarse acceso libre?

Antes de nada, no debemos olvidar que los artistas tienen otras fuentes de financiación, más allá de la venta de CDs o DVDs: conciertos, cines o merchandising, por ejemplo.

¿Por qué el creador querría que sus obras llegaran gratis al público?
Podría ser que al creador le convenga que el público pueda acceder gratis a sus obras: si mi música se distribuye gratuitamente, me conocerá más gente, y vendrá más gente a mis conciertos (y daré más conciertos).

Y el público, ¿por qué estaría dispuesto a pagar?
Creo que estaríamos dispuestos a pagar entre 2-3 euros por un estreno y 1 euro (o menos) por una película anterior. Básicamente, es un precio similar a un alquiler… pero el público general ve la mayoría de las películas solamente una vez.

También estaríamos dispuestos a pagar un canon por aquellos dvd’s que vamos a utilizar para grabar películas o música.

Quizá también podríamos pagar por packs que nos faciliten el trabajo. Si estoy viendo los premios Goya y me ofrecen bajarme todas las películas nominadas por unos 25 euros, seguramente lo aceptaría encantado. Si me puedo bajar todos los documentales sobre delfines, en lugar de tener que estar buscando en mil sitios, también estaría dispuesto a pagar.

¿Y la publicidad? Supongamos que las cadenas de televisión te permitieran bajarte sus series (hablo de bajar, no de tener que ver en sus páginas) incluyendo la publicidad. ¿Te importaría? Eso permitiría que las cadenas cobraran más a sus anunciantes (ya que no sólo se van a ver en una franja horaria y en un momento concreto).

Debemos entre todos seguir buscando una solución a este problema que, a mi entender, no pasa por criminalizar las descargas ni por cobrar un canon indiscriminado. Estoy seguro de que hay un lugar de consenso en el que todos (autores, público, quizá incluso distribuidores) encontraremos un bonito equilibrio.

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¿Preferimos República o Monarquía?

Es este un debate que surge de forma cíclica a lo largo de la historia (y, de hecho, se ha cambiado de un modelo a otro varias veces).

Voy a exponer aquí mis argumentos sobre este tema, siempre tan dado a las discusiones:

– la monarquía es un sistema injusto: injusto para el pueblo, porque coloca a la realeza en un nivel inalcanzable, rompiendo la base de que todos somos iguales; injusto también para la realeza, porque desde recién nacidos tienen decidido su destino (y dudo mucho que una persona educada desde el día cero de su existencia para desempeñar una función concreta pueda cambiar fácilmente).

– la monarquía es un sistema que coloca a un representante de todos en un nivel por encima de partidos políticos y por encima de diferencias.

– en las citas internacionales, el orden que marca el protocolo tiene relación con el tiempo que se lleva en el cargo. El Rey de España casi siempre irá por delante del Presidente de Estados Unidos (salvo cuando haya cambio de rey). Esto tiene un valor económico y de publicidad (que imagino que alguien habrá estimado).

– en general (percepción mía), un rey (salvo que sea la viva imagen de la corrupción) es mejor recibido en un país extranjero (en parte por los dos puntos anteriormente citados: lleva mucho tiempo en el cargo y, por lo tanto, es famoso; y está por encima de diferencias políticas) que el presidente de una república. Desde ese punto de vista, se puede considerar el dinero invertido en la monarquía como dinero invertido en publicidad.

– es una institución histórica; del mismo modo que dedicamos dinero a mantener monumentos históricos como castillos o catedrales, también dedicamos dinero a mantener esa institución. Desde ese punto de vista, se puede considerar el dinero invertido en la monarquía como dinero invertido en patrimonio histórico.

Y estos son los puntos que quería comentaros. Y vosotros, ¿qué opináis?

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El origen de la palabra «pesadilla»

Existe un trastorno del sueño que presenta, entre otros síntomas, una sensación de opresión en el pecho. Como podréis imaginar, rápidamente las creencias populares asociaron esa opresión con fenómenos extraños, avisos de desgracias cercanas o monstruos o fantasmas subidos sobre el pecho de la persona dormida.

La pesadilla, de John Henry Fuseli

La pesadilla, de John Henry Fuseli

Y sí, el origen de la palabra «pesadilla» tiene relación directa con esa opresión en el pecho.

Para Miguel ;-*

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El día de llevar los niños al trabajo

Vivimos en una sociedad que, en general, ha decidido no mirar hacia los niños. O, si los mira, lo hace considerándolos ciudadanos de segunda tercera clase. Por supuesto, nuestras necesidades (de trabajo e incluso de ocio) son más importantes que las suyas.

En España la baja por maternidad es de cuatro meses (la de paternidad es completamente ridícula: quince días). Esto significa que la madre de un bebé de cuatro meses (todavía en puerperio, todavía posiblemente con lactancia exclusiva) tiene que reorganizar toda su vida (y la de su hijo) para poder asistir al trabajo (intentando rendir como el que más, claro) y, ya en casa, poder compensar la ausencia a la que somete a su hijo.

Sé que este es un tema en el que confluyen muchos factores y que, tal como tenemos montada la sociedad, deja (todavía más) a la mujer en una situación de inferioridad con respecto al hombre. Las soluciones son múltiples y variadas: reducciones de jornada, implantación de teletrabajo y ¿por qué no? llevar a los niños al trabajo.

Pero lo que pretendo con este post es, simplemente, un primer paso hacia esa última propuesta: ¿qué os parecería si tuviéramos un día al año en el que se «pudiera» llevar los niños al trabajo? ¿Y si ese día pudiéramos trabajar casi (o igual, o mejor) que cualquier otro día?

Quizá podría ser el primer paso hacia un futuro más bonito. ¿Os animáis?

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El bar con los clientes en un país y el barman en otro

Hace unos días descubrí un maravilloso blog, Fronteras, dedicado a curiosidades geográficas. Y allí me enteré de la siguiente:

A unos cuarenta kilómetros al norte de Ginebra, nos encontramos con un bar que es atravesado por la frontera francosuiza. En concreto, la frontera coincide con la barra del bar. Y claro, tenemos a los clientes en Francia y al barman en Suiza.

Y por si fuera poca curiosidad la de estar en diferentes países, todavía se acrecienta cuando nos damos cuenta de que cada país tiene su moneda (euro en Francia, franco en Suiza).

Lógicamente, admiten ambas monedas, aunque los precios legalmente deben estar en francos. Así que, si cobran en euros, hacen la conversión a francos.

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Lo veis normal, ¿verdad?

Esta es una historia ficticia. Pero vosotros me diréis si podría ser real:

Mi primo Leandro ha dedicado toda su vida a la música tradicional gallega y se dedica profesionalmente a dar cursos sobre ese tema. Leandro es muy valorado en el mundillo, y gracias a eso viene a visitarnos a menudo a Madrid, donde es reclamado habitualmente.

Siempre que viene, se aloja en nuestra casa, lógicamente, a pesar de que le dan cien euros al día en concepto de alojamiento y comidas. Lo veis normal, ¿verdad?

La última vez que vino dejó el coche aparcado en un lugar donde ahora está prohibido el estacionamiento. Afortunadamente, el responsable de multas es muy amigo nuestro (jugamos un par de veces a la semana al paddle) y, como tenía su teléfono, lo llamé para comentarle que Leandro (se conocen, ya que este amigo es muy aficionado a la música también) había dejado el coche mal estacionado por error. Quedamos para cenar los tres, y nos dijo que no nos preocupáramos, que él haría la gestión necesaria. Lo veis normal, ¿verdad?

Durante la cena, Leandro nos contó que se ha comprado otro piso, que piensa alquilar un par de meses al año. Y con eso poder pagarse algún que otro caprichito y mantener el piso en condiciones. Como es tan poca cosa, no va a declarar ese alquiler. Si lo declara, ya casi ni le compensa alquilarlo. Lo veis normal, ¿verdad?

Cuando ya estábamos con el postre, alguien puso la tele. Y vimos que un político de Valencia, que tiene piso en Madrid, estaba recibiendo pagos en concepto de hotel por cada vez que tenía que venir a Madrid. Y que otro político, andaluz, consiguió librarse de una multa que le habían puesto, gracias a sus influencias. Y que un tercer político, esta vez gallego, dejó de declarar una importante cantidad de ingresos.

Y nos pareció indignante el nivel de corrupción de la clase política española. Lo veis normal, ¿verdad?

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Podéis pasar a pedir disculpas

Me dirijo a vosotros, a esos que nos decíais que, si un niño duerme con sus padres, después no va a querer dormir nunca solo. Aprovechasteis el puerperio para decirnos eso, pero acertamos no haciéndoos caso. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Me dirijo también a los que decíais que si un niño juega siempre con sus papás, después no va a saber nunca jugar solo o no va a saber jugar con otros niños. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Y también me dirijo a los que decíais que si a un niño se le ofrece siempre la teta, va a estar colgado de ella siempre. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Ya que estamos, me quiero dirigir también a los que decíais que llevar a un bebé colgado de un fular o de una mochila era perjudicial para él. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Quiero recordar también a los que nos decíais que si un niño no bebe agua y solamente toma teta, se deshidratará. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Lo dicho, cuando queráis. Pero, por favor, no todos juntos.

Y, lo más importante, no volváis a decir esos ¿razonamientos? a ninguna madre más. Por favor.

Quiero aclarar una cosa final: por supuesto, no escribo esto a modo de venganza, porque esto no era ninguna competición. Lo escribo sobre todo por lo que apunto en mi anterior párrafo: dejad que cada papá y mamá críen a sus hijos. Sin juzgarlos. Sin presionarlos. Sin intentar ponerlos en una duda constante sólo por atreverse a pensar por sí mismos, o por tener la suficiente humildad como para consultar en libros lo que muchos dan por sabido.

Si esto sirve para que un solo papá o mamá, en su lucha contra el a veces hostil entorno de los primeros meses de vida de su hijo, se sienta más apoyado, me doy por enormemente satisfecho y feliz.

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