Desnudo de mujer, de Aurelia Navarro

Aurelia Navarro era una pintora de veintiséis años cuando se atrevió a participar, con un desnudo femenino, en la Exposición Nacional de 1908. Y decimos que «se atrevió» porque nunca hasta entonces -que sepamos- una pintora se había atrevido a representar un desnudo femenino, reservado hasta entonces solamente a los pintores (varones). Según la historiadora Jiménez-Blanco, se consideraba que una mujer no estaba preparada para confrontar un cuerpo desnudo. La reacción a esta obra -seguramente, también según la Jiménez-Blanco, por fanatismos religiosos e intransigencias provincianas– acabó provocando la retirada de la artista, que acabó en Roma, en la orden religiosa de las Adoratrices.

Realmente no podemos saber qué provocó aquello, puesto que la obra fue muy elogiada por la crítica y por la prensa, pero sí sabemos que tras esa Exposición nuestra pintora prácticamente desapareció. Se contempla, como causa, la presión familiar.

Es una obra que nos recuerda inmediatamente a la Venus del espejo de Velázquez.

Desnudo de mujer, de Aurelia Navarro

No olvidemos que ellas (como pintoras, sí como modelos) no tenían acceso a talleres de pintura en donde una modelo posaba. Así que hay quien apunta a que realmente se trata de un autorretrato. Aquí os incluyo, para comparar, un autorretrato «oficial»:

Descubrí a Navarro en uno de los maravillosos directos con los que nos obsequia el Museo del Prado; en concreto, con el protagonizado por Gemma García Torres, responsable de la colección de marcos del museo.

Feminista y nigeriano

Como supongo que muchos sabréis, en España (no solamente en España, pero hablo de lo que conozco) ha existido desde siempre la tradición de hacer fiestas con animales: cabras, pavos, gallinas, toros; sobre todo, toros. Y no solamente en el formato corrida de toros, también en los llamados encierros (en donde un toro o un grupo de toros se suelta por las calles, en una ruta que generalmente acaba en una plaza de toros). No es popular o tradicional en toda España, sino que hay zonas en donde no existe la tradición y zonas en las que está completamente arraigada.

Estamos en una época en la que, por suerte, se está comprendiendo que hacer una fiesta de la muerte y del dolor quizá no esté bien; pero también estamos en una época en la que, por desgracia, muchos valores y derechos en los que se ha avanzado están siendo cuestionados por un sector de la población.

Y, según leo, han confluido los factores negativos en una corrida de toros: la propia corrida de toros, el racismo (con un toro llamado nigeriano) y el machismo (con un toro llamado feminista).

No sé si pretendíais hacer una gracia pero, desde luego, os habéis retratado.

El piropo

El escenario lo conocemos bien: alguien (generalmente un hombre) ve a una persona (generalmente una mujer) y se ve con todo el derecho del mundo a opinar sobre su cuerpo, sobre si su vestido deja mucho a la vista o a la imaginación, sobre si sus ojos son de este u otro color, sobre su pelo, sobre sus deseos.

Y lo conocemos bien porque está más que normalizado: si nadie te pide tu opinión, quizá no sea necesario darla. Si una mujer quiere ir vestida como le dé la gana –no hay vestidos indecentes, hay miradas indecentes-, subir una foto a instagram como le place o poner de foto de perfil la que más le gusta, no tiene por qué recibir la opinión de ningún baboso. Las mujeres -su cuerpo, sus deseos- no son un territorio que debamos conquistar (cuántas veces se ha usado esa palabra). Es muy corto el camino entre la justificación de un piropo y la justificación de cosas peores. Y hoy, más que nunca, debemos estar alertas. Como hombres, debemos replantearnos esos derechos que creíamos tener si queremos una sociedad mejor.

El piropo, de Xavier Miserachs

Os recomiendo este hilo de @Pombeitor, en donde lo desarrolla mucho mejor que yo.

Somos racistas

Hemos visto todos la escena. Si no la habéis visto (y queréis hacerlo) no os costará esfuerzo alguno encontrarla en las redes. En la BBC entrevistaban al experto en relaciones internacionales y profesor universitario Robert Kelly. En un momento de la entrevista entra un pequeño corriendo y, tras él, una mujer con rasgos orientales. E inmediatamente -viva nuestro racismo- interpretamos que es su asistenta/sirvienta.

Pues no: es su esposa. Pero todas las personas a las que he preguntado (me incluyo) asumimos que era parte del personal de servicio por ser oriental.

Qué poco nos cuesta ser racistas (o machistas), debido a que vivimos en una sociedad que lo es, nos guste o no. Debemos estar muy atentos para no caer en los micro (o macro) racismos y machismos.

Sobre la violencia machista (me dirijo, hombre, a ti)

Así como en otras situaciones polémicas suelo sentir la conveniencia (¿necesidad?) de dar mi opinión, con este terrible asunto de La Manada percibo todo lo contrario. Resumiendo, siento que no tengo nada que aportar al debate. Pero ahora, días después de la sentencia, me parece adecuado dirigirme a los hombres que me leéis (por supuesto, si eres mujer, tu opinión también será más que bienvenida).

Me gustaría saber cómo os sentís, si el desasosiego y tristeza que tengo por dentro son solamente cosa mía, o si es compartido. Si nos hemos dado cuenta por fin de que las historias de acoso/abuso/agresión sobre las mujeres no son casos aislados, sino que son la norma sin excepción.

En concreto, me gustaría saber qué sucedería si me dirijo a ti, hombre, en privado (sin testigos, cámaras ni facebooks de por medio) diciéndote que no fue para tanto, que realmente las protestas de estos días son algo artificial, que las mujeres corren peligro en las calles, pero que nosotros también; diciéndote, en definitiva, que son unas exageradas, que se inventan muchas cosas, que sus reclamaciones son injustas, ¿qué sucedería? ¿Me darías la razón, o rebatirías mi discurso? No lo tengo claro. Y una segunda pregunta: ¿conoces a algún hombre al que le pudieras plantear esos argumentos y por cuya respuesta pondrías la mano en el fuego?

¿Has visto, estás siguiendo la estremecedora campaña #cuentalo en donde mujeres de ayer y de hoy nos cuentan los abusos que han sufrido en su vida, solamente por ser mujeres? Son unos testimonios absolutamente desgarradores y contarlos muestra una valentía infinita. Tengo la certeza de que esto, otra vez, nos lo van a solucionar ellas. Y encima lo van a solucionar sin violencia. ¿Sabéis por qué? Porque ellas sí son capaces de vernos a nosotros como personas. Aunque a veces no lo parezcamos.

Feliz 8 de Marzo

Entiendo -no podía ser de otra manera- la motivación y el objetivo de esta huelga #YoParo del 8 de marzo, pero me da muchísima pena ver un hecho tan lleno de amor y tan sagrado como son los cuidados reducidos a un «trabajo». ¿Es esta la única manera que se nos ocurre para que veamos su necesidad? Es como si estuviéramos incluyendo los cuidados* como un elemento más de este capitalismo/patriarcado que tan interesados estamos en renovar. Y buscamos defenderlos como ese sistema nos ha enseñado: negándolos, pensando que es la única forma de que se vea su importancia.

Lo veo como si estableciéramos algo así como una «huelga de amor». Un sinsentido, vaya.

Dicho todo ello, ojalá sea un absoluto éxito, consiguiendo que todos pasemos a valorar la gran importancia de los cuidados. Que todos colaboraremos cuidando. Y, por supuesto, que cuidemos a las/los que cuidan.

Feliz 8 de Marzo. Tenemos mucho por lo que trabajar.

* Por desgracia, los cuidados sí son -o sí quieren que sean- parte del sistema, pero deberíamos ser capaces de mantenerlos al margen.