Somos racistas

Hemos visto todos la escena. Si no la habéis visto (y queréis hacerlo) no os costará esfuerzo alguno encontrarla en las redes. En la BBC entrevistaban al experto en relaciones internacionales y profesor universitario Robert Kelly. En un momento de la entrevista entra un pequeño corriendo y, tras él, una mujer con rasgos orientales. E inmediatamente -viva nuestro racismo- interpretamos que es su asistenta/sirvienta.

Pues no: es su esposa. Pero todas las personas a las que he preguntado (me incluyo) asumimos que era parte del personal de servicio por ser oriental.

Qué poco nos cuesta ser racistas (o machistas), debido a que vivimos en una sociedad que lo es, nos guste o no. Debemos estar muy atentos para no caer en los micro (o macro) racismos y machismos.

El regalo de la diversidad

En los últimos días se ha manifestado el racismo que existe en muchos españoles. Me duele decir que tenemos muchísimo que cambiar, que reeducar y que mejorar en este campo. Y me duele porque España, que es a su vez una preciosa mezcla de razas y culturas, ha sido desde hace más de un siglo país de inmigrantes, a América primero (gracias, Argentina; gracias, México; gracias, Venezuela; gracias a los demás), a Europa después (gracias, Suiza; gracias, Alemania; gracias, Francia).

¿De verdad nos cuesta ver la riqueza que es el regalo de estar en contacto con muchas culturas?

Rubios, gordos y rumanos

«Unos rubios vendieron a sus hijas por dinero, alcohol, dos ovejas y un cerdo».
«Unos gordos vendieron a sus hijas por dinero, alcohol, dos ovejas y un cerdo».

Si esas dos expresiones nos resultan extrañas (porque «rubios» y «gordos» no aportan nada), ¿por qué la siguiente no nos choca?

«Unos rumanos vendieron a sus hijas por dinero, alcohol, dos ovejas y un cerdo».