¿Por qué al gol directo de córner se le llama gol olímpico?

Tenemos que viajar casi un siglo hacia atrás en el tiempo, imbuirnos de ironía y buen humor argentinos, y de la rivalidad con sus vecinos uruguayos.

Uruguay, campeón olímpico en los Juegos de París 1924, disputaba un partido contra la selección argentina en Buenos Aires. En el minuto 15 de partido el argentino Onzari lo hizo: gol directo desde el córner. Y como era contra los todopoderosos campeones olímpicos, no costó mucho identificarlo como tal. Aquel gol marcado «como Onzari a los olímpicos» pasó pronto a ser conocido como «gol olímpico».

Y os dejo con el gol olímpico de moda cuando escribo este post. La pillería y habilidad de Toni Kroos al servicio del fútbol.

El regalo de la diversidad

En los últimos días se ha manifestado el racismo que existe en muchos españoles. Me duele decir que tenemos muchísimo que cambiar, que reeducar y que mejorar en este campo. Y me duele porque España, que es a su vez una preciosa mezcla de razas y culturas, ha sido desde hace más de un siglo país de inmigrantes, a América primero (gracias, Argentina; gracias, México; gracias, Venezuela; gracias a los demás), a Europa después (gracias, Suiza; gracias, Alemania; gracias, Francia).

¿De verdad nos cuesta ver la riqueza que es el regalo de estar en contacto con muchas culturas?

¿Fue gol?

No es la primera vez que pasa algo parecido en una tanda de penalties: el delantero tira, el portero (o el poste) para el balón… y, por un raro efecto, el balón, tras alejarse de la portería, vuelve a ella mansamente. Sólo es válido si nadie (además del portero) ha vuelto a tocar el balón tras el disparo. Así que, vosotros mismos, juzgad si este primer penalti de la tanda de penalties de la semifinal del Mundial fue o no fue gol:

El penalti 🙂

La carta de la prima emigrante

Como sabéis, los gallegos nos hemos tenido que ganar la vida recorriendo el mundo en busca de un trabajo que nos permitiera ganar dinero para subsistir. Se suele decir que el gallego no protesta, emigra. Por lo tanto, como buen gallego, tengo familia en muchos países; principalmente en Venezuela y Argentina. En general, a todos mis familiares emigrantes les ha ido realmente bien (porque se lo han ganado, debo decir). Bueno, no a todos. A casi todos. A aquella prima, no. No tuvo tanta suerte.

Ella nos escribía cartas, contándonos sus desgracias. Mi tía Sedes las leía, sentada en la mesa de la cocina, entonando perfectamente cada palabra, con su característica voz. Mi abuela las escuchaba con toda la atención, mientras en su precioso rostro y en sus grandes ojos se dibujaba la tristeza por los despidos, las enfermedades, los accidentes, la pobreza y toda aquella sucesión de desgracias que nos contaba la prima en sus cartas.

Hasta que un día pasó algo inesperado, que hizo cambiar el rostro de mi abuela y la entonación de mi tía. De forma completamente sorpresiva, de los labios de tía Sedes escuchamos la siguiente frase:

«… la niña tuvo una alegría …»

En la mesa se escucharon todo tipo que comentarios (breves, porque ansiábamos saber qué había pasado). Y seguimos escuchando la carta, que continuaba con su habitual rosario de tragedias. Y la carta terminó. Y nos quedamos sin saber cuál era la alegría que había tenido la niña (y hay que decir que un poco decepcionados, porque no era justo que, tras haber estado escuchando durante años una retahíla infinita de desgracias, ahora nos quedáramos sin saber qué había pasado).

Hasta que a mi tía se le ocurrió releer la carta. Y ahí se dio cuenta de su error. Volvió a leer la frase. Y, de repente, todo volvió a la normalidad:

«… la niña tuvo una alergia …»