El hábito sí hace al monje

Adam Galinsky, de la Kellogg School of Management en la Northwestern University, llevó a cabo el siguiente experimento. Dividió a los estudiantes en dos grupos: a unos les puso una bata de médico; a otros una bata de pintor. Y les pidió que realizaran diversas actividades intelectuales.

Sorprendentemente (o no), los “médicos” realizaron las tareas mucho mejor que los “pintores”.

Y sorprendentemente (o no), las batas eran iguales en un caso que en otro 🙂

Liu Xiang y el espíritu indoblegable

Una de las historias más bonitas que nos han regalado los Juegos Olímpicos de Londres es la del corredor de vallas Liu Xiang. Tras conseguir el oro en 110 metros vallas en los Juegos de Atenas, no pudo participar en los de Pekín por lesión. Así que acudió a Londres con el doble de ilusión y esfuerzo, si es que eso es posible.

Pero la mala suerte volvió a cebarse en el corredor y se lesionó, en el mismo pie lesionado anteriormente, al saltar la primera valla. Así que, cuando se pudo levantar, se dirigió hacia el túnel, rechazando la silla de ruedas. Pero, con un espíritu indoblegable, decidió volver. Decidió recorrer los 110 metros a la pata coja (por fuera de las vallas, obviamente) y, en la última valla, tuvo el bonito gesto de acercarse a besarla. Os invito a que le echéis un vistazo. A mí me ha encantado.

La gran-gran-Madre

Hoy os voy a hablar de Uba, mi abuela política. Ni ella se considera especial, ni quizá lo sea (aunque yo -no solamente yo- creo que sí lo es). Os podría contar mil cosas de ella, pero hoy quiero poner el acento en su capacidad de nutrir y de criar.

Tenéis que ubicaros en la España de finales de la posguerra, y ahí encontraréis a Uba criando a sus hijas. Nada especialmente reseñable, por ahora. Pero si avanzamos unos veinte-treinta años en el tiempo, encontraremos a Uba cuidando a sus nietos. Y si avanzamos otros quince-veinte años, la veremos cuidando de su madre. Estamos ante una mujer que ha cuidado a tres generaciones (cuatro, si contamos el cuidado de su marido; cinco, si contamos la atención que presta a sus bisnietos).

Mujeres como ella, capaces de nutrir a tres (o cuatro, o cinco) generaciones, son las que consiguen tejer la urdimbre de este mundo. Creo que toda la Humanidad está en deuda con estas mujeres que, sin poder acceder a un trabajo en las mismas condiciones que los hombres, sin poder participar en las elecciones de sus países, sin poder estudiar carreras, siendo maltratadas en muchos casos, han mantenido los lazos invisibles que hacen que este mundo todavía merezca la pena.

Ahora mismo Uba está recuperándose de una operación e, independientemente de su salud, las personas que conforman esas cinco generaciones siguen ocupando su mente. Porque ella sigue nutriendo a todos, incluso desde su cama en el hospital.

Mi hijo tiene una maravillosa bisabuela, una gran-gran-Madre que sigue sonriendo cada vez que le llevamos las ocurrencias, los juguetes y los besos que él nos da para ella, para la bisa Uba.

Para Uba, y para los miembros de esas cinco generaciones a quienes tanto quiero.

Nike, Maratón y los Juegos Olímpicos

La batalla de Maratón enfrentó a persas y atenienses en el año 490 a.C. Las mujeres atenienses habían planeado matar a sus hijos y suicidarse si no recibían noticias de la victoria de los suyos, para no convertirse -suponemos- en esclavas de los persas. Vencieron los atenienses, pero tardaron más de lo esperado, así que el general Milcíades el Joven decidió enviar a Filípides a comunicar la noticia de la victoria. Filípides, tras un día completo de dura batalla, usó lo que quedaba de sus fuerzas para recorrer la distancia que separa la llanura de Maratón de la ciudad de Atenas. Llegó, pero al borde de la muerte, y solamente pudo pronunciar una palabra: νίκη (pronunciado [ni’ke]) antes de fallecer. Nike significa, pues, victoria. Y la pronunciación más cercana a la realidad es “Niké”, mejor que “Naik” o “Naiki”.

Pintura de Filípides llegando a Atenas, por Luc-Olivier Merson (1869)

La distancia que recorrió el gran Filípides es de aproximadamente 42 kilómetros (algo menos) así que se creó una competición al efecto (desconozco cuándo) y en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna (1896), se incluyó esta prueba. Poco tiempo después, en los Juegos Olímpicos de Londres (1908) se alargó un poco la distancia para que la meta estuviera justo frente al palco de autoridades (se dice que porque llovía y para que los reyes no se mojaran). Y la distancia quedó establecida en lo que ahora conocemos: 42 kilómetros, 195 metros. Es una de las pruebas reinas de los Juegos Olímpicos y son multitud los maratones que se celebran en el mundo cada año.

Como de costumbre, la realidad supera a la ficción. El bueno de Filípides no recorrió los apenas 40 kilómetros que separan Maratón de Atenas para comunicar una victoria, sino los 240 kilómetros que separan Atenas de Esparta, para pedir refuerzos. Pero ir a pedir refuerzos suena menos glorioso que ir a comunicar una victoria, así que el bueno de Filípides ha pasado a la historia por una hazaña que no realizó y que le hubiera costado bastante menos que lo que hizo en realidad.

El cementerio de Staglieno

Cuando se mencionan los cementerios más bellos, pocas veces se recuerda el de Staglieno, en Génova. Sus jardines fueron diseñados por el arquitecto genovés Carlo Barabino y entre sus bellas esculturas hay obras de Leonardo Bistolfi, Giulio Monteverde y Edoardo Alfieri.

Escultura en el cementerio de Staglieno, Génova, por Twice25 & Rinina25

Las primeras noticias sobre este cementerio llegaron a nuestra familia, hace ya mucho tiempo, en forma de postales que un enamorado de mi tía Carmiña le enviaba. Debo decir que no era extraño que este viajero estuviera enamorado de mi tía: era muy guapa, aún más inteligente que guapa, y aún más buena que inteligente.

Hoy era su cumpleaños, así que este post va por ella. Te envío el beso que no te pude dar :* Que sepas que hoy en Moaña el cielo ha estado todo el día llorando.

Seis consejos sencillos para salir de la crisis

  1. Haz tu trabajo lo mejor posible.
    Da igual cuál sea tu trabajo, intenta hacerlo perfectamente. Sé el mejor del mundo. Si no tienes trabajo, y quieres tenerlo, esto es igualmente aplicable: sé el mejor del mundo realizando el trabajo que pretendes.
  2. Ama la empresa a la que perteneces (si perteneces a alguna).
    Es importante que seas consciente de que tú eres parte de la empresa y que su bien es el tuyo. Este punto es válido si la empresa se lo merece. Si ha decidido contratarte, seguramente es una buena empresa.
  3. Adáptate.
    Esto vale a nivel individual: quizá tu empresa haya tenido que despedir a otra persona y tú tendrás que hacer (además del tuyo) su trabajo. O quizá te hayan despedido a ti y tienes que montar tu propio negocio. Vale también a nivel colectivo: quizá tu empresa se tiene que reinventar y sacar al mercado productos o servicios que no entraban en el plan inicial.
  4. Innova. Inventa.
    Esto es clave; nunca pienses que ya has llegado a la excelencia. Sigue mejorando. Investiga nuevos caminos. Crea.
  5. El grupo es más importante que el individuo.
    Si el grupo (departamento, empresa) al que perteneces funciona bien, será bueno para todos los componentes del grupo. Incluso aunque algún miembro salga aparentemente perjudicado con las decisiones. Esto es cierto incluso aunque seas tú el perjudicado. Esto es especialmente cierto si tú eres el jefe.
  6. Diviértete.
    Este es el punto más importante de todos. Disfruta, pásatelo bien en tu trabajo. Yo suelo decir que mi trabajo es mucho más divertido que el tiempo libre de muchas personas. Y sí, mi tiempo libre es aún más divertido que mi trabajo.

Como sabéis, estos días se ha criticado intensamente (en España) toda la atención que ha concitado la selección española de fútbol. Que yo haya disfrutado con la selección no me convierte en un insensible, y no significa que no me importe la crisis, que no me importe el incendio de Valencia o que no me importen las masacres de Siria; del mismo modo que alegrarte por un hecho trivial no implica que no te importe que miles de personas mueran de hambre cada día.

Sin embargo, como digo, se han vertido intensas y numerosas críticas estos días. Por mi parte, debo decir que estos puntos que menciono aquí los he aprendido viendo jugar a los nuestros. ;-). Gracias por enseñarnos a salir de la crisis, cracks!.

Señor Estivill, creo que le he pillado

Estimado Señor Estivill:

Soy el feliz padre de un -espero- feliz hijo de tres años y medio. Quiero plantearle la siguiente situación, buscando alguna explicación a lo que nos sucede.

Debo decir, en honor a la verdad, que todo mi conocimiento de su método [*] viene de conversaciones, documentales, artículos y fragmentos leídos. No he leído su libro, así que, si estoy equivocado con respecto a lo que creo de su método, será bienvenida su aclaración.

Hace ya unos años, cuando ser padre aún lo veía lejano, unos buenos amigos nos hablaron de su método. Y me pareció completamente razonable y efectivo; una forma rápida de acostumbrar al niño, de evitarle sufrimientos futuros y de ayudarle a dormir solo.

Pasó el tiempo y entramos en esa bonita época en la que lo de ser padre ya no se ve tan lejano. Y otros buenos amigos nos hablaron de otro tipo de crianza. Tras escuchar atentamente, recuerdo que sólo puse una pega: “todo eso me parece estupendo, realmente estupendo. Pero ¿eso de dormir con el niño? No lo veo demasiado bien”. Pero claro, me preguntaron que por qué. Y no encontré ningún argumento válido. Seguimos leyendo, seguimos pensando, y pronto el colecho nos pareció la opción más natural y amorosa de todas las posibles.

Y nos quedamos embarazados. Mi mujer decidió pasar el embarazo al lado de nuestro bebé. Efectivamente, el bebé podría acostumbrarse a su contacto, a su presencia, a ver atendidas de forma inmediata todas sus necesidades. Pero pasar por una extirpación e implantación de útero varias veces al día era demasiado incómodo. Es posible que estuviéramos malacostumbrando a nuestro hijo, pero decidimos asumir el riesgo.

Y nació nuestro hijo. Nos pusieron una cunita en el hospital, pero mi mujer decidió que el bebé dormiría con ella en su cama, pese a que solamente tenía unas horas. Sí, como supondrá, algunas personas nos decían que actuábamos mal, que estábamos malacostumbrando a nuestro hijo, pero decidimos que era mejor así.

Y más tarde, ya en casa, nos pareció muy buena idea seguir durmiendo juntos. Y así lo hicimos. Recuerdo la bonita escena de nuestro hijo al pecho de su mamá… y ambos durmiendo. Sí, quizá podíamos estar malacostumbrándolo, pero se nos hacía muy difícil y antinatural cualquier otra opción.

Llegó un momento en el que tres personas en el espacio de una cama de matrimonio hacía un poco complicado descansar bien, así que decidimos acoplar la cuna a la cama, construyendo una macrocama. Y ahí estuvimos durmiendo los tres durante casi tres años. Era la habitación de los tres, sin duda. Y estaba decorada (con un bonito paisaje creado por la abuela Pili) para ser no solamente la habitación de los papás, sino la habitación de los tres. Posiblemente esto sea un malacostumbramiento terrible, pero nos pareció adecuado hacerlo así.

A partir de los dos años y medio, nuestro hijo empezó a dar señales de que aquello de dormir con nosotros no iba a ser para siempre. Eran señales como decirle a su mamá, cuando le va a acompañar para dormir, “mamá, vete”. O del tipo de ver una cama en otra habitación y querer quedarse. O de ir a un hotel y preguntar por su cama.

Y con un poquito más de tres años, una noche nos dijo que quería dormir en “la habitación pequeña”. Era ya de noche, y no teníamos nada preparado (ni la cama ni, sobre todo, nuestro corazón), y le dijimos que “mañana lo preparamos”. Y claro, lo preparamos. Y llegó la noche. Y pidió irse a “la habitación pequeña”. Y no se crea usted que nos llamó primero cada cinco minutos, luego cada diez, etc. Nada. En toda la noche no lo oímos.

A la noche siguiente, cuando se iba a acostar, le preguntamos dónde quería dormir. Y volvió a querer “la habitación pequeña”. Y durante varias noches le seguimos preguntando. Hasta que un día me dijo: “Papá: donde pone Dani. DA-NI” (unos días atrás había decidido poner allí las letras de su nombre). Y ya no le preguntamos más.

Ya no es “la habitación pequeña”. Es la habitación de Dani. Aunque, desde luego, siempre tendrá nuestra habitación a su disposición. Siempre que él quiera, claro. Por ahora (y ya va casi medio año) no ha querido.

Y lo que le quiero plantear, Sr. Estivill, es por qué, habiéndolo malacostumbrado a conciencia, día tras día durante más de tres años, ahora se ha querido ir a otra habitación. ¿Por qué? ¿No se supone que le hemos creado una dependencia, que debería seguir queriendo dormir con nosotros durante mucho tiempo? ¡Con lo maravilloso que es disfrutar de su respiración, de su olor, de su calor!

Sr. Estivill, creo que le he pillado 🙂 Con la cara de bueno que usted tiene, no puede ser una mala persona. Usted ha difundido este método para que los niños no quieran irse nunca de la habitación de los padres, ¿verdad?

[*] Ya sabemos que el método no es originalmente suyo, pero no trata este post de desacreditar autorías.

Este post forma parte de una iniciativa en redes y medios sociales que pretende situar como trending topic el hashtag #DesmontandoaEstivill, como parte de la celebración el 29 de junio como el Día Mundial del Sueño Feliz. Mi intención no es ir contra la persona, sino contra el método. Lo considero una terrible forma de maltrato infantil.

El año de la polca y el año de la pera

La polca es una danza popular que apareció en Bohemia en el año 1830. Desde ahí se fue extendiendo a otros países.

Actualmente se utiliza la expresión “el año de la polca” para indicar que algo es muy antiguo. Aunque hemos buscado más información sobre el tema, no la hemos encontrado, pero sí nos gustaría saber cuándo se empezó a utilizar esta expresión. Imaginamos que al ir pasando de moda esa danza.

El mismo sentido tiene “el año de la pera” (indicar que algo sucedió hace mucho tiempo). Hemos encontrado dos posibles orígenes, sugeridos por un usuario (aunque cita a María Moliner): 1) referirse a la época en la que se usaban “perillas” para encender/apagar la luz o 2) referirse a la época en la que los caballeros llevaban “perilla” en lugar de barba.

Para Miguel ;-*

Cine, música, distribuidores y piratería

Comenzaré con algo completamente evidente: las profesiones se quedan obsoletas cuando dejan de aportar valor. El chófer de carruajes, tan necesario hace sólo un siglo, ya no existe. Lo mismo sucede con herreros o curtidores. Lo mismo va a suceder pronto con los carteros o con los libreros. Son profesiones que van a desaparecer tal como las conocemos. Desde luego, pueden (deben) orientar su carrera para ofrecer un servicio que aporte valor: el chófer de carruajes puede seguir dando servicio a turistas, por ejemplo.

La distribución de música y cine proporcionaba, hasta hace unos años, un servicio de gran valor: hacía que los usuarios finales pudiéramos disfrutar en nuestras casas de esas formas de cultura. Y la única forma de conseguirlo era acudir a las tiendas.

Ahora esto ha cambiado radicalmente: podemos acceder a películas desde nuestras casas. La distribución ha perdido sentido, ya que no aporta ningún valor extra. Por lo tanto, debe desaparecer o (mejor aún) renovarse.

Del mismo modo que antes los cines pagaban a la empresa que les transportaba enormes rollos de película y ahora pueden recibir la película en un formato de mayor calidad y directamente vía internet, también los usuarios finales dejamos de pagar al “transportista” y accedemos directamente a la película vía internet.

Así pues, parece claro que el distribuidor (al menos, tal como lo conocemos) debe dejar de participar en esta cadena, ya que no aporta valor. Pero, ¿qué pasa con los creadores? ¿Qué sucede con el artista que compone una canción o crea una película? ¿Debe cobrarse o debe dejarse acceso libre?

Antes de nada, no debemos olvidar que los artistas tienen otras fuentes de financiación, más allá de la venta de CDs o DVDs: conciertos, cines o merchandising, por ejemplo.

¿Por qué el creador querría que sus obras llegaran gratis al público?
Podría ser que al creador le convenga que el público pueda acceder gratis a sus obras: si mi música se distribuye gratuitamente, me conocerá más gente, y vendrá más gente a mis conciertos (y daré más conciertos).

Y el público, ¿por qué estaría dispuesto a pagar?
Creo que estaríamos dispuestos a pagar entre 2-3 euros por un estreno y 1 euro (o menos) por una película anterior. Básicamente, es un precio similar a un alquiler… pero el público general ve la mayoría de las películas solamente una vez.

También estaríamos dispuestos a pagar un canon por aquellos dvd’s que vamos a utilizar para grabar películas o música.

Quizá también podríamos pagar por packs que nos faciliten el trabajo. Si estoy viendo los premios Goya y me ofrecen bajarme todas las películas nominadas por unos 25 euros, seguramente lo aceptaría encantado. Si me puedo bajar todos los documentales sobre delfines, en lugar de tener que estar buscando en mil sitios, también estaría dispuesto a pagar.

¿Y la publicidad? Supongamos que las cadenas de televisión te permitieran bajarte sus series (hablo de bajar, no de tener que ver en sus páginas) incluyendo la publicidad. ¿Te importaría? Eso permitiría que las cadenas cobraran más a sus anunciantes (ya que no sólo se van a ver en una franja horaria y en un momento concreto).

Debemos entre todos seguir buscando una solución a este problema que, a mi entender, no pasa por criminalizar las descargas ni por cobrar un canon indiscriminado. Estoy seguro de que hay un lugar de consenso en el que todos (autores, público, quizá incluso distribuidores) encontraremos un bonito equilibrio.

¿Preferimos República o Monarquía?

Es este un debate que surge de forma cíclica a lo largo de la historia (y, de hecho, se ha cambiado de un modelo a otro varias veces).

Voy a exponer aquí mis argumentos sobre este tema, siempre tan dado a las discusiones:

– la monarquía es un sistema injusto: injusto para el pueblo, porque coloca a la realeza en un nivel inalcanzable, rompiendo la base de que todos somos iguales; injusto también para la realeza, porque desde recién nacidos tienen decidido su destino (y dudo mucho que una persona educada desde el día cero de su existencia para desempeñar una función concreta pueda cambiar fácilmente).

– la monarquía es un sistema que coloca a un representante de todos en un nivel por encima de partidos políticos y por encima de diferencias.

– en las citas internacionales, el orden que marca el protocolo tiene relación con el tiempo que se lleva en el cargo. El Rey de España casi siempre irá por delante del Presidente de Estados Unidos (salvo cuando haya cambio de rey). Esto tiene un valor económico y de publicidad (que imagino que alguien habrá estimado).

– en general (percepción mía), un rey (salvo que sea la viva imagen de la corrupción) es mejor recibido en un país extranjero (en parte por los dos puntos anteriormente citados: lleva mucho tiempo en el cargo y, por lo tanto, es famoso; y está por encima de diferencias políticas) que el presidente de una república. Desde ese punto de vista, se puede considerar el dinero invertido en la monarquía como dinero invertido en publicidad.

– es una institución histórica; del mismo modo que dedicamos dinero a mantener monumentos históricos como castillos o catedrales, también dedicamos dinero a mantener esa institución. Desde ese punto de vista, se puede considerar el dinero invertido en la monarquía como dinero invertido en patrimonio histórico.

Y estos son los puntos que quería comentaros. Y vosotros, ¿qué opináis?