El origen de la palabra “pesadilla”

Existe un trastorno del sueño que presenta, entre otros síntomas, una sensación de opresión en el pecho. Como podréis imaginar, rápidamente las creencias populares asociaron esa opresión con fenómenos extraños, avisos de desgracias cercanas o monstruos o fantasmas subidos sobre el pecho de la persona dormida.

La pesadilla, de John Henry Fuseli
La pesadilla, de John Henry Fuseli

Y sí, el origen de la palabra “pesadilla” tiene relación directa con esa opresión en el pecho.

Para Miguel ;-*

El día de llevar los niños al trabajo

Vivimos en una sociedad que, en general, ha decidido no mirar hacia los niños. O, si los mira, lo hace considerándolos ciudadanos de segunda tercera clase. Por supuesto, nuestras necesidades (de trabajo e incluso de ocio) son más importantes que las suyas.

En España la baja por maternidad es de cuatro meses (la de paternidad es completamente ridícula: quince días). Esto significa que la madre de un bebé de cuatro meses (todavía en puerperio, todavía posiblemente con lactancia exclusiva) tiene que reorganizar toda su vida (y la de su hijo) para poder asistir al trabajo (intentando rendir como el que más, claro) y, ya en casa, poder compensar la ausencia a la que somete a su hijo.

Sé que este es un tema en el que confluyen muchos factores y que, tal como tenemos montada la sociedad, deja (todavía más) a la mujer en una situación de inferioridad con respecto al hombre. Las soluciones son múltiples y variadas: reducciones de jornada, implantación de teletrabajo y ¿por qué no? llevar a los niños al trabajo.

Pero lo que pretendo con este post es, simplemente, un primer paso hacia esa última propuesta: ¿qué os parecería si tuviéramos un día al año en el que se “pudiera” llevar los niños al trabajo? ¿Y si ese día pudiéramos trabajar casi (o igual, o mejor) que cualquier otro día?

Quizá podría ser el primer paso hacia un futuro más bonito. ¿Os animáis?

El bar con los clientes en un país y el barman en otro

Hace unos días descubrí un maravilloso blog, Fronteras, dedicado a curiosidades geográficas. Y allí me enteré de la siguiente:

A unos cuarenta kilómetros al norte de Ginebra, nos encontramos con un bar que es atravesado por la frontera francosuiza. En concreto, la frontera coincide con la barra del bar. Y claro, tenemos a los clientes en Francia y al barman en Suiza.

Y por si fuera poca curiosidad la de estar en diferentes países, todavía se acrecienta cuando nos damos cuenta de que cada país tiene su moneda (euro en Francia, franco en Suiza).

Lógicamente, admiten ambas monedas, aunque los precios legalmente deben estar en francos. Así que, si cobran en euros, hacen la conversión a francos.

Lo veis normal, ¿verdad?

Esta es una historia ficticia. Pero vosotros me diréis si podría ser real:

Mi primo Leandro ha dedicado toda su vida a la música tradicional gallega y se dedica profesionalmente a dar cursos sobre ese tema. Leandro es muy valorado en el mundillo, y gracias a eso viene a visitarnos a menudo a Madrid, donde es reclamado habitualmente.

Siempre que viene, se aloja en nuestra casa, lógicamente, a pesar de que le dan cien euros al día en concepto de alojamiento y comidas. Lo veis normal, ¿verdad?

La última vez que vino dejó el coche aparcado en un lugar donde ahora está prohibido el estacionamiento. Afortunadamente, el responsable de multas es muy amigo nuestro (jugamos un par de veces a la semana al paddle) y, como tenía su teléfono, lo llamé para comentarle que Leandro (se conocen, ya que este amigo es muy aficionado a la música también) había dejado el coche mal estacionado por error. Quedamos para cenar los tres, y nos dijo que no nos preocupáramos, que él haría la gestión necesaria. Lo veis normal, ¿verdad?

Durante la cena, Leandro nos contó que se ha comprado otro piso, que piensa alquilar un par de meses al año. Y con eso poder pagarse algún que otro caprichito y mantener el piso en condiciones. Como es tan poca cosa, no va a declarar ese alquiler. Si lo declara, ya casi ni le compensa alquilarlo. Lo veis normal, ¿verdad?

Cuando ya estábamos con el postre, alguien puso la tele. Y vimos que un político de Valencia, que tiene piso en Madrid, estaba recibiendo pagos en concepto de hotel por cada vez que tenía que venir a Madrid. Y que otro político, andaluz, consiguió librarse de una multa que le habían puesto, gracias a sus influencias. Y que un tercer político, esta vez gallego, dejó de declarar una importante cantidad de ingresos.

Y nos pareció indignante el nivel de corrupción de la clase política española. Lo veis normal, ¿verdad?

Podéis pasar a pedir disculpas

Me dirijo a vosotros, a esos que nos decíais que, si un niño duerme con sus padres, después no va a querer dormir nunca solo. Aprovechasteis el puerperio para decirnos eso, pero acertamos no haciéndoos caso. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Me dirijo también a los que decíais que si un niño juega siempre con sus papás, después no va a saber nunca jugar solo o no va a saber jugar con otros niños. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Y también me dirijo a los que decíais que si a un niño se le ofrece siempre la teta, va a estar colgado de ella siempre. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Ya que estamos, me quiero dirigir también a los que decíais que llevar a un bebé colgado de un fular o de una mochila era perjudicial para él. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Quiero recordar también a los que nos decíais que si un niño no bebe agua y solamente toma teta, se deshidratará. Cuando queráis, podéis pasar a pedir disculpas.

Lo dicho, cuando queráis. Pero, por favor, no todos juntos.

Y, lo más importante, no volváis a decir esos ¿razonamientos? a ninguna madre más. Por favor.

Quiero aclarar una cosa final: por supuesto, no escribo esto a modo de venganza, porque esto no era ninguna competición. Lo escribo sobre todo por lo que apunto en mi anterior párrafo: dejad que cada papá y mamá críen a sus hijos. Sin juzgarlos. Sin presionarlos. Sin intentar ponerlos en una duda constante sólo por atreverse a pensar por sí mismos, o por tener la suficiente humildad como para consultar en libros lo que muchos dan por sabido.

Si esto sirve para que un solo papá o mamá, en su lucha contra el a veces hostil entorno de los primeros meses de vida de su hijo, se sienta más apoyado, me doy por enormemente satisfecho y feliz.

¿Por qué los croissants tienen esa forma?

A finales del siglo XVII, los soldados otomanos estaban intentando conquistar Viena. Sitiaron la ciudad e intentaron asaltarla en varias ocasiones. Finalmente, adoptaron la estrategia de crear unos túneles bajo las murallas, tarea que realizaban durante la noche.

Pero durante la noche, también hay quien trabaja: los panaderos se percataron de unos extraños ruidos y dieron la voz de alarma.

Para recordar el éxito (o el fracaso de los otomanos), decidieron crear unos pastelitos con forma de media luna (símbolo de los turcos). Ese fue el origen del croissant (creciente, en francés).

Y sí, es posible

Minhaj Gedi Farah tenía siete meses cuando llegó, desnutrido y enfermo, al hospital del IRC en Dadaab. Tres meses de cuidados, varias transfusiones, y un complejo alimenticio obraron el milagro.

Minhaj Gedi Farah (del blog Thoughts on the passing scene)

Obviamente, salvar a un niño desnutrido no es acabar con el hambre en el mundo. Pero debería ayudar a convencernos de que sí, es posible.

El paso a la madurez de los indios Cherokee

El paso de la niñez a la madurez siempre ha sido importante en todas las culturas. En el caso de los indios Cherokee se sometía al futuro adulto a una dura prueba:

Su padre lo llevaba al bosque, al atardecer. Tras vendarle los ojos y sentarlo en una piedra, se despedían. El niño no podía sacarse la venda hasta que los primeros rayos de sol llegaran. Debía pasar las horas escuchando los ruidos de la noche, sin duda acrecentados por la imaginación. Quizá algún animal se acercara a curiosear, quizá la noche fuera especialmente fría o húmeda, pero en ningún caso podría quitarse la venda.

Cuando llega la mañana y el ya adulto se quita la venda. ¿Sabéis qué es lo primero que ve?

Por supuesto, a su padre, que había pasado la noche velando, pendiente de que a su niño no le sucediera nada.

Gracias a Bety, que me contó esta bonita historia, y a mis padres, siempre pendientes de que a su niño no le suceda nada 😉

La infinita influencia de un padre

Corría la temporada 1981-82 y el Celta y el Deportivo de La Coruña, recién ascendidos de 2ªB, iban a disputar un derbi en Balaídos, el estadio del Celta.

Yo acababa de aficionarme de verdad al fútbol; en temporadas anteriores había acudido alguna que otra vez a Balaídos, pero fue en esa temporada cuando en verdad me enamoré de ese deporte, y es la primera temporada de la que tengo recuerdos nítidos. Así pues, aquel Celta-Deportivo es uno de los primeros partidos que recuerdo y, desde luego, mi primer derbi. Os podéis imaginar la maravillosa ansiedad que sentía ante el comienzo del partido.

Y saltó el Deportivo al campo. Balaídos se vino abajo con gritos, abucheos y silbidos en contra del máximo rival.

Entonces, mi padre se puso de pie y empezó a aplaudir. Y yo hice lo mismo.

Mi padre acababa de explicarme, en un par de segundos, qué significa el respeto y qué significa el deporte. Y que una cosa es ser rivales y otra, muy distinta, ser enemigos. Después saltó el Celta al campo y, claro, fue el éxtasis absoluto. El Celta (que acabaría siendo campeón de Liga y ascendiendo a Primera) ganó el partido, pero yo gané mucho más.

Un padre nunca puede saber hasta dónde puede llegar cualquier gesto, por simple que sea. Estoy seguro de que yo sería una persona distinta si mi padre hubiera abucheado a los jugadores del Deportivo.

Gracias, papá. Ojalá algún día llegue a ser tan buen padre como tú.

Mambrú se fue a la guerra

John Churchill, duque de Marlborough; por Adrian van der Werff
La batalla de Malplaquet, en 1709 (durante la guerra de Sucesión española), enfrentó a los ejércitos francés y británico. Los franceses dieron por muerto al duque de Marlborough y compusieron una canción sobre el tema.

La canción era cantada habitualmente por una de las nodrizas del delfín de Francia en la época de Luis XVI (desconozco si siendo Luis XVI delfín o no). Gustó a los reyes y gustó a la corte de Versalles. Y gustó en todo el país. Y, mediante los borbones, llegó a España. Eso sí, con un nombre un poco más pronunciable: Mambrú.