Y esas flores que se ven sobre el agua, ¿qué son?

El congreso de escritores se estaba celebrando en Madrid y, en uno de los descansos, para despejarse de las sesudas conferencias, dos de ellos decidieron dar un paseo por el bonito parque del Retiro. Parados frente a uno de los estanques, se produjo la siguiente conversación:

Y esas flores que se ven sobre el agua, ¿qué son?
Esas flores, mi querido amigo, son los nenúfares de los que tú tanto hablas en tus poesías.

No sé quiénes eran estos dos escritores, pero siempre me imagino como protagonistas de esta historia a Unamuno, por su fina y sabia ironía, y a Rubén Darío, por su ínclito y ubérrimo gusto por las esdrújulas.

Hablamos de esta anécdota en la Primera Época de El Cartapacio.

Bramante y su rivalidad con Miguel Ángel

El Papa Julio II decidió que la bóveda de la Capilla Sixtina debía ser pintada. Sólo faltaba (casi nada) encontrar a un pintor capaz de hacerlo.

El arquitecto italiano Bramante era un acérrimo enemigo de Miguel Ángel. Y, como buen enemigo, lo conocía bien. Sabedor de que las pinturas al fresco no eran lo suyo, decidió dejarlo en mal lugar. Y convenció a Julio II para que eligiera a Miguel Ángel para realizar ese proyecto.

El resto, queridos amigos, es Historia 🙂

The Sistine Chapel (fotografía de Antoine Taveneaux)

Hay dos anécdotas que me gustan especialmente con respecto a la creación de esta obra:

La primera se describe en la película “The Agony and the Ecstasy”: el Papa, inquieto como cualquier cliente, muchas veces más preocupado de que las cosas se acaben pronto que de que se acaben bien, no cesaba de preguntar a Miguel Ángel “¿Cuándo acabas? ¿Cuándo terminas?” La respuesta del genio era siempre nítida: “Cuando termine”.

La segunda tiene relación con que el Papa quería adornar las figuras con oro. Miguel Ángel se negó. “Quedará pobre”, dijo el Papa. “Ellos eran pobres”, respondió el artista.

Para Louma ;-*

Un instante de libertad

Hoy se celebran en muchos lugares fiestas relacionadas con la Virgen María, debido a que se conmemora su nacimiento. Uno de esos lugares es Darbo (Cangas de Morrazo, España). Debo decir que el arraigo de esa fiesta es tal, que los habitantes de la zona se refieren a Septiembre como el mes de Darbo.

En Darbo, como parte principal de la celebración, se baila una bellísima y única Danza y Contradanza cuyos orígenes no están demasiado claros.

Debido a que mi entonces novia (y ahora esposa) tocaba la Danza y de que varios (o todos) de sus hermanos también participaban en la misma, mi presencia era ineludible en el atrio de Darbo. Para conseguir el mejor sitio, siempre acudía con tiempo de sobra, generalmente acompañado por mi paciente hermana (y también por mis padres, en ocasiones). Solíamos llegar sobre las diez de la mañana (todavía a falta de varias horas para la Danza). Y nos sentábamos en un murito que nos proporcionaba las mejores vistas. El atrio estaba prácticamente vacío a esas horas.

Entonces, apareció un hombre de los de la Comisión de Fiestas. Las personas de las comisiones de fiestas se dedican, efectivamente, a cometer fiestas. Seguramente aquel día era el más importante del año para él. Y se acercó al micrófono, seguro de que no había nadie por allí. Y entonces dijo una frase que, seguramente, llevaba años deseando decir. Una frase que resumía el hastío y el cansancio. Una frase mezcla de hartazgo y de odio. En su pequeño momento de libertad, desde el micrófono situado cerca de la entrada de la iglesia de Darbo, antes de que la multitud hiciera imposible que se colara un alfiler, antes de que los trinos de la gaita se alzaran al cielo y que los movimientos de las damas y galanes enamoraran nuestros ojos, pronunció sus palabras más sinceras:

“Perros todos.”

Olvido, por favor, que hay niños delante

Ayer saltó a las redes sociales un vídeo de Olvido Hormigos, concejala del Ayuntamiento de Los Yébenes, en Toledo (España), en donde aparece realizando un acto íntimo, que graba para su amado. Ese vídeo privado fue saltando de móvil a móvil, y acabó siendo publicado en Internet.

Como sabéis quienes me seguís y conocéis, desde unos cuantos años atrás me interesan (y mucho) todos los asuntos relacionados con la crianza y la educación de los más pequeños.

Así que quiero decirte, Olvido, que, desde luego, eres muy libre de masturbarte (faltaría más) en tu tiempo de ocio, eres libre de grabarlo, eres libre de enviar ese vídeo a quien tú quieras (incluso eres libre de publicarlo en internet, si te apeteciera). Pero, por favor, te pido una cosa: que no olvides que hay niños delante. Los niños, como sabrás, son esponjitas que absorben todo, que asimilan todo, que aprenden todo.

Y yo no quiero que nuestros niños aprendan que masturbarse, tocarse, disfrutar con el propio cuerpo (e incluso grabarlo y enviarlo a un ser amado) es motivo de dimisión. No quiero que sientan que es algo de lo que tengan que avergonzarse. No quiero que piensen que alguna parte de su cuerpo es sucia. Y, desde luego, no quiero que consideren que amar es más motivo de dimisión que robar.

Así que, por favor, Olvido, no dimitas. Hay niños delante.

La historia de los burgueses de Calais

En Septiembre del año 1346, el rey inglés Eduardo III, sabedor de la importancia estratégica de Calais, ordenó sitiar (y conquistar) la ciudad. Fueron pasando los meses, pasó el invierno, llegó el verano. Y las reservas de comida y agua se reducían inexorablemnte. En el mes de julio, los ingleses interceptaron un envío de víveres hacia la ciudad. Los habitantes de Calais decidieron expulsar de la ciudad a quinientos ancianos y niños, para que los demás pudieran sobrevivir. Los ingleses les impidieron cruzar el cerco, dejándolos morir de hambre, a las puertas de la ciudad.

Posteriormente, el alcalde de Calais ofreció la ciudad al rey inglés, si dejaba salir con vida a sus habitantes. Pero Eduardo III se negó. Finalmente, impuso una condición: además de lo anterior, seis personajes notables de la ciudad deberían traerle las llaves de la ciudad, vestidos con camisones y con una soga alrededor de sus cuellos. Así pues, el alcalde reunió a los ciudadanos y expuso este requisito. Al poco tiempo, uno de los hombres nobles de Calais se adelantó y se ofreció para esa muerte segura. Finalmente seis nobles se vistieron según los deseos del rey inglés, se despidieron de sus seres queridos y, afligidos, salieron por las puertas de la ciudad, sacrificando sus vidas por el resto de los ciudadanos. Este es el momento mágico que Rodin inmortalizó.

Los burgueses de Calais, de Auguste Rodin
Los burgueses de Calais, de Auguste Rodin (por Escarlati y Luna04)

Cuando el rey inglés se disponía a dar la orden de ahorcamiento, uno de los caballeros le hizo ver la enorme valentía de aquellos hombres. Pero el rey no cedió por las palabras del caballero. Entonces habló su esposa, la reina Felipa de Henao, pidiendo lo mismo. A ello, el rey respondió:


Oh, Lady, deseo que estuvieras en algún otro lugar que no éste. Me has suplicado de tal forma que no puedo negarme: Os los entrego, haz con ellos lo que quieras.

¡Hay que compartir!

Sí, si has ido con algún niño pequeño a un parque, a una fiesta, o a cualquier sitio donde esté en contacto con otros niños (y, sobre todo, con otras mamás/papás) habrás oído, ineludiblemente, la frase mágica: “¡Hay que compartir!”

Y sí, efectivamente, todos sabemos que compartir y ser generoso es una maravillosa virtud. Pero también sabemos que los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. ¿Conocéis esa actitud de algunos adultos -perdón, de algunos “adultos”- de quitarle algo al niño y juguetear con ese algo diciendo “es mío, me lo quedo yo, no te lo doy”? Bien, pues yo he visto a personas que hacían eso decir también “hay que compartir”.

¿Qué os parece?

Ya. Tremendamente coherente.

Nuestros hijos van a aprender, sobre todo, lo que vean en casa. Si sus padres y hermanos comparten, no os preocupéis, que ellos van a compartir perfectamente.

Por otra parte, es necesario comprender que, al igual que cuando yo me compro un móvil nuevo quiero estar jugueteando con él todo lo posible, y quizá no sea el mejor momento para pedírmelo; del mismo modo un niño con un juguete que le apasiona prefiere estar jugando con él que dejárselo a otro.

Y, finalmente, me gustaría también poner el acento en que compartir no es obligatorio. Y compartir todo, menos. Y compartir con todos, menos aún. Yo no dejo mi coche, mi ordenador o mi casa a un desconocido. Ponernos en el lugar del niño nos ayudará, en ésta, como en otras muchas situaciones, a comprenderlo, a que se sienta comprendido, y a tomar la mejor decisión para todos.

Y de propina, en relación con el tema de compartir, me gustaría decir que los niños no vienen egoístas de serie. Si se convierten en personas egoístas, depende única y exclusivamente de la educación que reciben.

Se armó la de San Quintín

La expresión “Se armó la de San Quintín” significa que se produjo un gran revuelo. Hace referencia, como seguramente suponéis, a la batalla de que se realizó en la ciudad de San Quintín. Esta batalla enfrentó a españoles y franceses en el año 1557. La victoria fue para España, y acabo con 12.000 hombres franceses muertos y 2.000 heridos. Allí se armó, por tanto, la de San Quintín.

La victoria se consumó el día 10 de Agosto, día de San Lorenzo. Para conmemorar el acontecimiento, Felipe II decidió construir el Monasterio de El Escorial.

En la ciudad de San Quintín hubo otras batallas a lo largo de la historia, pero esta fue la principal; así que, salvo información en contra, asociaré la frase que da título a este post a esa batalla. Todo lo que he encontrado en mi búsqueda lo confirma, pero eso no significa que sea cierto. Como siempre que hablamos de frases, nos gustaría saber la primera vez que se utilizó.

El hábito sí hace al monje

Adam Galinsky, de la Kellogg School of Management en la Northwestern University, llevó a cabo el siguiente experimento. Dividió a los estudiantes en dos grupos: a unos les puso una bata de médico; a otros una bata de pintor. Y les pidió que realizaran diversas actividades intelectuales.

Sorprendentemente (o no), los “médicos” realizaron las tareas mucho mejor que los “pintores”.

Y sorprendentemente (o no), las batas eran iguales en un caso que en otro 🙂

Liu Xiang y el espíritu indoblegable

Una de las historias más bonitas que nos han regalado los Juegos Olímpicos de Londres es la del corredor de vallas Liu Xiang. Tras conseguir el oro en 110 metros vallas en los Juegos de Atenas, no pudo participar en los de Pekín por lesión. Así que acudió a Londres con el doble de ilusión y esfuerzo, si es que eso es posible.

Pero la mala suerte volvió a cebarse en el corredor y se lesionó, en el mismo pie lesionado anteriormente, al saltar la primera valla. Así que, cuando se pudo levantar, se dirigió hacia el túnel, rechazando la silla de ruedas. Pero, con un espíritu indoblegable, decidió volver. Decidió recorrer los 110 metros a la pata coja (por fuera de las vallas, obviamente) y, en la última valla, tuvo el bonito gesto de acercarse a besarla. Os invito a que le echéis un vistazo. A mí me ha encantado.

La gran-gran-Madre

Hoy os voy a hablar de Uba, mi abuela política. Ni ella se considera especial, ni quizá lo sea (aunque yo -no solamente yo- creo que sí lo es). Os podría contar mil cosas de ella, pero hoy quiero poner el acento en su capacidad de nutrir y de criar.

Tenéis que ubicaros en la España de finales de la posguerra, y ahí encontraréis a Uba criando a sus hijas. Nada especialmente reseñable, por ahora. Pero si avanzamos unos veinte-treinta años en el tiempo, encontraremos a Uba cuidando a sus nietos. Y si avanzamos otros quince-veinte años, la veremos cuidando de su madre. Estamos ante una mujer que ha cuidado a tres generaciones (cuatro, si contamos el cuidado de su marido; cinco, si contamos la atención que presta a sus bisnietos).

Mujeres como ella, capaces de nutrir a tres (o cuatro, o cinco) generaciones, son las que consiguen tejer la urdimbre de este mundo. Creo que toda la Humanidad está en deuda con estas mujeres que, sin poder acceder a un trabajo en las mismas condiciones que los hombres, sin poder participar en las elecciones de sus países, sin poder estudiar carreras, siendo maltratadas en muchos casos, han mantenido los lazos invisibles que hacen que este mundo todavía merezca la pena.

Ahora mismo Uba está recuperándose de una operación e, independientemente de su salud, las personas que conforman esas cinco generaciones siguen ocupando su mente. Porque ella sigue nutriendo a todos, incluso desde su cama en el hospital.

Mi hijo tiene una maravillosa bisabuela, una gran-gran-Madre que sigue sonriendo cada vez que le llevamos las ocurrencias, los juguetes y los besos que él nos da para ella, para la bisa Uba.

Para Uba, y para los miembros de esas cinco generaciones a quienes tanto quiero.